Contempladores

Renovar La Renovacion Carismatica Catlica

Capitulo 4: Dificultades En La Renovacin Carismtica Para El Cumplimiento De Sus Objetivos.

Capitulo 1: Que Es La Renovacion Carismatica.
Capitulo 2: La Autocomprension De La R.C.C.Desde Sus Comienzos.
Capitulo 3: Los Objetivos De La R.C.C. Y Su Cumplimiento.
Capitulo 4: Dificultades En La R.C.C. Para El Cumplimiento De Sus Objetivos.
Capitulo 5: La Experiencia De "Profundizacion De La Vida En El Espiritu".
Capitulo 6: Renovar La Renovacion Carismatica Catolica.

De acuerdo a lo desarrollado en el captulo 3, vimos que la gran materia pendiente que hoy todava le queda a la Renovacin Carismtica es la de avanzar decidida y concretamente en una bsqueda de una santidad firme y crecida, que realmente transforme de manera radical la vida de quienes experimentan esta conversin profunda, no acomodndose ya al mundo presente sino transformndose mediante la renovacin de su mente humana, llegando a distinguir y conocer con claridad la voluntad de Dios para sus vidas y para su tiempo (Cf. Rom. 12,2).

Por qu existe esta dificultad? Sin duda alguna no es porque no se tenga claro en la Renovacin este objetivo de buscar la santidad, que se ha proclamado y levantado como bandera una y otra vez a lo largo de los cuarenta aos de vida de esta corriente de gracia.

La raz de este problema est en otro aspecto, en no tener claro cul es el camino y el modo prctico de avanzar hacia la santidad, una vez que se ha producido en la persona la apertura a la accin del Espritu Santo.

Sin embargo, si prestamos atencin a la profusa informacin existente en las obras de telogos referentes a la llamada Teologa Asctica y Mstica, en cuanto al contenido y desarrollo de la verdadera vida cristiana, cuya plenitud es la santidad, y cul es el camino a recorrer para avanzar hacia ella, utilizando los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance, vemos que a lo largo de estos dos mil aos de cristianismo la Iglesia, en su evolucin teolgica, unida a la vivencia experimental de tantos santos, ha ido marcando claramente cul debe ser la interaccin entre el esfuerzo del hombre y la gracia que Dios le hace disponible, a fin de avanzar en el crecimiento de la vida espiritual y alcanzar en algn momento, si persevera, una santidad madura y permanente.

Por lo tanto resulta muy evidente que la dificultad que hoy subsiste en la Renovacin Carismtica para avanzar ms en la bsqueda de la santidad tiene su raz en el divorcio que existe entra la nueva experiencia carismtica y el gran tesoro tradicional de la Iglesia, en cuanto a la vieja teologa mstica y todo lo que ella ensea respecto al camino de la perfeccin cristiana.

Sin embargo, este alejamiento de la R.C.C. de considerar el viejo camino tradicional de la vida espiritual, bsicamente por un desconocimiento y falta de inters en el mismo, no es privativo de la Renovacin, sino que es algo inherente a gran parte de los diversos estamentos y realidades que conforman nuestra Iglesia Catlica contempornea.

No podemos menos que abordar este fenmeno en el contexto de la Iglesia en general, si queremos entender porque se manifiesta puntualmente tambin en la Renovacin Carismtica.

La Teologa Asctica y Mstica tuvo un desarrollo que fue acompaando el mismo desarrollo histrico de la Iglesia.

Los Padres Apostlicos, es decir, aquellos que escribieron en los principios de la Iglesia y que tuvieron algn trato directo con los primeros apstoles y discpulos de Jess, como San Ignacio de Antioquia, San Clemente Romano, San Policarpo, Papas, etc., ya avanzaron en la exaltacin de la prctica de las virtudes cristianas, en especial de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, todo enmarcado por la vivencia comn de la persecucin y del martirio, como expresin de la verdad de Dios vivida hasta las ltimas consecuencias.

A partir del siglo II encontramos que se va delineando la doctrina asctico-mstica cristiana, a partir de escritores como Orgenes, Clemente de Alejandra, San Gregorio de Niza, San Juan Crisstomo y otros, y se alcanzar la cumbre de esta poca con san Agustn.

Se habla de la vida espiritual como de una ascensin (ascesis) continua, a partir de la renuncia a s mismo, hasta llegar a la iluminacin interior o conocimiento de Dios, que llega al hombre que se va purificando por la misma accin profunda de Dios.

Ser San Agustn que desarrollar la importancia y la necesidad de la gracia de Dios, y hablar de la perfeccin cristiana como la perfeccin de la caridad.

Un vuelco fundamental en la vida cristiana se producir con la conversin del vasto Imperio Romano al cristianismo, durante el siglo tercero de nuestra era, proceso que comienza con la conversin al cristianismo del Emperador Constantino.

Comenzar a partir de all una distincin entre los cristianos que se mantendr hasta nuestros das: estn los fieles laicos o seglares, y los consagrados, que con el advenimiento del monacato se dividirn entre los sacerdotes, que constituirn la jerarqua de la Iglesia, y los religiosos y religiosas, que adoptarn una vida de renuncia al mundo y una consagracin de sus vidas a Dios.

Precisamente el surgimiento del monacato cristiano se produce en Oriente, especialmente en Egipto, a fines del siglo III y principios del IV con sus dos formas de vida principales, los anacoretas, que vivan solitariamente en las ermitas en el desierto, y los cenobitas, que se agrupaban en monasterios con una vida en comn sujeta a reglas estrictas. Pero ambas formas de monacato tenan en comn una caracterstica principal, que consista en apartarse del mundo, en dejar todo lo que tenan, y recluirse para slo dedicarse a la bsqueda de Dios.

Ser entre estos monjes que se ir abriendo camino el concepto de la contemplacin o estado mstico, donde el hombre va avanzando hacia una apertura de su mente a las mociones e iluminaciones directas del Espritu Santo, despus de una larga y a veces muy dura etapa de purificacin interior.

Un poco ms tarde, en el siglo IV aparece tambin en Occidente el monacato, que tendr gradualmente un crecimiento muy grande. La influencia de san Agustn ser decisiva, y la doctrina de los monjes occidentales desarrollar an ms la doctrina asctica y mstica de los antiguos monjes del desierto oriental.

Un gran exponente del pensamiento y doctrina de los monjes occidentales ser Juan Casiano, que vivi a fines del siglo IV y principios del V, quien desarrollar detalladamente la doctrina de la perfeccin cristiana, definiendo los obstculos que la impiden, los medios destinados a vencer dichos impedimentos, la prctica metdica de la virtudes cristianas, los grados de la oracin, la contemplacin o conocimiento espiritual de las Escrituras, etc.

El mximo referente en cuanto al monacato occidental resultar ser, a fines del siglo V, San Benito.

Luego, en la llamada Alta Edad Media, a lo largo de los siglos IX y XI se produce una gran decadencia de la vida espiritual, inclusive en la vida de la Iglesia, con una preponderancia creciente de la ignorancia consecuencia de las invasiones de los pueblos brbaros.

Ser en los siglos XII y XIII que aparecer un gran reflorecimiento de la espiritualidad cristiana, donde San Bernardo desarrollar la doctrina de la unin mstica del alma con Dios, y la Teologa Mstica alcanzar sus ms altas cumbres doctrinales con Santo Toms de Aquino, con la descripcin de las lneas fundamentales de la accin de la gracia santificante a travs de las virtudes infusas y los dones del Espritu Santo, y la experiencia sabrosa de la inhabitacin de la Santsima Trin idad en el alma en estado de gracia.

De la influencia de Santo Toms surgirn muchas escuelas de espiritualidad, como por ejemplo la dominicana, a partir de Santo Domingo de Guzmn.

Tambin en esta poca aparece una grande y luminosa estrella en el firmamento de la Iglesia: San Francisco de Ass, con su espiritualidad netamente evanglica y llena del amor de Dios.

Ms adelante, en los siglos XVI y XVII, con la llamada escuela carmelitana que la mstica cristiana, sobre todo en su aspecto experimental, basado en la vivencia de la doctrina terica ya desarrollada, tendr su mximo esplendor, a travs de tantos santos y santas, cuyos mayores exponentes fueron Santa Teresa de Jess y San Juan de la Cruz. Esta escuela tendr su otra gran estrella ms adelante, ya en el siglo XIX, con Santa Teresita del Nio Jess.

