Contempladores

Renovar La Renovacion Carismatica Catlica

Capitulo 2: La Autocomprension De La R.C.C. Desde Sus Comienzos.

Capitulo 1: Que Es La Renovacion Carismatica.
Capitulo 2: La Autocomprension De La R.C.C.Desde Sus Comienzos.
Capitulo 3: Los Objetivos De La R.C.C. Y Su Cumplimiento.
Capitulo 4: Dificultades En La R.C.C. Para El Cumplimiento De Sus Objetivos.
Capitulo 5: La Experiencia De "Profundizacion De La Vida En El Espiritu".
Capitulo 6: Renovar La Renovacion Carismatica Catolica.

Es muy importante ver como desde los inicios de la Renovacin Carismtica Catlica (R.C.C.) se fue autocomprendiendo ella misma, en cuanto a la pregunta fundamental: Para qu fue suscitada por el Espritu Santo la Renovacin Carismtica?

Esto se fue dando gradualmente, ya que al no ser la R.C.C. un movimiento con un fundador determinado, como otros de los movimientos del Espritu actuales, no tuvo objetivos y fundamentos predefinidos por alguien desde el principio, sino que fueron surgiendo aqu y all naturalmente los primeros lderes, que fueron sentando las bases teolgicas y doctrinales para comprender la fisonoma y caractersticas particulares de este fenmeno religioso que haba irrumpido en la Iglesia Catlica y que creca y se expanda con una marcha incontenible.

Vamos a comenzar por remitirnos a las manifestaciones producidas luego de los primeros cuatro o cinco aos desde el surgimiento de la R.C.C. all a principios de 1967, transcribiendo y comentando el pensamiento y las afirmaciones de los primeros lderes del naciente movimiento.

Hitos importantes fueron en estos principios las Conferencias Internacionales realizadas en Estados Unidos, ya que all se fueron definiendo las bases en que se asentaba este nuevo movimiento, y se fueron delineando las caractersticas principales que lo definan.

[ Arriba ]

1) P. Kilian Mc Donnel (1972):

Hay un interesante artculo del P. Kilian McDonnell, O.S.B., titulado Catlicos carismticos redescubrimiento del hambre por Dios y el sentir de su presencia, publicado en la revista Commonweal y traducido al espaol y publicado en el N 1 de la revista Alabar, de agosto de 1972, revista dirigida por el P. Toms Forrest, uno de los pioneros de la R.C.C. en Centroamrica, editada en Puerto Rico y Santo Domingo, y una de las primeras revistas de la R.C.C. en habla hispana.

He aqu algunos puntos salientes de este artculo, con mis comentarios:

Poco antes de morir Thomas Merton sugiri que el Pentecostalismo resume la espiritualidad que ms probablemente funcionar ahora en este pas, por responder a la necesidad de tener una experiencia concreta en nuestra vida de oracin. Por eso mismo es atrayente a la juventud y no solamente a los jvenes- mientras que retenga una estructura suficiente para hacerlo funcionar. Merton, que jugara el papel de profeta solamente de mala gana, estara sorprendido cun admirablemente est funcionando esa espiritualidad y cun rpidamente est creciendo el movimiento. No existen estadsticas confiables del nmero de catlicos Romanos carismticos, como ellos prefieren ser llamados, pero la asistencia a las convenciones nacionales celebradas en Notre Dame indican algo del crecimiento del movimiento.

Desde el ao 1968, las convenciones nacionales se han triplicado en magnitud cada ao. En el 1968 asistieron 100 personas, y en los siguientes dos aos los nmeros aumentaron desde 500 a 1.300. En junio del 1971 ms de 5.000 estuvieron presentes. Un estimado conservador de la asistencia este junio fue entre ocho y diez mil personas. Es muy difcil encontrar un paralelo para un movimiento que todava no tiene seis aos de existencia y atrae un nmero tan grande en representacin nacional e internacional.

Plantea aqu el autor, con cifras concretas, el crecimiento fantstico que ha tenido la R.C.C. en sus primeros cinco aos de existencia, y enfatiza el punto central sobre el que apoya la razn de este crecimiento: responde a la necesidad de tener una experiencia concreta de Dios en la vida de oracin, y esto va unido, como seguir explicando, al hambre de Dios que existe hoy en la humanidad:

En sumo grado el movimiento tiene que ver con el gran hambre por Dios. En 1966, el ao que el movimiento comenz, Charles Davis escribi que perciba un sentir de vaco en la gente, y a la vez un profundo anhelo de Dios. Afirm que hay muchos letrados que hablan de los cambios en la Iglesia, de la nueva teologa y de las dimensiones sociales de la existencia cristiana y sigui preguntando: pero, quin les hablar sencillamente de Dios como de persona a quin se conoce ntimamente, y les har vibrar en la realidad y la presencia de Dios?

El Movimiento Carismtico tiene que ver con el anhelo y ansias de este hambre por Dios y el sentido de su presencia. Es difcil encontrar una palabra ms adecuada para el movimiento que la de presencia. El movimiento ha sido capaz de saciar el hambre pues ha podido demostrar que Dios no solamente est presente, pero s est efectivamente presente y real en el lugar donde nosotros somos reales. Muchos experimentan la realidad y presencia de Dios por primera vez, no como algo indefinido sino como algo real y efectivo.

Los catlicos carismticos estn conscientes de que la orientacin experiencial del movimiento tiene sus peligros latentes. Si pudiera haber una tirana de dogmas abstractos, tambin podra existir una tirana de experiencias religiosas concretas. Salvada esta precaucin, una de las atracciones de esta espiritualidad, como notaba Merton, es su orientacin experimental. Conocer a Dios no por una comprensin teolgica o formulacin doctrinal, pero s conocerlo por experiencia a pesar de cun extrao suene a odos de catlicos- es muy bblico. En ambos Testamentos, Antiguo y Nuevo, la palabra usada por conocimiento no est relacionada con ningn rgano especfico, sino que ms bien significa llegar a saber, en un proceso concreto e histrico, y, an ms precisamente, llegar a saber por experiencia. En el contexto bblico todo conocimiento era adquirido experiencialmente, y el conocimiento que se poda tener de Dios no era una excepcin a esta ley.

Conocer a Dios es experimentarlo. Y el experimentarlo es posible en alabanza en el Movimiento Carismtico.

Una caracterstica saliente de la Renovacin Carismtica Catlica es que puede saciar el hambre de Dios y llenar el sentido de vaco interior que la mayora de las personas experimentan hoy en esta humanidad tan absorta por el materialismo y las sensaciones externas, y esto lo produce bsicamente a partir de la vivencia de la presencia de Dios en la vida y circunstancias concretas de cada individuo. Tambin plantea el autor el peligro latente que implica una mera orientacin experiencial en la R.C.C., es decir, el hecho de quedarse solamente en el nivel de la vivencia, o de buscarla para obtener nuevas emociones y sensaciones, aunque s es importante, y adems es bblico, el hecho de acercarse a Dios primero por una experiencia, antes que por una comprensin intelectual.

Por lo tanto el enfoque correcto que plantea el autor es ir ms all de la experiencia, y define ms adelante que el camino carismtico es esencialmente una espiritualidad. De all propondr una definicin en trminos teolgicos del movimiento carismtico:

Aunque algunos carismticos lo objetaran, el camino carismtico es esencialmente una espiritualidad. Una verdadera espiritualidad tiene que comprender la totalidad del misterio Cristiano, aunque en s d ms nfasis a ciertos aspectos. El enfoque de la espiritualidad carismtica podra describirse como la plenitud de la vida en el Espritu Santo y el ejercicio de los dones del Espritu, siendo ambos orientados a proclamar que Jess es Seor para la Gloria de Dios. En trminos teolgicos esto es el Movimiento Carismtico.

Aqu ya aparece una caracterstica distintiva de la R.C.C. que nunca debera perderse de vista: la experiencia carismtica no est dirigida especficamente al uso y ejercicio de los dones y carismas extraordinarios, sino a obtener la plenitud de la vida en el Espritu Santo. En esta frase prcticamente se engloban las definiciones que da el Concilio Vaticano II sobre la santidad; en la Constitucin Lumen Gentium, en el N 40, que trata sobre la vocacin universal a la santidad en la Iglesia, dice: Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condicin, estn llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfeccin de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida ms humano incluso en la sociedad terrena.

Plenitud de la vida cristiana y perfeccin de la caridad, como dos aspectos complementarios de lo que significa la santidad en las almas, estaran englobados en el trmino plenitud de la vida en el Espritu Santo, ya que el Espritu es esencialmente el amor de Dios derramado en nuestros corazones (Rm. 5,5).

Encontramos as, desde el principio en la R.C.C. una autocomprensin fundamental de su sentido: ha sido suscitada por el Espritu Santo para ayudar al cristiano en la bsqueda de la santidad.

De este concepto se deriva tambin la comprensin del alcance de lo que significa la experiencia central de la R.C.C., es decir, la efusin o bautismo en el Espritu:

En el movimiento, el acto de entrega total a travs del que uno se asocia al mismo, que se llama el bautismo en el Espritu, es una experiencia muy difcil de explicar a otros, precisamente por ser una experiencia. El que est afuera, como yo mismo, juzgara que ciertos cristianos, por haberse abierto a la accin del Espritu Santo de un modo especial, experimentan la actividad de l en sus vidas, en una nueva dimensin. El Espritu que ha estado presente ya desde el bautismo sacramental, ahora, por la nueva liberacin, llega a obrar en una nueva profundidad, viviendo y reinando interiormente. Muchos estn atrados por la interioridad que implica este andar en el Espritu.

Aunque el bautismo en el Espritu juegue un papel importante en la actitud de compromiso, hay una tendencia en el movimiento de despreocupacin del bautismo como un momento especfico. Lo que importa no es el hecho de haber tenido la experiencia, sino si uno est viviendo y andando en el Espritu. La actual relacin viva es lo que importa, no la experiencia aislada. Ms bien hay que ver el bautismo en el Espritu no como el momento en que uno recibe algo, sino como el medio de entrar en una nueva relacin con el Espritu Santo, para oir el Evangelio con una nueva sensibilidad y orientar su vida ms claramente hacia Cristo. El nfasis es, entonces, menos en el bautismo en el Espritu y s ms en el mensaje bsico del cristiano y la conversin a Cristo.

No hay que centrar a la R.C.C. en el bautismo en el Espritu, como si la vivencia de esa experiencia fuerte fuera un fin en s misma, y marcara una gran diferencia entre los que la han tenido y los que no, sino que hay que ver que el bautismo en el Espritu es un medio por el cual se ingresa a una nueva relacin con el Espritu Santo, que permitir orientar la propia vida hacia una profunda conversin a Cristo.

De aqu surge ya claramente una diferente orientacin del llamado pentecostalismo catlico con respecto a los pentecostales protestantes:

Steve Clark ha notado que la comunidad de Ann Harbor de 400 personas (que se ha duplicado cada ao en los ltimos dos) ha llegado a ser menos Pentecostal y ms Cristiana. Temprano en su historia los miembros solan ser llamados Pentecostales y la comunidad fue uno de los sitios donde se poda ir para averiguar lo de las lenguas, de la profeca y el bautismo en el Espritu. Hoy en da estos elementos son comunes todava en la comunidad, pero ahora aparece que la comunidad est ms atenta al desarrollo del proceso de vivir en el Espritu. La orientacin es ms Trinitaria, y se discute menos sobre las lenguas, las profecas y el bautismo en el Espritu, y ms frecuentemente se refieren a s mismos como Cristianos ms bien que como Pentecostales o Carismticos. Por lo tanto existe un proceso de integracin en el cual la dimensin carismtica es ms fuerte y consistente, pero tambin mejor integrada en la totalidad de la vida cristiana.

Se va comprendiendo que la componente carismtica del movimiento, si bien importante, no es lo fundamental, sino lo que interesa es integrar la fuerza de la apertura al Espritu Santo que produce la experiencia de la efusin en el Espritu en la totalidad de la vida y espiritualidad cristiana, para avanzar, como se deca ms arriba, hacia una verdadera conversin que lleve a cumplir la vocacin a la santidad de todos los fieles catlicos.

Luego el autor describe otro de los componentes destacados que redescubre la Renovacin: el sentido de comunidad:

Una fuerza mayor del movimiento Catlico es el sentido de comunidad y la manera en que la comunidad ha encontrado unas estructuras flexibles. Tal desarrollo no se encuentra en forma comparable en el movimiento carismtico dentro de las histricas iglesias Protestantes. Ralph Martn dice que el inters carismtico por la comunidad no es una expresin de estar juntos, sino la manifestacin del cuerpo de Jess por los que desean andar en el Espritu, habindose arrepentido de sus pecados y proclamado que Jess es el Seor. El nfasis no es el haber recibido el bautismo, sino en el crecimiento y vida en comunidad de los que viven la vida del Espritu. As se evitan los peligros de una piedad individualista y se provee el sostn sin el cual muchos no perseveraran. Hay una profunda conviccin en el movimiento Catlico que se necesita ms que llevar a la gente a una experiencia carismtica y luego dejarla flotando en el aire. Si el designio es crecer en el Espritu ms que tener una experiencia aislada, entonces, dice Ralph Martn, tiene que haber alguna actualizacin de la relacin entre la vivencia en la plenitud del Espritu y la vivencia de una vida en comunidad.

En la visin de uno de los lderes de la primera hora de la R.C.C., Ralph Martn, as como antes se cit a otro de ellos, Steve Clark, aparece una de las dimensiones fundamentales de la Renovacin: la experiencia de pertenencia a una comunidad.

La integracin a una comunidad o grupo de personas, a una porcin del Cuerpo Mstico de Jesucristo, evita por un lado el peligro latente de caer en una piedad demasiado individualista y cerrada en s misma, pero fundamentalmente busca salvar el desafo ms grande, a mi juicio, que encuentra la Renovacin desde sus mismos inicios: como llevar a las personas que viven la experiencia carismtica inicial, el bautismo en el Espritu, hacia un crecimiento en la verdadera y plena vida cristiana, sin dejarlos flotando en el aire, como bien expresa Ralph Martn aqu.

La gua, la enseanza y el testimonio de los cristianos ms crecidos en la comunidad es la que debe ir garantizando un crecimiento sano y sin desvos de la persona que ha abierto su vida a la accin del Espritu Santo y se encuentra deseosa y llena de fervor para buscar avanzar mucho ms.

A continuacin el P. Mc Donnell desarrolla otra de las caractersticas que se fueron vislumbrando desde el principio en la R.C.C.: la evangelizacin y la proclamacin del primer anuncio cristiano:

El nfasis de los carismticos en una primera evangelizacin est ayudando a un extraordinario crecimiento. La evangelizacin bsica es ese proceso religioso por el cual de un modo incipiente nos orienta hacia el seoro de Jess y nos lleva al umbral del Reino.

James Byrne, Ralph Martn y otros dicen que la renovacin (en la Iglesia, despus del Concilio) fall por haber supuesto que el kerygma el mensaje cristiano bsico- haba sido efectivo y adecuado, y aceptado por los fieles. Estos hombres seriamente se preguntan si muchos cristianos han realmente entendido y aceptado los primeros principios del mensaje cristiano en unin con sus exigencias en trminos de vivir bajo el seoro de Jesucristo y el andar en el Espritu.

Cuando Byrne y Martn se comprometen a dar la evangelizacin primaria, ellos presentan el mensaje en una forma directa y personal. Dios no es alguien a quien conocemos en lo abstracto, sino es alguien con quien nos encontramos, alguien que nos ama y alguien que desea establecer una relacin personal con nosotros para llevarnos a una vida mejor. Hay algo injusto y errneo en el hombre y en la sociedad que el hombre por s mismo no puede resolver, y por lo tanto Dios envi a su Hijo para romper lo demonaco en nosotros y en el mundo, y para dar una nueva vida a los que se arrepienten. Aceptar a Jess como la nueva vida de resurreccin es proclamarlo su Seor. Nadie puede proclamar que Jess es el Seor si no es por el influjo del Espritu Santo. Recibir al Espritu con sinceridad es ser una nueva persona. Nadie puede recibir la plenitud del Espritu y vivir esa plenitud sin ser transformado. Andar en el Espritu es crecer en Cristo.

La catequesis bsica es notablemente cristocntrica y no es una exagerada doctrina del Espritu Santo. James Byrne dice que si deseamos oir la palabra de Dios, tenemos que escuchar a Jess. Si deseamos ver a Dios, tenemos que mirar a Jess. Si deseamos conocer a Dios, tenemos que encontrarnos con l por Jess. Se trata de llevar la gente a Cristo de una manera efectiva. Lo que preguntan los carismticos no es si los catlicos han vivido una experiencia de conversin, sino si han sido convertidos a Cristo.

El liderato nacional est convencido de que no debemos suponer que los cristianos se hayan apropiado de este mensaje bsico. Un lder nacional dice que nadie debe asumir que los jvenes, an seminaristas, poseen la fe bsica. Conozco seminaristas que no aceptan el seoro de Cristo. Cmo pueden ser stos candidatos al sacerdocio? Sin embargo la renovacin post-conciliar supona que el mensaje bsico haba sido escuchado y aceptado, y lo nico que quedaba por hacer era construir una reforma litrgica sobre esa base, re-estructurando las instituciones eclesisticas, el entorno social y el conocimiento poltico. Esto, dicen los catlicos carismticos, es construir sobre una base que no existe. Y an ms, la totalidad del sistema parroquial y los que estn preparados para servir en l, dan por sentado que estn sirviendo a los que ya han odo y recibido el mensaje cristiano. Pero como el mensaje fundamental nunca ha sido predicado efectivamente, y nunca ha sido aceptado personalmente, entonces ambos, el sistema parroquial y los sacerdotes y religiosas preparados para trabajar dentro de este marco, estarn obviamente desorientados.

