Contempladores

Renovar La Renovacion Carismatica Catlica

Capitulo 6: Renovar La Renovacion Carismatica Catolica.

Capitulo 1: Que Es La Renovacion Carismatica.
Capitulo 2: La Autocomprension De La R.C.C.Desde Sus Comienzos.
Capitulo 3: Los Objetivos De La R.C.C. Y Su Cumplimiento.
Capitulo 4: Dificultades En La R.C.C. Para El Cumplimiento De Sus Objetivos.
Capitulo 5: La Experiencia De "Profundizacion De La Vida En El Espiritu".
Capitulo 6: Renovar La Renovacion Carismatica Catolica.

Por qu renovar la Renovacin Carismtica?

A lo largo de este estudio fuimos concluyendo que hay razones para renovar la Renovacin, porque la misma, de alguna manera, se ha ido apartando de los fines para las que fue suscitada por el Espritu Santo, o quizs porque el camino que est recorriendo mantiene ciertas limitaciones que le estn dificultando lograr esos objetivos.

El obstculo principal, del cual se derivan en la prctica todos los dems, est radicado en el desconocimiento prctico, en mayor o menor medida, de cul es el camino para avanzar en la perfeccin espiritual, o la santidad de vida, para los hombres y mujeres comunes de esta poca tan particular de la historia de la humanidad.

El redescubrimiento de la experiencia personal del Espritu Santo, y de la accin de los carismas que l regala, ha movilizado a millones de catlicos dentro de la Renovacin Carismtica, pero luego que han pasado casi cuarenta aos, se evidencia que el avance hacia una verdadera y ms o menos difundida santidad de vida entre esos millones de fieles, todava no se ha logrado.

Al ignorarse el camino propuesto desde hace siglos por la doctrina desarrollada por la Teologa Asctica y Mstica para avanzar hacia un verdadero crecimiento en santidad, o al creer que el mismo es totalmente impracticable para el fiel de nuestra poca, que debe vivir y desarrollar su fe inserto en un mundo tan complejo y hostil a todo lo espiritual como es el actual, la Renovacin Carismtica Catlica se ha aferrado a su propia experiencia pentecostal, muy influenciada, sobre todo al principio, por la herencia recibida de los pentecostales clsicos, con vivencias de la experiencia carismtica desde muchas dcadas anteriores a los catlicos.

La Renovacin Carismtica enfrenta hoy este obstculo principal, de no haberse insertado en la espiritualidad plena de la Iglesia Catlica, por lo que se ha afirmado como un movimiento ms en la Iglesia, muy fuerte y con muchsima gente que participa en l como en ningn otro movimiento actual de la Iglesia, pero que mantiene y afirma cada vez ms su identidad de movimiento.

Las consecuencias que se derivan de esto se evidencian en distintos aspectos de la realidad actual de la R.C.C. Hemos visto que se confunde y sobrevalora el papel que desempean los carismas en la vida espiritual, adjudicndose a ellos capacidades que no corresponden a su funcin.

Se da tambin muchas veces un valor exagerado al bautismo o efusin del Espritu, pensando que el mismo lleva a las personas que lo viven a un grado de apertura al Espritu muy grande, viviendo una experiencia de Pentecosts hoy que los encaminar rpidamente a la santidad por caminos deliciosos, que hace dejar de lado, e incluso despreciar por obsoleto el spero camino de la cruz.

La vivencia de oracin que se manifiesta en los grupos de oracin es en general una oracin de principiantes en la vida espiritual, y no ayuda a penetrar en la dimensin de la contemplacin infusa, donde aparece la apertura a la accin de los siete dones del Espritu Santo, que producir el verdadero avance a la vida en el Espritu.

Todos estos obstculos hacen que el crecimiento en la vida espiritual se estanque, y no se produzca el avance deseado hacia una conversin profunda que lleve poco a poco a un crecimiento en santidad.

Por lo tanto, la Renovacin Carismtica debe ser renovada, para que pueda ir ms all de sus actuales caminos, superando los impedimentos que la retienen y no la dejan avanzar hacia los fines y objetivos para los que fue suscitada por el Espritu Santo.

Estos, segn ya analizamos, consisten principalmente en insertar profundamente en toda la vida de la Iglesia la experiencia del Espritu, para, desde all, avanzar decididamente hacia una verdadera vida cristiana, cuya plenitud es la santidad.

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Renovacin y la Carta Novo millenio ineunte

Es muy interesante analizar lo que el Papa Juan Pablo II pidi para la Iglesia toda en el nuevo milenio en su Carta Apostlica Novo Millenio Ineunte, dada el 6 de enero del 2001, dado el indudable carcter proftico de la misma.

La Renovacin Carismtica Catlica no puede sustraerse a la consideracin de lo que el Papa Juan Pablo II propuso y pidi a la Iglesia del tercer milenio de la era cristiana, y deber analizar, como el resto de los integrantes de la Iglesia Catlica, de qu manera inserta su accin y su espiritualidad en este contexto desarrollado por el Santo Padre.

Vamos a ver algunos de los puntos de esta carta que merecen una consideracin por su relacin con lo que se ha desarrollado en este estudio:

En el Captulo 3 el Papa Juan Pablo II plantea la manera prctica de llevar al mundo la experiencia de la contemplacin del rostro de Cristo y lo que ella implica:

29. No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradicin viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en l la vida trinitaria y transformar con l la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusaln celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene en cuenta el tiempo y la cultura para un verdadero dilogo y una comunicacin eficaz...