De los siglos anteriores no se puede dejar de mencionar al menos a dos grandes exponentes de la espiritualidad cristiana, que son San Ignacio de Loyola y San Francisco de Sales.

Con el advenimiento de los siglos XVIII y XIX se produce nuevamente un gran retroceso en la vida espiritual, con el surgimiento del iluminismo, de la preponderancia de la razn sobre la fe, y con el materialismo que va avanzando incontenible.

Es una poca de confusin en la misma Iglesia, donde la doctrina moral va entrando en un creciente desconcierto.

Se ir desarrollando en estos tiempos, a nivel teolgico, un concepto que ir tomando fuerza, y es el que dice que hay dos vas o formas distintas para llegar a la santidad: una va asctica, y otra mstica. La primera se alcanza primordialmente a partir del esfuerzo del hombre, a partir del proceso ordinario del conocimiento, ayudado por la gracia divina, y es accesible a todos los cristianos, mientras que la segunda queda reservada slo para algunos que reciben unas gracias extraordinarias de Dios para alcanzar las cumbres de la llamada experiencia mstica o experiencia contemplativa.

Quedan as los msticos reducidos a una especie de bichos raros, unos pocos privilegiados que reciben gracias especiales de Dios para alcanzar experiencias espirituales que le estn vedadas al comn de los cristianos.

Encontraremos recin a fines del siglo XIX y principios del XX que se producir algo conocido como la restauracin de la Teologa Asctica y Mstica, que volver a las fuentes tradicionales, retornando al concepto que todos los cristianos son llamados a la perfeccin espiritual mediante el desarrollo de las virtudes infusas perfeccionadas por la accin de los dones del Espritu Santo, en el proceso de la contemplacin infusa de los misterios de Dios.

Los grandes exponentes de esta restauracin ser muchos sacerdotes, entre ellos Juan Arintero, Antonio Gardeil, Reginald Garrigou-Lagrange, Miguel Philipon, Augusto Poulain, Augusto Saudreau, Adolphe Tanquerey y Antonio Royo Marn.

Se retomar el concepto de las tres etapas o vas espirituales que el cristiano debe recorrer en su camino hacia la santidad: va purgativa o edad de los principiantes, va iluminativa o edad de los adelantados, y va unitiva o edad de los perfectos.

A medida que progresa el crecimiento espiritual, avanzando a travs de estas etapas o edades espirituales, se va desarrollando cada vez en forma ms plena el nuevo organismo sobrenatural, injertado en el alma humana por la gracia santificante recibida en el bautismo.

Este organismo divino se compone de las virtudes cristianas o infusas y de los siete dones del Espritu Santo, y no se desarrolla por s mismo, sino que necesita de la colaboracin y el esfuerzo de la criatura humana.

La explicacin amplia de este tema la encontramos en esta Pgina en La Vida Cristiana Plena, Segunda Parte, Captulo 2, donde se puede obtener las nociones bsicas del mismo.

En la primera mitad del siglo XX hay un gran resurgimiento del inters por la Teologa Mstica, que se hace fuertemente presente en los seminarios catlicos y en las facultades de teologa, y llega a los ambientes seglares cultos, aunque no tiene repercusin en la gran masa de los fieles catlicos.

Pero, despus del Concilio Vaticano II, se va perdiendo todo este inters, se va eliminando inclusive este estudio en la mayora de los programas de los seminarios de formacin sacerdotal, y se va abriendo paso con fuerza el concepto que esta teologa asctica y mstica poco tiene que decir al hombre y a la mujer modernos con sus preocupaciones sociales, ya que implica algo que solamente puede ser vivido por monjes y monjas que se apartan totalmente del mundo y se recluyen en conventos y monasterios.

As la Teologa Asctica y Mstica pasa a ser algo que slo es estudiado en su aspecto terico a partir de la curiosidad de unos pocos, y que es tratado de vivir en algunas rdenes religiosas que mantienen la tradicin de sus fundadores.

La degradacin de la vida espiritual en los ltimos cincuenta o sesenta aos es pavorosa, y entre los fieles catlicos comunes ya nada se conoce, y menos se vive, de las grandes verdades de la vida espiritual.

Este es el panorama ms o menos generalizado que exista cuando surge impetuosamente la Renovacin Carismtica Catlica, y la realidad que ella encuentra, tal como vimos en el captulo 2 de este libro.

La Renovacin Carismtica descubre nuevamente, como ya vimos, dos importantsimas cosas que parecan ya olvidadas y an perimidas: la experiencia de la efusin o bautismo en el Espritu y la accin de los carismas extraordinarios del Espritu Santo, especialmente los relacionados con la oracin comunitaria.

A partir de all la R.C.C. se lanza a recorrer el camino de la experiencia carismtica, proclamando con decisin el primer anuncio cristiano o kerygma y llevando a las personas a la vivencia del Espritu Santo y la accin de sus carismas.

De alguna manera, frente a la gran novedad que se vive, especialmente al experimentar tan fuertemente la experiencia viva de la presencia de Dios en las propias vidas, se tiene la tendencia de pensar que se ha logrado un gran avance en la vida espiritual, lo cual es cierto, y que los frutos de la vida del Espritu se irn manifestando con intensidad.

Pero, en la prctica, esto no ocurre, y muchas personas as van abandonando la Renovacin Carismtica e inclusive grupos y comunidades enteras se van disolviendo.

La razn fundamental para que esto suceda es lo que mencionbamos al principio de este captulo: despus de la primera experiencia fuerte del Espritu Santo, no se tiene claro cul es el camino prctico para seguir avanzando en la perfeccin cristiana, utilizando todo el empuje del bautismo en el Espritu, ya que este camino ha sido tambin olvidado en casi toda la Iglesia.

Lo que es muy interesante es que el hecho de que ocurran estos abandonos en la Renovacin Carismtica y las razones para que ello sea as, ya fueron discernidos y explicados desde los primeros tiempos de la Renovacin, aunque esto no fue acompaado por las acciones prcticas para corregirlo.

La R.C.C. ha sido consciente desde los primeros aos de su existencia del peligro de quedarse solamente con la experiencia inicial del Espritu, exuberante y llena de fuego, basada especialmente en la vivencia de los carismas extraordinarios.

Quiero rescatar un artculo publicado en la revista New Catholic World, en noviembre de 1975, por el P. Edward OConnor, miembro del Departamento de Teologa de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, uno de los pioneros en la teologa de la Renovacin Carismtica, y traducido y publicado en el N 17 de la revista Alabar de enero-febrero de 1976.

El artculo lleva el significativo ttulo de Cuando la nube de gloria se disipa, y plantea ya desde esos lejanos aos un problema que sigue siendo muy actual en la R.C.C. Veamos algunos de sus principales conceptos, haciendo los correspondientes comentarios:

En el 1970 cuando la mayora de los peridicos y revistas publicaban los sucesos de la dcada del 60 y prevean las tendencias del 70, apenas se mencionaba la Renovacin Carismtica. La poca gente que saba de sta por lo general reaccionaba con sonrisas de incredulidad y estupefaccin. No es ste el caso hoy en da. El movimiento pentecostal es con frecuencia tpico de preguntas por parte de periodistas y eruditos.

Un signo claro de reconocimiento en la misma Iglesia es el hecho de que los obispos estn empezando a emitir declaraciones, no meramente alabando el movimiento o previniendo a la gente, pero dando regulaciones para el mismo.

Esta aceptacin pblica de la Renovacin como un suceso que debe ser considerado parece ir paralelo a un desarrollo que se est llevando a cabo dentro del movimiento mismo. La novedad de una nueva empresa est siendo reemplazada por una apariencia conocida, gastada y unos patrones establecidos. Muchos de los que actualmente forman parte del mismo llevan dos o tres aos de experiencia. Ya no se renen en un espritu de expectacin y asombro; saben muy bien qu esperar. A los nuevos los preparan para el bautismo en el Espritu por medio de un Seminario de Vida en el Espritu ya estructurado. Existen conceptos bien definidos y formas fijas para ministerios como profeca, sanacin y liberacin que aos atrs hubiese parecido algo esotrico.

Por otro lado, hay indicaciones de que existe una creciente preocupacin o un desencanto con la Renovacin. Parte de esto es ocasionado precisamente por la organizacin progresiva y la estructuracin. Otra parte se debe a errores cometidos o personas que han sido heridas. Est creciendo el nmero de los que despus de haber tomado parte en los crculos de oracin carismticos, abandonan los mismos, as como grupos que existieron por un tiempo han fracasado.