Realmente, juzgando por los programas de la Conferencia Nacional de los lderes en Ann Harbor y los de la Convencin Nacional en Notre Dame, es obvio que ellos estn basados en la suposicin que muchos del movimiento carismtico no han odo el kerygma bsico presentado en forma efectiva.

Por comparacin con la experiencia que va desarrollando la Renovacin, se va teniendo clara una de las grandes dificultades en la Iglesia Catlica: el llevar a las personas el primer mensaje cristiano, lo que en la poca apostlica se conoca como el kerygma.

Al no existir en general en los catlicos una experiencia viva de Dios, lo que no produce una aceptacin del Seoro de Cristo en sus vidas y una verdadera y sincera bsqueda de la conversin personal a travs de la apertura a la accin poderosa del Espritu Santo, las reformas propuestas por el Concilio Vaticano II en la vida litrgica y en las instituciones eclesisticas no tienen la base que se asume que poseen.

De esta visin, que ser cada vez ms clara en la Renovacin, surgir una definicin clsica de la misin de la R.C.C.: debe ir y evangelizar a los bautizados. Ese mensaje bsico del cristianismo es el que se transmite en la R.C.C. a travs de los Seminarios de Vida en el Espritu y en la vivencia de oracin en los grupos y comunidades. Pero tampoco es suficiente dar el anuncio kerygmtico, ya que luego hay que acompaar a ese cristiano abierto a la accin del Espritu a un crecimiento verdadero, por lo que se necesita avanzar en una base doctrinal slida, que constituye el paso ulterior de la catequesis:

Los carismticos estn tratando de no echarse atrs en construir un cimiento de doctrina slida an para ellos mismos, en los trminos de una enseanza fundamental: el significado de la salvacin, el pecado, Cristo como el Seor, el Reino de Dios, lo demonaco, andando en el Espritu, la oracin, la Eucarista como una celebracin comunitaria de la resurreccin, la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, la comunidad, el servicio a los dems. Estas reas se tratan no como en una clase de teologa sistemtica, sino en proclamacin que extrae fe y compromiso. Donde falte este nfasis en una evangelizacin fundamental y una fuerte base bblica y teolgica, all habr una corta explosin de entusiasmo, pero no habr un crecimiento permanente. Una serie de medios de enseanza se ha ido desarrollando, desde unas cortas charlas para curiosos hasta un curso introductorio de siete semanas llamado Seminarios de Vida en el Espritu para los ms avanzados, hasta Seminarios de Crecimiento de doce semanas para los que ya estn comprometidos en el movimiento pero todava necesitan ms enseanza. stos tampoco son exposiciones puramente teolgicas, sino una proclamacin bblica en lenguaje sencillo, personal y directo, a menudo dados por un laico. Y esto es, igual que la proclamacin neo-testamentaria, una invitacin a decir que Jess es el Seor para gloria de Dios Padre. En las asambleas grandes y comunidades mayores usualmente encontramos recursos humanos, pero en muchas de las asambleas pequeas existe escasez de maestros. Tambin en estos grupos pequeos los programas de formacin son menos ambiciosos.

El carismtico no encuentra, en general, en las formas actuales de la Iglesia, la enseanza que necesita para la nueva vida que en l se est haciendo pujante, y por eso dentro de la R.C.C. se han tenido que ir desarrollando bases para una formacin y enseanza que acompaen ese caminar en el Espritu. Una caracterstica muy importante es el redescubrimiento de la lectura y estudio de la Biblia, acompaado por una formacin doctrinal y teolgica que evita cualquier posible cada en cierto fundamentalismo y encauza la interpretacin de la Escritura segn las firmas bases catlicas.

Tambin es de destacar la aparicin de muchos lderes laicos en la Renovacin, muchos de los cuales se han ido convirtiendo, por su estudio unido a su experiencia prctica, en verdaderos maestros, lo que implica un carisma comunitario muy valioso, que a veces lamentablemente falta en los grupos de oracin ms pequeos.

Otra caracterstica que se va delineando con fuerza en la R.C.C. en esos primeros aos es que la Renovacin no est destinada en s misma a ser un movimiento ms dentro de la Iglesia:

No hay nada moderado en la meta del movimiento carismtico. Bert Ghezzi, George Martn y Kevin Ranaghan han declarado que la meta del movimiento carismtico es comparable a la meta del movimiento litrgico. Ghezzi escribi: El movimiento Pentecostal puede dejar de existir cuando todo el mundo en la Iglesia est llevando una vida plena en el Espritu... La Iglesia universal se ha apropiado de la renovacin litrgica que, hace solamente una dcada, fue el inters de unos pocos entusiastas. El movimiento litrgico ya no es un movimiento aislado dentro de la Iglesia, por el hecho que la Iglesia ha experimentado una renovacin litrgica. La meta del movimiento carismtico no es llevar al movimiento dentro de la Iglesia donde ser tolerado. Ms bien su fin es lograr una Iglesia carismticamente renovada que ya no necesite un movimiento separado.

Con derecho podramos tener reservas sobre ciertos aspectos del movimiento, pero desde una perspectiva teolgica ser difcil culpar a un movimiento que se define, y actualmente desea para toda la Iglesia, como la plenitud de la vida en el Espritu Santo, el ejercicio de los dones del Espritu, dirigido hacia la proclamacin de que Jess es el Seor, para la gloria de Dios Padre. Esto es una teologa bastante Trinitaria y difcilmente se pudiera excluir ninguna de stas dimensiones de una eclesiologa viable,

Lo que se va percibiendo es que la influencia de la R.C.C. debe ir impregnando todo el cuerpo de la Iglesia, renovndola desde dentro, lo que implicar abarcar todos los aspectos teolgicos y doctrinales que hacen a una verdadera eclesiologa catlica. Por lo tanto es de esperar que un da la Renovacin Carismtica como tal desaparecer de la Iglesia Catlica, habiendo cumplido entonces la misin a la que es llamada por el Espritu Santo que la ha suscitado en este tiempo tan especial de la historia.

Justamente para cumplir con este propsito es que la R.C.C. debe insertar su espiritualidad dentro del corazn de la espiritualidad catlica:

Adems, hay cierto dualismo incipiente en algunas de las expresiones carismticas. A pesar de un acuerdo general entre los catlicos de que no es necesario hablar en lenguas para poder estar viviendo la plenitud de la vida del Espritu, algunos que mantienen esta doctrina ensean que si uno no ha hablado en lenguas, no ha llegado a la plenitud. El Padre Edward OConnor se pronunci fuertemente, como siempre lo hace, en contra de este punto de vista. El copiar al Pentecostalismo clsico tipificado por las antiguas iglesias pentecostales- y a los Carismticos protestantes, ha sido excesiva y demasiado liberalmente aceptado, a veces en aquellas reas donde los carismticos clsicos, y los que han sido influenciados por ellos, son sealadamente dbiles en lo que hace a la exgesis y la teologa sistemtica. Antes que sea tarde, los Catlicos Carismticos tienen que reconsiderar la espiritualidad carismtica dentro del amplio cuadro de la tradicin catlica.

Se plantea aqu, al final del artculo del P. Mc Donnell, el peligro de un cierto dualismo, que implica tomar en la R.C.C. los elementos de las bases teolgicas de los Pentecostales clsicos, en desmedro de la exgesis y teologa catlicas, o dejar que estas interpretaciones tengan una influencia importante en la Renovacin, lo que sin duda ocurri en los primeros tiempos de la misma.

Nunca ser nunca suficiente insistir en la necesidad que la espiritualidad carismtica catlica se nutra e integre en la riqusima Tradicin de la oracin y la teologa del crecimiento espiritual desarrollados en tantos siglos de vida de la Iglesia, ya que en definitiva no hay nada nuevo en la experiencia carismtica, sino que es lo ms viejo que existe en la Iglesia, ya que forma parte de la experiencia inicial de los primeros cristianos, a partir de Pentecosts. Que esto se haya ido perdiendo en la Iglesia de nuestros tiempos, es otro tema, que no quita que esta nueva experiencia del Espritu Santo se deba insertar firmemente en la multifactica espiritualidad de la Iglesia Catlica.

He aqu entonces la sntesis de este valioso artculo, donde ya encontramos reflejadas algunas de las grandes lneas directrices que irn llevando a la comprensin del fin y de la misin de la Renovacin Carismtica Catlica.

[ Arriba ]

2) Kevin Ranaghan (1972):

Sigamos avanzando en el anlisis de las expresiones de los primeros tiempos de la R.C.C. Del dos al cuatro de junio de 1972 se realiz en Notre Dame, Indiana, la sexta Asamblea de la Renovacin. El da sbado tres por la maana se escuch una reflexin de Kevin Ranaghan sobre el impacto de la Renovacin Carismtica en la Iglesia, reportada as en el N 1 de la revista Alabar:

Kevin pidi a la asamblea que dejen al Seor ser el Seor, y albenlo por lo que l est haciendo entre toda su gente... a pesar de las divisiones de las distintas denominaciones, de las barreras raciales y culturales, de las lneas sociales y econmicas. Pero dijo que el xito de la Renovacin Carismtica depende de nuestro esfuerzo arduo y consistente para integrar los buenos frutos de la Renovacin Carismtica con la vida de toda la Iglesia.

El principal objetivo de la conferencia, dijo l, era entender que la Renovacin Carismtica es un movimiento por parte de Dios para renovar toda la Iglesia, carismticamente, especialmente en las reas de la fe viva en Jess, la adoracin y en los dones y ministerios del Espritu Santo. Y finaliz con una peticin: Debemos insistir entre nosotros mismos y con toda la Iglesia que el hecho de ser bautizados en el Espritu Santo, y el ejercicio de los dones espirituales, no son slo algo nuestro o nuestro tesoro, o simplemente otra cosa que est sucediendo en la Iglesia de hoy que tiene que ser tolerada junto con todo lo dems. El Seor no quiere que su Espritu sea tolerado junto con todo lo dems. El Seor no quiere que su espritu sea tolerado; el Seor quiere que su Espritu sea aceptado, y que incluya a toda su gente... No podemos permitir que la Renovacin Carismtica se convierta en otra actividad buena u otra devocin piadosa en la Iglesia. No podemos conformarnos con permanecer aislados por la tolerancia; ms bien tenemos que dedicar nuestras vidas para la total aceptacin y participacin de todos los catlicos en la Iglesia del seor espiritualmente renovada.

Aqu Kevin Ranaghan, uno de los que formaron parte, junto a su esposa, de las primeras experiencias del bautismo en el Espritu (ver Captulo 1) se refiere al papel que deber desempear la Renovacin Carismtica en la renovacin de la Iglesia toda, no debiendo para nada quedarse solamente en ser un movimiento ms tolerado junto a otros movimientos. Como vemos, este pensamiento fue impregnando cada vez ms la comprensin que de s misma fue haciendo la renovacin a travs de sus primeros lderes.

[ Arriba ]

3) Obispo Joseph Vath (1972):

Ya desde esta primer poca este aspecto de la misin de la Renovacin Carismtica discernido por sus lderes fue tomado en cuenta dentro de la misma Iglesia. En el N 2 de la revista Alabar, de octubre-noviembre de 1972, se reproduce una carta pastoral de un obispo de Estados Unidos:

En mircoles de ceniza, 1972, el Obispo Joseph Vath, de Birmingham, Alabama, envi una carta pastoral en oracin a su dicesis. En su exposicin l toc el significado de la Renovacin Carismtica para la Iglesia: Finalmente, vengo a considerar esos grupos de cristianos que han comenzado a reunirse para orar juntos en el Espritu Santo. Me ha parecido providencial que cuando tanta gente encontr confusin y frustracin en todos los cambios de nuestra Iglesia y nuestro mundo, cuando muchos cristianos estaban perdiendo contacto personal con Dios como resultado de los trabajos de la liturgia, el cambio en la msica, los laicos cerca del altar, etc., el Espritu Santo pareci llamar y unir algunos para compartir una oracin comunitaria. Grupos empezaron a leer las Sagradas Escrituras y ofrecer alabanza, adoracin y accin de gracias a Dios. Comenzaron a orar seriamente unos por otros, por sacerdotes, hermanitas y laicos. Empezaron a sentir deseos de tener un conocimiento ms profundo del Espritu Santo, la Palabra de Dios y de la vida de oracin de la Iglesia. As que estos grupos, que han sido humildemente fieles a la Palabra de Dios han venido a la fe de Jesucristo, como seor su entera vida de oracin vital, viviente, vibrante y confortante. Todos los que han sido vitalizados por la presencia del Espritu se encuentran ahora en paz con Dios, unos con otros, y con la Iglesia. stos, tambin encuentran gran placer en la celebracin de la nueva liturgia porque llevan a ella una Fe viva y llena de devocin y amor.

Ahora le pido a estos grupos de oracin en nuestra Dicesis que comiencen una incesante corriente de oracin a Dios por la renovacin de nuestra Dicesis. Yo pido que cada grupo de oracin recuerde en sus reuniones la gran necesidad del aliento del Espritu de Dios sobre sus obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de nuestra Dicesis, que nos convirtamos uno en Espritu. Yo estoy confiado que cuando obispos, sacerdotes y religiosos, todos juntos con el pueblo de Dios, unidos en oracin de alabanza, adoracin y accin de gracias a Dios, seremos testigos del Nuevo Pentecosts del cual el Papa Juan habl antes del Segundo Concilio Vaticano.

El Obispo Vath escribe en una poca que transcurre, no hay que olvidar, durante los primeros aos posteriores al Concilio Vaticano II, donde los numerosos cambios, en especial en la liturgia de la Iglesia, desconcertaban a muchos fieles catlicos. Valoriza mucho el deseo que nace entre los carismticos por la lectura de la Biblia, por conocer ms la Persona y la accin del Espritu Santo, y por la vida de oracin.

Es tambin interesante como el obispo pide la intercesin de los grupos carismticos de su Dicesis, y se confa a ella, para que renueve a la Iglesia, a sus obispos, sacerdotes religiosos y laicos, para que algn da todos juntos puedan unirse en oracin de alabanza, adoracin y accin de gracias a Dios. Ese da, concluye el obispo Vath, se podr ser testigos del Nuevo Pentecosts clamado por el Papa Juan XXIII al convocar el Concilio en el ao 1961.

[ Arriba ]

4) Bert Ghezzi (1972):

Tambin en este N 2 de la revista Alabar se reproduce un artculo de Bert Ghezzi titulado Formacin espiritual de adultos a la manera pentecostal. El autor aborda aqu con mucho detalle uno de los temas que ya vimos que surgieron desde los inicios de la R.C.C. ante la necesidad que tienen aquellos catlicos que han vivido la experiencia carismtica, de recibir una formacin que contemple la nueva situacin espiritual que viven. Vamos a comentar algunos aspectos salientes de este artculo:

La mayora de los catlicos norteamericanos no reciben ninguna clase de formacin adulta fuera de los sermones dominicales. Muy a menudo, a los programas orientados hacia los adultos que ofrecen algunas parroquias slo se ve asistir a los mismos Pilares de la Iglesia. Los catlicos que ocasionalmente asisten a conferencias o grupos de discusin recogen alguna informacin de valor, pero raramente es lo suficiente para transformar sus vidas. Los que aparentan recibir mayor instruccin adulta son los catequistas. Sin embargo, frecuentemente, la informacin y metodologa que adquieren no los ayuda mucho en su vida de cristianos. An esos catlicos que se han mantenido informados de todo pronunciamiento desde el Vaticano II no han encontrado respuestas a la mayora de las preguntas que dan vueltas en su mente diariamente. En resumen, muchos catlicos adultos no estn haciendo nada para mejorar sus ideas religiosas infantiles, ni tampoco reciben mucha ayuda cuando quieren hacerlo.

El movimiento Pentecostal Catlico aparenta haber encontrado soluciones a dos de los problemas ms grandes en la formacin de adultos. Uno es conseguir que los adultos reconozcan su necesidad de formacin; el otro es proveerles enseanza catlica que les ayude a vivir como cristianos. En estas dos reas la Renovacin Carismtica est teniendo tanto xito que debe atraer la atencin de los programas de formacin religiosa.

Aqu se plantea crudamente la situacin de la mayora de los catlicos tradicionales en la Iglesia de hoy: los fieles adultos no reciben prcticamente ninguna formacin fuera de los sermones dominicales. Y esto, que ya es de por s muy poco, se agrava por el hecho que una buena parte de los bautizados practicantes ni siquiera acuden regularmente a la misa del domingo. Por lo tanto, encontramos un panorama bastante desalentador, en el cual, como bien dice el autor del artculo, son muchos los fieles catlicos que se quedan con sus ideas infantiles sobre Dios y la religin, producto de alguna lejana catequesis preparatoria de la primera comunin o de la confirmacin.

Por eso ocurre que en la Renovacin, al vivirse de una u otra manera una primera experiencia de Dios en los adultos, aparecen con claridad dos elementos que el catlico por tradicin no se plantea normalmente: primero, el reconocer la necesidad de una formacin, y, segundo, el poder recibirla.

Es as que, entonces, se abri desde los primeros tiempos de la R.C.C. un nuevo e inmenso panorama en lo que haca a una formacin de adultos renovada, distinta de la existente, adecuada a la nueva exigencia de aquellas personas que se encontraban de pronto frente a la experiencia del Espritu Santo que irrumpa en sus vidas como un viento impetuoso. Por lo tanto, as como fue arrollador el avance de la experiencia carismtica, con el continuo surgimiento de nuevos grupos de oracin y comunidades, tambin lo fue el avance de la formacin renovada en dichos grupos.

