Libro Gol Del Espiritu Santo!

Juan Franco Benedetto public el libro de ttulo Gol del Espritu Santo! en el ao 2007, en la Argentina. Se trata de una novela, ambientada en el mundo del ftbol, con protagonistas ligados a esta actividad deportiva.

Es en este contexto popular que se desarrolla la trama, donde el Director Tcnico de un equipo de ftbol, que pasa por circunstancias difciles en su vida por las que decidi iniciar una bsqueda de Dios, siente que la experiencia que ha comenzado a vivir la debe llevar a los jugadores que entrena.

A lo largo de las distintas peripecias de los protagonistas se van desgranando respuestas comprensibles a muchos de los interrogantes que bombardean de continuo el pensamiento humano, plantendose tambin otras cuestiones poco conocidas:

Cul es el lmite entre lo que los hombres consideran real, con lo sobrenatural, con aquello que va ms all de lo perceptible por los sentidos y la razn? Qu ocurre cuando esta frontera es traspasada?

Pueden los ngeles divertirse jugando al ftbol con los hombres? Hasta donde llega la accin del Diablo en un mundo que no cree en su existencia? Cules son las tcticas que utiliza ese temible ser espiritual?

Qu sucede cuando un hombre o una mujer comn comienza a internarse en el camino de la experiencia espiritual profunda? Cmo se puede enfrentar la inevitable vivencia de la muerte?

En un mundo que se vuelca cada vez con mayor ahnco a todo lo material, lo visible, lo comprobable por los propios sentidos y el razonamiento, esta novela intenta ser como una bocanada de aire fresco, planteando lo que puede ocurrir en la vida de personas que no tienen una experiencia religiosa cuando deciden tomar en serio lo que significa la experiencia espiritual cristiana.

El marco donde los protagonistas de la novela desenvuelven parte de sus acciones, y que es el eje de su experiencia de Dios, es precisamente la Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual que se presenta en esta Pgina Web.

Las descripciones del Convento y en particular de la Capilla donde transcurren algunas de las escenas corresponden a la realidad, y pueden ser vistas en la galera de fotos de la Seccin Quienes somos.

Sentido de la novela.
Adquisicin del libro.
Pasajes escogidos del libro.

Sentido de la novela.

La trama de la novela busca introducir al lector en un hecho fundamental de la existencia humana, pero que sin embargo es muy poco conocido, o no tenido en cuenta, en la mayor parte de la actual humanidad: la eterna lucha del hombre para tratar de cumplir con el propsito por el cual fue creado por Dios.

Este combate se manifiesta con claridad a partir del momento en que una persona, sin duda ayudada por la inspiracin que viene de la gracia de Dios, toma la decisin libre de querer avanzar en lo que se conoce como vida espiritual, dejando de vivir meramente una vida material y racional.

Hasta ese entonces, sin saberlo, ha estado mansamente entregada en manos de sus enemigos, a los que no conoce: su concupiscencia interior, la tentacin del Diablo y la seduccin del mundo.

Uno de los mritos esenciales de esta obra consiste en describir con claridad y sencillez los mecanismos sutiles pero tremendamente eficaces de la tentacin de Satans sobre el ser humano, apelando al uso de la imaginacin, ya que este ser espiritual pervertido y pervertidor no puede acceder directamente a la inteligencia y voluntad humanas, que son un santuario donde slo penetran las mociones de Dios.

Tambin se describe, quizs con cierta crudeza, una de las operaciones extraordinarias que Satans puede ejecutar, aunque muy raramente, sobre los hombres: la obsesin diablica.

Otra finalidad de esta narracin es la de que busca dar a conocer y llamar la atencin sobre ciertos aspectos fundamentales de la fe catlica, que lamentablemente han quedado bastante olvidados: la accin de la gracia divina sobre los hombres, con su proceso de transformacin sobrenatural de la inteligencia y voluntad, posibilitada por la incorporacin al ser humano racional de un nuevo organismo recibido como don divino, compuesto por las virtudes cristianas y los dones del Espritu Santo.

De fcil y amena lectura por la trama de cierto suspenso que desarrolla y por las vicisitudes de personajes comunes que actan en medio del clima que propone el deporte ms popular del mundo, la novela va dejando en el nimo del lector sensaciones concretas, haciendo que surjan pensamientos sobre los temas esenciales de nuestro existir.

[ Arriba ]

Adquisicin del libro:

Esta novela ha sido editada en forma personal, con un gran esfuerzo, y, al no formar parte de la maquinaria de difusin de las grandes editoriales, no ha llegado a circular entre el gran pblico.

Por el momento ha tenido, por sobre todo, una publicidad boca a boca a partir de aquellos que la han conocido, existiendo muy buenos comentarios entre el puado de lectores que ha tenido hasta ahora el libro en sus manos.

Aquellas personas que estn leyendo esta Pgina Web y crean interesante conocer esta obra, no tienen ms que contactarse por E-mail a la direccin que se indica, y recibirn toda la informacin necesaria para adquirirla:

golesanto@contempladores.com.ar

[ Arriba ]

Pasajes escogidos del libro:

Se incluyen a continuacin algunos pasajes de distintos captulos del libro, para que se pueda tener una muestra del estilo con que se ha escrito la obra y de las situaciones que plantea:

Capitulo 1:

El jugador estaba pasando unas cortas vacaciones en la Argentina, hacia donde haba viajado con su esposa Catalina y su hijito Agustn, de tres aos, aprovechando el receso del ftbol europeo.

La fama y la fortuna le sonrean, ya que a los 28 aos estaba considerado como uno de los mejores jugadores de ftbol de la Argentina; jugaba de mediocampista ofensivo, el clsico 10, pero con una tendencia a ser goleador, ayudado por el hecho que, a pesar de ser derecho, pateaba muy bien con las dos piernas; estaba ahora en uno de los clubes ms grandes de Espaa, llevando ya un perodo exitoso de seis aos en el ftbol europeo.

Tambin haba sido convocado varias veces en la seleccin argentina, y haba participado en un campeonato mundial tres aos antes, donde no haban tenido ni l ni el equipo una buena actuacin, por lo que esperaba una revancha para el nuevo mundial del ao siguiente.

Esa noche estaba invitado a la despedida de soltero de un amigo y ex compaero de juego en un club italiano. Iba a ir con Juan Cruz, su cuado, casado con la hermana de Catalina, tambin jugador de ftbol, con quien haba militado en el mismo club de Argentina antes de ser transferido a Europa.

ste era seis aos mayor que l, pero compartan una gran amistad desde que jugaban juntos, afianzada por el vnculo familiar que los uni ms tarde.

Juan Cruz pas a buscarlo en su auto y se dirigieron al club nocturno donde se haca la despedida, cerrado esa noche para el pblico. La concurrencia era mayoritariamente de jugadores de ftbol, junto a amigos personales y parientes del novio.

Como toda despedida de soltero, era muy bulliciosa, con clima festivo, que levant temperatura primero con el baile de una opulenta odalisca que emergi de una gigantesca torta, y luego con el strip tease de una bailarina y vedette bastante famosa, del que hicieron participar al novio.

El vino y la cerveza acompaaron la comida, y luego el whisky, que corra en abundancia, hizo que varios de los asistentes comenzaran a estar bastante alcoholizados, por lo que los gritos groseros y las chanzas al novio suban cada vez ms de tono.

Juan Cruz, al contrario de Mximo, haba tomado bastante, aprovechando una de las pocas oportunidades que tena para desmandarse con la bebida, acostumbrado como estaba por la exigencia de su profesin a privarse del alcohol. Como no estaba habituado a tomar, en un momento se sinti descompuesto, y Mximo tuvo que acompaarlo al bao donde vomit.

Los cuados decidieron que ya era hora de irse, por lo que Juan Cruz se lav la cara un buen rato con agua fra, y cuanto se sinti ms o menos recuperado, saludaron a sus amigos y se fueron.

-Dejame manejar a m -le dijo Mximo preocupado-. Vos no ests bien.

-Ests loco, viejo! replic su amigo con voz pastosa. Estoy muy bien, un poco de vino no me hace nada.

-Adems, a mi auto nuevo lo manejo yo slo -agreg agresivo. A ver si le das un bollo y te tengo que romper la cara.

-Est bien, loco dijo conciliador Mximo. Manej vos esta chatarra, pero con cuidado.

Juan Cruz hizo exactamente lo contrario, pis el acelerador a fondo y sali arando del estacionamiento.

-Ja, ya ves que estoy brbaro! afirm jactancioso, entre las brumas del alcohol que todava enturbiaban su mente-. Te dije que a m me hubiera gustado correr rally? Hubiera sido bueno para eso.

-S, boludo, me lo contaste doscientas veces respondi Mximo con paciencia, mientras se ajustaba el cinturn de seguridad-. Pero ahora no ests en Crdoba corriendo; ests en Buenos Aires, as que volvamos tranquilos a casa.

-Dale, cagn, dejate de joder y no seas maricn le replic su cuadomientras aceleraba ms. Disfrut que te est llevando otro Fangio.

Tom por una avenida, que a esa hora de la madrugada por suerte tena poco trnsito. A gran velocidad iba siguiendo la luz verde sincronizada de los semforos, esquivando los autos que encontraba, pasndolos por la derecha y por la izquierda, haciendo un zigzag muy peligroso, hasta que comenz a pasar justo cuando las luces cambiaban al amarillo.

En la siguiente calle no lleg a tiempo, y el semforo se puso rojo; en lugar de frenar, el mulo de Fangio aceler para pasar igual, y la fatalidad hizo que un mnibus que estaba parado en la calle transversal arranc con su luz verde, no esperando que viniera de improviso ese blido lanzado a gran velocidad. El choque entre los dos vehculos fue inevitable.

Cuando el imprudente conductor vio aparecer el transporte pblico por su derecha, clav los frenos y volante, pero no pudo evitar el impacto. El auto golpe contra el otro vehculo con su guardabarro delantero derecho, y el impacto lo desvi a la izquierda, entrando en trompo.

Descontrolado totalmente, cruz la avenida hasta la mano contraria y se estrell en forma violenta en su costado derecho contra una columna de alumbrado pblico que estaba en la esquina.

El impacto fue brutal, y el auto qued semi enroscado alrededor del poste metlico, que se incrust entre la goma delantera y la puerta. Las chapas retorcidas se hundieron casi hasta la mitad del asiento delantero, aprisionando la pierna derecha de Mximo, aplastando y cortando la carne.

Saltaron los air bags que evitaron que se golpearan las cabezas y los torsos de los jvenes. Juan Cruz, aferrado al volante, no sufri ningn golpe, pero enseguida vio que su amigo se haba llevado la peor parte: se agarraba con las manos la parte superior de la pierna derecha, con una tremenda expresin de dolor.

-Ayudame, negro, no puedo sacar la pierna! gritaba desesperado-. Se me clavaron los fierros y me duele mucho!

Juan Cruz no poda ver por la bolsa de aire. Se desembaraz de la suya y se baj, mientras algunas personas rodeaban el auto.

-Llamen una ambulancia pronto! grit asustado, mientras se meta nuevamente en el auto tratando de ayudar a su amigo a moverse, pero ste estaba aprisionado en su asiento y cubierto por los cuadraditos de vidrio del parabrisas y de la ventanilla, que haban estallado por el impacto.

-Por favor... que me ayuden! gema el herido con la voz entrecortada. Tengo la pierna reventada!

Se escuch el ulular de una sirena y un patrullero de la polica fren bruscamente al lado del auto accidentado. Un oficial sac a Juan Cruz del auto, y se meti; enseguida se dio cuenta de la gravedad del estado del herido, que gritaba de dolor y desesperacin.

-Llam rpido a los bomberos -le dijo a su compaero. Que traigan herramientas para cortar, porque no lo vamos a poder sacar.

-Espero que la ambulancia llegue pronto, porque este tipo est muy mal agreg bajando la voz.

A los cinco minutos lleg la ambulancia, y los bomberos tardaron diez ms, mientras el herido era atendido por los mdicos. Tuvieron que cortar cuidadosamente todo el panel de la puerta y parte del guardabarro, para liberar la pierna de Mximo que estaba aprisionada.