Nos espera, pues, una apasionante tarea de renacimiento pastoral. Una obra que implica a todos. Sin embargo, deseo sealar, como punto de referencia y orientacin comn, algunas prioridades pastorales que la experiencia misma del gran jubileo ha puesto especialmente de relieve ante mis ojos.

Al contrario de lo que muchos creen, el Papa recuerda que no puede haber un nuevo programa para enfrentar los desafos del tiempo actual. El programa ya existe, y es el que se basa en el Evangelio y en la Tradicin viva de la Iglesia, y el Santo Padre lo resume magnficamente en los tres pasos fundamentales y consecutivos de la vida cristiana: conocer, amar e imitar a Cristo. Lo nuevo es encontrar la forma para comunicarlo y darlo a conocer al mundo de hoy.

Lo importante es que el Papa no se queda simplemente en el qu hay que hacer, sino que desarrolla a continuacin en detalle el cmo hacerlo, basado en toda la riqueza de la Iglesia, indicando as muy concretamente cules deben ser las prioridades pastorales de la Iglesia del nuevo milenio:

a) La santidad.

30. En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad. Acaso no era este el sentido ltimo de la indulgencia jubilar, como gracia especial ofrecida por Cristo para que la vida de cada bautizado pudiera purificarse y renovarse profundamente?

Espero que, entre quienes han participado del jubileo, hayan sido muchos los beneficiados con esta gracia, plenamente conscientes de su carcter exigente. Terminado el jubileo, empieza de nuevo el camino ordinario, pero hacer hincapi en la santidad es ms que nunca una urgencia pastoral. Conviene adems descubrir en todo su valor programtico el captulo V de la constitucin dogmtica Lumen gentium sobre la Iglesia, dedicado a la vocacin universal a la santidad. Si los Padres conciliares concedieron tanto relieve a esta temtica no fue para dar una especie de toque espiritual a la eclesiologa, sino ms bien para poner de relieve una dinmica intrnseca y determinante...

Este don de santidad, por as decir, objetiva, se da a cada bautizado. Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificacin (1 Tes 4,3). Es un compromiso que no afecta slo a algunos cristianos: Todos los cristianos, de cualquier clase o condicin, estn llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfeccin del amor (Lumen gentium 40).

31. Recordar esta verdad fundamental, ponindola como fundamento de la programacin pastoral que nos atae al inicio del nuevo milenio, podra parecer, en un primer momento, algo poco prctico. Acaso se puede programar la santidad? Qu puede significar esta palabra en la lgica de un plan pastoral?

En realidad poner la programacin pastoral bajo el signo de la santidad es una opcin llena de consecuencias. Significa expresar la conviccin de que, si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la insercin en Cristo y la inhabitacin de su Espritu, sera un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida segn una tica minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecmeno, quieres recibir el bautismo?, significa, al mismo tiempo, preguntarle, quieres ser santo? Significa ponerle en el camino del sermn de la Montaa: Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial (Mt. 5,48).

Como el Concilio mismo explic, este ideal de perfeccin no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable slo por algunos genios de la santidad. Los caminos de la santidad son mltiples y adecuados a la vocacin de cada uno.

Es el momento de proponer de nuevo a todos con conviccin este alto grado de la vida cristiana ordinaria... Pero tambin es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagoga de la santidad verdadera y propia que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagoga debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas ms recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia.

El centro de las prioridades pastorales para la Iglesia de hoy el Papa lo ubica resueltamente en una sola direccin: la bsqueda de la santidad, y define que esta accin es mas que nunca una urgencia pastoral. Para esto reclama descubrir en todo su valor como programa la vocacin universal a la santidad definida en el Concilio Vaticano II. Tambin el Papa exhorta a proponer de nuevo a todos con conviccin este alto grado de la vida cristiana ordinaria, recordando que la santidad no es algo extraordinario, reservado para unos pocos privilegiados o genios de la santidad.

A continuacin el Papa entra directamente a explicar lo que llama la pedagoga de la santidad, es decir, los medios principales de que dispone el cristiano para avanzar en el camino que lleva a la perfeccin cristiana, y que deben enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas ms recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia.

Esto significa que ningn componente de la Iglesia queda excludo de la necesidad de aplicar esta pedagoga de la santidad, ya que abarca desde los tradicionales hasta los nuevos, como es la renovacin Carismtica Catlica, entre otros.

b) la oracin.

32. Para esta pedagoga de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oracin. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discpulos: Seor, ensanos a orar (Lc 11,1).

33. No es acaso un signo de los tiempos el que hoy, a pesar de los vastos procesos de secularizacin, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar? Tambin las otras religiones, ya presentes extensamente en los territorios de antigua cristianizacin, ofrecen sus propias respuestas a esta necesidad, y lo hacen a veces de manera atractiva. Nosotros, que tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y Salvador del mundo, debemos ensear a qu grado de interiorizacin nos puede llevar la relacin con l.

La gran tradicin mstica de la Iglesia, tanto en oriente como en Occidente, puede ensear mucho a este respecto. Muestra cmo la oracin puede avanzar, como verdadero y propio dilogo de amor, hasta hacer que la persona humana sea poseda totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espritu y abandonada filialmente en el corazn del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: El que me ame, ser amado de mi Padre; y yo le amar y me manifestar a l (Jn 14,21). Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia, el cual, sin embargo, requiere un intenso compromiso espiritual que encuentra tambin dolorosas purificaciones (la noche oscura), pero que llega, de tantas formas posibles, al indecible gozo vivido por los msticos como unin esponsal. Cmo no recordar aqu, entre tantos testimonios esplndidos, la doctrina de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jess?.

S, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser autnticas escuelas de oracin, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en peticin de ayuda, sino tambin en accin de gracias, alabanza, adoracin, contemplacin, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazn.

Ciertamente, los fieles que han recibido el don de la vocacin a una vida de especial consagracin, estn llamados de manera particular a la oracin: por su naturaleza, la consagracin les hace ms disponibles para la experiencia contemplativa, y es importante que ellos la cultiven con generosa dedicacin. Pero se equivoca quien piense que el comn de los cristianos se puede conformar con una oracin superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no slo seran cristianos mediocres, sino cristianos con riesgo. En efecto, correran el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizs acabaran por ceder a la seduccin de los sucedneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de supersticin. Hace falta, pues, que la educacin en la oracin se convierta en alguna manera en un punto determinante de toda programacin pastoral.

El medio por excelencia, el que se distingue ante todo para la bsqueda de la santidad, el que destaca Juan Pablo II, es el arte de la oracin. Afirma que es necesario aprender de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, y, para lograr en la prctica este objetivo de aprendizaje, dice que la gran tradicin mstica de la Iglesia puede ensear mucho a este respecto.

El Papa revaloriza en este tercer milenio la gran experiencia de la teologa mstica de la Iglesia, especialmente en lo referente a la oracin! Algo que muchos telogos daban como perimido para esta poca, como algo impracticable para los fieles de hoy, vuelve a tener vigencia y actualidad, nada menos que a travs de la voz autorizada del sucesor de Pedro.

Esto es cierto segn los esquemas tradicionales del camino de la evolucin mstica, pero en esta Carta Apostlica el Papa plantea la necesidad de recurrir, en el mundo de hoy, nuevamente a la tradicin mstica de la Iglesia, para desarrollar el arte de la oracin, como medio fundamental para avanzar hacia la verdadera santidad.

Y no hay ninguna duda que el Papa se refiere a todos los grados de la oracin, hasta los ms elevados de la contemplacin infusa, las ltimas moradasdescriptas por santa Teresa, que culminan con la unin esponsal o mstico matrimonio espiritual.

Y tambin recuerda, segn la ms pura doctrina mstica de San Juan de la Cruz, la necesidad de pasar por las purificaciones pasivas, llamadas la noche oscura de los sentidos y del espritu, para llegar a la unin transformante final, que, segn los autores msticos, significa la vivencia plena de la experiencia de Pentecosts.

Por lo tanto, a pesar de las opiniones de los msticos modernos, el Papa plantea el desafo de encontrar hoy los caminos para vivir plenamente la oracin de contemplacin, basados en el gran tesoro de la espiritualidad mstica de la Iglesia.

As los cristianos dejarn de ser cristianos con riesgo de vivir que su fe pequea ceda ante los mltiples ataques con que el mundo quiere derribarla, y podrn llegar al arrebato del corazn que implica vivir la verdadera vida cristiana en plenitud, es decir, la vida de santidad, la conversin en hombre nuevo.

Sigue luego el Papa recordando que la vida de oracin est indisolublemente unida a la vida de la gracia:

38. En la programacin que nos espera, trabajar con mayor confianza en una pastoral que d prioridad a la oracin, personal y comunitaria, significa respetar un principio esencial de la visin cristianan de la vida: la primaca de la gracia. Hay una tentacin que insidia siempre todo camino espiritual y la accin pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar. Ciertamente Dios nos pide una colaboracin real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, no podemos hacer nada (Jn 15,5).

La oracin nos hace vivir precisamente en esta verdad. Nos recuerda constantemente la primaca de Cristo y, en relacin con l, la primaca de la vida interior y de la santidad. Cuando no se respeta este principio, ha de sorprender que los proyectos pastorales lleven al fracaso y dejen en el alma un humillante sentimiento de frustracin?

Permtanle al Sucesor de Pedro que, en el comienzo de este milenio, invite a toda la Iglesia a este acto de fe, que se expresa en un renovado compromiso de oracin.

El Papa ampla aqu el concepto que present en el captulo I, en cuanto a la necesidad de la contemplacin para evitar el riesgo del activismo, dejando que sea el Espritu Santo, a partir de la primaca de la vida interior de oracin y su consecuencia, la santidad, quien gue la accin pastoral y toda otra actividad en la Iglesia.

Juan Pablo II termina aqu con una splica conmovedora, invitando a hacer un gran acto de fe, que se expresa en un renovado compromiso de oracin.

La Renovacin Carismtica Catlica no puede sustraerse a la exhortacin y al mandato del Papa Juan Pablo II en su Carta Apostlica Novo millenio ineunte, que va dirigida e todos quienes integran la Iglesia Catlica.

Deber necesariamente discernir en qu medida est acompaando esta visin de la Iglesia para el nuevo milenio, y cul puede ser su aporte en la direccin tan firme que est marcando el Santo Padre.

Es muy interesante el anlisis del pensamiento que el Papa Juan Pablo II tena en cuanto al papel que deber desempear la Renovacin Carismtica en la amplia visin de su Carta Apostlica.

Esto lo encontramos en una carta que Juan Pablo II dirigi a la Fraternidad Catlica de Comunidades y Grupos Carismticos de Alianza, de fecha 22 de junio de 2001, en oportunidad de la Conferencia que la Fraternidad celebr en Roma del 20 al 27 de junio de ese ao.

Vamos a tomar una parte de esa carta:

"Lo que es verdad para toda la Iglesia es, ciertamente, verdad tambin para la Fraternidad Catlica de Comunidades de Alianza. El tiempo ha llegado de establecer planes para el futuro, y es as que la nueva evangelizacin a la cual la Iglesia actualmente es convocada, requerir an una mayor energa proveniente de la gracia de vuestro llamado. Gracia es el fundamento de toda vuestra accin (cf. N 38); y santidad es el objetivo al cual apuntan todos nuestros planes.