El autor distingue tres aspectos importantes que, a su juicio, cimientan el xito de los programas de formacin de la Renovacin:

Qu explicacin hay para el xito del programa de formacin de adultos del movimiento pentecostal? Hay varias razones, pero quiero enfatizar tres:

1) El avivamiento carismtico inicia a los individuos en una experiencia de vida espiritual, antes de darle informacin.

2) El avivamiento carismtico incorpora a los individuos a una comunidad que vive la vida del Espritu.

3) El avivamiento carismtico est fundamentado en la buena nueva de Cristo.

Estos tres aspectos principales sobre los cuales se basa la formacin en la R.C.C. van a ser desarrollados en detalle por Bert Ghezzi.

Veamos el primer punto, es decir, una formacin que comienza por la experiencia de la vida espiritual antes que por la informacin:

Los pentecostales catlicos han comenzado a apreciar la diferencia entre las clases de enseanza necesarias para llegar a una madurez cristiana. Por ejemplo, la gente necesita instruccin bsica sobre como vivir como cristianos, necesitan exhortacin, y necesitan explicacin de doctrinas. Pero todo esto tiene un valor limitado si quien lo escucha no est viviendo la vida del Espritu. Una razn para la efectividad del avivamiento carismtico es su comprensin de que la gente necesita ser iniciada en una experiencia de vida en el Espritu antes de que les pueda ser de provecho cualquier otra clase de formacin cristiana.

Generalmente los responsables de la formacin religiosa asumen que, porque los catlicos adultos estn unidos a Cristo por el Bautismo y han recibido el Espritu Santo en la Confirmacin, estn viviendo la vida espiritual. Esto est presupuesto en casi todas las homilas dominicales, grupos de discusin, salones de clase de las universidades y seminarios, y en publicaciones. Sin embargo, es un hecho frecuente que catlicos adultos que ciertamente recibieron la vida del Espritu sacramentalmente, no la han desarrollado. Son demasiados los catlicos que nunca han tenido una experiencia personal del amor que Dios les tiene. No estn conscientes de que Dios es una Persona que les ama, y no esperan que l acte en sus vidas.

Para muchos de nosotros la fe es solamente una aceptacin intelectual de una serie de doctrinas y obediencia a una serie de reglas. Cuando nuestra definicin de fe es tan estrecha, cuando solamente la entendemos como acto del intelecto, estamos en peligro de nunca llegar a una plenitud de vida cristiana.

El punto clave es que a la gente que se envuelve en el avivamiento carismtico se les hace ver que Dios es una persona a quien pueden llegar a conocer. Los participantes ponen una fe viva en Dios y esperan que l acte para ellos. En vez de ofrecer instruccin en cuestiones sociales o teolgicas, los crculos de oracin instruyen a la gente en como experimentar a Dios. Ensean a los catlicos adultos a pedir al Seor que renueve en ellos su bautismo y confirmacin. Les ensean a esperar del Seor una experiencia personal interior de su presencia y amor por ellos. Como resultado, muchos catlicos empiezan a revivir la vida en el Espritu que ellos no desarrollaron por aos.

Entonces, la diferencia entre la forma ordinaria de abordar la formacin religiosa de adultos y la del avivamiento carismtico es la de diferenciar entre informar gente e iniciarlas.

Generalmente la formacin religiosa ofrece a los adultos toda clase de informacin sobre el aborto, la ecologa, informacin sobre cuestiones teolgicas tales como la infalibilidad o la Resurreccin. Informacin acerca de cmo realizarse como persona, y as sucesivamente. No quiero cuestionar el valor de esta clase de conocimiento. Pero estoy convencido que esta informacin no es de mucho valor para quien no vive la vida en el Espritu. Por el contrario, el avivamiento carismtico ayuda a la gente primero a tener una experiencia de la vida con Dios y entonces les provee instrucciones que les ayude a crecer y aprender.

En esta parte del artculo se pone de relieve uno de los problemas bsicos que enfrente hoy la Iglesia Catlica: se da por asumido que el cristiano que ha recibido el bautismo, y eventualmente la confirmacin, ya vive, se podra decir en forma automtica, la vida espiritual.

As, en todas las homilas dominicales, enseanzas y dems esquemas de formacin y crecimiento de la vida espiritual se cree que el bautizado posee una vida interior, en el sentido religioso de la misma, pero en la prctica no es as, ya que nunca tuvo la experiencia personal de conocer a las Personas de la Santsima Trinidad y de experimentar su amor y misericordia.

Por lo tanto, al partir de una base que es casi inexistente, todo lo que se intenta construir no tiene fundamento y se desmorona como un castillo de arena.

Resulta as que la novedad en la enseanza en la R.C.C. consiste en que primero se busca guiar a la persona en la vivencia personal de Dios, para luego s llevarla a un conocimiento mucho ms vivo desde el punto de vista doctrinal y teolgico, sobre la base de una apertura de mente y corazn a la accin del Espritu Santo.

El segundo punto tiene que ver con otro elemento muy importante en la Renovacin, que es la incorporacin a una comunidad:

Uno de los sucesos significativos del avivamiento carismtico ha sido el desarrollo de comunidades tales como la de Grand Rapids (Michigan). Por comunidad me refiero a grupos cuya razn de reunirse es ms profunda que la de intereses en comn, o las diversiones. Comunidad cristiana es aquella en la cual las personas estn unidas porque comparten una vida en el Espritu. Se rene como respuesta a la presencia y el amor de Dios en la vida de sus miembros.

Cuando la gente encuentra un grupo de hombres y mujeres que estn entregando sus vidas a Dios y a los dems, entonces ven y oyen que el cristianismo es ms que meras palabras. Experimentan personalmente que el cristianismo es vida. A mi juicio esta es la mejor forma de formar adultos...

La mayor parte de la formacin religiosa que se ofrece a los adultos no se ofrece en el contexto de una comunidad cristiana. A menudo, como resultado, se les ensea cosas que raras veces han visto en la prctica... El punto clave es que la mayora de la formacin religiosa para adultos que se ofrece consiste en darles instruccin sobre algo que ellos nunca han experimentado. La efectividad de la enseanza en el avivamiento pentecostal estriba, en parte, en que la gente aprende lo que es la vida cristiana incorporndose a una comunidad que la viva.

Una consecuencia casi inmediata de la experiencia del Espritu Santo tal como se vive en la Renovacin fue la aparicin, o, mejor dicho, la reaparicin, entre los cristianos, de la vivencia de la comunidad.

En la comunidad se unen y renen hombres y mujeres para compartir una vida en el Espritu y crecer juntos en lo espiritual, y aunque esto no siempre signifique estar juntos permanentemente, puede suceder tambin, tal como se da en las llamadas comunidades de vida.

La comunidad pasa a ser parte fundamental en el aprendizaje de la verdadera vida cristiana para aquellos que se incorporan a ella, ya que all se trata de vivir lo que se predica. Esto es una gran novedad para los fieles laicos, ya que el surgimiento de la R.C.C. ocurri en tiempos en que el concepto de vida comunitaria en la Iglesia haba quedado prcticamente restringido a la vida consagrada y religiosa.

Ser este, sin duda, uno de los grandes aportes de la R.C.C. para una renovacin de la Iglesia toda.

Por ltimo el autor desarrolla el tercer punto que define las caractersticas de la formacin de adultos en la renovacin, es decir, que el mensaje proclame fundamentalmente la Buena Nueva de Cristo, a travs del anuncio bsico cristiano, el kerygma:

La visin completa de la realidad en los pentecostales catlicos est bsicamente fundada sobre una comprensin sencilla pero muy catlica del mensaje evanglico. Yo creo que la mayor razn por la cual el programa de formacin de adultos del movimiento carismtico es esta fidelidad al mensaje cristiano.

Por mensaje cristiano entiendo una aseveracin categrica, con o sin explicacin, que proclama lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Consideremos, por ejemplo, la sntesis que hace san Pablo en la primera carta a los Corintios, 15,3-5: En primer lugar, les he dado a conocer la enseanza que yo recib. Les he enseado que Cristo muri por nuestros pecados, as como dicen las escrituras; que lo sepultaron y que resucit al tercer da, y que se apareci a Pedro y despus a los apstoles. (Ver otros ejemplos en Hechos de los Apstoles caps. 2,3,10 y 13.)

Los catlicos pentecostales proclaman continuamente este mensaje en una gran variedad de formas. Por ejemplo, en cada reunin del crculo de oracin se proclama la accin de Cristo a travs de enseanzas, testimonios, oraciones espontneas y conversaciones.

La proclamacin del Evangelio no es propiedad exclusiva de los catlicos pentecostales. Le pertenece a todos los catlicos y todos los cristianos, porque es la palabra salvfica de Dios. Sin embargo, muy a menudo los responsables de la formacin de adultos catlicos no se preocupan de predicar lo esencial del mensaje evanglico. Frecuentemente sacerdotes, maestros y escritores no proclaman la buena nueva porque creen que los buenos catlicos a quienes se dirigen no necesitan or lo bsico. No parecen estar conscientes que todas las instrucciones y consejos sobre la vida cristiana que dan, se convierten, precisamente, en lo opuesto al cristianismo, a menos que se d, explcitamente, dentro del contenido del evangelio.

Por ejemplo, hace varios domingos, un sacerdote que visitaba nuestra parroquia dio una leccin sobre la historia de Zaqueo, e insisti muy fundamentalmente, sobre el deber de los cristianos de evitar emitir juicio sobre sus semejantes. Sin embargo, como no coloc su instruccin dentro del contexto del mensaje bsico, toda su instruccin perdi su efecto. Sencillamente cit otra regla ms que haba que obedecer, otra cosa ms que haba que hacer. A pesar de la verdad contenida en su homila, no era la verdad cristiana. l hizo ver que disciplinando nuestra voluntad a obedecer ciertas reglas estaramos actuando bien y por lo tanto seramos felices. Esto no es cristianismo, no es catolicismo. Esto es estoicismo. Es estoicismo porque al igual que los antiguos romanos se dice que la libertad y la felicidad se consiguen siendo dueos de nuestros actos a travs del control de la voluntad. Sin embargo, el cristianismo dice que somos libres para actuar bien, por el poder de la cruz de Cristo. Estoy seguro que esto es lo que el sacerdote quera decir, pero no lo dijo, porque pens que as lo entenderamos. Pero no entendemos. Necesitamos orlo una y otra vez. Cristo es Seor por su cruz, y yo soy una nueva creacin.

La R.C.C. retoma el sentido profundo del primer anuncio de los apstoles, tal como lo tenemos atestiguado en varios pasajes de los Hechos de los Apstoles y en las cartas de San Pablo, y no solamente como una enseanza que debe ser oda, sino que tambin debe ser vivida y aplicada en todas las circunstancias de la vida diaria.

Este anuncio kerygmtico se ir desarrollando cada vez ms con la prctica, aplicndoselo en las diversas situaciones que se irn enfrentando en la evangelizacin.

[ Arriba ]

5) Jos Prado Flores (1981):

Precisamente con respecto al contenido y fundamento del mensaje bsico cristiano, que tan claro se tena en los principios de la Renovacin, encontramos un artculo muy interesante de Jos Prado Flores, otro gran pionero de la R.C.C. latinoamericana, publicado en el libro Evangelizacin, de la coleccin Reflexiones de Ediciones Paulinas. Aqu se reproduce una enseanza de Prado Flores recopilada en la revista Pentecosts de Santiago de Chile, en el nmero de noviembre-diciembre de 1981.

El autor plantea de entrada en su enseanza el sentido de la proclamacin cristiana primera, el kerygma:

La evangelizacin tiene dos etapas bien claras y sucesivas. El orden de estas dos etapas no puede ser cambiado por nosotros.

Creo que el problema principal en la Iglesia, por muchos aos, ha sido que damos demasiada catequesis a quienes todava no han nacido de nuevo. Los llenamos de doctrina, de moral, de dogma, de liturgia, de muchas cosas que son en s muy importantes, pero que no pueden ser lo primero. Lo primero que se necesita es nacer; despus viene el crecimiento. Si una persona no ha nacido de nuevo, no puede asimilar la doctrina, ni la moral, ni el dogma, ni la teologa. Lo que hay que transmitir y entregar primero es a JESUS, la persona de Jess. Esto fue lo que hicieron los primeros evangelistas y apstoles. Lo que ellos enseaban siempre era lo mismo: JESS.

En el principio de la vida de la Iglesia slo se bautizaba a aquellos que haban sido convertidos, que haban tenido un encuentro con Jess. Yo creo que hoy la tarea es al revs: hay que evangelizar a los bautizados. Porque muchos no viven de su bautismo. Este fue ciertamente un rito eficaz, pero luego no fue vivido consecuentemente. Muchos bautizados estn espiritualmente muertos.

Nosotros no podemos inventar lo que es la evangelizacin, ni cules son sus etapas. Es necesario que miremos hacia atrs, a los inicios de la Iglesia, en que el Espritu estaba presente de un modo especial. El testimonio de eso lo tenemos en la sagrada Escritura. Por eso tenemos que mirar en las Escrituras para ver cmo evangelizaban los primeros evangelizadores.

Afortunadamente el autor de los Hechos de los Apstoles ha recogido, en sntesis, los primeros discursos evangelizadores de los Apstoles.

Estos discursos, por ser de proclamacin, se llaman discursos kerygmticos. Esta palabra viene del griego keryssein, que significa proclamar. De ah viene la palabra kerygma o PROCLAMACIN. Los Apstoles comenzaron con una proclamacin, no comenzaron con una enseanza, sino con una proclamacin de los hechos.

En los Hechos de los Apstoles encontramos seis discursos kerygmticos: los cinco primeros pronunciados por San Pedro; el ltimo, proclamado por San Pablo (cap. 13). Estos discursos se encuentran en los siguientes pasajes: 1) Hech. 2,14-39; 2) Hech. 3,12-26; 3) Hech. 4,10-12; 4) Hech. 5,29-32; 5) Hech. 10,34-43; 6) Hech. 13,16-41.

A estos seis textos, aadimos otros dos: 1 Corintios 15,3-4, que es el texto ms antiguo que nos habla de la muerte y la resurreccin de Jess, y el pasaje de Lucas 24,23-48, que nos presenta el relato de los discpulos de Meaux, esos evangelizadores tristes que la hablan a Jess de Jess.

En total tenemos ocho textos, que vamos a analizar, porque en ellos encontramos la sntesis, el ejemplo y la muestra de cmo debe comenzar una evangelizacin.

Queda claro que el kerygma no es una enseanza, sino una proclamacin. Esto es lo que falta hoy en la Iglesia Catlica, y por eso Prado Flores acuar la frase que se har famosa en la Renovacin: hay que evangelizar a los bautizados.

Esta proclamacin, segn se desprende de los textos bblicos citados anteriormente, se basa en cinco puntos principales, que son desarrollados por el autor:

El contenido de la evangelizacin:

1 La persona de Jess.

Todos los discursos kerygmticos nos hablan de una persona, son la manifestacin de esa persona: de JESS. Qu se dice de Jess?

Se dice, en primer lugar, que era un hombre, es decir, un personaje que perteneca a la raza humana. Se dice que era de Nazareth, y as se lo encuadra en la geografa. Se dice que era de la descendencia de David para enmarcarlo en la historia. Jess es un personaje real, de carne y hueso, que tiene un lugar en donde vive y por l se lo identifica, y una genealoga anterior a la que pertenece. Cuando se habla de Jess como el descendiente de David, los judos entendan algo que a nosotros se nos escapa un poco. Piensan en todas las profecas mesinicas que hablan del hijo de David. Sera un rey que pastoreara a su Pueblo, sera Dios-con-nosotros, Admirable, Consejero, siempre Padre. Estara lleno del Espritu Santo. Nacera en Beln. Sera el Ungido de Dios.

Por ltimo se proclama a Jess como un profeta poderoso en obras y palabras. Un profeta, es decir, un enviado de Dios, que habla las palabras de Dios con poder. Que hace brillar ese poder en milagros, signos y prodigios (Hech. 2,22).

Cuando se hablaba de Jess, se centraba la predicacin en puntos pequeos, pero muy importantes: hombre, Nazareno, hijo de David, Profeta con poder.

2 Jess muerto.

Todos los discursos kerygmticos nos hablan de la muerte de Jess. Y curiosamente, cinco de ellos hacen alusin a la ignominia de la cruz: al madero. Debe haber sido muy impresionante para ellos mucho ms que para nosotros- ver a un Jess crucificado, escndalo y locura para los que no creen, pero fuerza y sabidura de Dios para el que cree.

Otro elemento alrededor de la muerte de Jess es el sepulcro. Se nos dice en dos textos que Jess fue sepultado. La evocacin del sepulcro es para subrayar el hecho de que Jess estuvo bien muerto; realmente muerto.

Por ltimo, San Pablo nos dice que muri por nuestros pecados (1 Cor. 15,3). Y luego, en la epstola a los Glatas, san Pablo se aplicar este hecho de una manera mucho ms personal: Me am y se entreg por m (Gl. 2,20). Aqu tenemos la nica conclusin teolgica de la muerte de Jess. Se presenta un hecho y una aplicacin directa. El hecho: Jess muri. La aplicacin concreta: por nuestros pecados.

3 Jess resucitado.

Dios, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de las promesas, ha resucitado a su siervo Jess. Es Dios el que resucita a Jess. Jess ha sido resucitado. Se habla en voz pasiva y se usa un tiempo perfecto para indicar que es una accin sucedida en el pasado, pero que repercute en el tiempo presente.

Para qu resucit Jess? En Hechos 3,26 leemos: Ha resucitado Dios a su siervo para vosotros, para bendicin. Otra vez tenemos un hecho (Jess resucitado) y una aplicacin(para darnos vida a nosotros).