Cuando qued libre, el jugador, que estaba semi inconsciente por la prdida de sangre y los calmantes que le haban inyectado, mir mientras los mdicos lo levantaban para depositarlo en la camilla, y vio horrorizado su pie colgando de un tobillo destrozado y sangrante, y entonces se desmay.

Horas ms tarde, en el hospital donde fue internado de urgencia, los facultativos que lo haban atendido emitieron un escueto parte ante los numerosos periodistas que haban acudido ante la noticia del accidente del famoso jugador. El mismo indicaba:

El paciente ingres con shock traumtico, presentando las siguientes lesiones: Fractura expuesta de tibia y peron en tercio distal de pierna derecha; lesin en tobillo derecho con laceracin cortante profunda y fracturas expuestas del piln tibial y malolo posterior, interesando ligamentos deltoideo y posterolaterales. El accidentado ha sido intervenido quirrgicamente, con reduccin de las fracturas, y se encuentra en estado estable en terapia intensiva, con pronstico reservado.

En el trmino de las siguientes dos semanas Mximo fue sometido a nuevas intervenciones quirrgicas, permaneciendo inmovilizado en una cama ortopdica. Recin casi un mes despus del accidente pudo ser dado de alta, saliendo del hospital con su pierna enyesada, debiendo seguir todava por bastante tiempo con curaciones y tcnicas de rehabilitacin.

El pronstico de los mdicos es sumamente pesimista, y, si bien le dicen que habr que esperar como evoluciona todo, no le dan grandes esperanzas de que quede perfectamente bien. As, el jugador, en su larga y dolorosa convalecencia, se va enfrentado a la idea cada vez ms cierta de que no podr ya volver a jugar como antes al ftbol.

Esto quedar finalmente confirmado por las pruebas a que se somete luego de su restablecimiento. No puede ni correr ni picar como debera hacerlo para poder jugar razonablemente bien. Es as como un da el ex crack se enfrenta a la peor certeza de su vida: tendr que dejar la prctica activa del ftbol profesional.

Mximo recuerda como se sinti por varias semanas: le pareca que haba muerto, que le haba sido arrebatada su vida entera, que nada le quedaba por hacer.

Su mundo, el que se haba fabricado con su esfuerzo y su talento, se haba derrumbado como un castillo de naipes, y se senta perdido y desconsolado; cada noche era una pesadilla continua, dorma muy mal, y cuando se despertaba tena por unos instantes la esperanzada sensacin de que el accidente no haba sido ms que un mal sueo, pero la misma se esfumaba ni bien se encaminaba al bao y estaba obligado a caminar con la pequea renguera que le haba quedado como secuela de la terrible lesin.

Una y otra vez volvan a su mente los detalles de esa fatdica noche, y comenz a agigantarse ms y ms un hecho puntual de lo que haba ocurrido, que se transformaba en un interrogante sin fin:

<< -Por qu haba dejado que manejara Juan Cruz? Qu diferente hubiera sido todo si hubiera estado l al volante! >>

La nica respuesta que iba apareciendo le deca que haba sido su amigo y cuado, con su empecinamiento atizado por el alcohol, el culpable de su actual desgracia.

Y as, da tras da, mientras rumiaba constantemente los mismos pensamientos, fue creciendo en su alma un sordo rencor, que se fue metiendo en lo profundo de su interior, y que se fue transformando en odio, en un aborrecimiento a Juan Cruz que le nublaba todo otro pensamiento, y que pareca un animal salvaje que haba sido encerrado en su corazn y que lo morda y desgarraba hacindolo sangrar y sangrar.

[ Arriba ]

Capitulo 3:

Juana est arrodillada en el piso de madera barnizada de la antigua capilla. Sus brazos estn doblados y tiene las manos con las palmas hacia arriba, a la altura de su pecho, en una actitud como si estuviera por recibir alguna cosa de una persona que est delante de ella.

Tiene los ojos fijos en el Sagrario, que est a menos de dos metros de distancia. Detrs de la puertita de vidrio, iluminado con una tenue luz amarillenta que se refleja en el revestimiento de bronce pulido, se encuentra el cliz de plata que contiene el Santsimo Sacramento, el cuerpo y la sangre reales de Jesucristo, junto a su alma humana y divinidad.

La joven ha perdido el sentido del tiempo, no sabe cunto hace que est all, ni cuenta ya para ella. En la oracin se van sucediendo algunos cantos, oraciones en voz alta de alguno de los presentes, y momentos de completo silencio.

En la capilla hay un grupo de unas treinta personas, la mayora mujeres; estn casi todas arrodilladas, formando varios semicrculos alrededor del altar de madera labrada que se encuentra frente al pequeo monumento de mrmol que alberga el Sagrario, rematado por un Cristo crucificado y custodiado en ambos lados por dos ngeles de bronce prosternados, cuyas sombras aladas se proyectan sobre la pared de atrs y parecen moverse, por efecto de la luz de las velas encendidas sobre el altar.

A Juana le pareca que todo estaba unido, todo era una sola cosa, un solo instante sin principio ni fin; los cantos, las oraciones espontneas y los silencios parecan que transcurran dentro de un mismo movimiento, con continuidad absoluta, sin transicin alguna, donde el tiempo ya no exista.

En ese momento le ocurri algo que nunca haba vivido antes: desaparecieron de su mente casi totalmente los pensamientos. Sinti que en su interior se haca como un gran vaco, una oscuridad, pero que al mismo tiempo era como algo que la envolva tambin por fuera. Le pareca que se haba sumergido en ese vaco, como cuando un nadador se lanza a bucear en lo profundo, y all todo desaparece, sonidos, luz, imgenes, y slo queda rodeado por completo por el agua.

Pese a esto, la joven no se haba ido de la oracin, sino que perciba con claridad todo lo que ocurra a su alrededor, con nitidez, pero ms all no exista nada. Despus de un rato de silencio en que permaneci en esa nada, comenz a escuchar un canto muy suave y melodioso, de una voz realmente angelical, que reconoci enseguida como perteneciente a la Hermana Delfina, la joven religiosa que llevaba los cantos en el grupo durante las oraciones.

Estaba cantando ella sola, sin la guitarra, con un canto que suba y bajaba en intensidad, y que a Juana le pareca que haca vibrar todo su ser. Era un canto en lenguas, sin palabras entendibles, pero con una meloda nica e irrepetible; Juana senta que ese canto era lo nico que exista y era real en ese vaco y en esa suspensin del tiempo en que se encontraba sumergida. Nada ms lo escuchaba, casi sin sensaciones ni pensamientos.

Poco a poco, como si hubieran recibido las seas de un director de coro experimentado, se fueron uniendo otras voces a ese canto que entonaba la religiosa, que fue creciendo en intensidad. Juana tambin sinti que de lo ms profundo de su ser brotaba una meloda nunca conocida antes, y, cerrando los ojos, cedi al fuerte impulso interior que la llev a unirse al resto de las voces, que ya eran de la totalidad de los que oraban all.

Pareca que todos saban la meloda, aunque nunca la haban cantado antes, y el canto suba y bajaba en intensidad, como olas del mar que iban y venan para morir suavemente en la playa. Por momentos el resto de las voces callaban, y segua solamente la dulcsima voz de la Hermana Delfina.

Juana permaneca arrodillada, pero haba extendido los brazos en cruz, a la altura de sus hombros, y poco a poco, casi insensiblemente, haba ido perdiendo la sensacin de sus piernas y rodillas. Era como que solamente le haba quedado la parte superior del tronco, con los brazos extendidos y la cabeza, y el resto del cuerpo ya no exista.

Mientras de su garganta segua brotando ese canto nuevo, gozoso y dulce, comenz a tener la sensacin que esa oscuridad que la rodeaba se haca material, como algo palpable, parecido a un cuerpo; llev sus manos hacia delante y le pareci que poda abrazarlo, aunque no tena la sensacin de tocar algo, sino que saba que all estaba.

De pronto le pareci que su corazn estallaba, porque estaba segura que estaba abrazada a unas piernas, y de inmediato supo con certeza que eran las piernas de Jess. No senta el piso, le pareca estar flotando en el aire, y una sensacin de enorme dulzura llen sus entraas, mientras que un ramalazo de felicidad nunca conocida la embarg y le cerr la garganta con un fuerte nudo.

Tena toda la sensacin que haba dejado de respirar, y le pareca que ya no tena un corazn en el pecho, sino que era todo su cuerpo el que lata fuertemente, como si se hubiera transformado en un inmenso corazn. Las lgrimas brotaron de sus ojos y corran en surcos ardientes por sus mejillas.

Entonces una voz son en su odo, y le dijo:

-El Seor te est diciendo que eres suya, que te ama, y que sers su instrumento en tu familia y para otros.

Reconoci la voz de la Hermana Delfina, y entonces se dio cuenta que ella estaba arrodillada a su lado, rodeando sus hombros con su brazo izquierdo, mientras apoyaba la palma de su mano derecha sobre su corazn. Y sinti que sus manos ya no aprisionaban nada, y que ese Jess, su Jess, ya no estaba all frente a ella.

En ese instante la invadi una gran paz, algo que creca en su interior y pareca inconmovible. Se tom de las manos de la religiosa, sintiendo que el amor que haba recibido de esa presencia tan real del Seor segua yendo y viniendo de una a otra.

[ Arriba ]

Capitulo 5:

La siguiente semana Juan Cruz cumpli con lo que le haba pedido el sacerdote, rezando todos los das, pero cada vez que pensaba que tendra que enfrentarse a Mximo para pedirle perdn, no se imaginaba de que forma se lo podra decir, ni cual sera su reaccin, y entonces le asaltaban las dudas, y se preguntaba si realmente sera necesario hacer eso.

Pero frente a estos pensamientos, enseguida recordaba lo vivido esa noche en la oracin y luego en la confesin, y misteriosamente senta con claridad que era el mismo Jess el que le haba pedido dar ese paso hacia su cuado.

Esa lucha interior sigui durante todos los das que cumpli con lo recomendado por el anciano cura, pero poco a poco fue sintiendo una seguridad y una certeza cada vez mayor que iban inclinando su voluntad, y le mandaban tomar la decisin de acercarse a Mximo.

Pocos das despus sinti que haba llegado el momento, y sin dudar ni pensar ms nada, se dijo:

<< -Maana es sbado, y s que Mximo sale a buscar a su hijo Agustn para pasear con l, as que lo voy a ir a esperar y le hablar, porque si lo llamo y busco arreglar un encuentro, s que no me va a atender. >>

Satisfecho por su pequeo plan, se acost sin decirle nada a Juana, porque tema que pudiera poner algn reparo a su decisin.

<< -Ya se lo dir cuando vuelva pensaba-, y se sentir orgullosa de su marido. >>

A la maana siguiente sali bastante temprano, aunque saba que su ex amigo no era de madrugar, y estacion cerca de la puerta del edificio de departamentos donde viva su cuado. La salida de autos de las cocheras tena una rampa que vena del subsuelo que desembocaba en una reja corrediza que cerraba el acceso.

Calculaba que cuando viera el auto, cuyo modelo y color haba averiguado discretamente a travs de Juana, que lo saba por su hermana Catalina, tendra tiempo para acercarse y hablarle.

Nervioso, se baj varias veces del auto, paseando una y otra vez frente a la entrada del edificio, pero de Mximo no haba seales. Haban pasado ya las once de la maana, y haca ms de una hora que estaba en esa espera, cuando, de pronto, mientras estaba a unos diez metros del portn, vio que emerga el auto deportivo celeste de su cuado, mientras comenzaba a correrse la reja metlica.

Corri hacia all, parndose del lado del conductor, que tena la ventanilla baja, y, vindolo a Mximo, se apoy en la puerta del auto, y le dijo con voz agitada por la corrida y por los nervios:

-Mximo! Te pido un minuto nada ms, porque necesito decirte algo.

-Hijo de puta! Qu ests haciendo ac? Lo nico que te faltaba era venir a molestarme en mi propia casa! le dijo alterado su cuado.

-Mir, viejo, slo te pido que me escuchs, por favor dijo apurado Juan Cruz sin soltarse del auto.

-Te quiero pedir de corazn que me perdons por todo lo que te hice le dispar sin respirar, antes que el otro pudiera exclamar nada.

-Qu me decs, desgraciado? replic colrico Mximo-. Despus de todo lo que me hiciste quers que te perdone? Qu te pasa, te volviste loco?

