Contempladores

Seleccin De Textos Espirituales.

Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana.

El Corazn de Jess, modelo y fuente de caridad A. Tanquerey
La Madre del Redentor y de todos los hombres R. Garrigou-Lagrange
La educacin por la Eucarista Vida de Santa Maria Micaela

El Corazn De Jess, Modelo Y Fuente De Caridad.

Del Compendio de Teologa Asctica y Mstica de Adolphe Tanquerey, Libro II, Captulo III, Artculo III, en que trata de la virtud teologal de la caridad, como principio fundamental del crecimiento de la gracia santificante, obtenemos esta preciosa descripcin de cmo el Sagrado Corazn de Jess es fuente de la caridad:

<<1 Advertencias preliminares. No podemos poner remate ms a propsito a cuanto hemos dicho acerca de la caridad, que convidar a nuestros lectores a buscar en el Sagrado Corazn de Jess la fuente y el modelo de la caridad perfecta.

Hay en verdad dos elementos esenciales en la devocin al Sagrado Corazn: un elemento sensible, que es el corazn de carne unido hipostticamente a la persona del Verbo; un elemento espiritual, simbolizado por el corazn material, que es el amor del Verbo Encarnado a Dios y a los hombres. Estos dos elementos no son de suyo sino uno solo, como uno es el signo y la cosa significada. El amor significado por el Corazn de Jess, es ciertamente el humano, pero tambin es el divino, porque en Jess las operaciones divinas y humanas se hallan unidas indisolublemente. Es el amor que tiene a los hombres: <<Ved el Corazn que tanto ha amado a los hombres>>; pero tambin es el amor que tuvo a Dios, su Padre; porque como hemos demostrado, la caridad para con los hombres se deriva de la caridad para con Dios, y de sta toma su verdadera razn y motivo.

Podemos, pues, considerar al Corazn de Jess como el modelo ms perfecto del amor a Dios y del amor al prjimo, y tambin como el modelo de todas las virtudes, puesto que la caridad las encierra todas y las hace perfectas. Y porque, durante su vida mortal, nos mereci la gracia de imitar sus virtudes, es tambin la causa meritoria, la fuente de las gracias con las que podemos amar a Dios y a nuestros hermanos, y practicar todas las virtudes.

2 El Corazn de Jess, fuente y modelo del amor de Dios. El amor es la entrega total que de s hace el amante, y, por esta razn, cun perfectsimo es el amor de Jess a su Padre! Desde el primer instante de su encarnacin se ofrece y se entrega como vctima para reparar la gloria de Dios ofendido con nuestros pecados.

En su nacimiento, y en el da de su presentacin en el templo, renueva esta ofrenda. Durante su vida oculta, demuestra su amor a Dios obedeciendo a Mara y a Jos, a quienes consideraba representantes de la autoridad divina.; y quin podr contar los actos de amor pursimo que subiran desde la humilde casa de Nazaret hacia la adorable trinidad? En su vida pblica, no procura sino lo que es del agrado y redunda en gloria de su Padre: porque yo hago siempre lo que le agrada a l (Jn, 8,29) yo honro a mi Padre (Jn. 8,49); en la ltima Cena puede decir con verdad que ha glorificado a su padre durante toda su vida; y al da siguiente consumaba la entrega de s llevndola hasta el sacrificio del Calvario. Quin podr jams contar los actos internos de amor que brotaran sin cesar de su Corazn, y que hicieron de su vida entera un acto continuo de caridad perfecta?

Mas, quin podr sobre todo describir la perfeccin de ese amor?

Es, dice San Juan Eudes, un amor digno de tal Padre y de tal Hijo; un amor que iguala perfectsimamente con las inefables perfecciones de su objeto amado; es un Dios que ama a un Dios Dicho de una vez, el Divino Corazn de Jess, considerado en su divinidad o en su humanidad, se halla infinitamente abrasado en amor a su Padre y le ama infinitamente ms en cada momento de tiempo que todos los corazones de lo ngeles y de los Santos juntos pueden amarle durante toda la eternidad.

Ese amor podemos hacerle nuestro, y ofrecerle al Padre unindonos con el Corazn Sagrado de Jess, y diciendo con S. J. Eudes: Oh Salvador mo, me entrego a ti para unirme al amor eterno, inmenso e infinito que tienes a tu Padre! Oh Padre adorable, te ofrezco todo el amor eterno, inmenso e infinito de tu Hijo Jess como mo que es! Te amo cuanto tu Hijo te ama.

3 El Corazn de Jess, fuente de amor a los hombres. Ya dijimos antes cunto los am en la tierra; qudanos por decir cunto los ama sin cesar desde el cielo.

a)Porque nos ama, nos santifica con los sacramentos: son stos, dice S. J. Eudes, otras tantas fuentes inagotables de gracia y santidad, que tienen su manantial en el ocano inmenso del Sagrado Corazn del Salvador; y todas las gracias que por ellos nos vienen, son otras tantas llamas del divino horno.

b) Mas principalmente en la Eucaristanos da la mayor prueba de amor.

1) Hace diecinueve siglos que est con nosotros de noche y de da, como un padre que no acierta a separarse de sus hijos; como un amigo cuyas delicias son estar con sus amigos; como un mdico que est constantemente a la cabecera de sus enfermos. 2) Est siempre en acto, adorando, alabando y glorificando a su Padre por nosotros; dndole continuas gracias por todos los bienes que sin cesar nos prodiga; amndole en nombre nuestro; ofrecindole sus mritos y satisfacciones para reparar nuestros pecados, y pidindole de continuo nuevas gracias para nosotros: Ya que est siempre vivo para interceder por nosotros (Hebr. 7,25). 3) No cesa de renovar sobre el altar el sacrificio del Calvario un milln de veces cada da, donde quiera que haya un sacerdote que consagre, y hcelo por amor a nosotros, para aplicarnos los frutos de su sacrificio, y, no contento con inmolarse, se da todo entero a cada uno de los que comulgan, para hacerlos participantes de sus gracias y de sus virtudes.

Este divino Corazn desea vivamente comunicarnos sus afectos de caridad: Mi Corazn divino, deca a Santa Margarita mara, est tan abrasado del amor a los hombres, y del tuyo en particular, que no pudiendo contener dentro de s las llamas de su ardiente caridad, es menester que por medio de ti las derrame, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con sus preciados tesoros (Primera de las grandes Revelaciones, 1673). Y entonces Jess le pidi el corazn para unirle al suyo y poner en l una centella de su amor. Y esto que hizo por modo de milagro con la Santa, hcelo con nosotros de modo ordinario en la santa comunin, y siempre que unimos nuestro corazn al suyo; porque vino a la tierra a traer el fuego sagrado de la caridad, y no desea sino que se encienda en nuestros corazones: He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y cunto deseara que ya estuviera encendido! (Lc. 12,49).