Tal desarrollo indica que el movimiento est entrando en una nueva fase de su existencia, que yo considero es importante tratar de entender.

El autor plantea en esta primera parte un fenmeno observado en los inicios de la Renovacin, en grupos que llevan ya al menos dos o tres aos de formados, y que sigue producindose hoy en la mayora de los grupos de oracin luego de un tiempo que se han iniciado.

Sucede que toda la expectativa y el asombro de los principios, donde se vivi la experiencia del Espritu y la vivencia que cada uno tuvo al recibir el bautismo en el Espritu, junto al descubrir y experimentar la accin de los carismas, va dando paso al servicio de estos carismticos experimentados a preparar a los nefitos para que vivan la misma experiencia, en una forma estructurada y sobre bases conocidas.

El que al principio fue servido por otros, se transforma en un servidor, y muchas veces ocurre que a partir de all su expectativa espiritual tiene un traslado desde lo que esperaba recibir al principio, hasta lo que ahora viene a dar, y poco a poco corre el peligro de transformarse en lo que yo llamo un servidor profesional, muy eficiente en sus actividades de servicio a los dems, pero que con el tiempo va vacindose interiormente, ya que no espera nada nuevo que lo sacuda en su vida espiritual, y va transitando por un camino ya bien conocido.

Esto hace que, como explica el P. OConnor, muchos que han llegado a la R.C.C. despus de un tiempo la abandonan, o tambin grupos enteros se disuelven.

El autor contempla una razn para que se produzca este fenmeno:

Un enfoque sera decir que el movimiento ha perdido su primer entusiasmo y se est enfrentando a la prueba de si ha de tener un efecto duradero o si se evaporar como muchos avivamientos del pasado.

Hay cierta verdad en este punto de vista que recalca uno de los problemas serios de la Renovacin en el momento actual. Hay gente que en una explosin inicial de generosidad aceptaron pesadas responsabilidades de liderazgo, testificando, aconsejando, etc. Pero luego se dieron cuenta que la carga es pesada y se estn cansando. Esto es un problema inevitable en una empresa que depende de generosidad y sacrificio. Pero esto no presenta un peligro inminente para la continuacin de la Renovacin, la cual ha establecido una base lo suficientemente amplia y unas estructuras lo suficientemente firmes que aseguren su perpetuidad por largo tiempo, an existiendo en una forma ms institucionalizada.

Tal evaluacin, sin embargo, no toma en consideracin la naturaleza peculiar de la Renovacin Carismtica, cuya caracterstica es engendrar cristianos entusiastas. Para un movimiento entusiasta perder su entusiasmo equivaldra a la muerte. Cuando una actividad inspiracional es perpetuada por una institucin, es esto perpetuacin o estrangulacin? Hay muchos historiadores que creen que esto fue lo que ocurri a la Iglesia primitiva. Muchos ven la misma secuencia repetida en la historia de movimientos de renovacin, avivamiento y reforma surgidos ms tarde, tales como el Luteranismo, el Metodismo, el Movimiento de Santidad, y ya se ve en algunas denominaciones pentecostales modernas. Sera de poco consuelo para los carismticos el asegurarles que se estn deslizando inexorablemente hacia el mismo patrn.

Esto explica por qu hay entre los carismticos la tendencia crnica, aunque a la larga intil, de resistir a toda organizacin e institucin porque apagan el Espritu.

Es an ms importante que se reconozca que el entusiasmo de los carismticos no viene de una idea a la cual han sido persuadidos, pero s de la experiencia de una realidad en la que ellos creen. Ellos han tocado la mano de Dios y han sentido el poder renovador de su amor.

Decirle a tales personas que el movimiento va por el mismo camino que los otros es cuestionar su validez fundamental; significa o que la experiencia total fue una ilusin o que si el Espritu tuvo alguna vez parte en la misma el contacto con l ya se est perdiendo. De hecho parece ser precisamente esta deduccin la que est moviendo a mucha gente a abandonar la Renovacin, y otros que permanecen en ella a luchar tenazmente para recobrar su fervor inicial.

La razn ms aparente para el abandono de muchos en la Renovacin Carismtica es que se produce una prdida o reduccin del entusiasmo inicial, aunque es difcil aceptar que simplemente este entusiasmo o fuego inicial se enfre en los carismticos, ya que como bien recalca el autor el entusiasmo de los carismticos no viene de una idea a la cual han sido persuadidos, pero s de la experiencia de una realidad en la que ellos creen.

Lo que se plantea como explicacin de esta prdida de entusiasmo es que se va diluyendo de alguna manera la experiencia primera, y que esto lleva en algunos casos a pensar que inclusive todo lo vivido no fue ms que una ilusin.

El P. OConnor desarrollar entonces dos enfoques para explicar las razones de la prdida de este entusiasmo inicial:

Sin negar que parte de la experiencia reciente puede ser ciertamente explicada en trminos de simple reduccin y entusiasmo esfumado, me gustara proponer otras dos consideraciones que yo creo darn luz al significado ms profundo de lo que est ocurriendo; la primera es que la experiencia de la operacin carismtica del espritu est propensa a promover una esperanza exagerada. La gente siente que el Reino de Dios de alguna manera se est realizando en ellos, y el resurgir de fragilidades humanas mezquinas que ellos crean haber superado puede resultar en una desilusin aplastante. Decir que esto es la suerte inevitable del optimismo que rodea cualquier nuevo movimiento es malinterpretar su motivacin distintiva.

Los carismticos son aquellos que han experimentado el poder de la vida futura en la cual est inherente la promesa segura de la realizacin de una Jerusaln celestial que ya se est construyendo. El Espritu Santo es el poder del Seor resucitado obrando en el mundo, el mismo poder que traer la plenitud del reino. Conocerle es estar en contacto real con el reino por venir. Por esto es que San Pablo insista que el don del Espritu es la promesa de las cosas buenas que aguardamos.

Los primeros cristianos esperaban que la parusa viniera durante su vida; los pentecostales a menudo sienten la tentacin de esperar una santificacin inmediata y perfecta. En ambos casos el error no est tanto en entender mal las palabras de Jess como en una ansiedad desmesurada movida por el poder del Espritu de realizar las promesas de Dios completamente. A los discpulos del primer siglo haba que tranquilizarles dicindoles que con el Seor un da es como mil aos y mil aos es como un da. Los pentecostales quizs tienen ms necesidad de la enseanza que predomina en la carta a los Hebreos: que no es suficiente haber gustado el don del cielo y ser partcipe del Espritu Santo; tambin necesitamos mantener nuestra primera confianza firme hasta el fin.

El cuadro verdadero de nuestra situacin lo dio San Pablo: slo tenemos los primeros frutos del Espritu; por lo tanto debemos gemir interiormente mientras aguardamos que se complete nuestra redencin. La obra del espritu en nosotros es genuina, pero no completa an, y el toque ms leve de su realidad intensifica nuestra agona por lo que nos falta.

La imagen de Dios ha sido realmente impresa en nosotros, pero nuestra naturaleza carnal, an no sometida completamente, continuar por largo tiempo reafirmndose y desfigurando esa imagen. Todo esto debe tomarse en consideracin para no exigirnos a nosotros y a los dems en forma excesiva.

En esta parte del artculo queda planteado un problema muy importante al que creo que no se le ha dado la debida importancia en la Renovacin Carismtica, y es el exagerado valor que se le da muchas veces a la experiencia del bautismo en el Espritu.

Se ha acuado la famosa frase referida a la experiencia carismtica, diciendo que es Pentecosts hoy, que por supuesto tiene un sentido muy general, pero es tomada por muchos en forma literal, y as se llega al convencimiento de que a partir de este bautismo en el Espritu o Pentecosts personal podrn recorrer un camino similar al de los apstoles y discpulos cuando salieron del Cenculo llenos del Espritu Santo.

Nada hay ms lejano de la realidad que esta idea, por lo que es fundamental tener claro, en primer lugar, el verdadero y profundo significado del acontecimiento histrico de Pentecosts, y luego hay que situar en ese contexto la experiencia del bautismo en el Espritu.