Abri furiosamente la puerta del auto, empujando con ella a Juan Cruz, y se baj, enfrentndolo y amenazndolo con su ndice levantado.

-No te pongs as le replic tratando de calmarlo-. Es que Jess me mand a que te pidiera perdn.

-Te ests burlando de m, maldito desgraciado? Rajate enseguida de aqu antes que te rompa la cara lo amenaz Mximo con furia, levantando su puo derecho y amagando darle una trompada.

-No me importa lo que digs, yo te pido perdn insisti el otro tirndose un poco para atrs.

Mximo, al ver que su cuado retroceda, como si estuviera temeroso, en el colmo de su ira, le dispar el puo, que, a pesar de que Juan Cruz se ech hacia atrs inclinando la cabeza, impact de costado sobre su nariz y boca.

Debido en parte a su brusco movimiento, y tambin por el impacto del puo, se cay y qued sentado en la vereda, mientras se tomaba la nariz que comenz a sangrar.

-Levantate, maldito hijo de puta! vociferaba Mximo descontrolado blandiendo sus puos-. Ven a pelear como un hombre, que quiero terminar de romperte la cara!

Pero Juan Cruz no se levant, sino que desde el suelo, mientras la nariz le sangraba copiosamente, dijo inesperadamente con voz muy calma:

-No voy a pelear con vos, slo vine a pedirte perdn.

-Maldito maricn! No me vengs con esas boludeces, y levantate a pelear como un macho!

Juan Cruz, apoyando una mano en el piso, mientras con la otra se limpiaba un poco la sangre, se incorpor, y entonces Mximo revole su puo como para aplicarle un nuevo golpe, pero su cuado no amag defenderse, sino que se qued parado frente a l, con los brazos cados a los costados, mientras la nariz le segua sangrando y le manchaba toda la camisa.

-Dale, pegame si quers, pero yo no voy a golpearte le dijo calmosamente.

El otro ech su puo para atrs, como para descargar un fuerte golpe, pero al ver inmvil a su ex amigo, sin ponerse en defensa, se detuvo, y dijo:

-Maldicin! No vas a defenderte? Entonces andate al infierno, maricn de porquera!

Le lanz un escupitajo, y se dio vuelta, subiendo al auto. Juan Cruz, antes que pudiera arrancar, se le acerc y le dijo con voz suplicante:

-Escuchame, yo tengo que pagarte mi deuda! Cuando necesits ayuda, de lo que sea, no duds en buscarme.

-Andate a la mierda y morite, maldito! le grit envenenado-. Cundo termine con vos no te va a quedar nada!

El joven aceler, y haciendo chirriar las ruedas, sali disparado por la calle. En ese instante a Juan Cruz le pareci que vea el mismo cuadro de la noche del accidente, aunque all era l quien manejaba, y una angustia terrible hizo presa de l, y entonces, casi con desesperacin, hizo una oracin:

-Seor, por favor, no permitas que le pase nada!

Se qued mirando mientras el auto desapareca de su vista, y entonces recin se dio cuenta que varias personas que haban presenciado el incidente lo rodeaban. Una seora se acerc y le dijo:

-Joven, se siente bien? Est sangrando mucho de la nariz.

-Est bien, est bien, muchas gracias le respondi sacando su pauelo y apretndolo contra la cara-. No es nada, enseguida se me va a pasar.

Subi al auto y se dirigi despaciosamente a su casa. Lo que le sorprenda es que no se senta mal en su nimo, aunque las cosas no haban salido como l lo hubiera deseado. A pesar de la negativa de su cuado a escucharlo, y de su furia posterior, l haba podido decirle lo que senta, y eso era lo que le pareca importante.

Tambin estaba muy sorprendido por el hecho de que no haba reaccionado cuando Mximo lo golpe, lo que era muy contrario a su temperamento aguerrido, que lo haba caracterizado a lo largo de su vida de jugador.

<< -Bueno razonaba-, supongo que lo que hice fue lo que nos pide Jess, de poner la otra mejilla. >>

<< -Pero yo no lo tena planeado as, slo me sali de esa manera sigui elucubrando. >>

<< -Por ah lo nico que hice fue empeorar las cosas concluy-, pero no s que otra cosa podra haber hecho. >>

Cuando lleg a su casa y Juana lo vio con la cara y la ropa manchada de sangre, se asust y pens que haba tenido un accidente. Pero, mientras se lavaba y cambiaba la camisa, le fue contando lo que haba sucedido, si bien no tena nada que ver con lo que l se haba imaginado que le relatara a su esposa.

Ella lo abraz y lo bes amorosamente, dicindole:

-Me siento tan orgullosa de vos, mi amor! No es nada fcil para un hombre hacer lo que hiciste. Y por Mximo no te preocups, que si todo lo que dijiste fue inspirado por Dios, tus palabras le van a llegar. No tengs ninguna duda, querido!

Juan Cruz se tranquiliz, y, aunque no saba exactamente por qu las cosas haban tenido que suceder de esa manera, tena toda la sensacin que l solamente haba hecho lo que le haba sido mandado.

-Ya vas a ver que el Seor te va a bendecir por haber sido dcil a lo que l te peda! l se siente gozoso y orgulloso de vos en este momento! termin dicindole ella en tono proftico, mientras besaba suavemente su magullada nariz.

[ Arriba ]

Capitulo 8:

Son las dos de la tarde y Mximo se encuentra tirado en la cama en el dormitorio de su departamento. Hace tres das que prcticamente no sale a la calle, y tampoco nadie ha venido all, porque a la seora que le hace la limpieza le dio la semana de licencia, ya que le deba vacaciones y adems quera estar solo y que ninguna persona le molestara.

Desde que dej de salir con Samantha se siente tremendamente mal, no porque tenga deseos de estar con ella, sino porque lo asaltan continuamente en su mente todo tipo de pensamientos. No puede borrar de su memoria el aspecto horrendo que se le revel de esa mujer, sin que todava pueda tener claro si lo que vio fue algo real o solamente producto de su imaginacin.

A veces le parece que todo ese tiempo que pas desde que conoci a la diablica joven, que en definitiva no lleg a seis meses, fue como una especie de pesadilla, un mal sueo que realmente no ocurri ms que en su fantasa.

Pero como le cuesta distinguir entre lo real y lo que pueda haberse imaginado o soado, cada vez con ms frecuencia se pregunta si no estar volvindose loco.

Para colmo la situacin con su esposa se ha vuelto muy tensa, ya que ella se enter, a travs de esos conocidos comunes que siempre buscan la oportunidad para hacer llegar los chismes y las malas noticias, que l estaba saliendo en forma estable con una mujer desde haca bastante tiempo.

Cuando va a buscar a su hijito para llevarlo a pasear, Catalina nunca le habla ni le recibe, sino que solamente tiene contacto con la niera. Inocentemente Agustn le ha contado que la mam muchas veces est llorando y se queda encerrada en su cuarto, y cuando l vuelve de las salidas con su pap, siempre le pregunta sobre las cosas que le cuenta, si lo vio contento o triste, y si pregunt por ella.

Debido a todas estas situaciones se ha ido refugiando cada vez ms en la soledad de su departamento, donde la bebida es su consuelo, aunque est abusando de ella cada vez ms. En los ratos de lucidez, los nicos pensamientos que le rondan por la mente se refieren a su fracaso, que siente total, como jugador, como marido, como padre, y hasta como amante.

Est viviendo la terrible sensacin de estar moribundo, de que la vida se le est escurriendo de entre los dedos, porque a nada le encuentra ya sentido. Por un tiempo, mientras estaba bajo la influencia de Samantha, se haba ilusionado de alguna manera en que podra salir adelante, con la ayuda de las fuerzas mgicas y ocultas que le prometa la extraa mujer.

Pero eso haba terminado, y realmente todava no saba bien por qu. La figura tan especial de esa persona, que l se resista a definir como un ngel, que haba impedido en ese sueo (u otra cosa?) que el Diablo le arrancara el corazn, se le segua presentando, y le produca sensaciones contradictorias.

Por momentos le daba una especie de alivio, como si realmente lo hubiera librado de algo muy terrible; pero en otros pensamientos prcticamente lo culpaba por haberlo alejado de Samantha, con la que se haba sentido tan bien al principio de su relacin, y tambin por haberle quitado lo que quizs haba sido su ltima oportunidad para salir del estado en que se encontraba.

En esos instantes trataba de imaginarse que hubiera pasado si hubiera podido entregar completamente su vida a Satans, pero no era capaz de sacar ninguna conclusin.

Finalmente se levant y fue a la cocina a revolver en la heladera para ver que poda encontrar para comer. Con unas sobras de fiambre y pan lacteado se prepar un sndwich, tanto como para poner algo en el estmago, al que senta flccido y hambriento, ya que no tena ningn deseo de salir del departamento.

Al poco tiempo se volvi a tirar en la cama, encendiendo el televisor y mirando cualquier cosa que encontraba mientras haca zapping, sin interesarse en lo ms mnimo por lo que iba apareciendo en la pantalla, ya que sus pensamientos permanecan perdidos en el sinsentido de su vida.

<< -Tendra que ir y contarle a Catalina que ya no salgo con ninguna mujer cavil ensimismado-. Pero seguro que no me va a querer oir, y me va a echar, y si Agustn escucha que nos peleamos se va a poner muy triste y va a llorar. >>

<< -Por qu me habr ido de mi casa dejando a una mujer tan buena y amorosa, si yo hoy todava la sigo amando? Qu fue lo que me pas? Al final, podra haber seguido igual una vida normal, aunque no jugara al ftbol pensaba en un rato de lucidez. >>

Sin embargo luego sigui con sus tenebrosas ideas:

<< -Pero no, no hubiera resultado. Cmo se hubiera sentido Catalina siendo la esposa de un fracasado? >>

<< -Y mi hijito? Tendra que soportar las burlas de sus compaeros, y, finalmente, qu imagen le podra quedar de su padre? >>

Sus pensamientos de nuevo se deslizaban hacia la lstima por s mismo, por su situacin, y a lo que l consideraba un fracaso personal, adjudicando los sentimientos a los dems segn su propio punto de vista negro. En su interior haba un proceso que lo precipitaba cada vez ms hacia un abismo en el que ya no encontraba sentido nada de lo que pudiera hacer.

Cuando en sus oscuras elucubraciones tocaba fondo, apareca la tabla salvadora que lo justificaba, que era la responsabilidad y la culpabilidad de Juan Cruz, a quien poda endosarle toda su afliccin, y entonces afloraban en su plena intensidad el odio y los deseos de venganza hacia su cuado que desbordaban su alma, pero que, de alguna manera, era lo nico que le mantena encendida cierta intencin de seguir adelante.

<< -Ese maldito desgraciado, despus de lo que hizo, encima me vino con ese cuento de que Dios lo mandaba a pedirme perdn! -rumiaba sumido en su odio-. Se debe creer que yo soy una vieja estpida para tragarme ese cuento! >>

<< -De dnde habr sacado esa boludez? se pregunt, pero enseguida se respondi-. Seguro que se la puso Juana en la cabeza, porque anda metida en no s que cosa de la Iglesia, en algo raro de oraciones. >>

<< -La verdad es que no cre nunca que Juan Cruz se enredara en esas cosas de viejas. >>

<< -Pero despus que le romp la maldita nariz seguro que habr pensado para qu le sirve hacer todo eso pens satisfecho acordndose de cmo haba tirado al piso a su cuado. >>

Sin embargo, a pesar de estos pensamientos y del rencor que almacenaba su corazn, haba algo en la actitud que haba tenido Juan Cruz que lo incomodaba y que le generaba una inquietud extraa que no quera reconocer de ninguna manera.

Trataba de convencerse de mil formas que haba sido una estupidez de su otrora amigo, pero en el fondo, de manera misteriosa, le surga como un dejo de admiracin, que al percatarse que lo senta enseguida trataba de ahogarlo con la furia de su odio.

Ya entrada la tarde fue en busca de la botella de whisky, comenzando a tomar una copa y otra, y as, sumergindose en los vapores del alcohol, de a poco fue enterrando su lstima, su orgullo herido, y todos los sentimientos contradictorios que se sacudan en el mar embravecido de su corazn.