4 El Corazn de Jess, fuente y modelo de todas las virtudes. Muchas veces en la Sagrada Escritura designa el corazn todos los afectos internos del hombre por oposicin a sus afectos externos: El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazn (1 Sam. 16,7). Por va de consecuencia, el Corazn de Jess simboliza, no solamente el amor, sino todos los afectos interiores de su alma. De esta manera han considerado los grandes msticos de la Edad Media, y, despus de ellos, S. J. Eudes, la devocin al Sagrado Corazn. E igualmente Santa Margarita Mara: cierto que insiste, y con razn, en el amor de que el divino Corazn est lleno. Pero en sus diversos escritos nos presenta al Sagrado Corazn como dechado de todas las virtudes, y el P. de la Colombire, su confesor y su intrprete, compendia el pensamiento de ella en un acto de consagracin que se halla al final de los Retiros espirituales.

Esta ofrenda se hace para honrar al divino Corazn, sede de todas las virtudes, fuente de todas las bendiciones, y refugio de todas las almas santas. Las principales virtudes que vamos a venerar en l son: primeramente, un amor ardentsimo a Dios su padre, junto con un profundsimo respeto y la ms perfecta humildad que existi; en segundo lugar, una paciencia infinita en los tormentos, un dolor extremo por los pecados que ech sobre s, la confianza tiernsima de un hijo junto con la confusin de un grandsimo pecador; en tercer lugar, una compasin muy sentida de nuestras miserias, y, a pesar de todas esta mociones encontradas, una serenidad inalterable, causada por una conformidad tan perfecta con la voluntad de Dios, que no podr turbarla suceso alguno.

Por lo dems, puesto que todas las virtudes nacen de la caridad, y en ella encuentran su ltima perfeccin, el Corazn de Jess, por ser el manantial y dechado de la caridad divina, lo es tambin de todas las virtudes.

Por eso la devocin al Sagrado Corazn de Jess coincide con la devocin a la Vida Interior de Jess, expuesta por Olier, y practicada en San Sulpicio. Esta vida interior, nos dice Olier, consiste en el modo de haberse en todas las cosas y en los afectos interiores con respecto a ellas: por ejemplo, en su religin para con Dios, en su amor al prjimo, en el anonadamiento de s mismo, en su horror al pecado, y en su condenacin del mundo y de sus mximas (Catch. Chrtien, PI, lec. I.).

Estos hbitos internos se hallan en el Sagrado Corazn de Jess y de all han de copiarse. Por esa razn, a un alma piadosa, que gustaba de recogerse en el interior del Corazn de Jess, escriba Olier: Escondeos mil veces al da en ese amable Corazn hacia el cual os senta tan fuertemente atrada Es el gabinete escogido del Hijo de Dios; la piedra preciosa del joyero de Jess; el arca de los tesoros de Dios, donde derrama todos sus dones, y de donde toma sus gracias para comunicrnoslas En el Sagrado Corazn y en su adorable Interior se obraron primeramente todos los misterios Ved a cun grandes cosas os llama el Seor al abriros su Corazn, y como habis de aprovecharos de esa gracia que es una de las mayores que habis recibido en toda vuestra vida. Que jams criatura alguna os haga salir de ese lugar de delicias, y que os aneguis por el tiempo y por la eternidad en ese mar con todas las santas esposas de Jess (Lettres, t. II, n. 146). Y en otro lugar dice: Oh Corazn de Jess! Oh que ocano de amor se encierra en vos y de vos se derrama por toda la tierra! Oh fuente fecunda e inagotable del amor! Oh abismo profundo e insondable de la verdadera religin! Oh centro divino de todos los corazones!... Oh Jess, dejadme que os adore en vuestro interior, que adore vuestra alma bendita, que adore vuestro Corazn que he visto esta maana! Bien quisiera decir como es, pero no puedo; tanto me traspuso. Le he visto como un cielo todo lleno de luz, de amor, de gratitud, de alabanzas. Ensalzaba a Dios, y manifestaba las excelencias y magnificencias divinas. Para Olier el Interior de Jess y su Sagrado Corazn no son sino una misma cosa: el centro de todos sus afectos y virtudes, el santuario del amor y de la religin, en el que Dios es glorificado, y adonde las almas fervorosas gustan de recogerse.

Conclusin.Para que la devocin al Sagrado Corazn de Jess produzca tan saludables efectos, ha de consistir en dos actos esenciales: amor y reparacin.

1 El amor ha de ser la primera y principal de las ocupaciones, segn Santa Margarita Mara y segn tambin S. J. Eudes.

Al dar cuenta al P. Croiset de la segunda de las principales apariciones, escribe S.- Margarita: Hzome ver que el mucho deseo que tena de ser amado de los hombres, y de apartarlos de los caminos de la perdicin, le haba movido a revelarles su corazn con todos sus tesoros de amor, de misericordia, de gracia, de santificacin y de salvacin, para que a los que le dieren la gloria, honra y amor todo que pudieren, los haga ricos con la abundancia y profusin de los dones divinos que manan del Corazn de Dios como de su fuente. Y en otra carta a Sor de la Barge, acaba diciendo: Amemos, pues, a ese nico amor de nuestras almas, porque primero nos am l y nos ama con tanto fuego, que est de l abrasado de continuo en el Santsimo Sacramento. Basta con amar al Santo de los Santos para ser santa. Quin nos quitar de serlo, puesto que tenemos corazn para amar, y cuerpo para padecer? No otra cosa sino su amor puede movernos a hacer todo cuanto le pluguiere; no otra cosa que el perfecto amor de l nos mover a hacerlo de la manera que le pluguiere; y no puede haber otra cosa fuera de su perfecto amor, que pueda movernos a hacer cosa alguna sino cuando le pluguiere. (Leerte CVIII, t. II, p. 227)

2 El segundo de los actos dichos es la reparacin; porque el amor de Jess ha sido ofendido por las ingratitudes de los hombres, segn el mismo Seor lo declara en la tercera de sus principales apariciones:

Mira aqu este Corazn que tanto ha amado a los hombres hasta el punto de no perdonar fatiga ni trabajo hasta lo ltimo para mostrarles su amor; y, en pago, no recibo sino ingratitudes de la mayora de ellos, por sus irreverencias y sacrilegios, y por la frialdad y el desprecio con que me tratan en este sacramento del amor. Y pdele entonces que repare esas ingratitudes con el fervor de su amor: Hija ma, vengo al corazn que yo te he dado, para que con tu fervor repares las injurias que he recibido de los corazones tibios y descuidados que me ofenden en el Santsimo Sacramento.

Estos dos actos nos santificarn por extremo: el amor, unindonos ntimamente en el Corazn Sagrado de Jess, nos har participantes de sus virtudes, y nos dar nimos para ejercitarnos en ellas a pesar de todos los obstculos; la reparacin, hacindonos compadecer a Jess en sus tormentos, estimular ms y ms nuestro fervor, y nos mover a padecer animosamente por amor suyo todas las tribulaciones que se dignare partir con nosotros.

Entendida de esta manera la devocin al Sagrado Corazn de Jess, no tendr cosa alguna de afectacin ni de afeminamiento: ser el fondo mismo del cristianismo: una mezcla atinada de amor y de sacrificio, junto con el ejercicio progresivo de las virtudes morales y teologales. Ser una especie de sntesis de la va iluminativa, y una conveniente iniciacin de la va unitiva.>>

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La Madre Del Redentor Y De Todos Los Hombres.