La santidad tiene en su centro la contemplacin del Seor Jess, y todos nuestros proyectos deben buscar conducir a las personas a una ms profunda conciencia de Aquel quien es el nico Salvador del mundo. Esto requiere una oracin madura y plena de fe, y le doy gracias a Dios por la manera en la que vuestras comunidades ayudan a las personas a experimentar ms profundamente el misterio de la oracin, de forma que lleguen a ver la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Cor 4,6).

Pero este es un interminable camino de descubrimiento, y ahora ha llegado el tiempo de re-proponer a cada uno, con toda conviccin, este alto grado de la vida cristiana ordinaria (Novo Millenio Ineunte 31). La Iglesia y el mundo necesitan santos! Esto es lo que el Concilio Vaticano II significaba cuando hablo de la llamada universal a la santidad (Lumen Gentium, 5). Que sean vuestras comunidades, por lo tanto, ms y ms autnticas escuelas de oracin, donde el encuentro con Cristo es expresado no slo en implorar ayuda, sino tambin en accin de gracias, alabanza, adoracin, contemplacin, escucha y devocin ardiente, hasta que el corazn verdaderamente se enamora (Novo Millenio Ineunte, 33). Porque esto es lo que los santos son: personas que se han enamorado de Cristo. Y esta es la razn por la que la renovacin Carismtica ha sido tal regalo para la Iglesia: ha conducido un gran nmero de hombres y mujeres, jvenes y adultos, a esta experiencia de amor que es ms fuerte que la muerte...

Ruego muy fervientemente para que vuestras comunidades y la entera Renovacin Carismtica remen mar adentro de la oracin, de forma de remar mar adentro de la misin. Entonces ustedes estarn ayudando a toda la Iglesia, an ms, a vivir la vida de accin y contemplacin que es el seno de la evangelizacin."

El Papa se refiere a su Carta Apostlica, donde exhorta a remar mar adentro, a vivir con renovada energa, como consecuencia de la gracia recibida en el ao Jubilar, las iniciativas concretas de una planificacin pastoral para el nuevo siglo y milenio que comienzan. Luego el Santo Padre baja entonces lo que es verdad para toda la Iglesia, a la realidad de la Fraternidad, a fin de que pueda incorporarla a la gracia de su propio llamado, frente a la nueva evangelizacin a la que la Iglesia es convocada.

Para ello parte de unas premisas desarrolladas claramente en Novo Millenio Ineunte: Gracia es el fundamento de toda nuestra accin, y santidad es el objetivo al cual apuntan todos nuestros planes, y recuerda cual es el centro de la santidad: la contemplacin del Seor Jess. Vivir esta contemplacin requiere una oracin madura y plena de fe, dice el Papa, y le da gracias a Dios por la manera en que vuestras comunidades ayudan a las personas a experimentar ms profundamente el misterio de la oracin

Pero el Vicario de Cristo tambin plantea que hay mucho ms para avanzar y descubrir: este es un interminable camino de descubrimiento, y ahora ha llegado el tiempo de re-proponer a cada uno, con toda conviccin, este alto grado de la vida cristiana ordinaria. Y el objetivo de este avanzar ms all es uno slo, y resuena como un clarn: La Iglesia y el mundo necesitan santos! Y todos los bautizados sin excepcin estn llamados a ser santos!

Debido a esto, el Papa eleva un ruego a Dios: Ruego muy fervientemente para que vuestras comunidades y la entera Renovacin Carismtica remen mar adentro de la oracin, de forma de remar mar adentro de la misin.

Qu ser lo que quiere significar con este ruego a Dios el Papa? Resulta muy claro en funcin de lo que l plantea en Novo Millenio Ineunte. Significa ir ms all de la actual experiencia de oracin de la Renovacin Carismtica que, si bien va mucho ms all de la vivencia de oracin de los catlicos tradicionales, que no pasan en general del rezo, no deja de ser todava una oracin de principiantes, vista en el contexto de los grados de oracin que presenta la teologa mstica.

Adems, en muchos casos, la oracin en la Renovacin Carismtica est todava demasiado centrada en propiciar la manifestacin de carismas extraordinarios, como la sanacin, olvidando que la oracin es el medio ms excelente para el crecimiento de la gracia santificante, que se manifestar en la prctica de las virtudes cristianas, en especial de las teologales, y en la apertura cada vez mayor a la accin directa del Espritu Santo en nuestro entendimiento y voluntad por medio de sus siete preciosos dones.

As, significa ir decididamente y sin temor hacia la contemplacin infusa, avanzando sin limitaciones hacia la unin transformante o matrimonio espiritual, que es la plena vivencia de Pentecosts, es decir, la transformacin en hombre nuevo, en santo, an sabiendo que habr que pasar por las dolorosas purificaciones pasivas de la noche oscura.

Este desafo implica, en la prctica, algo muy claro y concreto: unir la "nueva" experiencia del Espritu, conocida como efusin del Espritu en la Renovacin Carismtica, que es una gracia inicial que sirve como impulso para avanzar en la vida espiritual (cf. R. Cantalamessa, Ungidos por el Espritu), con el "viejo" camino hacia la santidad conocido y enseado por la teologa mstica, que ser as puesto al alcance de hombres y mujeres comunes, insertados en el mundo, precisamente por el fuerte impulso de la efusin, y utilizando el auxilio precioso de los carismas del Espritu, en especial ese ms pequeo y todava poco entendido an dentro de la Renovacin Carismtica, que es el "don de lenguas".