4 Jess glorificado y exaltado.

En su resurreccin, Jess entero cuerpo, alma, todo su ser- es exaltado y glorificado por el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

En todos los discursos kerygmticos se le da variados ttulos a Jess glorificado: Seor, Mesas, Santo, Justo, Jefe, Piedra angular, Juez de vivos y muertos, Salvador, Profeta. Entre estos ttulos sobresalen particularmente tres.

SALVADOR. Jess es el Salvador que nos libra de toda opresin. En primer lugar, del pecado, que es la peor de todas las opresiones. Nos libra de esa fuerza, de ese poder del pecado que nos tena encadenados.

SEOR (KYRIOS). Es el Nombre que est sobre todo nombre. Dios se lo da a aquel que muri obediente hasta la muerte de cruz. Nombre ante el cual se dobla toda rodilla y toda lengua confiesa que JESS ES EL SEOR. El dueo absoluto. Jess es el Seor porque todo est sometido a l en el cielo y en la tierra, y porque todo confluye a un solo centro de todo el universo: CRISTO JESS.

MESIAS (CRISTO). Es el tercer ttulo fundamental de Jess glorificado. Cristo es lo mismo que Mesas. Las dos palabras significan lo mismo, a saber: el UNGIDO. De qu uncin se trata? De la uncin con el Espritu Santo (ver Hech. 10,38). Jess es el Ungido de Dios, el lleno de Espritu Santo, el que da el Espritu Santo.

Dice san Pedro en Hechos 5,31: Dios exalt a Jess a su diestra para conversin y perdn de los pecados. Nuevamente tenemos un hecho y una consecuencia o aplicacin: el hecho: Jess glorificado; la consecuencia: para nuestra conversin y perdn de los pecados.

5 Somos testigos.

Todos los discursos kerygmticos terminan siempre con una frase parecida o equivalente: nosotros somos testigos. Los evangelizadores son testigos, porque ellos han visto y han experimentado. Han experimentado los efectos de la muerte, la resurreccin y la glorificacin de Jess. Han vivido ese poder. Por eso, ellos pueden ser testigos. Y nadie que no sea testigo puede ser evangelizador. Cmo puedo yo decir que Jess salva si no me ha salvado a m mismo?

Ah est la fuerza de la evangelizacin, en haber visto y odo de tal manera que no podemos quedar callados (Hech. 4,20). Tu encuentro con Jess es real en el momento en que no te puedes quedar callado, y tienes que proclamar que Jess es el Salvador porque es tu Salvador; que Jess es el Seor porque es tu Seor; que Jess es el Mesas, porque es tu Mesas.

Evangelizar no es hablar de Jess, sino presentar a Jess. Hacer presente a Jess, muerto, resucitado y glorificado. Eso es lo que hacan los primeros evangelizadores.

De esta manera simple y concreta, con pleno fundamento bblico, se debe dar el primer anuncio en la llamada evangelizacin, que debera llevar a nacer a la vida cristiana, a vivirla experimentalmente.

Queda muy claro en la exposicin de Prado Flores el tema del primer anuncio cristiano o kerygma, pero enseguida surge una pregunta lgica: qu sigue despus en el camino espiritual, o todo termina all?

Esta pregunta por supuesto apareci en los primeros tiempos de la R.C.C., al ir creciendo en la primera experiencia del Espritu, y fueron entonces apareciendo las respuestas.

[ Arriba ]

6) P. Alfonso Navarro (1974):

Tomaremos un artculo escrito por el P.Alfonso Navarro, de la Renovacin Carismtica de Mjico, publicado en la revista Alabar N 10, de febrero-marzo de 1974, que se titula El ministerio de la Palabra en la Iglesia.

Es muy claro en cuanto a la importantsima distincin de las dos fases que existen al dar a conocer la Palabra o Revelacin de Dios:

El ministerio de la Palabra no es otra cosa sino la continuacin del ministerio mismo de Jess y el cumplimiento de su mandato: Como el Padre me envi, as yo los envo. (Jn. 20,21). Id, pues, y proclamad, haced discpulos ensendoles todo lo que os he dicho. (Mt. 28,19; Mc. 16,15). Es la misin que Jess dio a los doce y a los setenta; a la que envi a todos los bautizados; la misma que cumpli fielmente la primera comunidad cristiana.

LA MISIN DE JESS.

Encontramos en Lucas 4,43: Tengo que anunciar la Buena Nueva de Dios porque para esto fui enviado. Y recorra toda Galilea enseando en sus sinagogas y proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo. Le traan todos los pacientes aquejados de sufrimientos diversos y a los endemoniados, e imponiendo las manos sobre cada uno de ellos los curaba, y salan tambin demonios de muchos. (Lucas 4,40-41).

En estos textos vemos en sntesis dos aspectos: palabra y seales. En la palabra vemos dos fases: proclamar la Buena Nueva del Reino, invitando inmediatamente, como respuesta, a la conversin y a la fe; y ensear. Las seales son: curar enfermos imponindoles las manos y expulsar demonios.

ELEMENTOS INTEGRANTES DEL MINISTERIO DE LA PALABRA.

El Ministerio de la Palabra no se cumple nicamente transmitiendo con fidelidad y ortodoxia el mensaje que nos fue confiado en depsito, sino dando testimonio de lo que ya se ha hecho vida en nosotros mismos y es experiencia. Y no slo por los conocimientos adquiridos por el estudio sino sobre todo por la iluminacin y revelacin que el Espritu Santo comunica a nuestro espritu en la comunin ntima con l.

En la Palabra de Dios encontramos los elementos integrantes y el orden progresivo en el ministerio de la Palabra. La primera fase es el kerygma o evangelizacin, que es la obra del ministerio del evangelista. La segunda fase es la didaje, didascalia o catequesis, obra del ministerio del Maestro, que debe ser una enseanza progresiva en el Espritu para adentrarse en el misterio de Dios y en su conocimiento.

El Ministerio de la Palabra no es ms que continuar la misma misin de Jess, y se lleva a cabo en un orden progresivo que contempla dos fases sucesivas y bien definidas: el kerygma o evangelizacin, llevada adelante por los Evangelizadores, y la didaje o catequesis, que es el ministerio de los Maestros.

Por supuesto ambas fases del ministerio deben ser acompaadas por seales del poder del Espritu Santo presente y operante en la Palabra de Dios y en quien la proclama.

Esta divisin en dos fases, que parece tan simple y casi obvia, es, sin embargo, a mi juicio, el punto ms crucial en cuanto al cumplimiento o no del fin para el cual ha sido suscitada la R.C.C. Esto lo veremos con mucho detalle ms adelante.

Respecto a la primera fase, el kerygma, ya hemos abundado en su anlisis al comentar algunos aportes anteriores, pero hay algunos conceptos interesantes que agrega el P. Navarro:

PRIMERA FASE DEL MINISTERIO DE LA PALABRA: EL KERYGMA. Esta es una palabra griega que significa proclamacin o anuncio hecho por un heraldo. Todo anuncio del kerygma debe culminar en una llamada a una respuesta de decisin personal del que escucha; aceptar y creer en Jess como Salvador y Seor; cambiar interiormente; y ser bautizado. Se ora sobre los que aceptan a Jess y se rinden a l como Seor, para que reciban el don del Espritu. El nfasis se debe poner en la conversin sincera y en la fe explcita en la persona de Jess. As como nadie puede recibir la Confirmacin si antes no ha sido bautizado, de la misma manera nadie puede recibir realmente la plenitud del espritu si antes no se ha convertido a Jess y lo ha puesto como Seor y centro de su vida. El Bautismo (o efusin) en el Espritu Santo confirma lo anterior y le da solidez y crecimiento.

Pero el Kerygma no se lleva slo a paganos como primera predicacin misional. Debe ser anunciado una y otra vez a la comunidad ya creyente para afirmar mejor la conversin y profundizar ms la fe. No est destinado nicamente a los no cristianos o a los inconversos, sino que lo debemos llevar a los creyentes para que se manifieste en ellos la renovacin del Espritu en conversin y obediencia a la fe. Por ello la proclamacin del Kerygma se realizar en gran parte entre cristianos ya bautizados como una renovacin de los sacramentos de la iniciacin cristiana tras un breve catecumenado.

El anuncio del kerygma no queda simplemente en eso, en anunciar algo, sino que debe siempre culminar en una fuerte llamada y exhortacin a la conversin, como respuesta a lo que despierta en el corazn del que escucha. Es exactamente lo que ocurri despus del discurso kerygmtico de Pedro, el da de Pentecosts, segn se relata en los Hechos de los Apstoles 2,14-39. Qu ocurri cuando Pedro termin su anuncio?: Al or esto, dijeron con el corazn compungido a Pedro y a los dems apstoles: Qu hemos de hacer, hermanos? Pedro les contest: Convertos, y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisin de vuestros pecados; y recibiris el don del Espritu Santo.

Como bien recuerda el autor nadie puede recibir realmente la plenitud del Espritu si antes no se ha convertido a Jess. En la R.C.C. el herygma va seguido por el bautismo o efusin en el Espritu, que no implica lograr una conversin completa, sino obtener el impulso para comenzar a recorrer el camino que produce progresivamente esa conversin.

La proclamacin del kerygma y la efusin en el Espritu entre los bautizados lleva, como ya se vio, a una renovacin de los sacramentos de la iniciacin cristiana, Bautismo y Confirmacin.

Como el proceso de conversin es progresivo, la primera fase del ministerio de la Palabra, la evangelizacin, debe ser seguida necesariamente por una segunda, que es la enseanza o catequesis:

SEGUNDA FASE DEL MINISTERIO DE LA PALABRA: LA DIDAJE O LA ENSEANZA: Didaje significa doctrina y se refiere sobre todo al contenido de ella, reservando para el acto de ensear los trminos de didascalia o catequesis. Su objetivo es llegar a la unidad en la fe y al conocimiento de Dios creciendo hasta la talla de la plenitud de Cristo en vista a la edificacin consumada del Cuerpo de Cristo. Esta unidad debe impedir disgregacin y divisin en la comunin cristiana y en la fe y dar una solidez que descarta el ser zarandeados y llevados a la deriva por cualquier viento de doctrina. Debe formar un solo cuerpo, aunque con multiplicidad de funciones y de carismas; una sola fe, guardando y transmitiendo con fidelidad el depsito que nos ha sido confiado, con la asistencia del Espritu Santo, que nos llevar a la verdad completa.

El objetivo de la enseanza del ministerio de la Palabra en su segunda fase es el conocimiento de Dios. Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. As define Jess la vida eterna: que te conozcan a ti nico Dios vivo y verdadero y a quien has enviado, Jesucristo (Jn. 17,3). Tambin nos seala el camino: Yo soy el camino, nadie va al Padre sino por m. Si me conocierais a mi conocerais a mi Padre (Jn. 14,6-7). Conocer a Dios es adentrarse en su misterio, despus de haberlo encontrado y aceptado por la fe. No es asunto de pura inteligencia que estudia la verdad revelada, sino un don de revelacin que el Espritu de verdad manifiesta a nuestro espritu para comprender vitalmente la Palabra de Dios.

Adems de ser un don del Padre y una manifestacin del Espritu, el conocimiento es fruto de la pureza de corazn y de una vida de acuerdo a la voluntad del Padre. El conocimiento es penetracin de la verdad y comunin personal; teologa y mstica indisolublemente unidas; conocimiento preciso y completo de la verdad revelada; y experiencia de comunin amorosa.

El conocimiento sin amor solo infla, dice san Pablo, produce actitudes de orgullo espiritual, slo el amor edifica. Es don del Espritu para la verdadera inteligencia de las Escrituras, conocimiento que debe irse transformando en oracin contemplativa y en experiencia unitiva. Signos de un verdadero y autntico conocimiento de Dios, como nos dice San Juan en su primera carta son: cumplir sus mandamientos y el amor a los hermanos. Todo el que conoce a Dios y permanece en l no peca. Esta enseanza debe ser progresiva segn las necesidades del crecimiento.

La segunda fase del Ministerio de la Palabra, la catequesis o enseanza, es la que permitir al cristiano crecer hasta la plenitud de Cristo. Su objetivo central es uno solo: el conocimiento de Dios Trinidad, de ese Dios que inhabita real y efectivamente en el alma de cada bautizado. Aqu la palabra conocimiento debe ser tomada segn la acepcin bblica, que implica no un mero acto intelectual, sino una experiencia viva de las Personas de la Santsima Trinidad.

Quedan as muy bien delineadas las dos fases por las que el Ministerio de la Palabra de Dios gua a los creyentes para que se inicien y luego avancen en la vida cristiana: primero hay que encontrar a Dios, conocerlo como Persona, en un encuentro vivo y personal, que llevar a aceptarlo como Seor y producir un deseo profundo de conversin, de reorientar toda la vida de uno no ya hacia las cosas de este mundo, sino hacia Dios. Luego vendr la segunda etapa, de adentrarse en el conocimiento de los misterios de Dios, hasta donde lo permita la oscuridad de nuestra fe, para crecer mucho ms en esa misma fe y en la conversin de vida.

Esto en definitiva es lo mismo que pasa entre los seres humanos. Pueden hablarme mucho de una cierta persona, de sus cualidades, de su vida, de sus realizaciones, pero eso probablemente producir en m solamente un inters relativo, impersonal, intelectual. Pero si yo conozco personalmente a ese individuo, tengo un encuentro con l, y me siento impactado por su personalidad y forma de ser, entonces seguramente nacer en m el deseo de conocerlo mucho ms a fondo, de ser su amigo, y todo lo que sepa de l tendr relevancia para m, e ir resaltando y enriqueciendo esa relacin personal.

El evangelizador nos presenta a Jess, nos facilita un encuentro personal con l. El maestro nos ensea a conocerlo, y por ende a amarlo cada vez ms. Y por Jess llegaremos al Padre en el Espritu Santo.

Otro elemento importante que nunca habra que perder de vista es que el hecho de avanzar en el conocimiento de los misterios de Dios no es algo que depende de la mente o inteligencia del hombre, sino que es un don sobrenatural de Dios mismo, tal como se ver con ms detalle en el Captulo 4 de este libro.

Tambin hay otro concepto que destacar: si el conocimiento de Dios es algo vivo y experimental, va necesariamente unido siempre a la oracin, ya que la oracin que es el dilogo amoroso de la criatura con su Creador, y que deber tambin ir creciendo sin lmites, hasta las profundidades de la contemplacin mstica.

A continuacin el autor plantea los problemas que pueden surgir cuando no se avanza en esta segunda fase del Ministerio de la Palabra:

Si no existe una slida y sana enseanza, y no hay una solcita vigilancia y cuidado de los pastores, este conocimiento degenerar en desviaciones y errores como lo sabemos por la historia de la Iglesia: errores en iluminismo rebelde a toda orientacin de la comunidad y de sus pastores; de orgullo elitista sin amor ni edificacin; de interpretacin subjetiva de la Palabra al margen del sentido inspirado.

Esta formacin doctrinal nos ayudar a integrar y armonizar vitalmente fe con obras; oracin con vida; piedad y culto con compromiso activo en la instauracin de la justicia y de la paz; fidelidad a nuestra Iglesia y apertura en dilogo con otras denominaciones; lo carismtico con lo eclesial y sacramental. La enseanza y la formacin doctrinal no es la transmisin de ideas fras y puros esquemas acadmicos sino un verdadero ministerio de la Palabra a ejemplo de Jess y de la primera comunidad cristiana.

Para cumplir este ministerio no basta haber hecho muchos estudios de teologa y de Biblia, como tampoco basta slo el tener una vivencia personal profunda de la vida en el Seor, sino ser escogidos por el Espritu con el ministerio carismtico de maestros y ser reconocido y consagrado para esto por la comunidad y por sus pastores. Los conocimientos tcnicos de doctrina y el dominio de tcnicas de comunicacin no sustituyen la eleccin y uncin del Espritu.

Es relativamente fcil, y de ilusorio xito y de vitalidad aparente el hacer discpulos que se convierten y se entregan al Seor y reciben el don del Espritu al escuchar la proclamacin del mensaje de salvacin. Pablo no pas como cometa evangelizando y bautizando de una ciudad a otra sino que despus de este primer trabajo permaneca largo tiempo con los nuevos creyentes, formando comunidades y solidificando su fe y su caminar en la vida nueva con la enseanza, hasta poder dejar ancianos de esa misma comunidad, y slo entonces pasaba a otro lugar para seguir el mismo proceso.

La obra del evangelizador debe ser seguida inmediatamente por la obra del maestro y del pastor. Todo convertido puede y debe dar testimonio de lo que el Seor ha hecho con l. Pero para la dedicacin al trabajo slido de evangelizar y ensear, como tambin para ser pastores, se requieren ancianos; hombres maduros en la fe; buenos conocedores de la doctrina; fieles transmisores del depsito de la fe; y llenos del Espritu Santo.

Despus de experimentar el nuevo nacimiento somos nios pequeos en Cristo y necesitamos el cuidado de la comunidad y de los ancianos y pastores. Un nio recin nacido empieza por alimentarse. Pronto comienza a hablar y comunicarse para luego empezar a convivir e integrarse consciente y activamente en su familia y en la sociedad que lo protege y lo ayuda a crecer.

Cuando la relacin con Dios y la vida espiritual en general quedan basadas solamente en la primera experiencia de encuentro personal con Jess resucitado, y no se avanza seriamente en la enseanza posterior o catequesis, se pueden producir distintos tipos de desvos, tal como los enuncia el P. Navarro: iluminismo rebelde a las orientaciones de la comunidad o la Iglesia, orgullo elitista y separatista, fundamentalismo e interpretacin subjetiva de la Palabra. Por eso es tan importante la gua y cuidado de los maestros y pastores en la comunidad cristiana en cuanto a la transmisin y ejercicio de la sana doctrina catlica.