Al llegar la noche ya estaba en un estado de embriaguez bastante fuerte, y all se percat que se le haba vaciado la botella, y no le quedaba ninguna bebida alcohlica de reserva. Varios das sin salir a comprar nada le haban agotado el stock, y entonces, empujado por la sed de su borrachera, que le segua pidiendo ms licor, decidi salir a comprar.

Al menos tom conciencia que en ese estado no poda manejar, as que pens ir caminando. Se asom a la ventana y vio que estaba lloviendo, ponindose entonces una campera sobre la ropa desaliada que tena, puesto que no se haba cambiado en tres das, y baj por el ascensor. Eran casi las nueve de la noche.

Sali y se puso la capucha para resguardarse algo del agua que caa con bastante intensidad, y comenz a caminar, con la inseguridad que le daba su estado de beodez. Hizo dos cuadras con dificultad, en direccin a un pequeo supermercado chino que quedaba un poco lejos, pero que a esa hora todava estaba abierto.

Cruz en una esquina, siempre bajo la lluvia que haba arreciado, y cuando fue a subir al cordn, tropez y se cay de bruces, empapndose con el agua sucia que corra por la alcantarilla. Dificultosamente se par, apoyndose en un rbol, y sigui caminando a los tumbos, maldiciendo la tormenta que segua y el barro que lo cubra.

En la calle no transitaba prcticamente ningn peatn, y slo de tanto en tanto los faros de un auto marcaban el paso apretado de alguien que quera llegar lo ms rpido posible a la comodidad de su casa.

Mientras caminaba semi apoyado en la pared con su mano, lleg a unas escaleras iluminadas por bastante luz, y levantando la vista vio una cruz que resplandeca detrs de la cortina de agua que segua cayendo, enfocada por reflectores.

A pesar de su mente embotada por el alcohol, reconoci que estaba en la puerta de la iglesia cercana a su casa, donde haba aparecido sin saber como el da de la pesadilla o lo que fuera que le haba sucedido.

Se qued parado en ese lugar, mirando hacia el interior, que tras las puertas de vidrios multicolores apareca iluminado, y de donde sala msica de rgano y se escuchaban cantos. En su confusin reaparecan las imgenes de lo vivido tiempo atrs: la presencia monstruosa del diablo, la aparicin del ngel, el hombre que lo llam en esa iglesia, todo mezclado con lo que le haba ocurrido despus con Samantha.

Mientras permaneca all termin la misa y comenz a salir la gente, abriendo sus paragas. Mximo estaba parado, apoyado en una columna que flanqueaba la escalera, con un aspecto verdaderamente lamentable: todo mojado y sucio, con una barba de ms de tres das, y la capucha echada casi sobre los ojos.

Una pareja que sala, pasando a su lado y viendo su porte lastimoso, pens que era un pordiosero que peda limosna en la puerta de la iglesia, y entonces el hombre sac de su bolsillo unas monedas y se las extendi, dicindole:

-Tome, buen hombre.

Por supuesto ni lejanamente reconoci en ese mendigo, segn crea que era, al famoso ex jugador, debido a su aspecto y a la oscuridad parcial de la calle. ste automticamente extendi su mano y recibi las monedas, a las que se qued mirando en su palma abierta con expresin estpida.

Otra seora que vena detrs tambin le deposit una moneda, lo que hizo que Mximo en ese momento reaccionara, y escondiendo su mano en el bolsillo de la campera, se dio vuelta y se alej unos pasos. Se apoy contra la pared de una casa y vomit todo lo que tena en el estmago, quedando vacilante y con las piernas temblando.

De pronto los efectos del alcohol se estaban esfumando, en parte como consecuencia de la refrescada con el agua, y especialmente por el golpe que le provoc esta situacin.

<< -No puede ser que me hayan confundido con un mendigo! se dijo desconsolado, sacndose la capucha de un manotazo-. A m, a quien las multitudes coreaban enloquecidas mi nombre! >>

Con furia arroj lejos de s las monedas que le haban dado, sintiendo como que haba cado en un gran pozo, tan hondo que ya nadie poda verlo ni reconocerlo, y, sin fuerzas ya, se sent en la escalera, por la que no sala ms gente, porque todos se haban ido presurosos huyendo del inclemente tiempo.

<< -Qu ha sido de m? segua lamentndose mientras se agarraba la cabeza-. A dnde fui a parar? Cmo pude caer tan bajo? >>

Mientras lo asaltaban estos pensamientos sigui all bajo la persistente lluvia un buen rato, por lo que su cabeza se fue despejando cada vez ms y retom un estado aceptable. Entonces se levant y comenz a desandar el camino hacia su casa, olvidndose completamente del objetivo que lo haba hecho salir, que era el de conseguir bebida.

Entr a su departamento tiritando, y se fue derecho al cuarto de bao para sacarse la ropa y tomarse una ducha caliente. No pudo evitar mirar en el espejo al extrao de lastimero aspecto que all se reflejaba, sucio, barbudo y ojeroso, con aspecto extremadamente demacrado.

<< -Estoy muerto, estoy muerto! pens desesperado. >>

<< -Aunque camine, estoy muerto! segua repitindose. >>

Se meti debajo de la regadera y dej que el agua humeante fuera despejando ms los vahos del alcohol que todava permanecan en l.

Ya vestido con ropa seca, se sent en un silln del estar, pero ahora, que estaba despabilndose y que su mente comenzaba a funcionar normalmente, sin las trabas del alcohol, las cosas empeoraron, porque la conciencia de lo que haba sucedido era mucho ms ntida.

Las imgenes lo bombardeaban: el borracho que se tambaleaba bajo la lluvia, tropezando y cayndose en el barro; la compasin que despert en la gente que sala de la iglesia y le daba una limosna; el aspecto lamentable que le haba mostrado el espejo.

Estas escenas se entremezclaban con las de Samantha transformada en monstruo, con las de Satans hundindole el pual en el corazn y con las de su cabeza chorreando la sangre del gallo.

Era como si alguien estuviera torturndolo, mostrndole una y otra vez las peores cosas que haba vivido ltimamente, para que no pudiera olvidarlas y para que le siguieran lastimando.

La inquietud primero, y una franca desesperacin despus lo dominaron. Caminaba de aqu para all como una fiera enjaulada, gesticulando y hablando en voz alta:

-No puede ser todo esto! Ya no valgo nada, todos se van a rer de m. No soy ms que un mamarracho, un monigote del que la gente slo puede burlarse!

-Nunca ms voy a poder mirar a la cara a mi hijito ni a mi esposa! Me va a dar demasiada vergenza segua diciendo obsesivamente mientras caminaba y haca gestos ampulosos con las manos.

-Mi vida ya no tiene sentido, no sirve para nada, mejor sera morir! termino gritando exaltado y completamente fuera de s.

Cuando escuch el sonido de su voz alterada diciendo estas palabras, de pronto se qued quieto, tomando conciencia del significado de lo que haba exclamado.

<< -Es cierto, lo mejor para m y para los dems sera que yo muriera, porque todo va a ser peor a medida que pase el tiempo pens muy seriamente. >>

Esta idea de pronto calm su exaltacin, y se sent, quedndose quieto, casi inmvil, sumergido en los pensamientos que ahora invadan completamente su mente.

<< -Morir, eso es, tengo que morir! comenz a pensar-. Pero cmo? Tengo que matarme. Pero, de qu manera? >>

[ Arriba ]

Capitulo 11:

No pas mucho tiempo sin que los jugadores comenzaran a notar, y as lo fueron comentando, que les ocurran algunas cosas raras mientras estaban jugando.

El primero que habl sobre esto fue Martn, el arquero titular, que a partir de su metro noventa de estatura y manos firmes como tenazas de acero, estaba dando gran seguridad al equipo desde la valla.

Haba terminado un partido que empataron dos a dos, donde el guardavalla haba sido una de las figuras destacadas por su actuacin soberbia, especialmente en un par de atajadas en que haba volado para evitar la cada de la meta que custodiaba.

Estando ya en el vestuario, en un momento se acerc a Juan Cruz, que estaba con Mximo y el mdico, Gonzalo, y les dijo:

-Vieron la pelota que saqu en ese tiro libre al principio del segundo tiempo?

-Si, es cierto, la verdad que estuviste fantstico le dijo el entrenador palmendolo en la espalda-. Era un tiro muy fuerte y difcil de llegar a sacarlo, porque te fue al otro palo.

-Bueno, justamente eso es lo que quiero decir sigui explicando el arquero-. Yo estaba tapado por la barrera, y cuando veo que la pelota la pasa, me tir, pero saba que ya era tarde, que si el disparo iba al arco no llegaba. Pero, no s como pas, salt y vol de una manera que nunca lo haba hecho antes, y pude desviar la pelota. Miren, ustedes dirn que estoy loco, pero por un instante tuve la sensacin como que algo me mova por el aire.

Se produjo un breve silencio, y entonces Juan Cruz dijo:

-Bueno, la verdad es que ests entrenndote muy bien, y eso se est notando. Voy a felicitar al profesor Vicente, que los est matando en el entrenamiento, porque ya vemos muy buenos resultados.

-S, debe ser as dijo Martn un poco dubitativo-. Bueno, habr sido una sensacin ma. Espero seguir volando de la misma manera.

El sbado siguiente el equipo jug de visitante y ganaron un partidazo, goleando cuatro a uno. Realmente jugaron muy bien, estableciendo una amplia diferencia con los locales, no slo en el resultado sino tambin en el desarrollo de las acciones.

Cuando llegaron al camarn, despus del gran triunfo, lo festejaron mucho, cantando y bailando, en medio de abrazos y felicitaciones. Despus comenzaron los comentarios sobre las buenas jugadas que haban hecho, sobresaliendo especialmente el golazo de tiro libre de Pablo, uno de los que mejor pegada tena. Todos lo felicitaban, y l cont entonces lo que haba vivido:

-Yo apunt al otro palo del arquero, tratando de poner el tiro sobre la barrera, y que despus bajara con la comba. Cuando pateo, tengo toda la sensacin que me sali muy alta, pero de pronto la pelota baj y se meti en el ngulo. Fue fantstico!

-Realmente nunca haba visto un disparo as coment Mximo entusiasmado-. La pelota hizo una curva muy rara, y baj de golpe. Ni a los brasileros les vi nunca darle tanto efecto con su famosa folha seca.

-Bueno, le pegu con cara interna sigui explicando Pablo-, pero, yo se los digo, estaba seguro que se iba alta, y no s como de golpe baj de una forma muy rara. No s si voy a poder patear otra vez as!

-Bueno, escchenme, yo tambin quiero contar algo! dijo Martn, el arquero, que se haba lucido en el primer tiempo atajando un penal-. Porque la manera en que ataj ese penal fue muy extraa.

Bastante excitado, comenz a contar lo que haba sucedido:

-Cuando antes de salir a jugar rezamos en el vestuario, yo le ped a Jess y a la Virgen que si haba un penal lo pudiera atajar.

Lo que estaban haciendo los jugadores y los integrantes del cuerpo tcnico, que mayoritariamente estaban concurriendo a la Escuela de Oracin, antes de salir a jugar, era compartir una breve oracin frente al improvisado altar que Ramn, el utilero, preparaba con esmero sobre una mesita plegable que siempre llevaban.

Pona all una imagen de la Virgen de Lujn, una cruz de madera con un Jess de bronce, una imagen de Jess Misericordioso, otra del Sagrado Corazn, y estampas de San Jos, San Padre Po y de San Benito, con dos pequeos cirios encendidos.

En esa oracin pedan jugar bien y limpiamente, y que nadie saliera lastimado, ni de ellos ni del equipo contrario. Tambin pedan por el rbitro y sus auxiliares, para que sus fallos fueran justos, y por el pblico, para que no hubiera incidentes ni grescas.

-Cuando el refer cobra el penal sigui relatando Martn-, y veo que lo va a patear el diez de ellos, enseguida me acord que este zurdo normalmente cruza la pelota, pegando alto y fuerte, as que la lgica era que me tirara a mi izquierda.

Hizo una breve pausa, como buscando recordar con claridad ese momento, y luego sigui:

-Pero cuando se para frente a la pelota y lo miro, no s que me pas, pero sent la seguridad que me iba a patear a la derecha, y ms bien abajo. Era como algo muy fuerte por dentro que me deca: tirate a la derecha! No era con palabras, pero lo senta clarito. Bueno, ya vieron que me tir directamente a ese lado, sin dudar, y por eso alcanc a desviar la pelota, aunque el tiro era muy esquinado.