La actual pedagoga del Espritu Santo, suscitando masivamente la experiencia de la "efusin del Espritu", es la que posibilita que no solamente aquellos que se consagran a Dios y se apartan del mundo puedan avanzar hasta el final en la vida de la perfeccin cristiana, sino que lo puedan hacer laicos, hombres y mujeres comunes, lo que hasta hace no ms de treinta aos era algo impensado dentro de la Iglesia Catlica.

Este ser, sin duda, el gran aporte de la Renovacin Carismtica Catlica a la Iglesia, en este siglo y milenio que comienzan. Y la necesidad imperiosa de este camino la resalta muy bien el Papa en su mensaje a la Fraternidad: Que esta experiencia, ahora ms que nunca, estimule a ustedes hacia la misin. Porque la contemplacin que no da origen a la misin eventualmente perder su vigor; y la misin que no se origina desde la contemplacin, est destinada a frustrarse y fallar.

Por ltimo, el Papa dice cul espera que sea el fruto de su ruego: entonces ustedes estarn ayudando a toda la Iglesia, an ms, a vivir la vida de accin y contemplacin que es el seno de la evangelizacin.

Qu compromiso plantea el Papa a la Fraternidad, y, por supuesto, a toda la Renovacin Carismtica Catlica! Pero la respuesta es posible, buscndola no los hombres, sino a travs de Dios: Para Dios todo es posible (Mt. 19,26).

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Novo millenio ineunte y la experiencia de Profundizacin.

En la primera parte de este captulo he rescatado algunos de los puntos de la Carta apostlica del Papa Juan Pablo II Novo Millenio Ineunte, que tienen relacin directa con lo que desde hace muchos aos estamos trabajando en los grupos de Oracin que comenzaron con la experiencia de Profundizacin y que se prolongan hoy en nuestra Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual.

Lo ms importante es esto, que ya hemos recalcado antes: hasta no hace mucho, menos de cincuenta aos, se asuma en la Iglesia que este era un camino que se poda recorrer hasta el final solamente por quienes se apartaban del mundo, como los religiosos de rdenes contemplativas o de clausura.

Pero todo cristiano que hoy se deje llevar por ese "nuevo" impulso de la gracia de Dios que es la "Efusin del Espritu", tal como se vive en la Renovacin Carismtica Catlica, y que persevere en el camino de la oracin, de los sacramentos, en comunidad, insertndose dentro del "viejo" camino de la Teologa Mstica, de una forma nueva y creativa, puede recorrer este camino hasta el final.

Esta es la gran noticia que en el mundo todava no se conoce, pero que es una realidad que unos pocos estn ya comenzando a vivir en este momento de la historia de la Iglesia, y es la realidad que tratamos de ir viviendo en nuestra Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual Contempladores del Sagrado Corazn de Jess.

Creemos sinceramente que as estamos cumpliendo con lo que el Papa Juan Pablo II pidi a los cristianos en la carta Apostlica "Novo Millenio Ineunte", de enero del 2001:

"31. Es el momento de proponer de nuevo a todos con conviccin este alto grado de la vida cristiana ordinaria... Pero tambin es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagoga de la santidad verdadera y propia que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagoga debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas ms recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia.

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Cmo renovar la Renovacin Carismtica?

El camino hacia un verdadero, profundo y permanente crecimiento hacia la santidad de vida est definido y desarrollado en la Iglesia. Sigue, sin duda, siendo hoy el camino vlido para todo fiel que desee sinceramente buscar su crecimiento en la vida en el Espritu Santo, y as vimos que lo expresa con conviccin el Papa Juan Pablo II en su Carta Apstlica Novo millenio ineunte, punto 29:

No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradicin viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en l la vida trinitaria y transformar con l la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusaln celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene en cuenta el tiempo y la cultura para un verdadero dilogo y una comunicacin eficaz.

Los medios para este crecimiento que ha puesto la gracia a disposicin de los hombres tambin los recuerda el Papa, y hace hincapi en la importancia fundamental de la oracin, o del arte de la oracin como lo denomina el Santo Padre.

Recuerda tambin el Papa el gran auxilio que puede dar en el crecimiento en la oracin la tradicin mstica de la Iglesia, para avanzar hacia la contemplacin, pasando a travs de las purificaciones pasivas de las noches oscuras, con la meta final de la unin transformante o matrimonio espiritual, mximo grado de la unin con Dios y cumbre de la santidad.

Por lo tanto, el gran desafo hoy para la Iglesia en general, y en particular para la Renovacin Carismtica, es el de aplicar el nico programa para enfrentar los desafos de este tiempo, y poder cumplir con el llamado a la santidad de todos los fieles. Este programa es el de siempre, recogido por la tradicin y la doctrina catlica, pero teniendo en cuenta la realidad del mundo de hoy.

Frente a esta postura clara del Papa tambin hay que decidir dejar de lado tantos enfoques modernos, dentro de la Iglesia, sobre la vivencia mstica, que en general no implican ms que intentos ms o menos disimulados, aunque bien intencionados, de sincretismo con tradiciones religiosas no catlicas, en especial orientales.

Ante este panorama el Espritu Santo, como siempre, toma la iniciativa y regala a las generaciones de fieles cristianos de hoy un don precioso que viene de l, que es la experiencia de la efusin en el Espritu Santo.

Pero este don no se agota en s mismo, ni debe reducirse solamente a la experiencia de la accin de los carismas, o experiencia pentecostal, que s es verdaderamente trascendente, pero no es todo.