La accin de la Santsima Virgen Mara como Madre de los hombres representa para nosotros una fuente secundaria de santificacin muy importante. El P. Rginald Garrigou-Lagrange, en su obra La Madre del Salvador y nuestra vida interior, Segunda Parte, Captulo I, nos presenta la profundidad de este ttulo asignado a la Virgen.

<< LA MADRE DEL SALVADOR ASOCIADA A SU OBRA REDENTORA

La Iglesia llama a Mara no slo Madre de Dios, sino tambin Madre del Salvador. En las letanas lauretanas, por ejemplo, despus de las invocaciones de Sancta Dei Genitrix y Mater Creatoris, se lee Mater Salvatoris, ora pro nobis.

No existe aqu, como han querido verlo algunos y lo veremos despus, una dualidad que disminuira la unidad de la Mariologa dominada por dos principios distintos: Madre de Dios y Madre del Salvador, asociada a su obra redentora.

Perdura la unidad de la Mariologa, porque Mara es Madre de Dios Redentor a Salvador. De la misma manera los dos misterios de la Encarnacin y de la Redencin no forman una dualidad que destruya la unidad del tratado de Cristo o Cristologa, porque se trata de la Encarnacin redentora; el motivo de la Encarnacin est suficientemente indicado en el Credo, en donde se dice del Hijo de Dios que descendi del cielo para nuestra salvacin: Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis (Smbolo Niceno-Constantinopolitano).

Veamos como Mara se convirti en Madre del Salvador por su consentimiento, y despus cmo, en virtud de Madre del Salvador, debi ser asociada a su obra redentora.

Mara lleg a ser Madre del redentor por consentimiento suyo

En el da de la Anunciacin la Santsima Virgen dio su consentimiento a la Encarnacin redentora, cuando le dijo el arcngel Gabriel (Lc. 1,31): Concebirs en tu seno y dars a luz un hijo, y le pondrs el nombre de Jess, que quiere decir salvador.

No ignoraba Mara las profecas mesinicas, principalmente las de Isaas, que anunciaban claramente los sufrimientos redentores del salvador prometido. Al decir su fiat, en el da de la Anunciacin, acept de antemano y generosamente todos los sufrimientos que ocasionara para su Hijo y para ella la obra de la redencin.

Los conoci ms explcitamente algunos das despus, cuando el santo anciano Simen dijo: Ahora, Seor, deja partir a tu siervo en paz, segn tu palabra, porque han visto mis ojos tu salud, que t preparaste ante la faz de todos los pueblos (Lc. 2,29-30). Comprendi ms profundamente todava, la parte que deba tomar en los sufrimientos redentores, cuando el santo anciano aadi, refirindose a ella: Este Nio es puesto para cada y para resurreccin de muchos en Israel, y para seal a la que se har contradiccin; y una espada de dolor traspasar tu misma alma. Se dice un poco despus en S. Lucas (2,51) que Mara guardaba todas estas cosas en su corazn; el plan divino se aclaraba cada vez ms por su fe contemplativa, que se haca siempre ms penetrante y aguda por la iluminacin y luces del don de inteligencia.

Mara se hizo, pues, voluntariamente la Madre del Redentor como tal; y comprenda cada vez mejor que el Hijo de Dios se haba hecho hombre por nuestra salvacin como lo dir el Credo. Desde entonces se uni a l, como slo una Madre y una Madre tan santa como ella lo puede hacer, en una perfecta conformidad de voluntad y de amor a Dios y a las almas. Esta es la forma especial que toma en ella el supremo precepto: Amars al Seor Dios tuyo con todo tu corazn, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu espritu, y al prjimo como a ti mismo (Deum. 6,5; Lc. 10,27). Nada ms sencillo, ms profundo ni ms grande.

La Tradicin lo comprendi bien, pues no ha cesado de decir: como Eva estuvo unida al primer hombre en la obra de la perdicin, Mara deba estar unida al Redentor en la obra de la reparacin.

Madre del Salvador, se daba cuenta, cada vez ms cabal, de cmo deba cumplir su obra redentora. Le bastaba recordar las profecas mesinicas bien conocidas de todos. Isaas (53, 1-12) anunci las humillaciones y los sufrimientos del Mesas, que los soportara para expiar nuestras faltas, que sera la misma inocencia, y que adquirira grandes multitudes por su muerte generosamente ofrecida.

David, en el Salmo 22 (21): Dios mo, Dios mo, por qu me habis abandonado? describi la plegaria suprema del Justo, su grito de angustia en la opresin, y al mismo tiempo su confianza en Yahweh, su llamado supremo, su apostolado y los efectos en Israel y entre las naciones (Sal 22, 17 ss.). Mara conoca evidentemente este Salmo y lo meditaba en su corazn.

Daniel (7, 13-14) ha descrito tambin el reino del Hijo del Hombre y el poder que le ser conferido: Le fue otorgado el dominio y la gloria y el reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servirn. Su dominio ser un dominio eterno, que no pasar, y su reino no ser destruido jams.

Toda la Tradicin ha visto en este Hijo del Hombre, lo mismo que en el hombre de dolores de Isaas, al Mesas prometido como Redentor.

Mara, que no ignoraba estas promesas, se hizo, por su consentimiento en el da de la Anunciacin, Madre del Redentor como tal. De este consentimiento: hgase en mi segn tu palabra, depende todo lo que sigue en la vida de la Santsima Virgen, como toda la vida de Jess depende del consentimiento que dio al entrar en este mundo, cuando dijo: Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas me apropiaste un cuerpoHeme aqu, vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad (Heb. 10, 6-7).

Tambin los Padres han dicho que nuestra salvacin dependa del consentimiento de Mara, que concibi a su Hijo en la mente, antes de concebirlo fsicamente.

Se podr objetar que un decreto divino, como este de la Encarnacin, no poda depender del libre consentimiento de una criatura, que podra no darlo.

Pero responde la teologa: segn el Dogma de la Providencia, Dios quiso eficazmente y previ infaliblemente todo lo que de hecho sucedera en el transcurso de los tiempos. Quiso, pues, eficazmente y lo previ infaliblemente el consentimiento de Mara, condicin previa de la realizacin del misterio de la Encarnacin. Desde toda la eternidad, Dios que obra siempre con fortaleza y suavidad decidi otorgar a Mara una gracia eficaz que le hara dar este consentimiento libre, saludable y meritorio. De la misma manera que Dios hace florecer los rboles, hace florecer tambin nuestra libre voluntad hacindola producir esos actos buenos; lejos de violentarla en esto, la actualiza y produce en ella y con ella el modo libre de nuestros actos, que es, a pesar de eso, libre de serlo. Este es el secreto del Dios omnipotente. De la misma manera que por obra del Espritu Santo concibi al Salvador sin perder la virginidad, as tambin por la mocin de la gracia eficaz dijo infaliblemente su fiat sin que su libertad fuese en nada lesionada y disminuda; al contrario, por este contacto virginal de la mocin divina y de la libertad de Mara, sta consinti espontneamente en este libre consentimiento otorgado en nombre de la humanidad.