-Saben lo que pens enseguida? les dijo muy serio Martn-: Que mi oracin haba sido escuchada, y que Jess me ayud a atajar.

Despus de esta afirmacin del arquero se produjo un silencio total en el vestuario, que de pronto fue roto por el Cabezn, que jugaba de delantero, generalmente por la derecha:

-Yo tambin quiero decir algo! Vieron que en el segundo gol, recibo la pelota y me mando en diagonal, y cuando me sale el central le amago para afuera y meto el taco para el medio a Diego, y el hace el gol?

-S, que brbaro, hiciste una jugada fenomenal! exclam Juan Cruz-. Casi parecas Maradona.

-Bueno, lo que quiero decir es que yo no vi para nada que Diego estaba entrando, cre que estaba solo y quera patear yo al arco, pero de pronto sent que tena que mandarla al medio, y slo lo poda hacer de taco, as que lo met sin mirar si vena alguno. Y justo estaba all Diego para embocarla!

-Uy, es increble! salt gritando Diego, el nmero nueve-. Resulta que en el gol, yo estaba atrasado, y cuando veo que el Cabezn se manda, y que tena un solo jugador que le sala de frente, pens que lo esquivaba con el amague como hace l, y haca el gol. Pero en ese instante sent el impulso de picar hacia el rea, y all me encuentro con el pase de taco que me viene justo, y nada ms tuve que patear fuerte, porque me dej solo frente al arquero.

Todos estaban maravillados al escuchar estas cosas, y se miraban unos a otros en su euforia y alegra, como buscando respuestas para entender lo que haba pasado. Entonces Juan Cruz se puso a hablarles:

-Miren, el partido que hicimos hoy fue realmente extraordinario, y jugamos casi de memoria varias veces, con un gran entendimiento entre todas las lneas. Tenemos que alegrarnos y seguir jugando as, que vamos muy bien. Para eso seguiremos trabajando duro en la semana. Ahora vamos a disfrutar esta victoria con la familia. Felicitaciones a todos, muchachos!

En realidad el Tcnico dijo estas palabras para ir terminando el asunto por ese da, pero estaba muy conmovido interiormente por los testimonios de los jugadores. Ya l, desde afuera, haba visto en varios pasajes del partido una sincronizacin de movimientos, una justeza en los pases, y un encuentro entre sus dirigidos que lo haban maravillado, porque superaba todo lo que haba observado en las prcticas semanales y en los cotejos previos a ste.

<< -Aqu hay algo ms, que yo no alcanzo a entender pensaba muy concentrado-. Especialmente siento que lo que dijo Martn fue muy importante. Me parece que la oracin est teniendo algo que ver con el juego. >>

<< -No se como ser esto sigui pensando-. Pero es un tema que tendra que hablar con Bautista, a ver si me da alguna orientacin. >>

[ Arriba ]

Capitulo 14:

A Mximo le sucedi con respecto a la vida espiritual lo que le ocurre a muchas personas de temperamento fuerte, que viven apartadas de la fe: cuando descubren el sentido de la vida interior, y, especialmente, cuando viven un encuentro personal con Jesucristo, se vuelcan a la vida de oracin y de crecimiento espiritual con un mpetu y una determinacin realmente notables. Precisamente haba tenido lo que con el tiempo entendi que fue su primer encuentro con Jess unos cuatro meses despus que haba comenzado su experiencia de oracin.

Un da se encontraba en la capilla del convento, en un momento de adoracin, y permaneca arrodillado, mirando como fascinado el cliz visible en el Sagrario iluminado.

Escuchaba embelesado una cancin de adoracin profunda que entonaba la Hermana Delfina, y no tena un pensamiento en especial en su mente, sino solamente estaba disfrutando del clima de quietud y recogimiento que lo envolva en ese momento.

Llevado por esas sensaciones, cerr los ojos, y se qued sintindose tranquilo y lleno de paz. En ese instante, poco a poco, fueron surgiendo imgenes en su mente, como una pelcula que estaba comenzando. Al principio todo era algo confuso, vea mucha gente que se mova de un lado para otro, vestida con tnicas de tipo oriental, la mayora con barba y pelo largo.

La escena se hizo mucho ms ntida, y l se senta como insertado realmente en ese lugar, metido entre la multitud. Hasta tena la sensacin de sentir el calor de las personas que lo apretujaban, y percibir el caracterstico olor de la transpiracin que se desprenda de su piel acalorada.

En un momento dado vio que la gente se apartaba un poco, y detrs de ella observ la espalda de un hombre, que en ese preciso momento se dio vuelta, girando hacia donde estaba l, y lo mir directamente a los ojos. Era joven, de unos treinta aos, con cabello y barba castaos y tez oscura como bronceada por el sol. Vesta una tnica de un color marrn, pero lo ms llamativo era su mirada, que senta que lo traspasaba.

Sin saber como, surgi en l enseguida una certeza: era Jess que lo estaba observando, con una mirada que pareca expresar cientos de palabras en un instante, y que le haca sentir casi una sensacin fsica de ser acariciado por ella. La escena dur unos pocos segundos ms, y all Jess se dio vuelta y fue absorbido nuevamente por la multitud que lo rodeaba, y la visin que estaba teniendo se diluy, y entonces abri los ojos.

Fij su mirada nuevamente en el cliz con el Santsimo Sacramento contenido en su interior, al que vea tan real como la visin tenida unos instantes antes. Si no hubiera estado seguro que tena los prpados cerrados hubiera jurado que todo lo haba visto con sus propios ojos, por lo detallado y claro que haba sido lo presenciado en ese corto lapso de tiempo, que no poda saber cunto haba sido en realidad.

Segua teniendo fuertemente impresa en su memoria la imagen de ese Jess clavando en l esa mirada tan fuerte y expresiva, y entonces cerr los ojos, como para poder recrearla mejor, y que no se le escapara, aunque estaba seguro que nunca ms, a lo largo de toda su vida, se le podra borrar esa figura.

Perciba una sensacin de dulzura muy grande en su corazn, y de pronto la compar en sus recuerdos con lo que haba sentido en esa visin del ngel cuando lo salv del Diablo, si bien ahora le pareca estar mucho ms penetrado en todo su ser, como si su interior hubiera sido inundado por algo suave y delicado que lo haca desbordar de profundo gozo.

En ese instante record lo que le haba dicho Bautista el da de su primer entrevista: que l tena un llamado muy especial del Seor, y que por eso lo estaba preparando. Muchas veces haba pensado sobre cul sera la ndole de ese llamado, y ahora sinti que sera este Jess que acababa de conocer quin en algn momento se lo revelara.

Hasta que termin la oracin, unos veinte minutos despus, Mximo no pudo salir de ese estado similar a una especie de embelesamiento que lo haba llenado. Incluso cuando terminaron y se dieron mutuamente la paz, segua sintiendo como que no estaba all, sino en otro lugar que no poda determinar, pero de donde no quera volver.

Ese da quedara grabado a fuego entre sus recuerdos ms preciados, y muchas veces, en los meses siguientes, que seran muy duros para l, volvera a aferrarse fuertemente al recuerdo de ese Jess apenas entrevisto entre la multitud.

***

El tema que segua todava inquietando ms a Mximo era el de la relacin con su esposa Catalina y la separacin existente en la familia. Haba logrado conversar con ella por telfono, y tambin en forma personal algunas veces cuando iba a buscar a su hijito, lo que mostraba una pequea evolucin positiva en la actitud de la joven hacia l.

Intent hablarle de su cambio, contndole sobre como se reconcili con Juan Cruz y de su trabajo con l, e inclusive de su asistencia con el grupo de jugadores a la Escuela de Oracin, pero Catalina lo escuchaba muy framente, y siempre le responda ms o menos lo mismo:

-Me parece muy bueno todo eso que ests haciendo, pero no me pids por ahora ninguna cosa en relacin con nosotros. Lo que pas ha sido muy duro para m, y no me siento con nimo de cambiar nada. Ahora estoy tranquila con mi vida actual, y no quiero pensar en nada distinto. Espero, por tu bien, que sigs as, y nada ms.

Se haba levantado un alto muro entre l y su esposa, que, por ahora, pareca muy difcil de derribar. Sin embargo tena la esperanza que, a medida que pasara el tiempo y ella viera que sus nuevas actitudes eran duraderas, ira transformando su forma de ver las cosas.

Comenz a pedir mucho a Dios por su matrimonio, tanto en las oraciones que tenan en la Escuela, como cuando iba a la iglesia cercana a su casa, que ahora visitaba con frecuencia en los horarios que prcticamente no haba gente all.

Pero transcurrieron algunos meses y nada cambiaba en la actitud fra y lejana de Catalina hacia l, y entonces tom conciencia que pese a su esfuerzo y ganas, haba cosas que escapaban a sus posibilidades y a los deseos de su voluntad.

La consecuencia de todo eso fue que comenz a cuestionarse el hecho de por qu, si l realmente se estaba convirtiendo de corazn a Dios, esa actitud no poda ser comprendida y aceptada por su esposa. Sin darse cuenta, poco a poco la tentacin fue trabajando en su alma, y le surgan pensamientos cada vez ms ominosos:

<< -Al final, todo est igual que antes; parece que no importa que yo haya cambiado, es lo mismo que si siguiera siendo un borracho y un mujeriego. >>

Tambin comenz a replantearse aspectos de su vida espiritual y la concurrencia junto a los otros integrantes del equipo a la Escuela:

<< -Para qu me sirve esto de arrodillarme en la iglesia y pedirle cosas a Jess? Seguramente no escucha mi rezo, por todas las cosas malas que hice. >>

El ataque de la tentacin del Diablo siempre utiliza el argumento que Dios no quiere ni perdona a las personas que han cometido faltas graves, porque as las aleja de la bsqueda de su misericordia y perdn, y las lleva a la desesperanza.

Mximo segua con sus oscuras elucubraciones:

<< -Tiene sentido que siga perdiendo el tiempo yendo a ese convento? Ya me pareca a m que todas esas cosas son solamente para viejas que no tienen nada que hacer. >>

Cunto ms continuaban formndose este tipo de pensamientos, peor se senta. Lleg un da lunes, y decidi no concurrir al convento, por primera vez desde que haba comenzado. Lo llam a Juan Cruz, con la excusa que estaba un poco descompuesto, avisndole que ese da iba a faltar.

Se qued en su departamento, pero estaba muy inquieto y nervioso, y no poda hacer nada, ya que por momentos senta arrepentimiento por no estar con sus compaeros en la oracin, aunque enseguida desechaba ese sentimiento, dicindose que no volvera ms a ese lugar.

Haba comido solamente un sndwich, y despus, mientras beba un caf, sinti de pronto fuertes deseos de tomarse un trago. No tena ninguna bebida alcohlica en su casa, lo que le aumentaba ms el deseo de una copa. Senta la boca seca, y pensaba con aoranza en la sensacin clida del licor pasando por su garganta.

Varias veces estuvo a punto de levantarse y salir a comprar una botella de whisky, pero algo siempre le refrenaba ese impulso. Durante un buen rato permaneci en esa lucha, hasta que tom la decisin de ir a acostarse.

Antes pas por el botiqun del bao y sac el frasco de tranquilizantes, y pese a que haca bastante tiempo que no las usaba, todava tena algunas pastillas, y apurado se tom una.

ltimamente dorma muy bien, sin mayores sobresaltos, ayudado tambin por el cansancio de su actividad deportiva, pero ahora le haba invadido el gran temor de que poda ceder al impulso que lo acuciaba, y que lo llevara a comprar una botella, y todo volvera a ser como unos meses atrs.

Por eso no dud en tomarse el remedio, y se acost, rogando poder dormirse lo ms rpido posible.

En los das siguientes esta situacin sigui empeorando, ya que surgi otro elemento que Mximo hubiera credo, tan slo unos pocos das atrs, que sera imposible que volviera a aparecer en l: comenz a pensar nuevamente en Samantha.

Era como si el tiempo que haba transcurrido desde que dej de verla hubiera vuelto borrosos los sucesos desagradables, e inclusive horrorosos, que haban acontecido en su relacin con la diablica mujer, y ahora solamente rememoraba los momentos de pasin que haban vivido juntos.