Como consecuencia de esto aparece una necesidad muy importante en las comunidades que avanzan en la vida espiritual, que es el surgimiento de verdaderos maestros, no slo con conocimientos de teologa, de Biblia, de doctrina de la Iglesia, sino con vivencias profundas de todo lo que ensean, movidos por el Espritu Santo en su apertura a la accin de los dones de Inteligencia, Ciencia, Sabidura y Consejo.

En muchos grupos de oracin y comunidades, grandes o pequeas de la R.C.C. se ha visto como se produce un gran crecimiento en cuanto al nmero de personas que se agregan a ellos, como consecuencia de una evangelizacin llevada adelante con mucho entusiasmo, con medios abundantes, con preparacin, lo que aparente ser un gran xito. Pero, como bien dice el autor, este xito ser algo ilusorio y pasajero si no se avanza en la obra posterior de los maestros y la enseanza.

Demasiados grupos de oracin se han quedado solamente en dar ms de lo mismo, lo que poco a poco va agotando y apagando el fuego del entusiasmo inicial.

Tambin el autor destaca a continuacin la necesidad de presentar en la enseanza, en forma explcita y abierta, a la figura de la Virgen Mara:

En la enseanza debe presentarse explcita y abiertamente a Mara, Madre del Seor y la ms ntimamente asociada a l en su obra redentora, como Madre y tipo de la Iglesia, como modelo del discpulo de Jess; como quin cumpli mejor la voluntad del Padre; y fue la ms dcil a la gua del Espritu; como el camino ms directo, ms fcil, ms seguro para llegar a Jess y seguirlo, y para recibir el don del Espritu.

Lamentablemente ocurre a veces en la Renovacin que en aras de un cristocentrismo mal entendido, se deja de lado a la figura de Mara Santsima, como si ella pudiera constituir un obstculo para el encuentro con la persona de Jess.

En la conclusin del artculo el autor resume precisamente cules sern los resultados en la Renovacin si no se avanza seriamente en el ministerio de enseanza de la Palabra:

Sin un serio y permanente ministerio de la Palabra, los nuevos creyentes se quedan enanos; se producen en las comunidades toda clase de errores y desviaciones y finalmente su primer fervor decrece y muere y se desgajan del rbol y se secan. La enseanza slida no es un adorno accesorio sino una necesidad bsica absoluta. Formacin doctrinal no se opone a vida y experiencia sino que es garanta de autenticidad y sano crecimiento. Es responsabilidad primaria e insustituible de los pastores y lderes el proveer a la enseanza y vigilar la transmisin fiel del depsito de la fe confiado a la Iglesia. Toda renovacin abortar o se desviar en errores y cismas, como sucedi con todos los brotes carismticos en la historia de la Iglesia, si no se asegura una seria y slida enseanza y no hay un efectivo sometimiento a los pastores puestos por el Espritu como vigilantes para cuidar del rebao. Slo con estas condiciones se mantendr la unidad en la fe y en la comunin. Slo as se llegar a ser verdaderos discpulos de Jess, a ser hombres espirituales, dciles al Espritu y slo de esta manera se alcanzar el genuino conocimiento de Dios.

En la vida espiritual, el no crecer con el paso del tiempo no hace que el creyente quede permanentemente como un nio espiritual, sino hace que se deforme, convirtindose en un enano espiritual. La vida espiritual, como ocurre en la vida natural, debe tener un crecimiento armnico y sostenido, para ir pasando del nio espiritual que slo se alimenta de leche, al adulto espiritual, que come todo tipo de alimento slido.

Una comunidad cristiana debe tener distintas clases de cocineros que preparen el alimento espiritual. Algunos se dedicarn a la leche y a las papillas para los ms pequeos, pero otros debern saber preparar manjares de toda clase, an los ms elaborados, para ir satisfaciendo plenamente el paladar y la necesidad de aquellos adultos espirituales, que sern cada vez ms exigentes.

Si esto no ocurre, como previene el P. Navarro, se corre el peligro cierto de errores y desviaciones, que pueden llevar inclusive a separaciones y cismas, como lo muestra efectivamente la historia de la Iglesia.

Por eso es tan importante este aspecto de la catequesis slida, ya que es la nica manera de formar verdaderos discpulos de Jess, quien no busc que multitudes lo siguieran, sino que se dedic a formar a fondo tan solo a un puado de apstoles y discpulos, que, sin embargo, bastaron para transformar en no mucho tiempo al mundo conocido de ese entonces.

[ Arriba ]

7) Revista Koinona (1978):

Sobre el importantsimo tema de la formacin en los cristianos quiero agregar algunos conceptos muy buenos que aparecen en un artculo de la revista Koinona, publicada en Barcelona, Espaa, en el nmero de mayo-junio de 1978, trascripto en el librito Enseanza, de la coleccin Reflexiones de Ediciones Paulinas de Chile:

Los hermanos que llegan a la Renovacin Carismtica a travs de los grupos provienen de los ambientes ms diversos. Algunos necesitan ante todo evangelizacin, otros, una formacin y enseanza muy determinada, o porque nunca la tuvieron, o porque si bien la tuvieron, fue de tipo puramente racional con escasa repercusin en sus vidas.

Lo primero que tenemos que asegurar es que todos reciban la evangelizacin. Es decir, que lleguen a conocer y capten en profundidad el ncleo del mensaje cristiano, la Buena Nueva, y adquieran una clara conciencia de lo que es la esencia de la fe cristiana.

Hemos de tener todos muy claro lo que es el fundamento y el centro y la cumbre de toda fuerza dinmica de la evangelizacin: en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvacin a todos y cada uno de los hombres, como un don de la gracia y de la misericordia del mismo Dios (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, N 27).

Supuesta esta comprensin del contenido bsico del mensaje evanglico, hay que seguir dando enseanza abundante, iluminando todas las verdades que se transmiten entre las que se da un orden o jerarqua, segn el diverso nexo que las relaciona y concreta con el anuncio bsico del anuncio o kerygma apostlico (Comisin Episcopal Espaola para la doctrina de la fe, La Comunin eclesial, N 43).

Tambin aqu se pone de manifiesto la importancia de diferenciar el primer anuncio cristiano o kerygma apostlico, de la formacin posterior, tal como lo reconoce la Comisin Episcopal Espaola.

Luego se plantean dos puntos bsicos que deben ser las metas a las que aspire la formacin cristiana a travs de la enseanza:

En el ejercicio de esta enseanza conviene que tengamos en cuenta ciertos puntos de referencia que son las metas a las que aspiramos:

a) Si hablamos de Renovacin Carismtica, se trata tambin de una mentalidad nueva, de acuerdo con las exigencias ms genuinas que el Espritu nos hace sentir hoy: renovacin de vuestra mente, de forma que podis distinguir cul es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto (Rom. 12,2), lo cual invita a renovar el espritu de vuestra mente y a revestiros del hombre nuevo, creado segn Dios, en la justicia y santidad de la verdad (Ef. 4,23-24).

Esta mentalidad nueva conlleva un corazn nuevo y un espritu nuevo (Ez. 18,31; 36,26-27) para poder tener los mismos sentimientos que Cristo (Flp. 2,5; Rom. 15,5).

Todo esto es adquirir un modo nuevo de pensar, sentir y amar, una metanoia o conversin profunda, un cambio en la jerarqua que tenamos de valores y un abandono del espritu del mundo y de la carne.

Esta primera meta implica ayudar y guiar al cristiano para obtener una verdadera renovacin o transformacin sobrenatural de su mente, que es el fundamento de la conversin profunda, de un cambio total de rumbo en la vida del creyente.

Esta transformacin del modo de pensar slo la puede producir el Espritu Santo, que ir sustituyendo el modo humano de pensar por las mociones directas que vienen de l a travs de sus siete dones, como veremos con ms detalle en el captulo 4.

b) Hemos de proponernos una lnea constante de crecimiento y maduracin en la vida cristiana como imitadores de Dios (Ef. 5,1) e hijos de la luz y luz en el Seor (Ef. 5,8) para que nos vayamos llenando hasta la total Plenitud de Dios (Ef. 3,19) y lleguemos a la madurez de la Plenitud de Cristo (Ef. 4,13). Abunden en nosotros todos los dones de la mente y del corazn, pero de manera especial espritu de sabidura y revelacin para conocerle perfectamente (Ef. 1,17).

Si se va produciendo la transformacin de la mente en el cristiano, la apertura a la accin del Espritu Santo ser cada vez mayor, por lo que los dones actuarn en profundidad, cambiando la forma de vivir y reproduciendo cada vez con ms claridad la vida de Cristo en el creyente.

Se habr ido as avanzando en el ciclo repetitivo del crecimiento cristiano: transformacin de la mente con el abandono de las ideas y conceptos racionales, apertura a las mociones del Espritu Santo, vivencia de una vida nueva guiado por estas mociones sobrenaturales.

Esto, de cualquier manera, no abarca de una sola vez la totalidad del ser del hombre, sino que se va dando poco a poco en distintas reas de la vida del cristiano.

Los requisitos que deben tener los que enseen para guiar a los cristianos a estas metas se enuncian luego:

Cada grupo debe hacer un esfuerzo por formar a sus maestros, pedir al Seor los dones que necesitan, desarrollar ciertos programas de enseanza, recabar de otros grupos la enseanza ms profunda que ellos no pueden dar, profundizar constantemente en la Palabra de Dios, ofrecer material de lectura y grabaciones de charlas.

Los maestros o catequistas han de llenarse cada vez ms, anhelar que se desarrollen en ellos los dones de la sabidura, de entendimiento y de ciencia, y en general el carisma de la enseanza que les capacita para este mismo ministerio. Hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros (2 Tim. 2,2), que sepan introducir en la mentalidad y en el sentir de Dios, que no slo hablen a la mente sino al corazn, creando las actitudes del Seor que deben definir la vida del cristiano.

Han de haber captado el mensaje del Seor, pero tambin deben comunicarlo con amor, gozo y atraccin espiritual.

Insustituible para esto es el estudio, la reflexin, la lectura, la meditacin de la Palabra, la oracin y la contemplacin. Si esto falta, no se hace ms que repetir un esquema que se ha aprendido. Pero no ha de ser as, sino como el dueo de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo (Mt. 13,52), para que de lo que rebosa el corazn hable su boca (Lc. 6,45).

Se toca aqu el fundamento esencial para la conversin cristiana, necesario en el que ensea el camino hacia la misma para que los dems tambin lo puedan desarrollar: la accin de los dones intelectuales del Espritu Santo, a saber, inteligencia, ciencia y sabidura, que irn floreciendo a partir de la apertura a la vivencia de la oracin de contemplacin infusa.

Este tema, como ya se dijo, se aclarar en el Captulo 4.

[ Arriba ]

8) Cardenal Joseph Suenens (1973):

Vamos a pasar ahora desde la visin de la formacin que se consideraba necesaria en los principios de la R.C.C. a visiones ms globales sobre la Renovacin, de algunas de las figuras ms destacadas de sus heroicos comienzos.

El Cardenal Len Joseph Suenens, de Malinas, Blgica, fue uno de los grandes referentes en las sesiones del Concilio Vaticano II, por sus intervenciones que fueron decisivas para incorporar a los documentos del Concilio la doctrina de los carismas en la Iglesia. Luego del Concilio el Cardenal Suenens fue nombrado por el Papa Paulo VI su representante personal ante la Renovacin Carismtica Catlica de incipiente surgimiento, puesto que el Cardenal se haba integrado a la experiencia carismtica.

En la fiesta de Pentecosts de 1973 el Cardenal emite una Carta Pastoral, publicada en la revista Alabar, N 14, de octubre-noviembre de 1975, donde desarrolla el tema Volvamos a encontrar al Espritu Santo. Comienza la Carta definiendo la importancia de la accin del Espritu Santo en la Iglesia:

En las celebraciones litrgicas de Pentecosts la Iglesia implora: Enva tu Espritu para hacernos nuevas criaturas, y l renovar la faz de la tierra. Debemos tomar esta oracin al pie de la letra. Los sucesos actuales nos fuerzan a implorar la venida del Espritu Santo con ms insistencia que nunca. A la luz de este nuevo Pentecosts, rogamos por el mundo entero, porque slo el Espritu de Dios puede infundirle a la humanidad lo que sta tan vitalmente necesita.

Debemos permitirle al Espritu Santo una mayor influencia, tanto en nuestra vida personal como en la corporativa de la Iglesia; creer en l como la fuente de nuestra esperanza y la garanta de la renovacin que necesitamos.

La influencia del Espritu Santo en la Iglesia hoy, tal como aconteci en la Iglesia primitiva, se observa con claridad en la accin de sus carismas, lo que fue puesto de relieve en el Concilio Vaticano II:

Una Iglesia que no reconociera el lugar de los carismas en su vida diaria, sera una Iglesia atrofiada, completamente separada de su fuente de vida.

Durante el Vaticano II, la Iglesia indic con prudencia y confianza su fe en los carismas del Espritu Santo. Durante los debates del Concilio, algunos dijeron que los carismas pertenecan al pasado de la Iglesia y que deberan permanecer ah. Pero el Concilio insisti en la tesis de que tienen un valor permanente y presente en la vida de la Iglesia. Necesitamos una combinacin de discernimiento y sabidura en el uso de los dones espirituales, y al mismo tiempo permanecer respetuosos hacia esos dones, no sea que apaguemos o contristemos al Espritu.

La aceptacin de la accin de los carismas en la Iglesia debe llevar a un equilibrio con la accin institucional o jerrquica de la Iglesia, ya que ambas son manifestaciones del nico Espritu Santo:

Es cuestin de respetar tanto el carcter visible como el institucional de la Iglesia y tambin su carcter espiritual, invisible y carismtico. No son dos iglesias una visible y otra invisible-. Hay slo una: la Iglesia de Jess encarnado, resucitado e invisiblemente presente entre nosotros por el Espritu, hasta la consumacin de los siglos. Seguramente puede haber, y ha habido, tensiones entre los movimientos del Espritu que le piden a la Iglesia fidelidad al Evangelio, y la prudencia, lentitud, o las fallas de los que tienen que velar por su evolucin. Pero es el Espritu mismo el que quiso esos dos aspectos complementarios para el bien de la Iglesia.

El Cardenal considera que la R.C.C. es consecuencia del Concilio Vaticano II y respuesta del llamado del Papa Juan XXIII:

Al iniciar el Concilio, el Papa Juan XXIII estaba consciente que la Iglesia necesitaba un nuevo Pentecosts. Ahora, mirando hacia atrs, podemos decir que el Concilio, al indicar su fe en los carismas, hizo un gesto proftico y prepar a los cristianos a recibir la Renovacin Carismtica que se est esparciendo por todos los cinco continentes.

La Renovacin Carismtica no es un movimiento nuevo, sino una corriente de gracia que espontneamente forma un nuevo tipo de grupo de oracin en todas partes. Los cristianos se unen para orar juntos como hacan las primeras comunidades cristianas. Estos grupos confan que la presencia del Seor, obrando a travs del Espritu Santo, renovar toda vida.

Tenemos aqu una definicin de la Renovacin Carismtica Catlica que a su vez aclara la esencia de la misma, que se har clsica en la Renovacin: La Renovacin Carismtica no es un movimiento nuevo, sino una corriente de gracia que espontneamente forma un nuevo tipo de grupo de oracin en todas partes.

Quedan delineados los elementos bsicos de la R.C.C.:

* No es un movimiento fundado por hombres, sino una gracia del Espritu Santo para la Iglesia de hoy.

* Esta corriente de gracia es espontnea y surge en todos lados.

* Lleva fundamentalmente a un redescubrimiento y valorizacin de la oracin, ms all del rezo tradicional.

* Agrupa a los cristianos segn el concepto de comunidad.

Finalmente el Cardenal Suenens habla de la meta o fin de la Renovacin Carismtica:

La meta del Movimiento Carismtico no es crear una institucin paralela, sino de ofrecer una mejor vida espiritual a los cristianos de hoy. No reemplaza o sustituye lo que otros estn haciendo o experimentando en la Iglesia. Ansiosos de evitar centralizarse en s mismos o de dedicarse a una vida de oracin apartada de la vida de la Iglesia, tratan de darle libertad al Espritu que, viniendo de Dios, quiere abarcar todas las implicancias concretas de la cristiandad vivida en el mundo de hoy.

La Renovacin Carismtica es un don a la Iglesia post-conciliar. Pero para que esta gracia sea fructfera y duradera, es necesario que se desarrolle desde un principio en completa armona con la Iglesia institucional.

El concepto final es sumamente importante, en cuanto a lo que har que esta corriente de gracia de frutos y sea realmente duradera: deber desarrollarse en completa armona con la Iglesia institucional. Significa que la R.C.C. no es algo que reemplaza a otras cosas que se estn haciendo en la Iglesia, sino que busca renovarla desde su misma esencia catlica, ofreciendo a los cristianos de hoy una mejor vida espiritual.

[ Arriba ]

9) P. Heribert Mhlen (1974):

Otra de las figuras importantes de los inicios de la Renovacin Carismtica fue el P. Heribert Mhlen, considerado uno de los principales telogos del Espritu Santo de la Iglesia Catlica de hoy, que conoci en 1974 a la Renovacin Carismtica y se fue convirtiendo poco a poco en uno de sus grandes telogos.

En la revista Alabar, N 12, de junio-julio de 1974, se publica una entrevista de Ralph Martn, editor de la revista New Covenant, al P. Mhlen. Tomaremos algunas de las respuestas que dio el sacerdote a las preguntas de Ralph:

Pregunta: Qu cambios has observado en tu vida desde que te involucraste personalmente en la Renovacin?.