Este fiat era todo entero de Dios como causa primera, y todo entero de Mara como causa secundaria. De la misma manera, una flor o un fruto son obra de Dios, como autor de la naturaleza, y productos del rbol, como causa segunda.

En este consentimiento de Mara vemos un ejemplo perfecto de lo que dice Santo Toms (I, q. 19, a. 8): Como la voluntad de Dios es soberanamente eficaz, no slo se sigue que se realiza lo que Dios quiere (eficazmente), sino que se realiza como l lo quiere, y quiere que algunas cosas sucedan necesariamente, y que sucedan otras libremente (I, q. 19, a. 2): Porque nada se resiste a la voluntad de Dios, se sigue de aqu que no slo se realiza lo que quiere, sino que se realiza necesaria o libremente, segn lo quiere.

Mara, pues, por su fiat del da de la Anunciacin se convirti voluntariamente en Madre del redentor como tal.

Toda la Tradicin lo reconoce, al llamarle la Nueva Eva.No puede serlo efectivamente ms que si, por su consentimiento, se convirti en Madre del Salvador para cooperar en la obra de salvacin, como Eva, al consentir en la tentacin, indujo al primer hombre al pecado que le hizo perder para s y para nosotros la justicia original.

Han objetado los protestantes: los ascendientes de la Santsima Virgen pueden, de este modo, llamarse padre o madre del Redentor, y decirse de ellos que estuvieron asociados a su obra redentora. Es fcil responder que slo Mara fue iluminada para consentir en ser Madre del Salvador y asociada a su obra de salvacin, porque sus antecesores ni saban que el Mesas nacera de su propia progenie. Santa Ana no pudo prever que su hija llegara a ser un da la madre del Salvador prometido.

Cmo estuvo asociada Mara, madre del Redentor, a su obra?

Segn el testimonio de los Padres de la Iglesia, Mara, nuestra Eva, que muchos de ellos ven anunciada ya en las palabras divinas del Gnesis (3,15): La posteridad de la mujer aplastar la cabeza de la serpiente, la doctrina que afirma que la Santsima Virgen, Madre del Salvador, le fue asociada en la obra de la redencin como causa segunda y subordinada, es una doctrina comn y cierta y aun prxima a la fe, de la misma manera que Eva estuvo asociada a Adn en la obra de la perdicin.

En efecto, ya en el siglo II, esta doctrina de Mara, nueva Eva, est universalmente admitida, y los Padres que la exponen no lo hacen como si fuese una especulacin personal, sino como doctrina tradicional en la Iglesia, y que se apoya en las palabras de San Pablo, en que llama a Cristo nuevo Adn, y es contrapuesto al primero, como la causa de la salvacin se opone a la de la cada. (1 Cor. 15,45 ss.; Rom. 5,12 ss.; 1 Cor. 15,20-23). Los Padres relacionan estas palabras de S. Pablo con el relato de la cada, la promesa de la redencin y de la victoria sobre el demonio (Gn. 3,15) y con el relato de la Anunciacin (Lc. 1,26-28), en donde se habla del consentimiento de Mara en la realizacin del misterio de la Encarnacin redentora.

Se puede, pues, y aun se debe ver en esta doctrina de Mara nueva Eva asociada a la obra redentora de su Hijo-, una tradicin divino-apostlica.

Segn la Tradicin, en qu sentido fue asociada mara, nueva Eva, aqu en la tierra, a la obra redentora de su Hijo?

No slo fue por haberle concebido fsicamente, dado a luz y haberlo alimentado, sino moralmente por sus actos libres, saludables y meritorios.

Como Eva ha cooperado moralmente a la cada cediendo a la tentacin del demonio, por un acto de desobediencia e induciendo a Adn al pecado, Mara por el contrario, nueva Eva, ha cooperado moralmente en nuestra redencin, conforme al plan divino, creyendo las palabras del arcngel Gabriel, y consintiendo libremente en el misterio de la Encarnacin redentora, y en todos los sufrimientos que de l se deducirn para su Hijo y para ella.

Mara, ciertamente, no es la causa principal y efectiva de la redencin; no nos poda rescatar de condigno, en justicia, porque haca falta para ello un acto tendrico de valor intrnsecamente infinito, que slo puede pertenecer a una persona divina encarnada. Pero Mara es realmente causa secundaria, subordinada a Cristo y dispositiva de nuestra redencin. Se dice subordinada a Cristo, no slo en el sentido de que es inferior, sino tambin porque concurre a nuestra salvacin por una gracia proveniente de los mritos de Cristo, y obra, pues, en l, con l y por l. No hay que perder nunca de vista que Cristo es el mediador universal supremo y que Mara fue rescatada por los mritos del salvador, por una redencin preservadora, no libertadora, puesto que fue preservada del pecado original y luego de toda falta, por los mritos futuros del Salvador de todos los hombres. No concurre igualmente a nuestra redencin ms que por l, como causa secundaria y subordinada, no perfectiva sino dispositiva, pues nos dispone a recibir la influencia de su Hijo que, por ser el autor de nuestra salvacin, debe completar en nosotros la redencin.

La Madre De Todos Los Hombres

Mara, segn la Tradicin, ha recibido no solamente el ttulo de nueva Eva, sino el de Madre de la Divina Gracia, Madre Admirable, Madre Amable, como le llaman las letanas, y tambin Madre de la Misericordia. Los Padres le llaman muchas veces Madre de todos los cristianos y aun de todos los hombres. Cmo hay que entender esta maternidad? Cundo Mara se convirti en nuestra Madre? Cmo es Madre de todos los fieles, aunque no estn en estado de gracia, y cmo lo es de todos los hombres, aun de los que no poseen la fe? Estas son las cuestiones que conviene que examinemos aqu.

En qu sentido llamamos a Mara, Madre nuestra?

Evidentemente que no es nuestra madre desde el punto de vista natural, pues no nos ha dado la vida corporal. Bajo este aspecto, Eva es la que merece llamarse madre de todos los hombres, pues todos descendemos de ella por medio de generaciones sucesivas.

Mara es nuestra Madre espiritual y adoptiva, en el sentido de que por su unin con cristo Redentor, nos ha comunicado la vida sobrenatural de la gracia. Desde este punto de vista es mucho ms que hermana nuestra, y se le puede llamar, por analoga con la vida natural, nuestra Madre, pues nos ha engendrado a la vida de la gracia.

Si S. Pablo puede decir a los de Corinto, hablando de su paternidad espiritual: Yo os he engendrado en Jesucristo por el Evangelio (1 Cor. 4,15), y a Filemn: Te lo suplico por mi hijo, al que he engendrado en la prisin, por Ensimo, con mucha ms razn podemos hablar de la maternidad espiritual de Mara, maternidad que transmite una vida que debe durar no sesenta u ochenta aos, SIMO para siempre, eternamente.