Toda clase de imgenes relativas a la relacin con ella lo bombardeaban permanentemente, hasta que en algunos momentos pensaba seriamente en llamarla, acuciado por el deseo que lo invada.

Tambin comenzaron a aparecerle ideas extraas acerca de otras personas de su actual entorno. Pensaba en Juan Cruz, y de pronto se deca:

<< -Quin es l para que yo trabaje a sus rdenes? Si es quien me arruin la pierna, y por su culpa ahora no puedo jugar, y tengo que andar haciendo boludeces con esos pibes que no saben nada de ftbol. >>

Trataba de esforzarse para alejar estos pensamientos, pero al rato volvan a su mente los recuerdos del accidente, de su sufrimiento en las sucesivas operaciones a las que fue sometido, y senta que el rencor que crea que haba desaparecido, pretenda volver a surgir.

<< -A lo mejor plane todo esto porque tena miedo que yo lo hiciera mierda con los juicios -segua cavilando-. Seguro que pens que volviendo a ser mi amigo se sacaba de encima ese problema. >>

En la confusin que se le generaba entre tantas ideas equivocadas, se olvidaba que haba sido l quien haba buscado a su cuado para que lo ayudara, cuando estaba sumergido en la trampa diablica y mortal que casi lo haba llevado al suicidio.

Ni siquiera Bautista se salvaba de sus negros pensamientos:

<< -Ese viejo que se cree que sabe todo, quin es? No es ms que un pobre tipo que ensea cosas que nadie entiende a un grupo de mujeres que no saben en qu perder el tiempo. Al final, a m lo nico que me dijo fueron un montn de pavadas, y aqu estoy, sin que nada haya cambiado en mi vida. Ni mi esposa me da pelota. >>

De esta manera, poco a poco comenzaba a deslizarse por la pendiente que lo volva a arrastrar al pozo profundo de donde haba emergido tan trabajosamente.

Pasaron dos semanas en las que, con diversas excusas, no concurri a las reuniones. En el entrenamiento siguiente al ltimo lunes, Juan Cruz se le acerc y le dijo:

-Escuchame, te estoy notando un poco raro ltimamente. No te veo con la misma alegra y ganas que tenas antes, y tampoco fuiste a la Escuela en las ltimas dos semanas. Decime la verdad, te est pasando algo?

-No, no, no me est pasando nada, no hay ningn problema, viejo le contest evasivo.

El entrenador lo tom de un brazo y le dijo con voz firme:

-No me ests diciendo la verdad, cuado. No es cierto que ests bien, yo te veo mal! Y en realidad me parece que ests cada vez peor. Por qu no me decs lo que te pasa? Te lo pido por favor.

Se qued mirndolo fijamente a Mximo, muy serio, como queriendo que su amigo reaccionara. Finalmente ste exclam:

-Bueno, la verdad es que no estoy bien. Me vienen muchos pensamientos que me perturban, y eso me tiene mal.

-Ah, ya lo saba! Y decime, qu cosas son esas en las que penss?

Mximo titube por unos instantes, y finalmente dijo:

-Me parece que nada ha cambiado. Catalina sigue sin querer saber de m, y todo lo que estoy tratando de hacer para ser otro no me lleva a ningn lado.

Juan Cruz lo mir, y le pregunt preocupado:

-Volviste a tomar?

-No, no, no lo hice, te lo aseguro. Pero la verdad es que tuve ganas -acept con expresin culpable.

-No puede ser sto, Mximo! No tens que darte por vencido! Hoy mismo vas a venir conmigo a hablar con Bautista! le dijo enrgicamente aferrndolo de los hombros.

-No s, viejo, no creo que ya sirva para nada dijo Mximo con voz fatigada.

El entrenador le replic enseguida:

-Escuchame! Una vez viniste y me pediste que yo te ayudara, es cierto? Bueno, lo hice, y lo voy a seguir haciendo, as que te pido que me hags caso. Aunque sea, hacelo por tu esposa y por tu hijo.

Mximo se qued con la mirada perdida, sumido en una gran lucha interior, y finalmente contest con docilidad:

-Est bien, est bien, voy a hacer lo que me peds. La verdad es que no quiero volver a lo que ya pas.

-Bien hecho, cuado! le dijo Juan Cruz dndole una palmada en la mejilla-. Yo voy a arreglar las cosas, y despus, cuando terminemos aqu, te acompao al convento.

[ Arriba ]

Capitulo 15:

En ese perodo Mximo vivi su situacin personal de una manera muy especial. Tena la alegra de compartir con sus compaeros del equipo de ftbol la excelente campaa que estaban haciendo en el inicio del Campeonato Clausura, sintindose partcipe de esos logros desde su trabajo junto al Entrenador.

Tambin estaba siendo cada vez ms importante para l la experiencia de oracin y de apertura a la vida espiritual.

Desde que haba vivido lo que l consideraba sin dudas su encuentro personal con Jesucristo, y luego de haber superado la fortsima tentacin que lo haba asaltado, ayudado por su confesin y la oracin que hicieron por l, senta cada vez ms profundamente cuando oraba la cercana del Seor, de su amor y misericordia hacia l.

Pero, a estas experiencias tan maravillosas se seguan contraponiendo las acciones diablicas, que no haban cesado en manifestarse de distintas maneras, en forma espordica y sin momentos definidos.

Hasta entonces los hechos seguan repitindose en su casa, a travs de ruidos horrendos, sillas y muebles que se movan y caan, y la cama que cada tanto se estremeca y bailaba una danza siniestra que no lo dejaba dormir.

Cuando aparecan estos sucesos, lo primero que haca era tomar el agua bendita y rociar el lugar, hincndose luego de rodillas orando con todo fervor a Dios.

A veces pasaba ms de media hora sin que cesaran las perturbaciones, y en ese tiempo el jugador no se mova de su posicin, siguiendo en su oracin a pesar de todo.

De ese modo, sin proponrselo con su voluntad, su experiencia de oracin ferviente fue creciendo a pasos agigantados, pues era de lo nico que poda aferrarse para enfrentar la lucha contra las diablicas operaciones.

Una de las cosas que ms le preocupaban como consecuencia de esos hechos era que todos esos golpes y ruidos en su departamento pudieran molestar a los vecinos del piso de abajo. Pero ese temor se disip un da que, despus de una noche particularmente movida, cuando por la maana baj por el ascensor, se encontr con la seora que viva en el piso inferior.

Estuvieron charlando sobre temas casuales durante el breve trayecto hasta la planta baja, pero, para alivio de Mximo, la seora no hizo mencin alguna de que la hubiera molestado algn tipo de bochinche desde el departamento de arriba.

Cuando de alguna manera, Mximo senta que se estaba acostumbrando a las acciones del demonio, de pronto apareci un terrible recrudecimiento de las mismas. Una tarde, habiendo vuelto del entrenamiento, fue a la iglesia cercana a su casa para orar un rato, porque senta que lo necesitaba.

Faltaba casi una hora para la misa, y todava no haba comenzado el rezo del Rosario previo a ella, por lo que estaba casi solo, ya que solamente haba dos seoras en los primeros bancos. Segn su costumbre, se sent casi al fondo, para no ser notado, y porque as, cuando se acercaba la hora de la misa, poda irse con comodidad, ya que todava no participaba de ella.

Permaneca arrodillado, pidiendo en su oracin que esa noche pudiera estar tranquilo en su casa, cuando de pronto, mientras estaba con los ojos cerrados, se sinti levantado en el aire y arrojado fuertemente hacia atrs.

Pas volando por encima de las dos filas de bancos que estaban detrs de l, cayendo aparatosamente de espaldas en el fondo de la iglesia, cerca de la puerta de entrada. Sinti un fuerte golpe al pegar contra el suelo de baldosas, chocando primero con su espalda, sus piernas y sus brazos, y terminando por golpear con su cabeza contra el fro y duro piso.

El jugador se qued casi sin respiracin por el fuerte impacto, e inmediatamente pens que tena que tener varios huesos quebrados, porque haba sido despedido ms de dos metros por el aire.

Las personas que estaban adelante ni siquiera se percataron de lo sucedido, mientras que Mximo trataba de incorporarse con sumo cuidado. Primero se sent en el suelo, tocndose la nuca, donde haba sentido que se golpeaba, y mirndose la mano, pero no estaba sangrando.

Tampoco en los brazos senta dolores fuertes como si tuviera algn hueso roto, y entonces se par despaciosamente, apoyndose contra la pared, con mucho temor sobre todo cuando apoy su pierna derecha contra el suelo. Pero nada ocurri, y pudo caminar sin problemas, aunque senta todo el cuerpo dolorido, como si hubiera terminado de jugar un partido donde los defensores lo hubieran golpeado a mansalva.

Se qued parado all, en el fondo, apoyando sus manos sobre el respaldo del ltimo banco, tratando de recuperar un ritmo normal de respiracin, y entonces alz los ojos, y su mirada se pos sobre la imagen de la Virgen situada sobre el altar mayor, y sinti, a pesar de su estado calamitoso, una cierta sensacin de bienestar y dulzura en su interior.

[ Arriba ]

Capitulo 17:

En los partidos que se fueron sucediendo por el Campeonato Clausura, el Deportivo Progreso se sigui afirmando en la punta de la tabla, con un ftbol que por momentos despertaba verdadera admiracin entre sus simpatizantes y en los periodistas que cubran la informacin en los cotejos, que, atrados por lo que estaba sucediendo, cada vez asistan en mayor nmero.

Los das que les tocaba la televisacin de su partido, el rating de las transmisiones superaba en muchos casos al de los encuentros de Primera Divisin, lo que segua alimentando el inters despertado por la sensacional campaa y la relacin con la vida de fe que rodeaba lo que estaba ocurriendo en el equipo.

Los jugadores siguieron experimentando cada vez ms sucesos raros en los partidos, que ellos ya no dudaban que provenan de una accin sobrenatural del Espritu Santo, porque no haba otra explicacin para los mismos.

Algo que comenzaba a extenderse a varios de los integrantes del equipo era el hecho que a veces tenan una intuicin muy especial, mediante la cual el que estaba jugando saba con certeza cosas que ocurriran en el partido, como si adivinara con anticipacin movimientos o jugadas que iba a realizar determinado jugador.

Al arquero Martn se le hizo casi habitual que en las oportunidades en que tena que atajar un penal, el saba a que lugar iba a patear el jugador contrario. En lo que se desarrollaba del campeonato el Deportivo haba recibido la sancin de tres penales en contra, de los cuales dos haban sido brillantemente atajados por Martn, ya que l, ni bien la pelota era impactada se arrojaba exactamente hacia donde iba a ir el esfrico.

El tercer penal que le tiraron sali desviado. Ese da, el arquero, muy excitado, cont que cuando el jugador encargado de la ejecucin de la pena mxima retroceda para tomar carrera, el supo con certeza que la pelota iba a salir por encima del travesao.

De hecho no se tir hacia ninguno de los lados, sino que simplemente peg un salto desde donde estaba parado en medio del arco, acompaando con uno de sus brazos levantado la trayectoria del baln, que pas a casi un metro por encima del horizontal.

Martn cont tambin que lo mismo le pasaba en los tiros libres. El formaba la barrera en el lugar indicado, y despus por dentro peda as:

<< -Jess, Seor mo, decime a donde va a ir la pelota. >>

Era as que el Deportivo no slo era el equipo que estaba primero en las posiciones, sino que tambin tena la valla menos vencida. Ante esto, algunos comentaristas decan que el buen arquero pareca tener como un imn en sus manos, que atraa los balones.

Tambin a los jugadores que pateaban habitualmente al arco les suceda que reciban la intuicin de lo que tenan que hacer. El que estaba encargado de los penales era Diego, el centro delantero. Su caracterstica era la de disparar muy fuerte, ya que no tiraba a colocar, sino que reventaba la red con tiros altos y potentes, que en general eran muy difciles de atajar para los arqueros.

El primer penal que tuvo en ese campeonato fue en un partido en que estaban perdiendo por uno a cero, y ese tiro era para empatar, casi al final del segundo tiempo.