Debe servir para canalizar ese formidable impulso espiritual que recibe aquel que se sumerge en la experiencia del Espritu, sin distincin que sea laico, religioso o sacerdote, para avanzar hacia la plenitud de la verdadera vida cristiana, sin las limitaciones tradicionales que significaban apartarse del mundo.

Este no es un planteo terico que implique ver si es posible o no llevarlo a la prctica, sino que ha sido verificado por la experiencia.

Yo no conozco en qu otros lugares y circunstancias de la Iglesia se ha avanzado en esta unin de la nueva experiencia del Espritu o experiencia carismtica, con el viejo camino tradicional de la perfeccin espiritual desarrollado por la Teologa Mstica.

Supongo que debe haber otras experiencias, pero yo no he encontrado informacin al respecto; pero s somos muchos los que conocemos y hemos vivido esta experiencia iniciada en los grupos de oracin de Profundizacin, tal como lo he relatado en este estudio y que hoy contina, abierta a toda la Iglesia en la Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual

Los que hemos vivido esto, no tenemos duda que implica la apertura de una puerta muy importante para avanzar hacia una verdadera renovacin de la Renovacin Carismtica Catlica, donde se viva a partir de all no slo la experiencia carismtica, sino tambin la experiencia contemplativa, la inefable vivencia de la oracin de contemplacin infusa, con la apertura creciente a la accin de los siete preciosos y magnficos dones del Espritu Santo, con todas las profundas consecuencias que esto trae, que se centran en la transformacin de la mente humana, que va dejando de obrar segn el modo discursivo, humano, plagado de ideas y pensamientos segn la propia razn, y comienza cada vez ms a obrar segn el modo divino, siguiendo las intuiciones e inspiraciones del Espritu Santo, recogidas por las antenas del Espritu que constituyen los siete dones.

Como ya he comentado, la experiencia que hemos vivido hasta ahora es slo el inicio de un camino, donde por no conocerlo y por haber estado sujetos todava a nuestros propios criterios, han abundado los errores, los desvos, las contramarchas, y tambin, por qu no decirlo, ha habido oposiciones de distinto tipo, que han hecho que el avance hasta ahora quizs no haya sido muy grande ni espectacular.

Pero hay algo que es una certeza muy grande que ya ha quedado instalada en forma inamovible en nuestro corazn: es realmente un camino que se puede transitar por todos aquellos que lo quieran hacer, y que va llevando ms all de lo conocido y experimentado comnmente en la Renovacin Carismtica, y que nos va sumergiendo en el infinito tesoro de la espiritualidad catlica, haciendo crecer en nosotros el sentido de pertenencia a la Iglesia, de sentir que nos une un camino comn con tantos hombres y mujeres santos que han pasado por ella.

Esta sensacin, al menos para los laicos, es algo realmente impactante, y lleva a un crecimiento muy grande en el amor a toda la Iglesia.

En definitiva este escrito tiene como uno de sus objetivos el de dar a conocer la experiencia que estamos realizando, y lo que hemos percibido a travs de ella respecto a esta Renovacin Carismtica Catlica a la que tanto queremos, con la esperanza que otros se animen a lanzarse por este camino, pudiendo as seguramente enriquecerlo mucho ms, abriendo nuevos rumbos hacia la meta que todos deseamos y buscamos: la santidad.

Los que partan a partir de la corriente de gracia que es la R.C.C. tendrn un grado de avance muy importante, que significa la apertura a la accin del Espritu Santo a partir de la experiencia de la efusin del Espritu.

Desde ya quiero aclarar para aquellos que se sientan llamados a explorar este fructfero camino, que no es una tarea fcil, no solamente por los problemas que se van presentando ante cosas nuevas que permanentemente obligan a discernirlas bien para tratar de no equivocar la direccin hacia donde hay que ir, sino porque dentro del mbito mismo de la Renovacin van a encontrar en muchos casos fuerte resistencia y oposicin, basadas en general en la acusacin de que lo que se quiere hacer no es carismtico, no pertenece a su espiritualidad, por lo que el que est intentando seguir un camino de este tipo puede transformarse muchas veces en una especie de traidor dentro de la Renovacin Carismtica.

Pero hay algo que nadie puede enfrentar, y es el poder del Espritu. Si realmente todo esto ha sido suscitado por el Espritu, los hombres no podrn frenarlo ni apagarlo; a lo sumo podrn lograr alguna demora en su realizacin, pero no mucho ms.

Ser el transcurso del tiempo, finalmente, el que dar paso a la ltima palabra para mostrar con claridad la verdad o no de la inspiracin del Espritu en este nuevo camino para la Renovacin Carismtica.

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El signo de los tiempos.

No puedo dejar de escribir, al final de este trabajo, sobre una reflexin o idea, que la vivencia en estos ltimos aos de todo esto que he narrado, me ha ido haciendo ver cada vez con ms claridad.

Implica la percepcin de tres cosas muy importantes que han aparecido en el firmamento de la Iglesia, y que, de alguna manera, han quedado como aisladas en s mismas, sin una aparente conexin entre ellas.

Tenemos que mirar un poco ms de un siglo hacia atrs en la historia y vida de la Iglesia, para que aparezcan ante nuestra vista estos fenmenos modernos.

El primero al que me quiero referir es el de las apariciones de la Virgen Mara. Desde la segunda mitad del siglo 19, con la aparicin de la Virgen de la Medalla Milagrosa en Francia, se han intensificado las apariciones de Mara Santsima, en especial ya entrando en el siglo 20, encontrando entre las ms conocidas las de Lourdes, Ftima, San Nicols, Medjugorge y tantsimas ms que se siguen multiplicando en nuestros das.