Es esta una maternidad adoptiva, como la paternidad espiritual de Dios con respecto a los justos, pero esta adopcin es mucho ms ntima y fecunda que la adopcin humana, por la que un rico sin descendencia declara tener como hijo y heredero a un pobre hurfano. Esta declaracin es siempre de orden jurdico y aunque sea la seal del amor del que lo adopta, no produce el menor efecto en el alma del nio adoptado. La paternidad adoptiva de Dios con respecto al justo, por el contrario, produce en el adoptado la gracia santificante, participacin de la naturaleza divina, o de la vida ntima de Dios y germen de la vida eterna, germen por el que el justo es agradable a los ojos de Dios como hijo llamado a verle inmediatamente ya amarle por toda la eternidad En este sentido se dice en el Prlogo de S. Juan (1,12), que los que creen en el Hijo de Dios hecho hombre son nacidos no de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varn, mas de Dios. Esto nos prueba la fecundidad de la paternidad espiritual; de esta fecundidad participa la maternidad espiritual y adoptiva de Mara, porque en unin con Cristo Redentor, nos ha comunicado verdadera y realmente la vida de la gracia, germen de la vida eterna.

Cundo se convirti Mara en nuestra Madre?

Segn los testimonios de los Padres, se convirti en nuestra Madre al consentir libremente en ser la Madre del Salvador, autor de la gracia, que nos ha regenerado espiritualmente. En este instante nos concibi espiritualmente, de tal manera que hubiese sido nuestra Madre adoptiva por este hecho, aunque hubiese muerto antes que su Hijo.

Cuando despus Jess consum su obra redentora por el sacrificio de la Cruz, Mara, al unirse a este sacrificio, por un acto de fe, de confianza y de amor a Dios y a las almas, el mayor que ha existido, se convirti, de un modo ms perfecto, en nuestra madre, por una cooperacin ms directa, ms ntima y ms profunda en nuestra salvacin.

Adems en este momento fue proclamada Madre nuestra, por el Salvador, cuando le dijo al hablar de S. Juan que personificaba a todos los que deban ser rescatados por su sangre: Mujer, he aqu a vuestro hijo, y a Juan: He aqu a vuestra madre (Jn. 19, 26-27). As ha entendido la Tradicin estas palabras, porque en este momento y ante testigos, el Salvador de todos los hombres, no otorgaba este privilegio particular slo a S. Juan, sino que personificaba a todos los que haban de ser regenerados por el sacrificio de la Cruz.

Esta palabras del moribundo Jess, como las palabras sacramentales, produjeron lo que significaban: En el alma de Mara un gran aumento de caridad o de amor maternal por nosotros; en el alma de Juan un afecto filial profundo y lleno de respeto por la Madre de Dios. Este es el origen de la gran devocin a Mara.

Finalmente, la Santsima Virgen contina ejerciendo su funcin de Madre con respecto a nosotros, velando por nosotros para que crezcamos en la caridad y perseveremos en ella, intercediendo por nosotros y distribuyndonos todas las gracias que recibimos.

Cul es la extensin de su maternidad?

Es, en primer lugar, Madre de los fieles, de todos los que creen en su Hijo y reciben por l la vida de la gracia. Pero es tambin Madre de todos los hombres, en cuanto ella nos dio al Salvador de todos, y se uni a la oblacin de su Hijo que derram su sangre por todos. Esto es lo que dicen Len XIII, Benedicto XV y Po XI.

Adems, no es slo Madre de los hombres en general, como se puede decir de Eva desde el punto de vista natural, sino que es Madre de cada uno de ellos en particular, porque intercede por cada uno, y obtiene las gracias que recibimos cada uno de nosotros en el transcurso de las generaciones humanas. Jess dice de s mismo que es el Buen Pastor que llama a sus ovejas, a cada una por su nombre (Jn. 10,3); algo parecido sucede con Mara, Madre espiritual de cada uno de los hombres en particular.

Sin embargo, Mara no es de la misma manera Madre de los fieles y de los infieles, de los justos y de los pecadores. Conviene hacer aqu la distincin admitida, respecto a Jesucristo, en relacin con los diversos miembros de su cuerpo mstico. Es Madre con respecto a los infieles, en cuanto que est destinada a engendrarlos a la vida de la gracia, y en cuanto les obtiene gracias actuales que los disponen para la fe y la justificacin. Es Madre de los fieles que estn en estado de pecado mortal, en el sentido que vela actualmente por ellos, obtenindoles gracias necesarias para hacer actos de fe y esperanza y para disponerse a la conversin; con respecto a los que mueren en la impenitencia final, ya no es Madre suya, pero lo fue. Con respecto a los justos es su Madre en sentido pleno, pues han recibido por su cooperacin voluntaria y meritoria la gracia santificante y la caridad; vela por ellos con tierna solicitud para que permanezcan en estado de gracia y vayan creciendo en la caridad. Es finalmente, La Madre, por excelencia, de los bienaventurados que no pueden perder la vida de la gracia.

S. Grignion de Montfort ha expuesto admirablemente las consecuencias de esta doctrina en su hermoso libro Tratado de la Verdadera devocin a la Santsima Virgen, cap. 1, art. 1, 2 prrafo: Dios se quiere servir de Mara para la santificacin de las almas. Se resume as en El secreto de Mara, 1 part. B. (Por qu nos es necesaria Mara?): Ella es la que dio la vida al Autor de todas las gracias, y por esto es llamada la Madre de la gracia. Dios Padre, de quien descienden todo don perfecto y toda gracia, como de su fuente esencial, al darle su Hijo le dio todas las gracias; de suerte que, como dice S. Bernardo, le fue entregada la voluntad de Dios en l y con l.

Dios la ha elegido por la tesorera, la ecnomo y dispensadora de todas las gracias, de manera que todas sus gracias y dones pasan por sus manos Puesto que Mara ha formado a Jesucristo, Cabeza de los predestinados, le pertenece tambin a ella formar los miembros de esta Cabeza, que son los verdaderos cristianos Ha recibido de Dios un dominio particular sobre las almas para alimentarlas y hacerles crecer en Dios. San Agustn llega hasta a decir que, en este mundo, los predestinados estn guardados en el seno de Mara y que no nacen ms que cuando esta buena Madre los engendra para la vida eterna A ella fue a la que dijo el Espritu Santo: Echad races en mis elegidos (Ecles. 24,13), las races de una profunda humildad, de una caridad ardiente y de todas las virtudes.

Mara es llamada por S. Agustn, y lo es en efecto, el molde vivo de Dios, forma Dei, es decir, que slo en ella se troquel el Dios hecho hombre y tambin slo en ella puede el hombre formarse en Dios Todo el que es arrojado en este molde y se deja modelar, recibe todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios, de una manera proporcionada a la fragilidad humana, sin muchas penalidades y trabajos; de una manera segura, sin temor e ilusiones, porque el demonio no ha tenido ni tendr jams entrada con Mara, santa e inmaculada, sin sombra de la menor mancha de pecado.