Respuesta: Para m el Bautismo en el Espritu Santo ha sido un proceso gradual por un perodo de seis a ocho meses. Ahora hago ms oracin y leo las Escrituras, no slo con inters cientfico, sino tambin para responder personalmente al Seor que nos habla en ellas. Tambin me encuentro atrado a los crculos de oracin y siento un creciente gozo de estar con otros cristianos sencillamente como hermanos cristianos y no como algo tan imponente como un profesor de teologa dogmtica.

Pregunta: Cules son algunas de las implicancias que ves que tendr la Renovacin Carismtica para la Iglesia en general?

Respuesta: Ahora mismo se me ocurren tres cambios mayores. El primero es que debemos admitir que en la Iglesia de hoy ni la mayora de los cristianos ni muchos sacerdotes hacen oracin. Esto, por lo general, tiene su raz en una falta o en una inseguridad de la fe. Creo que la Renovacin Carismtica est dando y restaurando una verdadera seguridad en la fe y por consiguiente est haciendo surgir una renovacin profunda de la oracin y testimonio de misin.

La segunda implicancia es que veo en la Renovacin Carismtica como cambian los papeles de sacerdotes y obispos sin que haya conflictos, manipulacin poltica o presin. Los sacerdotes y los obispos necesitan ser parte de la comunidad cristiana, sin estar aislados de ella; necesitan estar con el pueblo y ser parte de l. Entonces el problema de autoridad sera en efecto muy diferente. En la Renovacin Carismtica veo surgir un patrn de vida eclesial del Nuevo Testamento por el poder del Espritu Santo y lo veo llegar pacficamente.

Lo tercero es que veo ms claramente que la teologa tiene que ser reflexin sobre experiencia real y no solamente un ejercicio o invencin puramente intelectual. Veo como la teologa est siendo profundamente transformada por la Renovacin Carismtica. Si de veras la teologa habr de ser vivificante y estar en contacto con la realidad, debe comenzar con una experiencia de Dios, no con una reflexin filosfica del ser absoluto. En el futuro la teologa debe empezar como lo fue en el Nuevo Testamento, con la experiencia de la estada del espritu Santo en la comunidad cristiana. La doctrina y persona del Espritu Santo no es otra doctrina entre muchas, sino una doctrina y realidad fundamental en la Iglesia. Una renovacin en la vida del espritu como empezamos a experimentarla ahora habr de afectar no solamente un sector de la vida de la Iglesia o la teologa, sino su totalidad.

La visin del P. Mhlen sobre la implicancia que tendr la renovacin en la vida de la Iglesia se resume en tres puntos principales, que influyen en tres reas bsicas de la Iglesia y de la vida cristiana: la vuelta a una vida de oracin, que lleva a una mayor seguridad en la fe; la integracin mayor de la jerarqua de la Iglesia en la comunidad cristiana; una renovacin profunda en la teologa, que va pasando de ser ms una especulacin intelectual a una verdadera experiencia de Dios, a partir de la vivencia renovada de la accin y la presencia del Espritu Santo.

Por lo tanto la Renovacin toca profundamente toda la vida de la Iglesia.

Pregunta: Podras elaborar ms sobre el nuevo patrn de vida eclesial que ves surgir de la Renovacin Carismtica?

Respuesta: Seguramente. Creo que la Renovacin Carismtica es la respuesta de Dios al llamado del Concilio con relacin a una manera ms colegial, fraternal y comunal de tomar decisiones y ejercer autoridad en la Iglesia. Mayormente el estilo de organizacin eclesistica hoy en la Iglesia se basa ms en las estructuras del monotesmo del Viejo Testamento y las lneas de organizacin de la Roma Imperial que en un modelo ms distintivo del Nuevo Testamento, trinitario. Cuando se ve a Dios como uno (y no tambin como tres) es entonces ms fcil sentir la necesidad de tener un obispo, un emperador, una manera de hacer las cosas. Cuando se ve a Dios como una comunidad de personas resulta ms propio hacer las cosas comunitariamente. Cuando se estaba forzando la estructura de la Iglesia en los comienzos del siglo II, no se enunciaba la gran percepcin trinitaria. Al ser enunciadas en el siglo IV, era muy tarde para influenciar un estilo ya fijo de hacer las cosas.

A medida que ha corrido el tiempo, esa falta de comunidad en nuestra doctrina bsica de Dios y la subsiguiente reflexin en el estilo y organizacin eclesial, ha resultado en un catolicismo popular que considera la Iglesia principalmente como el Papa, el obispo y el sacerdote, y oscuramente el laico. Debemos dar gracias a Dios que le vemos actuar de tantas formas para corregir ese desarrollo trgico, avivar todo su pueblo por el poder del Espritu Santo.

El Espritu Santo no es simplemente un l, sino un nosotros: el Padre y el Hijo viniendo a nosotros, el dilogo entre el Padre y el Hijo. Visualizo al Espritu Santo como nosotros divino, tan intensamente nos hace presente el Espritu al Padre y a Jess, y es tan difano en s mismo. l es el nosotros que nos hace pueblo de Dios, uno con el Padre y el Hijo. El Espritu Santo es tambin el nosotros eclesial. Cuando decimos nosotros los cristianos, o nosotros el pueblo de Dios, es el Espritu Santo en nosotros que nos capacita a decir nosotros. Es una persona en muchas personas en la Iglesia, una persona en otras dos personas en la Trinidad.

Estamos en medio de un cambio de poca en la Iglesia. Estamos experimentando algunos resultados del apropiarnos mas plenamente de la situacin de pasar de la antigua a la nueva alianza. En el Antiguo Testamento Dios moraba en un templo hecho por manos. En el Nuevo Testamento Dios moraba en Jess, el nuevo templo, y segn nos unimos a Jess Dios habita en nosotros; somos el nuevo templo de Dios en la tierra. Por eso es tan importante que sepamos que primariamente Dios no est presente en edificios, sino en nosotros, el pueblo de Dios. Es por eso que an cosas comparativamente menores como la creciente aceptacin en la Iglesia universal de que los fieles reciban la comunin en la mano, resulta trivial en algunos aspectos, pero en otros es muy significativo. Revela un cambio de mentalidad.

Lo que digo, bsicamente es que el redescubrimiento de la doctrina plena de Dios, la Trinidad, incluyendo el pleno y profundo papel que ejerce el Espritu Santo, tiene profundas implicaciones para la Iglesia. En los libros tradicionales de texto, la Trinidad es solamente una doctrina intelectual sin consecuencias para la piedad, ni la estructura eclesial, ni el estilo de vida.

An hoy en realidad la Trinidad no funciona en muchos aspectos de la Iglesia sino como teora. Por ejemplo, la Trinidad no es el fundamento de la teologa de Santo Toms de Aquino. Para l la base es el hecho de un solo Dios, el monotesmo, y eso tiene su influencia en toda la vida catlica. No digo que necesitemos una democratizacin de la Iglesia, sino ms bien un soplo, una pneumatizacin, un influjo del Espritu en la Iglesia. En todo el mundo alborea una nueva poca. En el plano secular, termin la poca de los reyes y emperadores; en la Iglesia tambin alborea una nueva poca, la poca del Espritu.

El P. Mhlen precisa que la influencia de la Renovacin en la Iglesia llevar a un cambio en la vida eclesial, llevndola a un esquema ms comunitario y fraternal. Sobre todo este telogo, a partir de la experiencia del Espritu, ve un cambio en cuanto a la percepcin de Dios, con una apertura a la visin trinitaria de la deidad, pasando a una visin mucho ms acorde al Nuevo Testamento.

Esta visin trinitaria est cambiando la percepcin de Dios, como un nosotros y no un l, lo que lleva tambin a sentir una pertenencia a la Iglesia como pueblo de Dios, lo que va cambiando el sentir popular de que la Iglesia est formada por el Papa, los obispos, los sacerdotes y los religiosos, e inserta a todos los fieles laicos que as lo sienten en el Cuerpo, en forma activa y comprometida.

La gran separacin entre jerarqua y laicos, y la consiguiente diferencia espiritual entre ellos se est derrumbando, por la accin poderosa del Espritu Santo que sopla donde quiere y como quiere.

Obviamente, y como ya lo hemos visto, esto no implica la supremaca de una Iglesia carismtica sobre la Iglesia jerrquica, sino un gran equilibrio entre estas dos dimensiones necesarias en la Iglesia de Cristo.

[ Arriba ]

10) Steve Clark (1974):

Otro artculo interesante es el publicado en la revista Alabar N 10, de febrero-marzo de 1974, extractado de un libro de Steve Clark, Hacia donde vamos. El ttulo del artculo es Una visin de lo que el Seor quiere hacer, y el autor, coordinador de una de las primeras comunidades de la R.C.C., la de Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos, presenta su visin de lo que siente que Dios pide a la Renovacin:

La Renovacin Carismtica en la Iglesia Catlica se ha convertido en el suceso ms vital de la cristiandad contempornea. Este movimiento que se est esparciendo por todo el mundo ha encontrado acogida entre todo tipo de personas y en todos los niveles de la Iglesia. La jerarqua le ha mostrado una notable apertura.

Sin embargo, si los que desempeamos posiciones de responsabilidad dentro de la Renovacin queremos servir al Seor y estar disponibles para cumplir su propsito, debemos entender este crecimiento y desarrollo como una llamada a buscar la direccin del Seor. Dios est claramente haciendo algo significativo. Est derramando su Espritu en una forma poderosa y tocando la vida de miles de personas. Por lo tanto, es importante que nos pongamos al servicio de lo que l est haciendo y que llevemos a cabo Su plan y no el nuestro.

Una visin que nos gue nos puede ayudar a elegir el camino correcto con mayor confianza. El Seor, a menudo, da a su pueblo semejantes visiones, como lo hizo en la segunda mitad del libro de Isaas y en el libro del Apocalipsis.

Las siguientes observaciones expresan algo de una visin que puede servir de gua a la Renovacin Carismtica hoy da:

Nuestra meta debe ser una renovacin de toda la vida cristiana en el poder del Espritu y no la formacin de un movimiento Catlico Pentecostal.

Creo que cometeramos un grave error si nos conformramos con un movimiento Carismtico Catlico. El Seor quiere mucho ms que esto. El quiere renovar carismticamente toda su Iglesia, quiere que cada persona en su Iglesia reciba el bautismo en el Espritu y que experimente sus dones. An ms, quiere que cada parte de la vida de la Iglesia sea vivida en el Espritu. Quiere que el Espritu forme y gue todo lo que se haga en la Iglesia. El Seor quiere formar un cuerpo en el cual catlicos, ortodoxos y protestantes encuentren no solamente su unidad original, sino que lleguen a tener una unidad mayor en el Espritu Santo. En otras palabras, el Seor no quiere solamente individuos tocados por el Espritu o bendecidos, l quiere transformar todas sus vidas y toda la vida de la Iglesia. Debemos esperar el da en que todos nuestros papas y obispos sean no solamente buenos cristianos, sino hombres que hacen milagros (como pedimos que sean cuando son consagrados) y que guen la Iglesia con poder y audacia carismticos. Debemos esperar ver el da cuando los cristianos vivan en tal unidad y poder que su problema no sea preocuparse de una falta de respuesta del pueblo, sino qu hacer con los grandes nmeros de personas que se acercan a ellos y quieren servir al Seor. Debemos esperar ver una Iglesia que sea todo lo que el seor quiere que sea.

Steve dice que la renovacin Carismtica en la Iglesia Catlica se ha convertido en el suceso ms vital de la cristiandad contempornea Si el Espritu est haciendo algo tan significativo en la Iglesia es porque tiene un gran plan, y es imprescindible descubrirlo con claridad para llevarlo a cabo, y no caer en planes humanos que, aunque sean buenos, no irn en la direccin que quiere Dios.

La visin que tiene el autor del plan de Dios la desarrolla en cinco puntos. El primero lo plantea como una meta de la Renovacin: renovar toda la vida cristiana en el poder del Espritu Santo, y no formar solamente un movimiento pentecostal catlico. Dios quiere renovar carismticamente su Iglesia, hacer que cada fiel reciba el bautismo en el Espritu, y experimente el poder y la accin de los carismas y dones del Espritu Santo.

Una consecuencia de esta meta queda planteada en el segundo punto:

2. Debemos dejar de identificarnos como pentecostales para identificarnos como cristianos que estn descubriendo como vivir y servir en el Espritu.

No digo que hay algo malo en la palabra pentecostal; es un buen nombre y se refiere a una dimensin esencial del cristianismo. No digo que haya algo malo con los crculos de oracin pentecostales; han contribuido grandemente a revivir la fe cristiana en personas que la haban perdido, o que haban perdido su entusiasmo por ella. Tampoco digo que est mal que la gente ponga toda su atencin en el bautismo en el Espritu y sus dones espirituales al principio. Algunos grupos cometen el error de querer caminar muy de prisa y pierden lo que tenan al comienzo. Como tampoco digo que no debemos ser por un tiempo un grupo especializado.

Lo que quiero decir es que debemos hablar de otra forma sobre lo que est sucediendo entre nosotros. Debemos referirnos a nosotros mismos y pensar que somos sencillamente cristianos que han descubierto algo que es normal en la vida cristiana. Cuando digo esto no quiero decir que estar bautizado en el Espritu y experimentar los dones espirituales es normal en los cristianos de hoy ni que de hecho le est sucediendo a la mayora de ellos. Quiero decir sencillamente que estas cosas son supuestamente normales en todos los cristianos.

Es necesario identificarse como cristianos y no como pentecostales, en el sentido que hay que entender claramente que lo que ocurre en la Renovacin Carismtica no es ms que el redescubrimiento e lo que debera ser normal en la vida cristiana, y que hoy no existe ya masivamente entre los fieles.

3. Debemos comprender que lo que sucede entre nosotros es un renovacin y no un movimiento.

En la etapa de desarrollo en que se encuentra actualmente la Renovacin necesita ser un movimiento. Esto es algo nuevo que el Seor est haciendo, y para que pueda crecer y desarrollarse debemos comenzar con un movimiento especializado. Pero lo que est sucediendo es mucho ms significativo que la formacin de un movimiento. Dios est renovando completamente Su Iglesia en todos los aspectos, y para que eso llegue a ser realidad est derramando su Espritu.

El Seor ha dado a este movimiento del que somos parte, un papel importante a jugar en su obre de renovacin. Est obrando a travs nuestro para restaurar una dimensin importante de la vida cristiana. Nuestra meta no debe ser usar lo que el seor nos ha dado para crear un movimiento poderoso que perdure a travs de los siglos. Nuestra meta debe ser llegar a ver un poder y vida nuevos que afecten todos los aspectos de la Iglesia. En otras palabras, nuestra meta debe ser la renovacin carismtica de toda la Iglesia.

La segunda consecuencia de la meta de la R.C.C., que es renovar toda la Iglesia, es comprender con claridad que la Renovacin no es un movimiento ms en la Iglesia, sino que es una renovacin de toda la vida de la Iglesia, en sus distintos aspectos.

4. A medida que avanzamos en la Renovacin Carismtica debemos ser completamente catlicos en nuestra participacin y actividades en la Iglesia Catlica.

En estos das es fcil llegar a un desamor en nuestras relaciones con la Iglesia Catlica; en nuestra participacin y actividades en ella. Existen hoy da muchas personas insatisfechas con la falta de vitalidad espiritual en todas las iglesias, y esto los lleva a una actitud anti-institucionalista y a un espritu crtico. Algunas persona con este desamor se quedan en las iglesias pero su actitud es de trabajar en ellas como un cuerpo extrao o un grupo de guerrilla dentro de ellas. Catlicos con este desamor a menudo se quedan el la Iglesia Catlica no porque son de la Iglesia Catlica, sino porque quieren cambiarla o influirla. No pertenecen a ella de corazn.

El Seor nos est llamando a quedarnos en la Iglesia Catlica de todo corazn. Nos pide que seamos miembros fieles llenos de un verdadero amor a ella y una fidelidad a sus lderes. Eso no quiere decir que no veamos lo que anda mal en ella, ni lo que claramente debe cambiar. No quiere decir que no podamos estar en desacuerdo con sus lderes, ni desear otro tipo de liderazgo. Quiere decir que debemos servir dentro de la Iglesia como miembro comprometido y no operar como guerrillas dentro de ella.

Vemos aqu expresada otra actitud fundamental que se deriva de la meta de la R.C.C., que es la plena catolicidad de la Renovacin, con su insercin profunda en la vida, actividades y espiritualidad de la Iglesia.

El cambio en la Iglesia que debe generar la Renovacin debe ser desde adentro, desde su misma esencia, y no desde afuera, como una guerrilla que slo quiere cambiar y reemplazar cosas que considera que estn mal.

Esta es una visin fundamental que se debera tener siempre presente en la Renovacin: no lleg a la Iglesia para desechar cosas, o cambiar radicalmente otras, ni para desafiar o enfrentar a la jerarqua, sino que debe insertarse en el mismo corazn de la Iglesia, y mantener siempre un convencimiento de pertenencia y fidelidad a ella.

5. A medida que avanzamos en la renovacin carismtica de la Iglesia, debemos fomentar la unidad de todos los cristianos, catlicos, protestantes y ortodoxos, en el nico Espritu, sin subrayar viejas divisiones.

Hace aos ya que el Concilio Vaticano II comprometi la Iglesia a hacer ecumenismo. Esto para nosotros significa que debemos preocuparnos por renovar la Iglesia Catlica sin cerrarnos a la futura unidad de todas las iglesias ni a la posibilidad de unidad entre los cristianos carismticos de hoy.