Se suele tener como concepto del significado de Pentecosts lo siguiente: es cuando los apstoles y los discpulos reciben el Espritu Santo, y la consecuencia es el comienzo de la misin; a partir de ese momento saldrn a predicar y a evangelizar al mundo con el poder del Espritu, realizando signos y prodigios, y dando nacimiento a la Iglesia.

Por supuesto este concepto no es errneo, pero no pone el acento en el significado esencial de Pentecosts. Veamos por qu:

Pentecosts es la culminacin de todo un camino previo para esos apstoles y discpulos, y a su vez el inicio de uno nuevo. El camino anterior se inici con un llamado personal, proveniente de Jess, para seguirlo y estar con l. (cf. Mt. 4,18-22; Mt. 9,9).

Los que aceptaron ese llamado fueron recorriendo junto al Maestro distintas etapas, escuchndolo, vindolo y aprendiendo de l lo poco que sus mentes humanas entendan. Y de pronto, un da, fueron llamados por Jess y recibieron de l un poder nuevo, sobrenatural, y fueron enviados a evangelizar, a proclamar la Buena Noticia. Veamos los relatos evanglicos:

Y llamando a sus doce discpulos, les dio poder sobre los espritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y dolencia. A estos doce envi Jess, despus de darles estas instrucciones: No tomis camino de gentiles ni entris en ciudad de samaritanos; dirigos ms bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos est cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis (Mt. 10,1-2;5-8).

Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envi a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: No tomis nada para el camino, ni bastn, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengis dos tnicas cada uno. Cuando entris en una casa quedaos en ella hasta que os marchis de all. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Saliendo, pues, recorran los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes. (Lc. 9,1-6).

Vemos claramente que ya mucho antes de Pentecosts los apstoles y discpulos recibieron de Jess, quizs por imposicin de sus manos segn la costumbre de la poca, un poder carismtico (lo que luego los telogos denominarn gracias dadas gratis) y fueron enviados a proclamar la Buena Nueva del Reino. Por lo tanto, estos aspectos en forma aislada no constituyen una novedad como consecuencia de Pentecosts.

Para encontrar la clave del acontecimiento de Pentecosts tenemos que examinar cmo fue que estos apstoles y discpulos cumplan la misin encomendada por Jess, y cules eran sus actitudes.

Examinemos un primer pasaje evanglico:

Cuando llegaron donde la gente, se acerc a Jess un hombre que, arrodillndose ante l, le dijo: Seor, ten piedad de mi hijo, porque es luntico y est mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discpulos, pero ellos no han podido curarle. Jess respondi: Oh generacin incrdula y perversa! Hasta cundo estar con vosotros? Hasta cundo habr de soportaros? Tradmelo ac! Jess le increp y el demonio sali de l; y qued sano el nio desde aquel momento.

Entonces los discpulos se acercaron a Jess, en privado, y le dijeron: Por qu nosotros no pudimos expulsarle? Dceles: Por vuestra poca fe; si tenis fe como un grano de mostaza, diris a este monte: Desplzate de aqu all, y se desplazar, y nada os ser imposible. (Mt. 17,14-20).

Los discpulos posean y ejercitaban los carismas recibidos, pero en ellas haba deficiencias, y aqu Jess les hace ver claramente una de ellas: la poca fe; no haban crecido todava en una fe madura.

Tenemos otro episodio bastante curioso:

Sucedi que como se iban cumpliendo los das de su asuncin, Jess se afirm en su voluntad de ir a Jerusaln, y envi mensajeros delante de s, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tena intencin de ir a Jerusaln. Al verlo, sus discpulos Santiago y Juan dijeron: Seor, quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?. Pero volvindose, los reprendi y se fueron a otro pueblo. (Lc. 9,51-56).

Los discpulos, y nada menos que Santiago y Juan, demuestran una enorme falta de caridad con esta actitud, ya que por el simple hecho de que los samaritanos no le ofrecen posada por ser judos, estn dispuestos a quemar todo el pueblo, emulando el milagro de Elas al hacer bajar fuego del cielo.

Por el simple examen de estas situaciones vemos que los apstoles y discpulos tenan todava una fe y una caridad muy poco crecidas, por lo que podemos decir, utilizando la terminologa de San Pablo, que todava eran realmente hombres viejos, llevados por los impulsos de su naturaleza carnal.

Esto tambin se reflejaba en su incapacidad para comprender con sus mentes humanas lo que Jess les deca y enseaba. Veamos un ejemplo de esto:

Se haban olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca ms que un pan. Jess les haca esta advertencia: Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. Ellos hablaban entre s que no tenan panes. Dndose cuenta, les dice: Por qu estis hablando de que no tenis panes? An no comprendis ni entendis? Es que tenis la mente embotada? Teniendo ojos no vis y teniendo odos no os? No os acordis de cuando part los cinco panes para los cinco mil? Cuntos canastos llenos de trozos recogisteis?. Doce, le dicen. Y cuando part los siete entre los cuatro mil, cuntas espuertas llenas de trozos recogisteis?. Le dicen: Siete. Y continu: An no entendis? (Mc. 8,14-21).

Jess les recrimina su falta de entendimiento y su mente embotada, ya que despus de haber presenciado poco antes el milagro de la multiplicacin de los panes, estaban preocupados porque slo tenan en la barca un pan, aunque el mismo autor del milagro estaba con ellos. Casi nunca lograban entender ni las enseanzas del Maestro, ni el significado de los signos que l realizaba.

Otra caracterstica de los apstoles y discpulos era el temor; este temor llevar a Pedro a negar tres veces que lo conoca a Jess, para evitar correr la misma suerte que el Seor. Luego de la muerte de Jess este temor se generaliza en todos ellos:

Al atardecer de aquel da, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judos, las puertas del lugar donde se encontraban los discpulos, se present Jess en medio de ellos. (Jn. 20,19).

Mentes que no entienden, temor muy grande, son signos claros del hombre viejo, del que tiene su naturaleza herida por el pecado original y se apoya en sus solas fuerzas humanas.

Pero, qu ocurre despus de Pentecosts? Estos apstoles y discpulos aparecen totalmente diferentes, cambiados en extremo. El libro de los Hechos de los Apstoles nos narra (Hech. 2,14-21) que inmediatamente despus de la vivencia de Pentecosts Pedro se dirigi a los habitantes de Jerusaln que se haban congregado, dirigindoles un discurso lleno de elocuencia y sabidura, proclamando el kerygma, o interpretacin de la pasin, muerte y resurreccin de Jess, basado en numerosas citas de las Escrituras, con una claridad total, llegando al corazn de los que lo escuchaban, y convirtiendo a tres mil personas que se hicieron bautizar ese da.

El temor desaparece, e inclusive surge la alegra de sufrir por causa de Jess, y nada ni nadie les hace retroceder en la proclamacin de la Buena Nueva:

Entonces llamaron a los apstoles; y, despus de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jess. Y les dejaron libres. Ellos marcharon de la presencia del Sanedrn contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre. Y no cesaban de ensear y de anunciar la Buena Nueva de Cristo Jess cada da en el Templo y por las casas.

Tambin el ejercicio de los carismas ser ahora diferente, no tendrn dudas, como se ve cuando Pedro sana el tullido en la puerta del Templo (Hech. 3,1-10) o resucita a una mujer en Joppe (Hech. 9,36-43); su fe ya era muy distinta.

Por lo tanto, surge as con claridad el sentido ms profundo del acontecimiento de Pentecosts: es una profunda transformacin interior, es cuando el hombre nuevo u hombre espiritual o perfecto, o simplemente santo toma el control de la vida de cada uno, y comienza a obrar.

Es dejar atrs la etapa en que el hombre viejo todava era el que guiaba la mayora de los actos del cristiano, con sus pasiones desordenadas y sus pensamientos humanos, comenzando a vivir bajo la gua ms o menos clara y constante del Espritu Santo a travs de sus mociones captadas abiertamente.

Pero no debemos olvidar que para llegar a esta transformacin prodigiosa, que es la que se denomina la unin transformante, habr que haber recorrido un largo camino, a partir del primer encuentro personal con Jess, y de haberle dicho s a su llamado.

Una sntesis del camino y las etapas que se recorren en el crecimiento espiritual la encontramos en La Vida Cristiana Plena, Cuarta Parte.

El bautismo en el Espritu equivale al primer encuentro personal claro y efectivo con Jess resucitado, y ser recin el inicio de un camino que llevar un da al cristiano, desde esa primera conversin, a la vivencia de la transformacin de Pentecosts, o unin transformante con Dios.