Cuanta diferencia hay entre un alma formada en Jesucristo por las vas ordinarias de los que, como escultores confan en su habilidad y se apoyan en su industria, y otra alma bien manejable, bien desligada y fundida y que sin el menor apoyo en s misma, se arroja en Mara y en ella se deja conducir por la operacin del Espritu Santo! Cuntas faltas y defectos, cuntas tinieblas e ilusiones, cunto de natural y humano hay en la primera, mientras que la segunda es pura, divina, semejante a Jesucristo!...

De esta forma, la doctrina cristiana acerca de Mara se convierte, con el Santo de Montfort, en objeto de una fe penetrante y deliciosa y en materia de una contemplacin que lleva por s misma a una verdadera y vigorosa caridad.>>

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La Educacin Por La Eucarista Vida De Santa Mara Micaela

Santa Mara Micaela del Santsimo Sacramento, tambin conocida como Madre Sacramento, naci en Madrid el 1 de enero de 1809, y 50 aos ms tarde lleg a ser la fundadora de la Congregacin religiosa Adoratrices Esclavas del Santsimo Sacramento y de la Caridad. Precisamente en una Casa de esta congregacin, en Buenos Aires, se desenvuelven actualmente las actividades de la Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual que presenta esta Pgina Web, tal como se aclara en Quines Somos.

El P. Antonio De Castellamare escribi un libro denominado Perfiles Eucarsticos sobre la vida y obra de Santa Micaela. De all extraemos, del Captulo XII, que lleva por ttulo La educadora eucarstica, esta hermosa enseanza que nos deja la Santa sobre la Eucarista, centro y culmen de su vida:

<<Todo el secreto educativo de la Bienaventurada Mara Micaela est en la Santa Eucarista. Pocos formadores de almas han sabido apreciar la fuerza educadora y santificadora de la Eucarista como esta venerada Maestra. La Eucarista era para ella todo. Apoy su educacin en tres reglas fundamentales: Enamorar de Jess Sacramentado; dejar hacer a Jess; corresponder a Jess. En cuanto a la primera, sus conversaciones, sus exhortaciones y su oracin miraban slo a esto, a conducir a sus hijas al pie del altar, a inclinar sus corazones hacia el Tabernculo y hacer de ellas verdaderas enamoradas del Santsimo Sacramento. Ella era fuego y nada ms propio del fuego que abrasar lo que le rodea; santamente inflamadas quedaban las hijas por el abrasador fuego de la eucarstica Madre. He aqu, pues, el primer secreto de nuestra Santa, considerada como educadora; suscitar en las almas hambre y sed de la Sagrada Eucarista, segura de que cuanto ms sus hijas la hubieran comido tanto ms la hubieran apetecido. Estaba cierta la serfica Micaela de que poco a poco llegaran a no vivir sino de Jess y por Jess, perenne e intensamente. Estaba tambin segura de que Jess Sacramentado no dejara de hacer su parte. Y, cmo no, adorable Maestro? No sois vos el Sol de la tierra y de las almas, el sol de las Casas religiosas y especialmente de las Casas Eucarsticas, consagradas a vuestro culto y amor? Decidnos, oh Sol Eucarstico! Serais Vos menos que el sol de la tierra, que le da a sta cuanto tiene y puede?

Oh, sol material! T eres fuente de luz, de calor, de belleza, de vida y de pureza para la tierra, tu satlite. Es posible que no sea lo mismo para las almas el Sol del Tabernculo, la Santa Eucarista? Y cmo dudarlo? Ah!, es que aun no hemos entendido, no estamos todava persuadidos de que los cinco grandes beneficios que la tierra recibe del sol, su centro y su solaz, los recibe el alma eucarstica del Sol Eucarstico que es Jess Sacramentado. Pero si nosotros no estamos persuadidos lo estaba en alto grado la Sierva de Dios por la luz de la fe y por la experiencia de su vida. Estaba convencida de que, como Jess Sacramentado era el Sol de su alma, sera asimismo el Sol de sus hijas, el Sol de sus Casas. Estaba segura de que cuanto ms cerca y ms expuesta a los rayos solares de la Eucarista estuvieran sus hijas, seran ms iluminadas, purificadas y embellecidas. Persuadida estaba, en fin, de que Jess Sacramentado hara de sus Colegios centros morales de luz, de fervor, de pureza, de vida y de belleza; no porque ella lo mereciese sino porque Jess lo quera. El Instituto era obra de Jess, inspirada por l, por l fundada, protegida y asegurada; era, pues, Jess quien quera hacer sus Casas eminentemente eucarsticas: esto es, Casas eminentemente expuestas al Eucarstico Sol. Ahora bien, Jess no se desmiente y en verdad no se desminti, como veremos.

Educar, no quiere decir iluminar, iluminar las inteligencias juveniles con la luz de la verdad, disipando las tinieblas de la ignorancia y del error, habitundolas suave y paulatinamente a la reflexin, a la rectitud de idea? Educar, no quiere decir formar la juventud por medio de reglas, de mtodos, de sistemas de vida, de perfeccin, de direccin, ensendola a ser para s timn y brjula, teniendo los ojos fijos en el Polo divino para no extraviarse en el camino del Cielo y del puerto de la salvacin? Educar, en fin, no quiere decir ilustrar a los jvenes para que sepan conocer, distinguir, elegir caminos y cosas?

Por otra parte, no es Jess Sacramentado el Preceptor, el Maestro como lo llamaban comnmente los pueblos y le invocaban las turbas de desgraciados? Santo Toms, no pudiendo entender algunos textos de la Sagrada Escritura, apoyaba la venerable cabeza sobre la portezuela del Sagrario y all comprenda las sentencias divinas que no llegaba a entender, a pesar de los estudios y penitencias que haca a tal fin. Hallamos insignes santos, y especialmente Fundadores de rdenes Religiosas, que ante el Tabernculo abran las cartas recibidas y all preparaban las respuestas que deban dar. Y sabemos de grandes predicadores que al pie del altar elegan y maduraban los temas de sus predicaciones.

Todas las almas elegidas, en sus dudas, dificultades y peligros, recurren a Jess Sacramentado para recibir luz, consejo y consuelo.

Santo Toms asegura que se acercaba al Sacramento como un ciego a la luz de la claridad eterna y lo conjura a iluminar su ceguera.

San Buenaventura suspira por su Dios Sacramentado como por la fuente de la sabidura, de la ciencia, de la eterna luz. Esto prueba que tambin Jess en su Sacramento adorable, es el Preceptor y el Maestro de las almas. Y as como segn San Lucas todos los das enseaba en el templo (Lc. 19,47), as hoy tambin continuamente ensea desde los altares y desde los Sagrarios que son sus plpitos y sus ctedras. En suma, que en la Eucarista Jess es siempre el sol de las almas, la luz verdadera que ilumina a todo el que a l recurre.