No puedo dejar de mencionar en este tema los mensajes de la Virgen al P. Gobbi, que llevaron al nacimiento del Movimiento Sacerdotal Mariano, y que para m, en lo personal, son de una trascendencia enorme.

Estas apariciones y los mensajes que se reciben de ellas han llevado al crecimiento ininterrumpido de las llamadas devociones marianas, que se han extendido en todos los pases del mundo, y que congregan a verdaderas multitudes de fieles en los santuarios Marianos, haciendo realidad la conocida expresin: "a Jess por Mara.

No hay duda que la multiplicacin de las apariciones y mensajes de la Virgen Mara, con la consiguiente manifestacin de las devociones marianas, constituyen un fenmeno muy importante en la Iglesia contempornea.

Otro aspecto que quiero rescatar, ya que es quizs muy poco conocido, es el hecho de la restauracin de las doctrinas de la Teologa Asctica y Mstica que se produce desde fines del siglo diecinueve.

Al principio del captulo 4 mencion brevemente este suceso, que implic ir volviendo progresivamente hacia las bases slidas y tradicionales del crecimiento espiritual, con el concepto que todos los fieles estn llamados a la perfeccin espiritual, lo que implica la lucha contra el pecado, la prctica creciente de las virtudes cristianas o virtudes infusas, en especial de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, y el coronamiento o perfeccin de esta vida cristiana con la vivencia de la contemplacin infusa y la apertura a la accin de los siete dones del Espritu.

El desvo que se haba producido en los dos o tres siglos anteriores, implicaba que el camino del crecimiento espiritual tena dos ramas: el camino ordinario, al que todos los cristianos estaban llamados, y que no comprenda la vivencia de la contemplacin y la accin profunda de los dones; y otro camino, extraordinario y reservado para unos pocos que reciban gracias especiales para avanzar hasta las altas cumbres de la vida espiritual.

Con la restauracin de la Teologa Mstica tradicional esta diferenciacin se fue dejando de lado, y se fue volviendo al concepto de la llamada universal a la santidad de todos los fieles, sin limitaciones en cuanto a su alcance, que el Concilio Vaticano II llevar de nuevo al primer plano de la doctrina de la Iglesia.

Lo que ocurri fue que esta restauracin teolgica no encontr respuesta en una nueva aplicacin prctica, por lo menos a nivel masivo de los fieles, para quienes prcticamente pas desapercibida, quedando su conocimiento y discusin circunscripto a los seminarios de formacin de sacerdotes, facultades de teologa catlicas, rdenes religiosas contemplativas y algunos seglares cultos estudiosos de estos temas.

Vemos que hasta el da de hoy esto ha quedado solamente como un tema terico de estudio para unos pocos que por diversas razones se han interesado en l, habiendo desaparecido de la enseanza religiosa, como la catequesis, y de la prdica dominical en las misas.

El ltimo fenmeno moderno en la Iglesia que voy a mencionar es nada menos que la Renovacin Carismtica, de la que en este libro hemos recordado su nacimiento, crecimiento y expansin en la Iglesia Catlica a partir del ao 1967, aunque este fenmeno es mucho ms amplio, y abarca a todos los llamados Nuevos Movimientos del Espritu.

Lo que muchos ignoran es que el fenmeno religioso llamado pentecostalismo tuvo su origen en Estados Unidos, a principios del siglo 19. En Topeka, Kansas, un ministro metodista llamado Charles Parham, descorazonado por su propia vida espiritual, comenz un estudio intenso de la Escritura, junto a unos alumnos de la escuela bblica que l haba fundado.

Llegaron despus de un tiempo a la conviccin de que la nica seal fehaciente de que se reciba el bautismo en el Espritu Santo era el don de lenguas, y orando unos por otros pronto experimentaron esa manifestacin pentecostal, a la manera del Pentecosts histrico, segn creyeron.

Desde ese momento se fue propagando el llamado pentecostalismo clsico, en especial con un discpulo de Parham, William Seymour, un predicador negro.

Pasaran ms de sesenta aos para que esta experiencia penetrara en la Iglesia Catlica, y comenzara un rumbo con muchas diferencias, pero con el mismo punto de partida, que es la experiencia vital de la presencia y accin del Espritu Santo.

Como hemos visto a lo largo de este trabajo, la experiencia pentecostal catlica se fue diferenciando de la pentecostal clsica, aunque no ha logrado todava insertarse plenamente en la espiritualidad tradicional catlica.

As tenemos tipificados estos tres fenmenos religiosos, que tienen su aparicin y desarrollo casi en forma simultnea, desde fines del siglo 19 a principios del siglo 20: las apariciones marianas, la restauracin de la Teologa Mstica clsica y el surgimiento de la experiencia pentecostal.

Significar algo esta coincidencia.

Yo estoy seguro que s, ya que si aceptamos que estas tres manifestaciones religiosas vienen de Dios, y se originan por la accin del mismo Espritu Santo, es bastante cierto que podemos aceptar que si fueron suscitadas con una simultaneidad muy grande, tomando en cuenta el largo camino de veinte siglos de la Iglesia Catlica, es posible que esto haya ocurrido porque deben interrelacionarse entre ellas.

Veamos un poco ms detalladamente estas tres manifestaciones, enfocndolas especialmente en lo que hace a su relacin con la experiencia de la oracin cristiana, como el medio ms importante en la pedagoga de Dios para llevar a las almas a la santidad, como nos ha recordado el Papa Juan Pablo II en su Carta Novo millenio ineunte.