Coloc la pelota en el punto de cal, y mir al arquero. Este se mova un poco hacia ambos costados con los brazos abiertos, y, con la mano derecha, le haca una sea, como dicindole que le disparara a ese lado, una estratagema bastante comn en los arqueros para confundir al ejecutor de la pena mxima.

Diego lo mir a los ojos, y sin saber por qu, supo que el arquero se iba a arrojar al lado opuesto del que le estaba sealando. Mientras retroceda para tomar carrera, ya decidi hacia donde iba a tirar: a la derecha, hacia donde le haba sealado el arquero.

La pelota fue all, fuerte y a media altura, mientras que el arquero vol al palo opuesto. Gol y empate!

Cuatro semanas despus el Deportivo dispuso otra vez de la sancin de un penal favorable. Nuevamente fue Diego el encargado de tomar el tiro, y esta vez le pas algo distinto. Cuando mir al arquero, ste estaba inmvil, agazapado en el centro del arco. Sin saber por qu, Diego lo mir fijo a los ojos, y por dentro le dijo:

<< -Vamos, viejo, tirate a tu derecha. >>

Mientras tomaba carrera tuvo la certeza que el arquero se arrojara hacia all, por eso pate a la izquierda del guardavalla, que se lanz directamente hacia el otro lado, y que ante el gol se qued sentado en el suelo golpeando con rabia el csped con sus manos.

Diego festej el tanto como hacan siempre, arrodillndose all mismo en el punto del penal, y levantando los brazos hacia el cielo, y en ese momento sinti una sensacin muy extraa, como que alguien le haba transmitido al arquero la orden de que se tirara hacia el lado que l dijo, y un estremecimiento recorri su columna vertebral ante la trascendencia de lo que senta.

Tambin Pablo, el que jugaba de 8, comenz a compartir con sus compaeros las cosas extraas que le ocurran cuando pateaba algunos tiros libres. Era el jugador que mejor le pegaba, y por eso era el encargado obligatorio de ejecutar las faltas prximas al arco rival.

Estaba asombrado porque muchas veces le estaban saliendo en sus tiros unos efectos muy extraos, que hacan que la pelota tuviera unas trayectorias que superaban las barreras de los rivales, tanto por encima como por los costados, y que se convertan en inatajables para los arqueros, sorprendidos por los lugares tan difciles a los que iba el esfrico.

Lo ms raro, contaba Pablo, era que en los entrenamientos, donde practicaba distendido y sin las presiones del resultado, pateaba muy bien, pero no le salan ninguno de esos extraos efectos, que slo hacan su aparicin en los partidos, cuando ms estaban necesitando de una conversin.

Al trmino de un partido Pablo contaba que, teniendo un tiro libre desde la izquierda, a unos 25 metros del arco, l, que era derecho, pens en patear al ngulo opuesto del guardavalla. En el momento que se aprestaba a tirar, or as:

<< -Seor, que pueda clavar la pelota en el ngulo. >>

De inmediato sali el disparo, pegndole con la cara interna del pie derecho, queriendo imprimirle una comba de derecha a izquierda. Pero el tiro le sali bajo, y roz la cabeza de uno de los defensores que formaban la barrera. Entonces la pelota cambi su trayectoria, elevndose y frenando su impulso, y se col exactamente en el ngulo opuesto al arquero, que por ms que intent arrojarse no lleg ni a rozar el baln con la punta de los dedos.

Pero fue en otro tiro libre que Pablo qued totalmente asombrado, y dej estupefactos a todos los que presenciaron el fabuloso disparo. Tena un tiro casi recto, unos cinco metros fuera del rea. Le pusieron una barrera con seis jugadores, que le tapaba completamente la visual, mientras el arquero estaba preparado en el centro de la valla.

Sinti que tena que tirar fuerte y a media altura, para que la pelota pasara por un costado del muro humano. As lo hizo, y el esfrico pas por la derecha de la barrera, bajo, y haciendo una curva muy acentuada, se meti por la ratonera, abajo, casi rozando el palo izquierdo del guardameta rival.

A partir de entonces, ese golazo patent un tiro marca registrada de Pablo, que sus compaeros comenzaron a llamar el tiro banana.

Mximo le pregunt a Pablo como le pegaba para darle esa curva tan extraa y difcil, sobre todo porque no tiraba a colocar, sino que le daba muy fuerte, y la respuesta del 8 fue muy sincera:

-En realidad no s como le pego. Yo lo nico que se es que cuando tomo carrera, y siento que ese tiene que ser el tiro, slo digo: Seor, que pase la barrera y entre al arco, y listo; entonces pateo con alma y vida, y la pelota hace la banana y hago el gol. Otra cosa no te puedo decir.

El caso fue que se pusieron en el entrenamiento por ms de media hora a practicar ese tipo de tiro libre, pero Pablo no pudo lograr ni una vez que el baln tomara ese efecto. O le rebotaba en la barrera, o la pasaba pero se iba desviado, porque no doblaba todo lo necesario. Finalmente se dieron por vencidos, aceptando que all, en esos tiros, haba algo sobrenatural que se escapaba a sus posibilidades humanas.

[ Arriba ]

Capitulo 22:

Nuevamente el maestro hizo un breve silencio, lleno de expectativa, y luego prosigui:

-Yo siento con claridad que el propsito del Diablo atacando de esta manera a Mximo aqu en el grupo ha sido para sembrar la confusin y el miedo entre todos ustedes. De esta manera puede seguir ahondando el clima enrarecido que se est viviendo en el equipo. Pero si Dios lo ha permitido, es que busca que todos salgamos de esta situacin fortalecidos en nuestra fe, y con un mayor crecimiento espiritual. Esto es lo que no debemos perder de vista.

Al escuchar estas palabras, de inmediato Juan Cruz se levant y se par, dirigindose a los presentes:

-Yo tambin quiero decirles algo: no dudemos que estamos pasando por un momento especial, en que somos llevados por Dios, para que nos vayamos convirtiendo en adultos en lo espiritual. En la Biblia Dios nos revela que somos probados como el oro en el fuego, para purificarnos y separar la escoria. Esa escoria en nosotros est representada por todo el pecado que todava permanece en nuestro corazn, y por todas aquellas cosas a las que seguimos aferrndonos y que no son de Dios. Esto nos va a doler, porque significa vivir un pedacito de la cruz de Jess, pero tengan la plena seguridad que, si perseveramos, pronto veremos la victoria, y comprenderemos el sentido que todas estas cosas tuvieron para cada uno de nosotros. La vida del cristiano no es una vida de nios asustadizos, sino de hombres que saben que pueden enfrentar las mayores dificultades con la ayuda de Dios.

La firmeza y conviccin con que Juan Cruz pronunci estas palabras impresionaron a la mayora de los que lo estaban escuchando y llenaron de gozo el corazn de Bautista y de los servidores, viendo como el Espritu Santo inspiraba y mova al Entrenador.

La reunin prosigui por un tiempo ms, en que surgieron varias preguntas, que Bautista fue aclarando pacientemente. Mientras tanto Mximo se qued sentado en silencio, sin intervenir en la conversacin, encerrado en sus propios pensamientos.

Al final, cuando los jugadores se retiraron para irse, los cuados se quedaron en la capilla, junto a los servidores. Bautista le pregunt al protagonista del ataque diablico:

-Cmo te sents, hijo?

-Bien, realmente no me siento mal. Lamento sobre todo el susto que se pegaron los muchachos con lo que me pas, pero vos ya les explicaste la finalidad de este ataque de hoy. Lo nico que espero es que no produzca un clima peor del que ya haba.

-Bueno, vamos a tener que orar mucho por eso le dijo Bautista-, pero no nos hagamos ilusiones, porque seguramente va a haber repercusiones negativas, que habr que vencer con la fe.

Mximo retom la palabra, diciendo:

-Quiero contarles algo que me pas cuando fui atacado por el Diablo. La segunda vez que me arroj por el aire fue tremendo como me hizo volar. Pero lo asombroso fue que cuando caa, sent perfectamente que era sostenido por unos brazos muy fuertes que acompaaron mi vuelo e impidieron que me golpeara mucho contra el piso, y por un instante me pareci ver la figura del ngel a mi lado. No s si lo vi realmente o fue mi imaginacin, pero de lo que estoy muy seguro es que l estaba all para sujetarme cuando caa, e impidi que me lastimara. Creo que cumpli as la promesa que me hizo cuando apareci en mi casa, de que siempre estara a mi lado. Pero esto slo se lo puedo decir a ustedes, ya que los dems no lo creeran o pensaran que realmente estoy chiflado.

El maestro asinti a estas palabras, y le dijo:

-No hay duda que tu ngel custodio te va a proteger cuando sea necesario, as que no tengs miedo. Cuando todo esto pase, ya veremos con claridad el sentido que tuvo. Pero, mientras tanto, estemos seguros que la lucha ser feroz, y lo nico que nos sostendr sern la oracin y la invocacin a la ayuda de nuestra Madre del Cielo.

[ Arriba ]

Capitulo 24:

Bautista anim a que alguno comenzara a contar lo que vea que haba cambiado en su manera de pensar y en sus actitudes.

El primero que levant la mano fue Pablo, el que jugaba de 8, quien se par y comenz a hablar:

-Yo lo que puedo decir es que veo las cosas distintas, de una manera nueva. Antes, la nica preocupacin de mi vida era jugar al ftbol y triunfar, ser un buen jugador. Ahora siento que hay mucho ms que eso, que hay cosas ms lejanas que tengo que mirar, y me aparecen preguntas que antes nunca se me ocurrieron, por ejemplo: Cmo voy a estar cuando me vaya acercando al final de mi vida? Cmo llegar a la vida eterna si logro la salvacin?

Despus de una breve pausa prosigui con mucho convencimiento:

-Pienso que el ftbol me puede durar ocho o diez aos ms. Y despus? Espero haber ganado suficiente dinero para no tener problemas econmicos en mi vida a partir de que me retire, pero me pregunto: Qu voy a hacer? En qu voy a ocupar mi tiempo? Jugar partidos de veteranos, para tener la sensacin que el tiempo no ha pasado? Me har Director Tcnico? Creo que no todos los ex futbolistas pueden ser tcnicos, ya que entonces habra ms entrenadores que jugadores.

El mediocampista se detuvo, como reflexionando y ordenando sus pensamientos, y luego continu:

-Yo lo que siento es que ahora tengo otra perspectiva. Pienso que me gustara ayudar de alguna manera a otros, especialmente a jvenes como soy yo ahora, a conocer ms a Jess, a vivir mejor la vida cristiana. Para eso tengo que seguir aprendiendo y viviendo muchas cosas ms, pero lo cierto es que tengo algo que me hace mirar ms all de lo que hago hoy, pensando en el tiempo cuando ya no pueda jugar al ftbol, y eso me deja muy tranquilo. La verdad es que antes nunca me pregunt nada sobre estas cosas, y esto es nuevo para m.

Pablo termin con su claro testimonio, y enseguida Diego se levant, pas adelante, y comenz a hablar con decisin:

-Yo lo que noto es que ahora soy mucho ms comprensivo con mis padres, que mi relacin con ellos cambi mucho. Antes senta que ellos estaban como a mi servicio, especialmente mi mam, que tena que estar siempre atrs de lo que yo necesitaba. Yo tena la idea que como llevaba buena plata a mi casa, ellos tenan que estar muy agradecidos conmigo, y hacer todo lo que yo peda, como si fueran una especie de empleados.

-Pero ahora es distinto, comenc a sentir algo nuevo por mis viejos sigui contando el Turco-. Tom conciencia de todo el sacrificio que hizo mi viejo, como se mat trabajando duro toda la vida en una fbrica para criarnos y educarnos, a m y a mis cuatro hermanos, y para darme la oportunidad de jugar al ftbol. Tambin me di cuenta de cmo mi vieja se levanta siempre tan temprano, para plancharnos la ropa limpia que necesitamos, para prepararnos el desayuno, para que no nos falte nada. Sent algo nuevo, ms profundo, hacia ellos, y un da, en una oracin, me encontr dando gracias a Dios por mi pap y mi mam, por tenerlos vivos, y sent que soy yo ahora quien tiene que devolverles a ellos algo de todo lo que me dieron...