Mas volvamos a nuestra Santa; recordarn los lectores cun dulce intimidad la uni a su Amor Sacramentado, que de derecho y de hecho era su Consejero, el Confidente de su corazn; recurra a l en todo, todo se lo consultaba, y esperaba de l la oportuna respuesta. Ahora bien, queriendo la experta Maestra hacer de sus colegialas hijas de la luz, queriendo formar sus inteligencias y hacerlas mujeres serias, reflexivas, juiciosas, recurra a su mtodo caracterstico, las mandaba a la escuela de Jess Sacramentado; a l las consignaba, las acostumbraba a tener confianza en l, a pedirle y meditar en su presencia, a sentir sus dulces inspiraciones y recibir sus santas luces, y nunca dud de que Jess Sacramentado dejase de prodigar a sus hijas las luces que a ella prodigaba. Qu, por ventura el sol no sale para todos? Por ventura alumbra slo a los cedros del Lbano y no a la ms fina hierba y a la ms pequea florecita? Acaso no est escrita para todos aquella sentencia consoladora: Acercaos a l y seris iluminados y vuestros rostros sufrirn confusin? No es para todos tambin la dulcsimo seguridad: Los que estn a sus pies recibirn su doctrina (Deut. 33,3).

***

El Sol Eucarstico no es solamente manantial de luz sino tambin horno ardiente de caridad. S, oh Eucarista! T eres fuego. La ardiente exclamacin de los discpulos de Emas, cuando reconocieron al Peregrino, fue siempre la exclamacin de las almas enamoradas del Santsimo Sacramento: No arda nuestro corazn cuando l nos hablaba en el camino y nos revelaba el sentido de las Escrituras? (Lc. 24,32). Este grito ha recorrido toda la tierra desde las regiones de Emas, desde aquella primera tarde pascual se ha repetido a toda hora todos los das y en todos los siglos. Oh Eucarista! T eres fuego que inflama y quema a quien se te acerca, a quien est en torno a Ti. Eres fuego porque eres Sol, Sol que no declina jams, Sol que no trae nunca invierno, Sol de verano, de medioda.

Nada retoa ni florece ni se madura en el invierno, pero cuando llega el rayo tibio del sol primaveral todo brota, todo florece y retoa para madurarse luego al influjo de los rayos ardientes del sol de esto. El Divino Sacramento, como se ha dicho, es el Sol de la Iglesia, y por tanto de las almas y de los Institutos religiosos; Sol que aleja el nebuloso oscuro otoo y el crudo invierno. Frialdad espiritual, tibieza, disipacin, no podis existir en un alma verdaderamente eucarstica, en almas e Institutos claros, soleados, expuestos a los rayos ardientes del Corazn Eucarstico de Jess. Bien lo saba la serfica Micaela, que conoca a fondo la eficacia divina de la Eucarista; y cuando sus colegialas llegaban del mundo habitualmente fras en sus espritus, disipadas, perezosas, apticas, el remedio de la sabia Educadora era exponerlas al Sol Eucarstico para infundir en ellas los primeros fervores, para inflamarlas en el amor y servicio de Dios, para madurarlas y terminar su formacin y perfeccin cristianas. Poco a poco la Comunin frecuente, luego la Comunin diaria y todo estaba hecho, todo obtenido, todo asegurado para ella.

Afortunada Madre! Qu bien conoca la radioactividad espiritual del Eucarstico Sol! Qu bien conoca la fuerza caldeadota del Santsimo Sacramento! Conoca tambin toda su fuerza vital. Donde hay calor hay vida y tanto ms vida cuanto ms calor. La Santa Eucarista, como hemos dicho repetidas veces, es Sol de medioda, por lo que un Instituto donde se vive de Eucarista y por la Eucarista est verdaderamente en el manantial de la vida, precisamente porque est en el manantial del fuego y del amor.

La Teologa Eucarstica predicada por Nuestro Seor Jesucristo a los de Cafarnaum gira esencialmente en torno al concepto de vida: Yo soy el Pan de la vida que ha bajado del cielo El Pan que yo dar es mi carne, por la salud del mundo. Si no comireis la Carne del Hijo del Hombre y no bebireis su Sangre no tendris vida en vosotros. Quien come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna est en M y Yo en l. Quien me come vivir en M quien come este Pan vivir eternamente (Jn. 6,51-59).

Cada Comunin es, pues, una infusin de vida divina; come la vida quien come la Carne del Salvador, bebe la vida quien bebe su Sangre. Qu planta se secara estando junto a un manantial? Cmo podra agostarse un jardn regado de continuo? Podran, pues, agostarse las almas de las hijas de nuestra eucarstica Santa y el espritu de sus Casas y Colegios expuestos al fuego y a la vida emanados del Corazn Eucarstico de Jess? De l vena la fortaleza, la madurez, la fecundidad del apostolado, el valor, la constancia, la santa perseverancia. Todo vena de l, tambin el consolidamiento del Instituto, su resistencia los embates y a las tormentas; de l la expansin del mismo, contando hoy Casas en las lejanas Amricas, en frica y en el Japn, entre los ltimos pueblos del flgido Oriente.

Del Corazn Eucarstico de aquella Fuente de toda pureza dimana todo ese sentimiento de frescura espiritual que embalsama las Casas de la exttica Fundadora.

***

Mientras vivi Jess aqu abajo, no sala de su Humanidad santsima una virtud misteriosa que sanaba a cuntos le tocaban? Era bastante tocarle, o ms bien tocar sencillamente sus vestiduras, como aconteci a la afortunada hemorrosa, para quedar sanos y salvos de toda enfermedad; ni sanaba los cuerpos sin sanar tambin a las almas, o ms bien sanaba stas antes que aquellos. Se puede suponer que Jess en su adorable Sacramento haya perdido tal virtud curativa? Dejar ya de curar las almas y los cuerpos de sus fieles? Tocado, tena eficacia curativa, y comido no? Este es dulcsimo Salvador, y precisamente este es el ltimo pensamiento que la Iglesia recuerda al sacerdote en el momento inefable de la Comunin, ste es el ltimo suspiro que suscita en su corazn y la ltima oracin que pone en sus trmulos labios: La Comunin de tu Cuerpo sirva de defensa a m alma y a mi cuerpo y le sea tambin medicina (Canon de la Misa).

Oh, si todos los directores de almas, si todos los educadores entendiesen prcticamente, como lo comprendi la serfica Maestra Micaela, que la verdadera medicina de las almas, y especialmente de las almas jvenes es la Eucarista, pondran la Santa Comunin como base de sus mtodos educativos y haran todos los esfuerzos posibles por elevar la temperatura eucarstica de sus escuelas.

Una sola Comunin bien hecha vale ms que la lectura de cien libros, ms que cien consejos bien dados, ms que cien plticas bien odas. Porque, educar, no quiere decir curar la mente y el corazn de los jvenes? No son sanatorios los colegios? No es mdico todo el que educa? He aqu porque la gran Educadora espaola puso la Eucarista como base de todos sus sistemas preventivos y curativos. Tena a sus colegialas expuestas al Sol Divino para conservarlas puras y preservarlas de todo soplo de contagio o de muerte; las expona al Sol Divino despus de haberlas sumergido en el bao regenerador de la santa Confesin. Si caan en sus manos almas manchadas, conciencias heridas, corazones enfermos, procuraba desinfectarlos, cicatrizarlos, curarlos, exponindolos al sol divino. Oh, mujer incomparable! Cun grande es tu fe en los efectos saludables del Santsimo y Divinsimo Sacramento del Altar No nos cansaremos de repetirlo; estaba segura la afectuosa y solcita Madre de que as como el ngel de la muerte en Egipto no os traspasar el umbral de las casa hebreas slo por estar teidas con la sangre del figurativo cordero pascual, mucho menos osara forzar la puerta de las almas enrojecidas por la Sangre del Cordero vivo y verdadero.