La piedad y devocin marianas basan su experiencia de oracin principalmente en el rezo del Rosario, con todas sus variedades de Cenculos, novenas, coronillas, etc., teniendo claro que la accin e intercesin de la Santsima Virgen Mara es un elemento de auxilio fundamental en el crecimiento de la vida espiritual del creyente, tal como lo recordbamos en La Vida Cristiana Plena, Tercera Parte, Captulo 4 de esta Pgina Web, lo que sin duda es muy importante.

Pero podramos decir que en general no hay un gran avance en la vida de oracin, quedndose en los primeros grados de la misma, particularmente en el rezo y la meditacin.

Esto no significa decir, de ninguna manera, que se debe reemplazar el rezo del Rosario por otro tipo de oracin. Una de las ms grandes msticas de la Iglesia, Santa Teresa de Jess, como la gran mayora de las almas que llegaron a grados avanzados en la contemplacin, nunca dej de rezar el Rosario.

Lo que se quiere significar es que se debe avanzar mucho ms en la profundidad o grados de la oracin, que nunca implica dejar de lado los primeros grados, sino agregar otros nuevos.

La restauracin de la Teologa Mstica clsica, como ya notamos, qued en un nivel prcticamente terico para los fieles en general, ya que su prctica segua condicionada a un largo y arduo camino, transitando las vas purgativa, iluminativa y unitiva, lo que muy difcilmente se poda encarar sin apartarse del mundo y dedicarse a la vida consagrada, lo que quedaba entonces restringido a aquellos que podan abrazar este estado de vida.

Fue as que esta restauracin no sali en su aspecto prctico y vivencial de los claustros y conventos, y, sin duda, ante la pavorosa desnaturalizacin y degradacin de todo lo referente a la vida espiritual en la actual poca, se fue apagando y perdiendo an en esos mbitos exclusivos.

En cuanto a la Renovacin Car ismtica Catlica y a la experiencia del Espritu, ya hemos desarrollado extensamente cul es el actual estado y desarrollo de su vivencia de oracin, y los obstculos, preconceptos e ignorancia que hacen que no se inserte en el camino de crecimiento hacia los grados ms elevados de la oracin.

Tenemos as que estas tres manifestaciones modernas de la accin del Espritu Santo permanecen hoy sin vasos comunicantes, y, de alguna manera, se observan con desconfianza unas a otras. Los carismticos se dicen cristocntricos y miran de costado a los que practican las devociones marianas.

Los telogos que estudian y trabajan la Teologa Mstica no dedican ms de dos o tres pginas en sus voluminosos tratados a los carismas o gracias dadas gratis, y la experiencia carismtica slo ocupa pginas en los libros que estn en la Renovacin, aislada casi totalmente de las manifestaciones de la gracia santificante, que prcticamente ni se mencionan en esa literatura.

Podramos seguir reseando muchas otras actitudes similares, pero la realidad muestra que estas expresiones actuales de la Iglesia se encuentran as en compartimientos estancos, que de alguna manera evitan las consideradas peligrosas filtraciones o contaminaciones que pueden darse entre ellos.

Debe esto seguir as? Yo creo que no, que no es lo que estaba en los planes de Dios, que a travs del Espritu Santo suscit en estos tiempos las tres patas de una mesa, que es la mesa del crecimiento en santidad de la Iglesia, para que juntas la sostengan, y no para que est la mesa desarmada, con sus tres patas sin unir, porque as no tiene firmeza y se tambalea continuamente.

Hace muchos aos escuch a un sacerdote de la Renovacin decir en una misa lo siguiente: el mayor problema en la Iglesia de hoy es que ya no hay personas que sueen los sueos de Dios. Esta frase me qued grabada en la memoria para siempre, y realmente nunca supe cul fue la razn.

Hoy puedo decir, parafraseando a Martn Luther King, que tengo un sueo, aunque no s si es mo o si es inspirado por Dios. Y este sueo implica creer que un da, en mi amada Iglesia Catlica, se irn uniendo todas estas manifestaciones del Espritu.

Creer que en los movimientos marianos se vivir la experiencia profunda del Espritu y se avanzar de la mano de la Santsima Virgen Mara hacia la santidad que Ella est pidiendo continuamente en los mensajes que nos hace llegar.

Creer que en la Renovacin Carismtica, y en otros de los llamados nuevos movimientos del Espritu, se comprender y se aceptar el papel importantsimo de la Virgen en la santificacin del cristiano, y se llegar de su mano, como en el Cenculo, a la transformacin de Pentecosts, avanzando por el camino tradicional de la perfeccin cristiana de una manera renovada, con el poderoso impulso de la efusin del Espritu Santo.

Y creer, finalmente, que los religiosos y sacerdotes, especialmente aquellos que pertenecen a rdenes cuyos fundadores tuvieron ideales profundos de vida espiritual, puedan reverdecerlos y vivirlos plenamente, incorporando a sus distintas espiritualidades el impulso renovado del Espritu Santo.

Si todo esto sucediera, qu ocurrira?: se habra cumplido la visin que tuvo sobre la Renovacin Carismtica Catlica quien fue quizs su mxima figura hasta ahora, el Cardenal Suenens, cuando dijo:

Entonces la corriente carismtica habr logrado lo ms profundo de su vocacin: desaparecer como ro y perderse en la profundidad del nico mar.

Tambin tendra cumplimiento la oracin que elev a Dios el Papa Juan XXIII cuando convoc al Concilio Vaticano II en el ao 1961:

Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecosts, y concede que la Iglesia santa, reunida en unnime y ms intensa oracin en torno a Mara, Madre de Jess, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz! As sea.

Juan Franco Benedetto
Buenos Aires, Argentina
Ao 2007

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