Este proceso lo vemos con mucha claridad en la Biblia con la conversin de Pablo, que es totalmente equivalente a la nuestra, pues l la vive ya insertado en la poca del Espritu, igual que nosotros hoy.

Pablo, o Saulo segn su nombre judo, iba en camino a Damasco persiguiendo a los cristianos. En ese andar tiene de pronto una visin de Jess resucitado, cae al suelo, queda ciego, y es llevado a Damasco. Pasar all tres das en ayuno estricto y en oracin, hasta que un discpulo de Jess, Ananas, siguiendo rdenes del mismo Jess en una visin, le impondr las manos, ser sanado de la ceguera y quedar lleno del Espritu Santo, para luego ser bautizado como cristiano (Hech. 9,1-19).

Se puede dudar que de esta manera Pablo vivi su bautismo en el Espritu? Sin duda que no, pues encontramos en esta descripcin todos los elementos que lo constituyen. Pero, qu ocurri despus? Sali Pablo enseguida a predicar convertido en el apstol de los gentiles?

Nada de eso. La cronologa reconstruida de los pasos de Pablo nos dice que permaneci aproximadamente un ao en Damasco, luego se fue tres aos a Arabia, dirigindose despus a Jerusaln a visitar a Pedro, y despus desaparece unos ocho aos en Siria y Cilicia. Reaparecer en Antioquia, junto a Bernab, y all, despus de uno o dos aos recin emprender el primer viaje misional con la fuerza del Espritu.

Habrn pasado nada menos que trece o catorce aos desde que recibi el primer bautismo en el Espritu hasta que comience su tarea de apstol. Todo un largo proceso! Cuntas nuevas efusiones del Espritu habr recibido en ese tiempo, que lo llevaron a su Pentecosts personal, y a iniciar el camino de apstol! (cf. Hech. 13,1-3).

Frente a esto, entonces, debemos desechar la ilusin, como dice en su artculo el P. OConnor, de vivir una santificacin inmediata y perfecta con la experiencia del bautismo en el Espritu, porque si as se piensa vendr la desilusin y el abandono, porque esa no ser absolutamente la realidad.

El hombre viejo con su naturaleza carnal, debe todava ser vencido y transformado, y eso llevar tiempo y un proceso, ms o menos largo, con etapas distintas.

El autor del artculo que venimos comentando se refiere a este tema para desarrollar la segunda consideracin que explica la prdida del entusiasmo inicial en la Renovacin:

Una segunda consideracin es que en la dinmica de la gracia hay un rgimen para los comienzos que no debe ser perpetuado indefinidamente, sino que debe ser seguido por un rgimen diferente ms apropiado para una profundizacin y fortalecimiento de la vida en el Espritu. Esto ocurre normalmente en las vidas de los individuos y no hay razn para dudar que ocurre tambin en las comunidades, y an ms en un movimiento entero. As el comienzo de la vida en el Espritu a menudo parece estar ms bendecido que su continuacin. Esto se aplica particularmente a ese nuevo comienzo o segunda conversin por la cual un individuo se vuelve hacia Dios consciente y deliberadamente con una conviccin personal que no haba estado presente en su vida religiosa juvenil. Dicha conversin con frecuencia se lleva a cabo por una gracia arrolladora que llena a la persona con una conciencia vvida de la presencia y el amor de Dios. Bajo la influencia de esta gracia uno experimenta una nueva unidad en su ser, una nueva vida y bondad en el mundo que le rodea, y una nueva armona al relacionarse con ste. Si esta gracia perdura por un tiempo, la persona puede tener la impresin que todas sus faltas y dificultades se han desvanecido en el dominio suave y dulce de un Seor cuya soberana abraza a todos en perfecta armona.

Pero esta clase de gracia nunca dura por mucho tiempo, y mientras se desliza gradualmente como una marea menguante, comienzan a reaparecer las cosa feas, duras y banales que haba cubierto. No importa cun desesperadamente un hombre pueda tratar, no puede hacer nada para retener esta gracia, ni lograr nada que pueda duplicarla; es un don gratuito conferido por un tiempo y retirado cuando ha cumplido su funcin.

Mientras tanto ha servido el propsito til de sacudirnos, disolviendo nuestros patrones y perspectivas anteriores; dndonos una nueva vida, reorientando nuestras vidas, sacndonos de lo cmodo e inicindonos en una nueva direccin, como San Pablo en Damasco. Dios ha invadido el pequeo mundo de nuestra edificacin y nos ha dejado saber que como de ninguna otra forma, al ser posedos por l, tenemos vida, sancin, liberacin y restauracin.

Pero antes que esto pueda ser completo y definitivamente realizado, debemos responder a la gracia por un esfuerzo personal. El asentimiento amoroso y espontneo trado bajo el impacto de la presencia de Dios debe de ser ratificado soportando fielmente la prueba y ofreciendo el sacrificio. El Seor crucificado no est contento con discpulos que lo abandonan en la primera prueba. l busca aquellos a quienes les pueda decir: Ustedes son los que han perseverado conmigo en mi afliccin.

l retira as esta gracia inicial, pero no desprendindonos completamente (en cuyo caso nos derrumbaramos totalmente), pero sostenindonos por un poder ms oculto que no tiene frutos tan manifiestos, de paz y armona. Entonces reaparece nuestra debilidad y las faltas que parecan haber sido sanadas vuelven a surgir. Uno est tentado a pensar que ha fracasado y perdido la gracia de Dios para siempre o que aquello fue slo una ilusin. Este es el punto en que mucha gente abrumada por el desaliento, renuncia a la vida espiritual en el preciso momento cuando pudo haber empezado un progreso serio para ellos.

Los grupos de oracin y las comunidades de alianza parecen estar pasando por un proceso similar aunque de un modo menos agudo, ya que estn compuestos por varias personas en diferentes etapas de crecimiento. En sus comienzos a menudo experimentan un tiempo de florecimiento de gracia. Son bendecidos con un espritu de amorosa unidad en el cual los miembros encuentran un placer el estar juntos y llegan a acuerdos con una relativa facilidad. . Hay una generosidad en servicio mutuo y una prontitud sincera de dar la vida por su hermano. Los errores se vencen fcilmente, las inconveniencias se sobrellevan con alegra. Un sentido vivo de la presencia de Dios llena los crculos de oracin. A menudo sta es una poca en que los carismas de lenguas, profeca e interpretacin estn comenzando a funcionar libremente y el novedoso asombro de stos trae un toque de gloria a las reuniones. Sanaciones y respuestas notables a la oracin llenan al grupo de admiracin.

Sin embargo, eventualmente esta nube de gloria se disipa. El encanto de los carismas se va gastando y la gente aprende a ser ms crticos, ejercitndolos y creyendo en ellos.

En lugar de ser llevados adelante sencillamente por el movimiento del Espritu las actividades de la comunidad son planeadas y preparadas. Algunos se preocupan de que sencillamente estn haciendo los mismos gestos vacos sin progresar; otros, particularmente los lderes, estn perplejos en cuanto a la direccin en la que deberan de orientar sus esfuerzos. En medio de esta debilidad humana reaparecen las faltas y surgen los desacuerdos y rivalidades personales que llevan a veces a divisiones dolorosas.

Cuando esto ocurre hay una tentacin natural a mirar el pasado con nostalgia y a tratar de recapturarlo de cualquier forma. Esto est bien hasta cierto punto, porque debemos guardarnos de la apata y de recaer en faltas profundas. Sin embargo no es posible recobrar la gracia de los comienzos como tampoco lo es aferrarnos a los das dorados de nuestra niez. La ley de crecimiento se aplica inexorablemente tanto a comunidades como a individuos. Cuando el batir de palmas y los gritos de Aleluyas vienen a ser un esfuerzo para incitar una exhuberancia que ya no existe, hay un vaco tremendo similar al esfuerzo que hace una mujer envejecida al usar cosmticos tratando de asirse a una juventud esfumada.

Cualquiera que sea el caso, el que haya pasado el fervor inicial no es razn para desanimarse, pero un llamado a crecer en madurez. Aunque esto fuese consecuencia de faltas humanas, la Providencia lo usa para ensearnos cosas que tenamos que aprender de todos modos.

El P. OConnor recuerda aqu una verdad fundamental, en cuanto a que hay un rgimen inicial en la dinmica de la accin de la gracia en el hombre, y otro diferente necesario para la profundizacin y fortalecimiento de la vida en el Espritu.