Estaba segura de que as como por virtud divina huy el ngel de la impureza al olor del hgado y corazn de pez quemados por Tobas sobre carbones, del mismo modo el suavsimo olor de la Carne pursima y Sangre del Salvador, ofrecidas a Dios sobre los santos carbones del dolor y del amor, alejara de sus Colegios los espritus impuros; tena por cierto que como el pelcano desangra con su pico a los pollitos envenenados por los reptiles del desierto y les transmite seguidamente su propia sangre, de igual modo el divino Pelcano purgara con su sangre las almas intoxicadas por la culpa; saba en fin que el Eucarstico Samaritano se acercara piadosamente a las almas vulneradas por el mundo, lavando sus manchas, refrescando las heridas con el aceite y el vino de su Carne y Sangre, vendndolas con las ataduras de su misericordia. Si el blsamo natural tiene virtud para preservar de la corrupcin no habra de tenerla en orden a las almas el blsamo divino de la Eucarista? La levadura, segn la parbola evanglica, consigue fcilmente fermentar toda la masa que se mezcla, y no conseguira la levadura eucarstica fermentar de pureza y de inmortalidad las almas a quien se une?

***

Donde entra el sol no entra el mdico; toda casa de sol es casa de salud, mucho ms tratndose del Sol divino, Jess Sacramentado, fuente inexhausta de luz y de calor, fuente inefable de vida y de pureza. Es fuente, en fin, de belleza espiritual. El sol es el mayor de los artistas; ilumina, pinta, adorna y embellece; sin sol no habra colores ni perfumes, ni fragancia. El sol da la blancura al lirio, carmn a la rosa, brillo a las frondas, verdor a las hierbas de los prados. Todo lo que la tierra tiene de agradable, sonriente y precioso, todo lo recibe del sol.

Oh sol! T eres el encanto de la tierra. As se comprende que el altsimo poeta Francisco de Ass, verdadero cantor de la creacin, sintiera la necesidad de elevar al Hermano Sol su cntico inmortal. No sabemos si nuestra Santa habra sentido en idntica forma los encantos de la naturaleza, pero s que procur hacer de sus Casa jardines del Seor, huertos cerrados, praderas deliciosas.

Sabemos tambin que de la amada falange de sus Hijas y de sus colegialas quera formar verdaderos rosales, ramos de flores, guirnaldas de laurel; pero rosales, flores y guirnaldas eucarsticos. Ansiaba que todas supiesen a Eucarista, respirasen Eucarista y que fuesen incienso y perfume de Eucarista.

No est escrito que la casa de Betania qued toda ella embalsamada por el perfume con que ungi Mara Magdalena al Divino Maestro? Pues la enamorada de Cristo, Micaela, tena esta santa ambicin: que cada una de sus Casas fuese una repeticin de la evanglica de Betania y que en cada una de sus hijas reviviese Mara Magdalena, la discpula de las lgrimas, de los sculos y de las santas unciones. Por eso acostumbraba y acostumbran an sus hijas a derramar esencias olorosas en sus Capillas durante las solemnes exposiciones del Santsimo y a quemar incienso antes de empezar la Santa Misa. Por eso gritaba ella desde el fondo de su corazn con la Sagrada Esposa de los Cnticos al Dios de la pureza que se apacienta entre lirios: Atreme a Ti, amor mo, que atrada por Ti atraer a mis hijas y todas correremos al olor de tus ungentos (Cf. Cant. 1,3).

Y con la misma Sagrada Esposa se diriga frecuentemente al Espritu Santo y le invitaba con todo ardor: Ven, Cfiro de medioda, refresca mi jardn y se esparcirn los aromas! (Cant. 4,16). Y Jesucristo la atraa y el Espritu Santo la escuchaba y las Adoratrices y las colegialas, como enjambre de abejas inseparable de la reina, corran tras su Madre. Corran atradas por ella y con ella atradas por las fragancias del Esposo Celestial, por los aromas de la Sagrada Eucarista, por los encantos de Jess Sacramentado. Esta atraccin amorosa las fortaleca, las adiestraba, las espiritualizaba, las espoleaba a las ms santas virtudes, las conduca a la ms completa delicadeza de espritu; porque las acercaba cada vez ms al Sol Eucarstico. Cuanto ms corran, ms se acercaban a la fuente perenne de la luz, del calor, de la pureza, de la vida y de la belleza. Por esto, cuanto ms corran se volvan ms luminosas, ms fervientes, ms robustas, ms puras y ms santamente bellas. En fin, cuanto ms corran ms se acercaban al cumplimiento de los designios de Dios, a los deseos del Esposo Sacramentado, a los ideales pursimos de la santa Fundadora.

Dichosa Madre y dichosas y afortunadas hijas, para las que Jess Sacramentado era y es todo; a quienes Jess Sacramentado todo lo da y en las que Jess Sacramentado todo lo obra. Y ellas a su vez no vivan ni viven ms que por Jess Sacramentado, no queran ni quieren ser dirigidas, educadas y formadas, sino por Jess Sacramentado, y todo su empeo, toda su felicidad la ponan y la ponen en agradarle siempre y perfectamente. Este era el tercer principio fundamental sobre el cual se apoyaba y se apoya el sistema educativo de la Esclava de la Caridad y de sus Hijas. No bastaba tener hambre de Jess ni bastaba dejar hacer a Jess, era necesario saber corresponder as Jess, saber cooperar con l. En esta correspondencia y en esta cooperacin estaba y est todo el secreto del xito.

No nos parece, pues, haber exagerado al llamar a nuestra Santa en este captulo, Educadora Eucarstica, ni tampoco cuando dijimos que apoy su sistema educativo sobre tres principios fundamentales: Enamorar las almas de Jess Sacramentado; dejar hacer a Jess; corresponder a Jess. Y no exageraramos tampoco si llamaramos a sus Religiosas Hijas Sacramento y Colegialas Sacramento a las jvenes que tuvieron o tienen la suerte de ser acogidas por tan afectuosa Fundadora y por sus Adoratrices. Ni tampoco en llamar a sus Casas Casas Sacramento y Colegios Sacramento a sus Colegios, donde el Instructor es uno solo: Jess Sacramentado; uno solo el texto de la enseanza: la Eucarista; una sola la leccin: el amor inflamado y perenne al santsimo Sacramento; en fin, no exageraramos si llamsemos a aquellas Casas y aquellos Colegios verdaderos Laboratorios Eucarsticos, donde las almas se forman, se templan, se perfeccionan en el culto ardiente de la Eucarista; culto de luz, como se dijo, de fuego, de vida, de pureza y de belleza.>>

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