Es fcil caer en la tentacin de pensar que semejante unidad es imposible, o que de ser posible tardar mucho tiempo. Pero debemos tener fe en el Seor, debemos creer que l tiene el poder para hacer de esto una realidad, sin perder nada de la plenitud del cristianismo. No debemos limitar al Seor por nuestra falta de fe.

La ltima consecuencia que aporte Steve Clark de las que deberan surgir de la meta de la renovacin es un verdadero avance en el ecumenismo, en la unidad de todos los cristianos. Es este tambin un gran desafo que enfrenta la Renovacin Carismtica, aunque parezca tan difcil visto segn la mirada humana, pero para el poder de Dios nada es imposible.

[ Arriba ]

11) P. Ignacio Daz de Len (1977):

En el N 44 de septiembre-octubre de 1977 de la revista Agua Viva, de la Renovacin Carismtica de Mjico, su Director, el P. Ignacio Daz de Len, plantea en un interesante artculo lo siguiente: La Renovacin Carismtica no es un fin en s misma Cmo entenderla?.

Se dan algunas precisiones importantes sobre el fin de la Renovacin Carismtica, y como hacer para entenderlo con claridad:

Muy a menudo a los carismticos nos sucede lo que a aquel aldeano proverbial a quien, deca l, los rboles no lo dejaban ver el bosque.

Me refiero a quienes empeados con entusiasmo en la obra de su renovacin espiritual, en virtud de las gracias y carismas del Espritu no han distinguido con claridad lo accidental de lo substancial de esa nueva etapa de su vida cristiana.

Cuando yo era estudiante me ensearon que un buen mtodo para entender lo que es una cosa, consiste primero en entender qu no es aquello. Veamos lo que no es la Renovacin Carismtica.

Nos equivocamos si pensamos que la Renovacin Carismtica es el compromiso de asistir muy regularmente a las asambleas y reuniones de oracin, y a los congresos si los hay, y de participar en ellos alabando al Seor con cantos, batir de manos, e intervenciones personales las ms oportunas.

La Renovacin Carismtica no tiene como fin el asegurarnos nuestra salvacin personal medrando serenamente en el grupo de oracin, apoyados y edificados por nuestra pequea comunidad.

La renovacin Carismtica no debe, ni siquiera a los dirigentes ms comprometidos, sustraerlos de sus obligaciones profesionales, familiares o apostlicas. Es cierto que habr personas que se sientan llamadas a trabajar a tiempo completo en la Renovacin. Se trata de casos de excepcin pero perfectamente vlidos sobre todo si la comunidad es la que los llama a este desempeo.

No creo que sera segn el Espritu que alguno se desentendiera de sus deberes para con la familia o el trabajo por andar metido en ministerios carismticos. Lo primero es siempre lo primero.

Comenzando por lo que no es la renovacin Carismtica, el P. De Len recuerda que no debemos ver a la Renovacin solamente como la asistencia a grupos o asambleas de oracin, a cantar y alabar en ellos, para buscar all exclusivamente la salvacin personal, ni debemos sentirnos tentados a desatender las propias obligaciones familiares o profesionales en aras a la asistencia y al trabajo en el grupo de oracin, porque all nos sentimos bien, somos reconocidos, somos tiles.

Sera quedarnos exclusivamente con la idea que tuvo Pedro ante la Transfiguracin de Jess, y decir ac estoy tan bien, esto es tan distinto del mundo donde vivo todos los das, que voy a instalar mi carpa y me voy a quedar para siempre.

Hay que tener cuidado que el descubrimiento de la experiencia carismtica y de la vida cristiana comunitaria no se transforme en un pretexto muy bueno y vlido para evadirse de los problemas y dificultades de la vida cotidiana, por ejemplo, de escaparle a un esposo grun y malhumorado, o a una esposa mandona y fantica del orden.

Ms adelante el P. De Len plantea lo que s es la Renovacin Carismtica, y cul es su fin:

Hay mltiples maneras de describir la Renovacin Carismtica. El nombre mismo ya nos sugiere con claridad su naturaleza. Una renovacin es un cambio. La Renovacin Carismtica es un cambio, un nuevo ritmo en tu vida cristiana, en tus relaciones con Dios Padre, Hijo y Espritu Santo. Pero el cambio consiste adems en la experiencia de especiales gracias y carismas que el Espritu distribuye para alcanzar sus fines. Por eso se le llama Renovacin Carismtica.

De esa experiencia de los carismas se concluye que el fin que el Seor persigue al renovar a su Iglesia est ms all de la santificacin de los individuos o de ciertos grupos y comunidades dentro de la Iglesia y del mundo.

El quiere renovar la faz de la tierra. El quiere servirse de nosotros para hacerse presente en todos los rincones donde viven y trabajan los hombres.

Zaqueo y su casa son figuras profticas del hombre y del mundo de hoy. A aqul Jess le est diciendo por su nombre: Zaqueo, conviene que yo hoy visite tu casa. Quiero entrar ah y santificarla, transformarte a ti y a toda tu casa.

Dios tiene necesidad de los hombres. Quiere contar no slo con los obispos y los sacerdotes y los diconos. Los seglares son tambin su Iglesia. Los signos de los tiempos son muy elocuentes: crecimiento demogrfico irrefrenable, escasez de sacerdotes, escasez de vocaciones, avidez de los fieles por la Palabra de Dios y por la gracia de los sacramentos...

Comprendemos porqu est llamando a esta renovacin espiritual a mdicos, arquitectos, empleados, empresarios, estudiantes, ingenieros, enfermeras, maestras, directores de escuela, jesuitas, dominicos, obispos y sacerdotes diocesanos, etc.?

En todos ellos, por la conversin radical y el bautismo en el Espritu Santo, el Seor induce un dinamismo nuevo en la fe, la caridad y la esperanza. Establece un nuevo orden de las cosas: ahora s Jess es el Seor. Ahora nos dejamos mover por el Espritu. Ahora s tenemos vida de oracin, y amor a la Palabra de Dios. Ahora s estamos dispuestos a servir a los hermanos, y de hecho los servimos.

La descripcin que da el autor de lo que es la Renovacin Carismtica es muy simple y clara: es un cambio en la vida cristiana que lleva a una relacin ms profunda y vivencial con Dios Trinidad, con la experiencia cierta de las gracias que derrama el espritu Santo, sus dones y carismas.

El P. De Len subraya que precisamente la presencia de los carismas define que el fin de la R.C.C. es una renovacin y edificacin de la Iglesia, fin que va ms all de la santificacin personal de individuos o comunidades.

Esta renovacin de la Iglesia se producir por el dinamismo de todos los fieles, jerarqua y laicos, al vivir ms plenamente la vida cristiana recibida en los sacramentos.

El autor termina el artculo con una visin hacia donde debe ir la Renovacin Carismtica, mantenindose fiel a su fin:

La Renovacin Carismtica pues, no es un fin en s misma. El Espritu Santo nos renueva para que pasemos de la tibieza, al fervor y a la santidad, y de este modo santifiquemos el medio en que vivimos y trabajamos. As se explica que todos los bautizados, por ms peculiar que sea su vocacin en la tierra: un fraile franciscano, una monja contemplativa, un funcionario de gobierno, un empleado, un comerciante, una universitaria, todos absolutamente puedan y deban en virtud de su renovacin carismtica, renovar y santificar su medio ambiente. Me atrevo a decir que cuando han entendido y empezado a vivir, con esta mentalidad, su vocacin bautismal, ellos mismos son carismas personificados, ya que todo su vivir bajo el seoro de Cristo y al impulso del Espritu, edifica a la Iglesia y concurre al bien de la comunidad.

Es preciso, pues, perseverar en la Renovacin Carismtica, camino de nuestra perfeccin cristiana por el cual nos impulsa el Espritu Santo; es preciso ser fieles a nuestras reuniones de oracin y a nuestras asambleas. En ellas no slo recibimos, sino tenemos el privilegio de dar y apoyar a nuestros hermanos. Pero sintmonos, sobre todo, llamados a dar el alegre testimonio de nuestra fe en el rea de nuestro trabajo, en la universidad, en el propio medio familiar. Es el Seor Jess el que nos ha elegido y nos ha destinado para que vayamos y demos fruto, un fruto que permanezca.

Est claro de todo esto que la Renovacin no se puede quedar como un fin en s misma. Debe propender a una verdadera bsqueda de la santidad de los individuos, pero esta santidad debe influenciar fuertemente a la Iglesia a la que pertenecen, y al medio ambiente en que viven y desempean sus tareas.

[ Arriba ]

12) Revista Agua Viva (1983):

Tambin en la revista Agua Viva, N 80 de septiembre-octubre de 1983 se publica un artculo editorial titulado Renovacin s, Renovacin no, donde asimismo se analiza muy a fondo qu es y qu no es la Renovacin Carismtica:

Muchos de los prejuicios que hay en contra de la Renovacin espiritual carismtica que avanza por todas partes , obedecen a las ideas inexactas y an falsas que se han divulgado acerca de su esencia, de sus objetivos, y de sus medios de accin. Por eso es muy necesario aclarar conceptos y clarificar situaciones para poder emitir un juicio objetivo y realista. Lo menos que puede pedirse a una persona seria, es que no se declare, ni a favor ni en contra de la Renovacin, antes de saber de qu se trata.

Veamos primero qu no es la Renovacin:

1. No es un movimiento ms.

El Cardenal Suenens escribi en su Carta Pastoral para Pentecosts de 1973 lo siguiente: Digamos de una vez que no se trata de un Movimiento nuevo en el sentido usual del trmino, sino de una corriente de gracia que el Espritu Santo hace surgir por todas partes.

Muchos quieren encuadrar la Renovacin en los lmites, siempre estrechos como lo son todos, de un nuevo movimiento apostlico. Esta es una equivocacin que ojal evitemos. La Renovacin espiritual debe llegar a todas las personas, a todas las instituciones y a todas las organizaciones apostlicas y no apostlicas.

La Renovacin se ver frenada desde el momento en que se la ate y limite dentro de un movimiento. Perder gran parte de su fuerza y de su agilidad.

A continuacin se enfoca uno de los puntos que ya hemos visto reiterados en opiniones anteriores y que, sin duda, fue una preocupacin central en los inicios de la R.C.C.: no debe ser un movimiento ms en la Iglesia Catlica.

Hay un segundo punto muy interesante respecto a lo que no es la Renovacin Carismtica:

2. No es principalmente Carismtico.

Con frecuencia se une el trmino carismtico al de movimiento. Qu opina usted acerca del Movimiento Carismtico? Le preguntan a uno con frecuencia. Me gusta el Movimiento Carismtico, dice uno, mientras que otro dice: lo encuentro peligroso, etc. Etc. Aclaremos este aspecto.

La Renovacin que el Espritu Santo est suscitando hoy visiblemente en las regiones y ambientes ms diversos (Pablo VI), contiene un elemento muy importante cual es el carismtico, pero no tiene all su elemento principal. La Renovacin es Carismtica, pero no primordialmente carismtica. Menos an, es exclusivamente carismtica.

Es carismtica porque como sabiamente lo expres El Concilio Vaticano II: El Espritu Santo no slo santifica y dirige al pueblo de Dios mediante los sacramentos y le adorna con virtudes, sino que tambin distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condicin, distribuyendo a cada uno segn quiere (1 Cor 12,11) sus dones, con lo que les hace aptos y prontos para ejercerlas diversas obras y deberes que sean tiles para la renovacin y la mayor edificacin de la Iglesia (Lumen Gentium N 12).

Se equivocan tanto los que quieren que la Iglesia sea nicamente institucional, como los que anhelan que sea solamente carismtica. No podemos plantear la pregunta si la Iglesia de Cristo debe ser institucional o carismtica? Por voluntad del Seor es y debe ser siempre institucional y carismtica. Una Iglesia meramente institucional morira de arteriosclerosis, y una solamente carismtica parara en un manicomio.

La apertura a los carismas, sin excluir a ninguno de ellos, es uno de los elementos principales de la Renovacin Espiritual. Pero la luz del Espritu Santo da a conocer su justo valor para evitar la exageracin en cualquier sentido.

Aqu, en el concepto que la Renovacin no es principalmente carismtica, est una de las claves fundamentales que incidirn en el alcanzar o no el fin para el cual fue suscitada por el Espritu Santo.

Si la R.C.C. se queda solamente concentrada en la accin de los carismas, en especial en los extraordinarios como lenguas, sanacin, liberacin, profeca, milagros, etc., no dejar de ser algo raro, que estar como apartado de la vida de la Iglesia tradicional; ser como una isla, donde algunos iniciados experimentan cosas que el resto de los creyentes ni siquiera entienden bien de que se trata.

Por eso es tan importante ver que los carismas en la vida de la Iglesia no son ms que medios aptos para la evangelizacin, en primer lugar, y luego, para la edificacin de la comunidad cristiana.

3 Renovacin no es sinnimo de Grupos de Oracin.

Muchos confunden la Renovacin Espiritual con los Grupos de Oracin. Es verdad que stos desempean en ella un papel muy importante, pero no se identifican con ella. Son un elemento muy valioso, pero no son el todo. Su importancia en todas las etapas de la renovacin es muy grande, y por eso son cada da ms apreciados. La oracin compartida es uno de los grandes beneficios del Seor en este momento. Los dems elementos que integran un Grupo de Oracin son muy valiosos. Ms la renovacin abarca todo el da, toda la vida y toda la persona. Es una accin del Espritu Santo que no queda enmarcada en determinada actividad, sino que las trasciende todas. Tiene que ser permanente y no puede limitarse a unas cuantas horas diarias o semanales.

Este tercer punto, que parece tan simple, es, sin embargo, muy valioso y debe ser tenido especialmente en cuenta. No se puede pensar que la Renovacin Carismtica, su influencia en los fieles, comienza y termina en el grupo de oracin o en un retiro espiritual, en el tiempo que se pasa all. La accin del Espritu santo que se pone en movimiento en cada uno, debe guiar y abarcar la vida entera, cada hora del da, y debe impregnar las enteras actividades de la persona.

Un fruto que da la Renovacin Carismtica es precisamente el abolir la diferencia que hacen la gran mayora de los fieles catlicos, que separan el tiempo de dedicarse a Dios (por lo usual la misa dominical, y eventualmente alguna otra actividad eclesial o devocin) con el tiempo de hacer las otras cosas, que abarca, en la prctica, casi toda su jornada.

Los que experimentan la Renovacin en el Espritu van sintiendo y viendo que esa separacin se va esfumando, y que la presencia de Jesucristo como Seor y la accin poderosa del Espritu Santo van impregnando e influenciando las distintas actividades y momentos de su vida diaria.

4. No pretende monopolizar al Espritu Santo.

No faltar quien afirme que la Renovacin Espiritual Carismtica quiere monopolizar la accin del Espritu Santo y que ella se cree duea exclusiva de l. Tal concepcin no pasara de ser infantil. Sabemos que la accin santificadora del Espritu Santo empieza en todos desde el bautismo y prosigue a lo largo de la vida.

Pero tambin estamos comprobando que esa accin del Divino Espritu es ahora en cierta manera identificable, como lo afirm Pablo VI en su catequesis de mayo de 1973, y que la renovacin que est realizando en la Iglesia en este momento es extraordinaria.

Un conocimiento ms profundo de la Persona y de la accin del Espritu trae ahora beneficios muy sealados. Creo que se est cumpliendo el deseo del Santo Padre cuando dijo: A la Cristologa y especialmente a la Eclesiologa del Concilio, debe suceder un estudio nuevo y un culto nuevo sobre el Espritu Santo, justamente como complemento que no debe faltar a la enseanza conciliar. Esperamos que el Seor nos ayude a ser discpulos y maestros de esta su escuela posterior (Audiencia del 6 de junio de 1973).

Quien verdaderamente posea el Espritu del Seor y se deje conducir por l, admirar su multiforme y maravillosa accin en todas las personas y en todas las organizaciones pastorales. La luz del Espritu Santo lo aclara todo y jams enceguece. La estrechez de criterio aparece en nosotros cuando nos apoyamos solamente en criterios humanos que son siempre carnales y no nos dejamos conducir por la verdad del Espritu del Seor.

Cuando alguien mira desde fuera la Renovacin Carismtica y empieza a racionalizar no la comprende, ni la aprecia. Es imposible percibir su valor sin la luz del Espritu y sin una vivencia personal.

Lamentablemente, en mis aos en la Renovacin Carismtica, he escuchado ms de una vez a sacerdotes diciendo ustedes los carismticos, los que tienen el Espritu Santo. Yo entiendo que quizs queran decir ustedes que conocen y experimentan el Espritu Santo, pero a veces todo queda como si realmente la Renovacin tuviera una especie de monopolio del Espritu, ya que tampoco los destinatarios de expresiones como esas suelen aclarar mucho el tema, quizs porque los hace sentir distintos, e inclusive superiores al resto de los fieles, lo que alimenta algn resabio de soberbia espiritual que siempre existe.

Es fundamental que en la Iglesia se vuelva a la nocin clara de que lo normal en un cristiano debe ser su apertura a la accin y experiencia del Espritu Santo, y no lo contrario.

Luego el artculo plantea en cuatro puntos lo que s es la Renovacin Carismtica Catlica:

1. Un mejor conocimiento de la Persona y de la obra del Espritu Santo.

Nuestro seor durante sus aos de ministerio pblico habl mucho del Espritu Santo y de lo que l debera hacer en su Iglesia. Esta fue la primera etapa. Despus de la Ascensin vendra la segunda, cuando lo derramase sobre Ella.