Lo interesante es que este proceso es vlido tanto para los individuos en particular como para los grupos y comunidades.

Hay gracias iniciales que empujan al que se inicia en su conversin hacia la verdadera vida cristiana, que llenan al principiante de deleites espirituales y consolaciones sensibles, lo que el autor llama la nube de gloria. Pero Dios quiere llevar al cristiano mucho ms all de esta etapa de principiante, pero para avanzar ms adelante deber pasar por un cambio profundo en su relacin con Dios, que ser inducido por la noche de los sentidos, a travs de la cual deber ir entrando en otra dimensin espiritual y de oracin.

La ignorancia de este proceso, perfectamente explicado por la Teologa Mstica, hace que en general, en la Renovacin Carismtica, cuando inevitablemente ocurre, en lugar de entender que el Espritu Santo quiere llevar a las almas hacia nuevas y venturosas sendas, se piensa equivocadamente que se ha perdido el fervor de los primeros tiempos, que se ha entrado en una tibieza espiritual, y ocurre lo que describe acertadamente el P. OConnor: hay una tentacin natural a mirar el pasado con nostalgia y a tratar de recapturarlo de cualquier forma. Sin embargo, no es posible recobrar la gracia de los comienzos, como tampoco lo es aferrarse a los das dorados de nuestra niez.

Cunta verdad hay en estas palabras! Y, sin embargo, qu pocos son los que conocen esto, y cuntos menos los que saben lo que hay que hacer!

En el final del artculo se plantean algunas consideraciones generales sobre el tema que se est tratando:

Si una comunidad ha de adquirir profundidad no podr evadir el reto de crecimiento. Las etapas iniciales de la vida carismtica, a pesar de su belleza son afectadas por superficialidad, debilidad y error. Los principiantes inevitablemente dan mucha importancia a los carismas an cuando sepan en teora que los frutos del Espritu son ms importantes que los dones. Tienden a medir la cualidad de la oracin por la abundancia de manifestaciones carismticas que la acompaan. Ellos suponen que el crecimiento espiritual es correlativo con la profusin de milagros y maravillas. Le gustara ser dirigido en todas sus acciones por mensajes sobrenaturales o por textos bblicos seleccionados por inspiracin divina en lugar de recurrir al sentido comn, la razn, las lecciones de la experiencia, la sabidura de la tradicin o las prescripciones de la autoridad. Aspiran a alcanzar un estado de contacto ntimo con Dios de modo que siempre sepan lo que l quiere que ellos hagan. Ellos esperan vivir en una alegra constante fuera de la sombra de la cruz. La expresin externa, libre, de emocin religiosa cantando, aplaudiendo, dando gritos entusiastas de alabanza o la oracin en lenguas, se identifican de tal forma en su mente con la oracin en el Espritu que tienen poco aprecio por los valores del silencio y la contemplacin, y casi ningn sentido de profundidad e interioridad. El sentimiento, la emocin y la experiencia ocupan un lugar muy alto en su estima, en detrimento de la fe, contemplacin y servicio.

Retirando gradualmente algunas de las bendiciones ms externas, Dios nos reeduca suavemente sobre lo que es realmente substancial y perdurable en la vida espiritual: amor, fe, humildad, perseverancia, etc.. Amor, no alegra, es su esencia; fe, no experiencia, su fundamento; humildad, no poder espiritual, el escudo que la protege; la perseverancia en todas las vicisitudes es la prueba que profundiza y confirma la misma. El poder carismtico, el gozo, la armona y la experiencia tienen un valor real en promover esta vida, pero cuando stos se buscan como fin o se aprecian como valores dominantes, la deforman e inhiben. Quizs el issue decisivo que est confrontando la Renovacin Carismtica mientras pasa por la transicin de su primer entusiasmo a un modo ms sobrio de existencia, es como se orientar el entusiasmo enfocndolo como un valor primario que debe ser perpetuado desesperadamente por toda clase de energas, o sacando de l incentivo para mayor generosidad o profundidad en la autntica vida del Espritu.

El P. OConnor seala aqu otro punto lgido, y es el peligro de quedarse en un grupo o una comunidad dndole solamente importancia a la vida carismtica, y creer que el crecimiento espiritual avanza basado casi exclusivamente en los carismas extraordinarios.

Cuando as ocurre se denota nuevamente la falta de conocimiento de la accin de la gracia de Dios, sobre todo en no tener clara la diferencia entre la gracia habitual o santificante y las gracias carismticas.

En todos los manuales de Teologa Asctica y Mstica no se nombran para nada los carismas al desarrollar el proceso de la verdadera vida cristiana. Por qu? Por una razn muy contundente: los carismas, o gracias dadas gratis, como se las suele denominar, en relacin al pasaje de Mateo 10,8, no son dadas a los hombres para su santificacin, sino para aprovechamiento de los dems.

Tambin es importante tener claro otro aspecto de ellas: la posesin de estas gracias no depende de las cualidades morales y personales de quien las posee, y se pueden tener an en estado de pecado grave, es decir, habiendo perdido la gracia santificante, o tambin sin tener siquiera la gracia habitual por el bautismo. Veamos este pasaje bblico:

Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espritu Santo cay sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que haban venido con Pedro quedaron atnitos al ver que el don del Espritu Santo haba sido derramado tambin sobre los gentiles, pues les oan hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo: Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a stos que han recibido el Espritu Santo como nosotros? Y mand que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. (Hech. 10,44-48).

Una gran diferencia que hay en las gracias carismticas con respecto a la gracia habitual es que las primeras son transitorias, y obran cuando el Espritu las otorga, mientras que la gracia habitual justamente se caracteriza por su permanencia y crecimiento consiguiente, si no se la pierde por pecado grave.

Volvamos a la utilidad de los carismas; dijimos que son gracias otorgadas a individuos para aprovechamiento de los dems, y no para la salvacin personal. Qu significa esta utilidad para los otros?

A la luz del Antiguo y Nuevo Testamento encontramos que el ejercicio de los carismas tiene dos finalidades bsicas. Primero, es la de evidenciar la presencia y el poder de Dios en medio de su pueblo, a travs de la accin de hombres que utiliza como instrumentos.

Esta es la caracterstica fundamental para realizar efectivamente la evangelizacin primera, al dirigirse a los paganos e incrdulos. As fueron utilizados los carismas por Jess y por los apstoles, y luego a lo largo de la historia de la Iglesia tambin los encontramos de esa manera.

Los hombres son reunidos y fascinados por estas manifestaciones sobrenaturales, y entonces escucharn el mensaje de la salvacin, y podrn llegar a la fe. En esta faceta de utilidad encontramos los carismas de milagros, de liberacin de demonios, de curaciones, y de todo tipo de seales y prodigios extraordinarios.

La segunda utilidad de los carismas se evidencia cuando ya se forma la comunidad, es decir, los convertidos por la predicacin primera con el poder del Espritu se comienzan a reunir para crecer juntos en la vida espiritual, lo que constituye la Iglesia. All los carismas sirven para la edificacin de la comunidad cristiana, en cuanto que apuntalan su desarrollo y su estructura.

Aqu tenemos los carismas de asambleas de oracin, como lenguas, profeca, interpretacin, y los carismas ministeriales, que son los que tienen los evangelizadores y maestros, los pastores, los que gobiernan la Iglesia, etc. (cf. 1 Cor. 12,4-11;27-30).

Queda as clara la utilidad fundamental de los carismas, aunque tambin vale la pena aclarar que el que ejercita determinado carisma, si est en estado de gracia, aunque sea de forma indirecta y como consecuencia de su uso, podr crecer en su gracia santificante, como ocurre por ejemplo con el maestro que ensea a crecer a los dems, dando rienda suelta a su caridad fraterna. Pero, no olvidemos que en sentido estricto el ejercicio de los carismas no santifica a la persona que los posee.

El hecho de no tener clara esta doctrina, como apuntbamos antes, hace que el cristiano carismtico, muchas veces, en lugar de ir transitando por las tres vas de la evolucin mstica que se conocen tradicionalmente, se desve a una va muerta que le provocar desilusin, enfriamiento, y probablemente hasta podr llegar al abandono de la vida espiritual.