Diego dej de hablar, emocionado, y luego prosigui:

-Quizs mis viejos podran haber hecho ms cosas por nosotros, pero me doy cuenta que ellos dieron todo lo que pudieron, lo que haban recibido de sus padres y de su vida. Por eso veo que mi trato hacia ellos es ahora muy distinto, y tambin hacia mis hermanos. Me preocupo ms por sus cosas, trato de ayudarlos, busco ver que necesitan. Y me doy cuenta que ellos notan esto, que se sienten bien, y esto a m me pone muy contento.

El jugador se qued callado por un momento, y con una sonrisa en su rostro termin diciendo:

-Hace un tiempo mi mam me dijo que se haba puesto a llorar cuando vio por televisin que sala a la cancha y me arrodillaba a rezar, y que se sinti muy orgullosa que yo fuera su hijo. Esto, para m, es muy importante, y me hace feliz.

Cuando Diego termin de dar este testimonio, fue claro que sus palabras haban tocado a muchos, que vieron reflejadas en ellas sus propias situaciones, y varios comenzaron a decir que de alguna manera, tambin vivan algo parecido.

Al restablecerse un poco el orden, se par Germn, el Capitn, y pasando decididamente al frente, comenz a hablar:

-Yo lo que les quiero contar es que una de las cosas que cambi mucho en m ha sido la tendencia que me llevaba a ser siempre el que tena razn, a pensar que yo era el que tena que tener la ltima palabra, que mis ideas eran las que servan, y entonces siempre trataba de imponerlas a los dems. Por eso yo, en realidad, no escuchaba nunca a los otros, porque no me interesaban sus opiniones.

Germn se detuvo, mir a sus compaeros, y luego sigui contando:

-Saben que aprend? Aprend a escuchar, a tener en cuenta lo que dicen los dems. Y esto no lo hice a propsito, sino que se fue dando en m, sin que yo me diera cuenta. La primera que me lo hizo notar fue mi novia, que un da me dijo: Qu te pasa, Germn, que ahora te importa lo que yo puedo decir? Antes no eras as, pero me gusta mucho ms que seas de esta manera. Me parece que ahora me quers ms que antes.

-Les digo una cosa prosigui el Capitn-: ahora me siento mucho ms cmodo con las personas. Antes, lo que decan en general me molestaba, sobre todo cuando no era lo que yo pensaba o quera, y entonces siempre me pona de mal humor y terminaba discutiendo. En cambio, ahora es todo ms fcil, me siento bien y no me enojo ni pierdo la paciencia como antes. Y, en realidad, me doy cuenta que vivo mucho mejor de esta manera.

Al terminar Germn su testimonio, Bautista se levant, y parndose frente al grupo les dijo:

-Fjense qu importante es lo que nos contaron estos compaeros, porque en esas situaciones expuestas por ellos encontramos la clave de la accin de Dios en los seres humanos, a travs de la gracia santificante. La mayora de los cristianos creen que deben ser mejores, tener mas amor por sus semejantes, ser ms desprendidos, y otras actitudes por el estilo, a travs de su propio esfuerzo y decisin. Pero no es as, sino que hacer todo eso es algo sobrenatural, que no nace espontneamente del hombre, y que va ms all de sus capacidades naturales.

El maestro prosigui con su explicacin:

-Es por eso que cuando vamos dejando que crezca en nosotros la gracia, a travs de la vivencia de los sacramentos y de la vida de oracin, todas esas actitudes van apareciendo casi sin darnos cuenta, impulsadas por la accin sobrenatural de la gracia de Dios.

-Esto es lo que se desprende con claridad de los testimonios que hemos escuchado: los cambios de actitudes, los nuevos y ms profundos sentimientos, se fueron dando sin un esfuerzo consciente, a medida que la gracia fue creciendo en ustedes continu diciendo Bautista-. Y esto es lo importante en la vida espiritual, y no las experiencias muy extraordinarias, que Dios permite que vivan unos pocos.

Muchas veces la gente piensa que les gustara experimentar un gran milagro de Dios en sus vidas, y no se dan cuenta que, cuando comienzan a vivir la vida cristiana en serio, todos sus das son una sucesin de pequeos milagros, con sus cambios de forma de ser, con un amor sobrenatural que va impregnando sus sentimientos humanos, con vicios que abandonan, y as siguiendo.

[ Arriba ]

Capitulo 26:

Mientras descansaban y se refrescaban, Juan Cruz les habl a sus dirigidos. Lo nico que les dijo fue que siguieran jugando de la misma manera, haciendo cada uno lo que sintiera en el momento que reciba la pelota, con la confianza en que las cosas saldran muy bien.

Mximo, en un momento, pidi hablar, y dijo:

-Miren, muchachos, hoy no podemos perder nunca este partido, porque estamos robando, ya que jugamos 22 contra 11. Y esto es en serio, porque yo, al principio del partido, vi que al lado de cada uno de nosotros estaba nuestro ngel, y estoy seguro que ellos tambin juegan.

Todos saban que Mximo no estaba bromeando, sino que hablaba muy en serio, as que su entusiasmo por salir a jugar el segundo tiempo creci an ms.

Esto se vio reflejado al iniciarse las acciones del perodo final: el Deportivo arroll literalmente al equipo adversario, que no pareca ya el poderoso Club de Buenos Aires con sus vidrieras llenas de trofeos nacionales e internacionales, sino apenas un modesto equipo casi amateur, que estaba facilitando un entrenamiento al otro conjunto.

Hubo varias ocasiones de gol para el equipo local que no se concretaron, hasta que se lleg a un momento clave del partido, el minuto 56. Fue en ese momento que se inici una de las jugadas que en la semana siguiente dara tanto que hablar a todo el medio futbolstico argentino y tambin del mundo.

Todo comenz en una pelota atajada por el arquero Martn. Este se acerc al borde del rea, pareciendo que iba a sacar largo con el pie, pero en cambio la dio corta con la mano a Germn, el defensor central, parado a diez metros suyo.

El Capitn pis la pelota, se dio vuelta, recorri unos metros, y frenndose se la cedi al lateral derecho, que estaba bien abierto sobre la raya. Este jugador avanz un poco, y cuando le sali uno de los delanteros rivales a taparlo, se la devolvi a Germn, quien, de primera, cambi la pelota a la izquierda, al otro lateral, quien la par con el pecho, la baj con mucha suavidad, y la toc al medio para el 5.

El Pelado se la devolvi de primera al lateral, que se haba adelantado eludiendo a su marca, y ste, levantando la cabeza, cambi nuevamente la pelota a la derecha, a Pablo, que se haba desmarcado tirndose hacia atrs y haca seas para que le dieran la pelota.

El 8 encar hacia el rea, y cuando lo salieron a marcar meti un cao espectacular pasando la pelota entre las piernas del defensor, dejndolo atrs. Pablo sigui con la pelota dominada, y cuando le sali otro marcador, la pis y de taco se la dio atrs de nuevo al Pelado, al centro del campo.

El 5 domin el esfrico, y haciendo la calesita, se sac de encima a quien le quera sacar la pelota, metiendo un pase alto a Mximo, adelantado por la izquierda. La estrella mat la pelota con el empeine derecho, y con un sombrero la pas por encima de la cabeza del jugador que lo quera marcar, encarando enseguida por la raya del costado.

Con una gambeta eludi a otro defensor que lo vena corriendo, frenndose y cediendo la pelota de nuevo hacia atrs, al lateral que estaba detrs suyo, mientras pic hacia delante y recibi la devolucin de su compaero. All, casi llegando a la lnea del fondo de la cancha, Mximo hizo una jugada genial: amag querer pasar por la raya, y entonces enganch la pelota hacia adentro, y ante el desconcierto de su marcador sac un centro de rabona, es decir, pateando con su pie izquierdo por detrs del derecho, que fue al primer palo del arquero.

En ese lugar salt Diego, superando claramente a los defensores, cabeceando la pelota hacia atrs, al borde del rea grande. La pelota cay hacia la posicin de Pablo, que, de cabeza mand la pelota hacia la izquierda, en direccin a Mximo, quin despus de enviar el centro segua la jugada, llegando al borde del rea grande.

El 10 salt y mat la pelota con el pecho, apareado a un jugador contrario, mientras gir en el aire quedando de espaldas al arco. Antes que la pelota cayera, la levant con la rodilla, y entonces, volando, sac una espectacular chilena que clav la pelota contra el travesao, rebotando violentamente hacia dentro del arco, y conquistando el segundo gol del Deportivo.

La locura se desat en el estadio ante una conquista tan espectacular. El periodista que estaba relatando el partido para la televisin, grit el increble gol de esta manera:

-Goool! Goool del Deportivo! Golazo de Mximo! Qu digo!, GOL DEL ESPIRITU SANTO! Este fue realmente un gol de otro mundo!

En las tribunas se desat un verdadero carnaval, teido de amarillo y negro en el frentico agitar de las banderas con los colores del Club y en los cantos que no podan parar y enronquecan las gargantas.

Capitulo 28:

La adoracin sigui avanzando, dentro de un clima muy sobrenatural, donde el Espritu Santo se mova de aqu a all, tocando y quebrando corazones, derramando luminosas luces en las mentes, sanando recuerdos dolorosos, confirmando llamados de Dios, llevando consuelo a corazones afligidos, y dando fortaleza a aquellos que sentan que flaqueaban por el peso de las preocupaciones o los dolores.

En un momento dado, Mximo sinti necesidad de levantarse del banco, y un impulso muy fuerte lo llev a descalzarse, quedando con los pies desnudos, y arrodillarse justo delante del altar, en un hueco que se haba formado con el vaivn de las personas, que silenciosamente se iban moviendo de un lugar a otro.

Su corazn estaba todava inundado por el amor que lo haba unido fuertemente a Catalina, pero mientras estaba all inclinado en el suelo, poco a poco fue sintiendo una especie de desolacin que lo penetraba, lo que dio paso de inmediato a una angustia terrible que aprision su corazn como si fuera una tenaza de fro acero.

Le pareca que lo desgarraban por dentro, tanto era el dolor que senta, lo que lo llev a inclinarse hasta tocar el suelo con la frente. Se dio cuenta que un sudor copioso le corra por la cara, mojando las tablas de madera del piso cuando lo toc, mientras que esa congoja mortal lo embargaba por completo.

No entenda por qu, pero se senta como alguien que estaba por morir, que estaba esperando angustiosamente que le llegara su hora. Fue irguiendo en forma muy lenta el torso, hasta quedar nuevamente apoyado sobre sus rodillas, y despus de un momento, se sinti impulsado a tirarse para atrs, tendindose en el suelo de espaldas y abriendo los brazos en cruz.

Fue en ese instante que Bautista, que estaba un poco ms adelante, vio de reojo como Mximo se tenda de espaldas y colocaba sus brazos abiertos, y enseguida le susurr a Soledad que estaba a su lado:

-Decile a Delfina que tenemos que interceder de inmediato por Mximo. Siento que est por vivir algo muy fuerte.

El futbolista qued all tendido, con los ojos cerrados, y de pronto vio por encima de l un cielo muy luminoso y celeste, y sinti que estaba tendido con su espalda y brazos apoyados sobre algo duro.

En ese momento percibi que le aferraban ambas manos, y un fortsimo dolor le subi desde sus muecas, y se dio cuenta horrorizado que le estaban traspasando las manos con clavos que lo sujetaban a la madera que estaba debajo de l: estaba siendo crucificado!

Enseguida sus pies fueron superpuestos, y tambin los traspasaron los clavos. Mximo, mientras el dolor le recorra todo el cuerpo, exclam en su interior:

<< -Seor! Te ofrezco este dolor para que sirva para expiar mis culpas y mi pecado. >>

Dicho esto, lo invadi al punto una lejana sensacin de paz, aunque el dolor por sus miembros traspasados por el acero no disminuy en nada, sino que se hizo tremendamente agudo.

Bautista lo estaba observando all tendido, y vio que primero agitaba espasmdicamente las dos manos, y luego superpona sus pies, que tambin se movan. En su cara, con los ojos cerrados, se reflejaba una mueca de dolor intenso.

De pronto el maestro comprendi lo que suceda, y exclam en voz baja, para que lo oyeran Soledad y Delfina que estaban a su lado:

-Dios mo! Mximo est siendo crucificado!

[ Arriba ]
Contempladores
Copyright � 2008 - Contempladores - Todos los derechos reservados | Sitio Dise�ado por Sitetools