Tambin ahora la Renovacin espiritual comienza generalmente por esa primer etapa. A la luz de la Palabra de Dios y de la copiosa enseanza del Magisterio, se est efectuando una amplia evangelizacin acerca del Espritu Santo y del papel que desempea en la Iglesia y que ha sido sintetizado de manera admirable por el Concilio Vaticano II en el N 4 de la Constitucin Dogmtica sobre la Iglesia. Cada da se puede decir con menos razn que este Espritu Santo es el gran desconocido.

Lo primero que busca la Renovacin Carismtica es, al igual que en la enseanza de Jess, un mayor y verdadero conocimiento del Espritu Santo, en cuanto a su obra y Persona, como una primer etapa.

La segunda etapa ser la experiencia de su accin en la vida de cada uno:

2. Una experiencia profunda de su presencia en nosotros y de su accin en nuestras vidas.

Los apstoles y los dems discpulos que haban escuchado de labios de Jess una amplia catequesis acerca del Parclito, recibieron el da de Pentecosts una comunicacin admirable de l. Quedaron todos llenos del Espritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extraas, segn el Espritu les otorgaba expresarse (Hechos 2,4).

Esta efusin del Espritu Santo y la experiencia de su presencia y de su accin en la vida es lo que se vive en la Renovacin Carismtica.

Una vez que se ha experimentado la vivencia del Espritu Santo, y la apertura a l, se inicia el camino de una vida en el Espritu.

3. Una entrega sin limitaciones a la conduccin del Espritu Santo y una constante docilidad para seguir sus inspiraciones.

Para los Apstoles y para sus compaeros Pentecosts no fue un trmino, sino el gran comienzo de una nueva vida, la vida en el Espritu.

De idntica manera, la Renovacin Carismtica que tiene en la efusin del Espritu Santo un momento muy importante, tiene que convertirse despus en una autntica vida en el Espritu. Caminar en el Espritu y vivir en el Espritu, son los trminos empleados por San Pablo en su Carta a los Glatas (5,25). Estas deben ser las aspiraciones de quienes comprenden lo que es la Renovacin.

Si la entrega y el abandono a la gua del Espritu Santo son verdaderos y sin limitaciones, se deber experimentar un crecimiento en el amor de Dios, que llevar no slo al amor al Padre, al Hijo y al Espritu Santo, sino tambin a la Iglesia, al Papa, a los obispos y sacerdotes, y a la Virgen Mara:

4. Es la Renovacin del amor en todas sus proyecciones.

El Espritu Santo es el amor en la Trinidad y el encargado de derramar el amor en nuestros corazones (Rom. 5,5). Por eso, su principal accin en la persona que lo recibe es la de renovar en ella su amor a Dios, a la Iglesia y a todos sus hermanos.

Pablo VI invit al final del Ao Santo a efectuar La Revolucin del Amor. El Espritu Santo es quien puede y quiere hacer esta revolucin y quien la est adelantando en muchas vidas.

Las personas que se entregan a la accin renovadora del Espritu Santo experimentan progresivamente cmo crece en ellas el amor al Padre.

Comprueban tambin que crece en ellas un amor a Jess que no haban sentido ni vivido antes. Jess se va convirtiendo en el centro de la vida y en la gran obsesin de la existencia. Se crean unas relaciones nuevas con l y se intensifica la necesidad de conocerle y hacerle conocer, de entregarle toda la vida y estrechar el dilogo amoroso con l en la oracin y en la accin.

La Iglesia aparece como la Esposa de Cristo con toda su belleza y santidad y se la mira de manera distinta y se la ama con verdadero amor filial.

Un estudiante universitario escribe al respecto: Como lo hemos descubierto muchos de nosotros, el Espritu Santo ha renovado nuestro amor a la Iglesia. All donde no exista para nosotros sino la carcaza de una institucin, hemos descubierto una vida, un poder y un calor. Las devociones tradicionales, como las Marianas, aparecen ahora cargadas de sentido y significado. La vida sacramental de la Iglesia se nos presenta ahora rica de sentido, especialmente el sacramento de la penitencia que frecuentamos ya con ms fruto que antes.

Por eso renace en las personas la autntica devocin a la Santsima Virgen, la llena del Espritu y su Esposa Santsima. La devocin Mariana est reverdeciendo, para usar el trmino empleado por Pablo VI.

Para terminar, en este artculo se plantea como conclusin que la Renovacin, en cuanto a su accin, abarca a todo el hombre, tanto sus facultades humanas (inteligencia o mente y voluntad o corazn) como a la realidad de su entorno en el mundo:

Esta accin renovadora del Espritu Santo no est limitada a uno o varios momentos de la vida de una persona. Debe, al contrario, extenderse a toda su existencia. El cristiano debe vivir en el Espritu.

Tampoco se limita a una parte de la persona. Toda ella debe ser renovada. Debe renovarse la mente como lo pide San Pablo en su carta a los Efesios (4,23).

Debe renovarse el corazn. Os dar un corazn nuevo. Quitar de vuestra carne el corazn de piedra y os dar un corazn de carne (Ez. 36,26).

Debe renovarse todo el mundo de la conciencia, que de carnal debe pasar a espiritual, y an el del subconsciente que puede y necesita ser sanado de todo lo que tiene enfermo.

El ro de aguas vivas del Espritu Santo sana todo lo que toca y est podrido (Ezequiel 47).

Pero la renovacin no termina en la persona, sino que se extiende a la familia o a la comunidad donde ella vive y acta, y debe llegar a las instituciones y a las organizaciones. La accin del Espritu Santo puede y debe llegar a todo el hombre y a todos los hombres. Tal es la maravillosa posibilidad que se nos presenta en esta hora tan difcil de la historia.

En lugar de mirar miopemente la Renovacin, empecemos a vislumbrar todas sus posibilidades y abramos todas nuestras vidas a este viento fuerte del Espritu Santo para que l nos llene, nos cambie, nos conduzca, nos renueve, y por medio nuestro renueve el pequeo mundo en el cual nos toca vivir y actuar.

As vemos planteado con sencillez y claridad qu es la Renovacin Carismtica, en cuanto al aspecto de lo que produce en el hombre: comienza con el conocimiento mayor del Espritu Santo, pasa por la experiencia de su presencia y su accin, lo que deber producir una entrega sincera a su conduccin, para ir llegando a la plenitud del amor, que es una de las definiciones de la santidad que da el Concilio Vaticano II.

[ Arriba ]

13) Cardenal Joseph Suenens (1977):

En el ao 1977 la Renovacin Carismtica Catlica cumpli el dcimo aniversario de su nacimiento en Estados Unidos. El Cardenal Suenens, de quien ya comentamos su Carta Pastoral de Pentecosts de 1973, donde dio su famosa definicin de la Renovacin Carismtica, como una corriente de gracia, hizo una reflexin en esta oportunidad, reproducida en la revista Alabar, N 25, ao 1977, cuyos puntos salientes vamos a analizar, para terminar con este compendio de la visin que la Renovacin Carismtica Catlica tuvo de s misma en los primeros tiempos de su existencia:

La Renovacin Carismtica nos hace conscientes de nuestros valores espirituales, nos invita a una revalorizacin de nuestra herencia cristiana, a un nuevo despertar como pueblo de Dios. Es importante recalcar la continuidad de esto con el pasado, especialmente con el pasado inmediato, con Vaticano II. As mismo es importante mantener ese sentido de continuidad sin crear la impresin de que es algo radicalmente nuevo y forneo a nuestra tradicin. Larry Christenson, uno de los promotores ms destacados dentro de la Renovacin Carismtica Luterana, escribi muy acertadamente que la misma palabra renovacin implica una apreciacin de lo viejo. Dios no aniquila, Dios redime. l no deshecha lo viejo, sino que lo renueva. l no hace cosas nuevas, l renueva las cosas. Una seal de madurez en cualquier movimiento de la Renovacin es la apreciacin que ste tenga por su patrimonio.

Aqu el Cardenal Suenens, el ms importante referente de la R.C.C. en sus inicios, plantea un punto fundamental que no debera olvidarse nunca en la Renovacin Carismtica: la experiencia carismtica, sus frutos y consecuencias, no representa algo nuevo que irrumpe en la Iglesia, sino que implica una renovacin de lo viejo, que no puede dejar de lado ni evitar apoyarse en todo el enorme y rico patrimonio de la Iglesia.

Revalorizar la extraordinaria herencia que tenemos los cristianos luego de dos mil aos de Iglesia, es uno de los grandes frutos de la experiencia del Espritu Santo, ya que ste no ha aparecido ahora con su accin en las almas, sino que es el mismo que ha inspirado a tantos santos, doctores, telogos y msticos experimentales. Por eso siempre ser una seal de verdadera madurez en la R.C.C. el aprecio que se tenga en ella del patrimonio que hemos heredado, y el buen uso que se haga del mismo.

Luego el Cardenal establece unas preguntas bsicas:

Hacia dnde nos dirigimos? Tiene la Renovacin Carismtica algo que dar a la Iglesia? Tiene la Iglesia necesidad de algo que la Renovacin pueda brindarle?

Antes de contestar estas cuestiones, el Cardenal Suenens plantea la prevencin ante lo que l considera un posible peligro, que es el concepto de que la R.C.C. se vea a s misma como una especie de Iglesia dentro de la Iglesia:

Si nosotros nos referimos a la Renovacin Carismtica como un movimiento que tiene algo que dar a la Iglesia, implicamos en nuestro postulado una divisin entre la Renovacin y la Iglesia. Esta formulacin conlleva una visin de la Iglesia como una simple institucin necesitada de algo espiritual. Es la Renovacin una especie de transfusin de sangre al Cuerpo de Cristo, algo que viene de afuera? No. Una Iglesia institucional en contraste con una Iglesia carismtica simplemente no existe. La Iglesia es una entidad con diferentes dimensiones ntimamente relacionadas entre s. La dimensin carismtica es el corazn de la dimensin institucional, y las dimensiones institucional y sacramental a su vez estn plenas de la presencia y del poder del Espritu Santo...

Es de suma importancia escoger nuestra terminologa cuidadosamente. Cuando hablamos acerca de la Renovacin Carismtica como un movimiento u organizacin, nos vemos tentados a percibir una especie de Iglesia dentro de la Iglesia. Existe el peligro, si no tenemos cuidado, de crear la impresin de que la Renovacin aspira a una especie de cristianismo sin afiliacin religiosa, o a una especie de sper iglesia que abarque a todos los cristianos sobre bases formadas por el mnimo comn denominador entre stas.

Aceptar esta visin implica una negacin de nuestra propia identidad, un rechazo de la Iglesia especfica, instituida por el Seor de acuerdo con sus preceptos, y guiada por su Espritu a travs de los siglos.

El que refiere aqu el Cardenal es un peligro cierto, en el que muchas veces se cae dentro de la Renovacin. Algunos de los que llegan a la Renovacin lo hacen despus de mucho tiempo de estar alejados (y quizs tambin disgustados y resentidos) de la Iglesia, por distintas razones, en especial a causa de problemas o malas experiencias con la jerarqua.

Y creen encontrar en la R.C.C. otra Iglesia, distinta, que ha casi roto con la Iglesia tradicional. Para colmo, tambin parte de los catlicos que vuelven se haban alejado de la Iglesia Catlica atrados por los protestantes, en alguna de sus variadas ramas, en especial por los llamados pentecostales.

La identidad catlica queda as en estas personas bastante difusa, mimetizada, escondida en un falso concepto de ecumenismo que muchos enarbolan y que inclusive los lleva a mezclar los diferentes cultos sin ningn pudor. Por esto es que el Cardenal Suenens enfatiza, con muchsima razn, la necesidad de una fuerte afirmacin de la identidad de los catlicos.

Aclarado este punto crucial, el Cardenal pasa a contestar la pregunta planteada: Qu tiene para dar a la Iglesia la Renovacin Carismtica?:

Queremos destacar lo que sin duda es una de las contribuciones ms importantes de la Renovacin Carismtica, o sea, la facultad de impartir a todos los cristianos una renovada conciencia y una total comprensin de la verdadera esencia del bautismo.

En los primeros tiempos de la Iglesia el bautismo era otorgado a los adultos que se haban convertido. Despus, comenz la prctica de bautizar a los nios, y un cambio muy importante tuvo lugar en lo que se refiere a la forma en que las personas sean iniciadas al cristianismo. Esta nueva forma de hacerse cristiano por herencia, por influjo familiar, y por el apoyo de la sociedad cristiana, cre un nuevo tipo de cristiano. As los nuevos cristianos no experimentaban un encuentro personal con Jess como Seor y Salvador, y adems no eran ellos los que escogan su hermandad en completo conocimiento y libertad plena.

Por eso hoy estamos necesitados de cristianos que estn en pleno conocimiento de la realidad y del significado de su bautismo. Cristianos que estn dispuestos a comprometerse y compenetrarse con Jess, que le hayan conocido y aceptado plenamente en sus vidas. Esto sugiere un nuevo mtodo de iniciacin cristiana, un nuevo catecumenado para los cristianos adultos que fueron bautizados y confirmados de nios, pero que ahora quieren aceptar de una manera nueva y adulta la verdad de lo que ellos son gracias a los sacramentos ya recibidos.

El bautismo de los nios tiene que continuar. Esta tradicin tiene bases slidas y retiene su validez. Pero queremos fomentar la necesidad de renovar nuestro compromiso con el seor.

A esto es lo que se refiere en la Renovacin Carismtica con el trmino bautizado en el Espritu. O sea, un nuevo Pentecosts como fruto de los sacramentos del Bautismo y la Confirmacin, con una nueva conciencia y aceptacin.

Nosotros, en verdad, tenemos que cristianizar a los cristianos. Tenemos que ayudar a los que han sido confirmados sacramentalmente a renovarse espiritualmente. Slo entonces es que llegaremos a ver un cristianismo vivo, un cristianismo preparado para un futuro con menos cristianos por herencia y ms cristianos por vocacin...

Y si la Renovacin Carismtica logra universalizar la efusin del Espritu Santo en el Pueblo, habr hecho historia.

El da que esta experiencia sea parte ntegra de la iniciacin cristiana normal, la corriente carismtica habr logrado lo ms profundo de su vocacin: desaparecer como ro y perderse en la profundidad del nico mar.

En el pensamiento y la visin del Cardenal Suenens est muy claro el papel que le ha dado el Espritu Santo dentro de la Iglesia a la R.C.C.: la facultad de impartir a todos los cristianos una renovada conciencia y una total comprensin de la verdadera esencia del bautismo.

La prctica del bautismo de los nios hoy fabrica cristianos por herencia o tradicin familiar, que no experimentan en su adultez un encuentro personal con Jess, reconocindolo entonces como su Seor y Salvador.

Cuando a stos bautizados en la niez se los prepara para recibir los otros sacramentos, primero la Eucarista, y luego la Confirmacin, se les imparte una catequesis cada vez ms devaluada en su contenido en muchos pases, sin que hayan recibido primero el kerygma, o primer anuncio, que los llevara a un encuentro con el Seor y al deseo de seguir la vida cristiana.

Es decir, se ha eliminado la clara separacin y diferencia que se haca al principio en la Iglesia: la predicacin del kerygma, la apertura al Espritu Santo que impulsaba a la conversin, el catecumenado, el bautismo, y la formacin o catequesis posterior. Por eso el Cardenal recalca el aporte de la Renovacin para cristianizar a los cristianos, o para evangelizar a los bautizados, como ya vimos que se comenz a decir en la Renovacin.

La experiencia fundamental en que se basa la R.C.C. para lograr esto es la llamada efusin o bautismo en el Espritu Santo que es una vivencia fuerte del Espritu que lleva a una nueva conciencia y aceptacin del Bautismo y la Confirmacin. Queda as muy claramente delineada la misin de la R.C.C. en la Iglesia y su aporte: llevar a una plena conciencia y vivencia de la gracia recibida en la Iniciacin cristiana.

Lo anterior significa con claridad que no es un nuevo camino en la Iglesia, sino que es una antigua experiencia, unida al mismo inicio de la Iglesia a partir de Pentecosts, que hoy vuelve a irrumpir con fuerza en forma masiva entre los fieles para que, a su impulso, puedan recorrer con una nueva vitalidad y conciencia el camino de crecimiento en la verdadera vida cristiana.

El Cardenal Suenens define que si la Renovacin Carismtica logra universalizar la efusin del Espritu Santo en el Pueblo, habr hecho historia, y por eso dice que un da la R.C.C., cumplida su misin, deber desaparecer en la profundidad del nico mar, que es la Iglesia.

Esto no debera perderse de vista nunca en la Renovacin, porque marca claramente el objetivo primero de la Renovacin. Pero, con el tiempo y el avance de la R.C.C. en el mundo, ha ido surgiendo otro problema que lleva tambin a un nuevo enfoque de lo que ella puede aportar a la Iglesia: cuando una persona es conmovida interiormente por la experiencia de la efusin en el Espritu, siente un nuevo y fuerte impulso para avanzar en su vida cristiana, lo que el Cardenal Suenens expresa como vivir ms plenamente su Bautismo y Confirmacin.

Por lo tanto las personas necesitan, a partir de all, quienes los guen en ese nuevo camino, que es el crecimiento espiritual, o, dicho ms claramente, el crecimiento en santidad.

Esta es la responsabilidad con que se ha ido encontrando la R.C.C. en sus grupos de oracin y comunidades, y nos podemos preguntar: Cul ha sido su respuesta? He aqu uno de los interrogantes fundamentales que hay que hacerse hoy respecto a la Renovacin Carismtica, y sobre el que trataremos de indagar exhaustivamente en el prximo captulo.

[ Arriba ]
Contempladores
Copyright � 2008 - Contempladores - Todos los derechos reservados | Sitio Dise�ado por Sitetools