El P. Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia en los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, en su libro Renovarse en el Espritu, habla del ejercicio de los carismas, y plantea este tema a partir de las palabras de Jess:

El carisma es una manifestacin, o epifana del Espritu; es un modo parcial, pero autntico, de manifestarse el Espritu. Con esto acabamos de decir algo muy serio; hemos dicho que los carismas, o no estn para nada en una persona o, si lo estn, se destruirn muy pronto, cuando no constituyan la manifestacin espontnea y el reflejo natural del Espritu que llena su corazn y su vida, cuando, en otras palabras, representan algo separado, postizo en la vida de quien los ejercita. Jess nos dice que con los carismas se puede ir a parar hasta el infierno; pues dice: No basta andar dicindome: Seor, Seor! para entrar en el Reino de Dios; no, hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo. Aquel Da muchos me dirn: Seor, Seor; si hemos profetizado en tu nombre (primer carisma!) y echado demonios en tu nombre (segundo carisma!) y hecho muchos milagros en tu nombre (tercer carisma!). Y entonces yo les declarar: Nunca los he conocido, lejos de m los que practican la maldad! (Mt. 7,21-23).

Pero por qu esta gente que profetiza, que expulsa demonios y obra muchos milagros va a escuchar que le digan en el da del juicio Retrense de m? Seal de que esos carismas no eran la manifestacin autntica de una vida guiada por el Espritu de Jess, sino que eran cualquier otra cosa; al mximo eran ostentacin del Espritu. Lo mismo sucede cuando se abusa de los dones de Dios para la propia gloria o utilidad, sin aceptar las austeras exigencias que el Espritu mismo propone y que el Evangelio expone, resumidas en la palabra cruz.

Tenemos que entrar, por consiguiente, en una perspectiva de conversin real, dejando por fin de pensar en los carismas como si fueran hermosos dones que, en determinado momento, gracias a la efusin del Espritu, se llegaron a posar sobre el rbol de nuestra vida. En ese caso sera un rbol de Navidad, no un rbol verdadero. Por lo general, el rbol de Navidad es un rbol de plstico, al que se cuelgan los regalos navideos y se tira a la basura en cuanto son arrancados los regalos una vez que ha pasado la fiesta. Un cristiano que tiene carismas, pero sin que tenga la substancia de una vida moldeada por el Evangelio, se parece a ese rbol de plstico que ya no sirve para nada y que se echa a la basura en cuanto son recibidos sus dones, mientras que algo muy diferente es el cristiano cuya vida es semejante al rbol que crece a la orilla de las corrientes de agua: siempre tendr fruto a su tiempo (cf. Salmo 1,3). Ser capaz de pasar a travs del invierno, o sea, a travs de perodos en que parece no dar ningn fruto y est despojado de todo (pasar por el deshojamiento y la aridez), pero durante la primavera volver a germinar y, ms an, aun cuando sus frutos no se vean, es cuando est produciendo ms.

San Pablo expresa muy bien todo esto cuando afirma que los carismas deben ser la expresin de una vida conforme al Espritu; porque los carismas estn en buenas manos slo en quienes mediante el Espritu, hacen morir las obras de la carne (cf. Rom. 8,13). Esto nos explica por qu tantas personas se han detenido en el camino, despus de un brillante inicio en la Renovacin o, de plano, se echaron para atrs. Sucede con la Renovacin como cuando se enciende fuego en la casa; primero se le aplica fuego a un material que puede encenderse fcilmente, como papel, paja, o ramas secas. Pero en cuanto termina esa primera llamarada, o logr el fuego encender los pedazos grandes de madera y entonces va a durar hasta la maana siguiente calentando toda la casa, o no lo logr, y entonces no sucede absolutamente nada; porque se hizo de un fuego de paja.

En el plano de la Renovacin espiritual, o la llama inicial prende en el corazn y lo transforma de corazn de piedra en corazn de carne, o no llega al corazn, sino que se queda en la periferia y entonces pronto se consume sin dejar huella de l.

Si en nuestros grupos son todava tan escasos los carbones encendidos, a saber, las vidas realmente penetradas por el fuego del Espritu que siguen ardiendo para la Iglesia, la razn est aqu: se debe a que no se le ha permitido al fuego llegar al corazn. No se ha pasado a travs de lo que San Pablo llama circuncisin del corazn (Rom. 2,29).

Debemos tomar ms en serio algunas reglas bsicas de santidad que se observan precisamente en la vida de los santos reconocidos tales por la Iglesia.

El P. Cantalamessa plantea en este pasaje de su libro el mismo tema que estamos trabajando: el escaso nmero de carbones encendidos que se observan en la Renovacin Carismtica, de vidas penetradas por la accin santificadora del Espritu, y plantea que es porque no se ha tomado ms en serio algunas reglas bsicas de santidad que se observan en la vida de los santos, es decir, de las reglas de la doctrina de la Teologa Mstica sobre el desarrollo de la gracia santificante.

Nos podemos preguntar: Se ha hecho esto realmente en la Renovacin Carismtica? Se tiene claro como llevarlo a cabo de una forma prctica y no slo como un conocimiento terico? La respuesta, como ya lo hemos analizado, no puede ser ms que negativa.

Lamentablemente el smil que plantea el P. Cantalamessa de los carismas como adornos de un rbol de navidad de plstico es una realidad que se observa muchsimas veces en la Renovacin Carismtica, donde hay personas que relumbran fugazmente en el firmamento de las comunidades debido al ejercicio de tal o cual carisma extraordinario, y luego ese fuego se apaga, como el fuego de la paja que se encendi fcilmente pero dura poco.

Por eso el reto del crecimiento espiritual es tan fundamental, y debe ser plenamente encarado en la R.C.C.. Es en este punto que justamente encontramos en la Renovacin algo realmente curioso. Desde el principio de su impetuoso surgimiento, como vimos claramente en el captulo segundo, se observ la carencia en la formacin del cristiano adulto, que se quedaba en general solamente con algunas nociones elementales y tericas de su fe, a nivel de su razn humana.

Se modific este enfoque al comenzarse a vivir la experiencia del Espritu Santo, con una enseanza prctica sobre como vivir una fe viva y aplicable a la vida de cada uno. Pero, en la etapa de crecimiento posterior, en general se vuelve a caer en el mismo error. Cuando miramos los programas de formacin y crecimiento en el Espritu Santo, algunos clsicos dentro del habla hispana como los de la comunidad de san Juan Bautista de Coyoacn, Mjico, con sus cursos de Crecimiento 1, 2, 3 y 4, vemos que se incluyen temas muy importantes referentes a la vida espiritual, pero se dan en muy poco tiempo (cada curso en este caso dura ocho semanas) y se avanza casi exclusivamente por la va de dar un conocimiento terico, mientras que en los mismos grupos de oracin la experiencia sigue estando basada casi exclusivamente en la vivencia carismtica.

As al menos es como he visto desarrollar estos cursos en la Argentina, y, por ejemplo, un tema como el de los dones del Espritu Santo, cuya vivencia es absolutamente fundamental para la verdadera vida en el Espritu, tal como vimos en el captulo cuatro, ocupa dos enseanzas, que llevarn a lo sumo de una hora a dos horas cada una. Qu otra cosa se puede hacer en ese tiempo que recibir una nocin terica del significado de cada uno de los dones? Y el descubrimiento de su accin y el ejercicio de cada uno de ellos? Y la forma de llegar a la apertura necesaria para recibirlos a travs de la vivencia de la contemplacin infusa cmo se obtiene?

Podemos seguir as con todos los temas que se dan en general en la Renovacin en la etapa de crecimiento posterior al Seminario de Vida y veremos que implican normalmente un bao de conceptos tericos, pero no encaran una prctica y vivencia metdica como en el caso, por ejemplo, de los carismas y su ejercicio, en los que se abunda tanto en la Renovacin.

Encontramos as que, en general, en la etapa de crecimiento de los grupos de oracin, se repite el mismo error que la Renovacin descubri en la Iglesia en cuanto a la formacin de cristianos adultos. Se carece de una prctica concreta y viva de los medios clsicos que llevan al crecimiento de la gracia santificante, adems de los sacramentos, como la prctica metdica, guiada y creciente de las virtudes cristianas, especialmente de las teologales, fe esperanza y caridad, lo que lleva a crecer la gracia santificante por el mrito de las buenas obras, como ya vimos anteriormente.

Tampoco se produce el crecimiento en la prctica de la oracin, que es el otro medio fundamental para el crecimiento de la gracia. Enseguida el carismtico que lea esto seguramente exclamar: Cmo es eso de que falta prctica de oracin y de su crecimiento, si oramos muchsimo, tanto en los grupos como en forma personal?

Indudablemente esta afirmacin es cierta, pero los que dicen esto se han preguntado cules son los grados de oracin que estn viviendo?

Es casi seguro que no, porque no conocen la doctrina de la Teologa Mstica sobre los grados crecientes de la oracin, tal como lo vemos en La Vida Cristiana Plena, Tercera Parte, Captulo 3, o quizs solamente han ledo algo al respecto pero no lo han relacionado con su experiencia prctica.

Lo que comnmente se tiene claro es lo referido al tipo o clase de oracin, que comprende las oraciones de peticin, de accin de gracias, de alabanza, de adoracin, de intercesin y otras, y no se sabe que cada una de estas clases de oracin tiene una profundidad o grado cada vez mayor.

Es as que encontramos algo que cuando se lo menciona en la Renovacin Carismtica Catlica produce desconcierto primero, cierto escozor despus, y luego muchas veces un rechazo rotundo, con todo tipo de argumentos bastante endebles, que finalmente se resumen en uno: lo que usted me est mencionando no es carismtico.

Y esto es que la oracin que se vive mayoritariamente en la Renovacin Carismtica es una oracin de principiantes en la vida espiritual, ya que no pasa de la meditacin discursiva u oracin libre (segundo grado de oracin) con algunas vivencias sensibles, pertenecientes al tercer grado de la oracin, u oracin afectiva. Y todos los grados que siguen despus, que pertenecen a la experiencia de la contemplacin infusa (al menos cinco grados ms)? Ah, no son carismticos!

Aunque parezca mentira, con esta afirmacin se cierra muchas veces toda posibilidad de profundizar este tema cuando se lo plantea en la Renovacin.

El artculo que estbamos comentando del P. OConnor tambin mencionaba el tema de la oracin, que debe ser tomado en cuenta para avanzar hacia una madurez en la R.C.C., y planteaba el poco crecimiento en la profundidad de la oracin que se encuentra en los grupos y comunidades carismticos:

La expresin externa, libre, de emocin religiosa, cantando, aplaudiendo, dando gritos entusiastas de alabanza, o la oracin en lenguas se identifica de tal forma en su mente con la oracin en el Espritu que tienen poco aprecio por los valores del silencio y la contemplacin y casi ningn sentido de profundidad e interioridad. El sentimiento, la emocin y la experiencia ocupan un lugar muy alto en su estima, en detrimento de la fe, contemplacin y servicio.

Mientras en la Renovacin Carismtica se siga pensando que slo esto es oracin en el Espritu, la oracin quedar estancada y sin crecimiento, y se perder algo fundamental en el camino hacia la verdadera oracin en Espritu y en verdad (Jn. 4,23), que es la apertura a la accin de los dones del Espritu Santo que produce la contemplacin infusa.

Cuando se habla de contemplacin tambin hay confusin, porque se suele denominar as la oracin de silencio, o contemplacin ignaciana, que no es ms que una oracin de meditacin perteneciente al segundo grado de oracin, y no tiene nada que ver con la oracin de contemplacin infusa, que proviene directamente de la accin del Espritu Santo a travs de sus dones intelectuales: inteligencia, ciencia, sabidura y consejo.

Hemos visto as los elementos ms importantes que definen el problema fundamental que hoy subsiste en la Renovacin Carismtica, que es la dificultad para avanzar hacia una santidad crecida y madura, debido al desconocimiento en la prctica del camino tradicional de la gracia santificante que ensea la Teologa Mstica.

Esta ignorancia, no tanto en el aspecto terico, sino en como puede aplicarse en la prctica en la vida espiritual de hombres y mujeres comunes que viven y se desempean en el mundo, produce los obstculos que vimos, y que vamos a resumir ahora.

Por un lado hay una concentracin de esfuerzos, tanto en la evangelizacin como en la enseanza posterior, sobre la experiencia carismtica, sobre el uso y accin de los carismas, olvidndose que por s mismos no son medios de santificacin.

La enseanza en la etapa de crecimiento pasa en general a ser terica, mantenindose la vivencia slo a nivel carismtico, aunque esta se va agotando y se hace rutinaria y sin sorpresas.

Otro inconveniente importante es que muchas veces, cuando las personas entran en una etapa de desierto o noche, donde pierden las experiencias sensibles y llenas de fuego de la primera hora, se diagnostica que se estn volviendo tibias, y, cul es el remedio?: qu vuelvan a hacer un Seminario de Vida para recuperar el primer amor!

De esta manera es seguro que no seguirn ms adelante, adonde el Espritu las quiere llevar, y, para peor, tampoco volvern a tener las vivencias del principio, por lo que muchos que pasan por esta situacin finalmente abandonan la Renovacin.

Otro problema surge del hecho de sobrevalorar el papel de los carismas en la vida espiritual, y el creer que con el bautismo en el Espritu ya se ha vivido la experiencia de Pentecosts, lo que hace caer muchas veces en la presuncin de que ya se ha alcanzado un alto grado de santidad, lo que ser desmentido por la prctica, ya que resurgirn tarde o temprano muchas actitudes de hombre viejo que se crean superadas, lo que producir enojo y desaliento.

En este contexto, la tpica oracin carismtica, bullanguera, con gritos y pura alabanza, llena de emociones fuertes, se ir agotando en s misma, se volver forzada y muy externa, y no permitir avanzar hacia la profundidad interior necesaria para que los flashes de los dones del Espritu Santo comiencen a actuar ms claramente, con el ingreso entonces ala experiencia fundamental de la contemplacin infusa.

La suma de todas estas dificultades y obstculos hace que muchas personas, grupos y comunidades avancen en su vida espiritual por la va muerta, que no les permite ni avanzar ms, ni retroceder para pasar nuevamente por las experiencias del principio, por lo que llega el estancamiento, el desconcierto, el no saber que hacer.

Esta situacin tambin afecta a otro de los fines principales de la Renovacin Carismtica, tal como fue expuesto en el captulo 3, al analizar el cumplimiento de los objetivos y fines de la R.C.C., que implica que la Renovacin no se convierta solamente en un movimiento ms dentro de la Iglesia Catlica.

El mantener fuertemente sus caractersticas carismticas o pentecostales y no avanzar ms por el camino espiritual catlico desarrollado por la Teologa Mstica, bsicamente por desconocimiento o por creer que ya no es relevante ni aplicable para el mundo de hoy, hace que la Renovacin Carismtica quede aislada y tipificada por su experiencia pentecostal, y no se inserte dentro de la amplia espiritualidad catlica tradicional, que, si bien es cierto que hoy tampoco es conocida y vivida en la Iglesia, est all, latente y con todo su potencial intacto, esperando ser despertada.

Y la Renovacin Carismtica ha sido suscitada por el Espritu Santo para producir este despertar a la verdadera vida cristiana!

As lo comprendi la Renovacin desde el principio, pero, por los obstculos que hemos visto, todava no lo ha podido lograr.

Finalizando ya las consideraciones de este captulo, quiero destacar ahora algo muy importante para la comprensin de lo tratado. Todo lo que escrib respecto a estos obstculos y dificultades de la R.C.C. en lograr sus fines y objetivos, no ha sido en absoluto consecuencia de un anlisis y discernimiento de la historia y evolucin de la Renovacin realizado desde un punto de vista intelectual y especulativo.

Las ideas y conclusiones fueron surgiendo de a poco como consecuencia de una experiencia prctica muy especial que me ha tocado vivir, junto a muchos hermanos, desde hace ms de doce aos, en un camino espiritual nuevo, hasta donde yo conozco, en la Renovacin y en la Iglesia misma, al que fuimos entrando sin saber muy bien hacia donde bamos, y sin conocer siquiera lo ms elemental que ensea la Teologa Mstica, ya que ramos carismticos de pura cepa, sin contaminaciones de ninguna clase.

Todo fue surgiendo poco a poco en esos aos, cuando de pronto nos encontramos que estbamos caminando ms all de los rumbos transitados habitualmente en la Renovacin.

El captulo que sigue tratar de describir en qu ha consistido esta experiencia, y cul es su desarrollo hasta el da en que estoy escribiendo este estudio, con el objetivo de darla a conocer lo ms claramente posible.

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