Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 1: La Vida Espiritual Al Modo Humano

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La evolucin mstica.

Hemos estudiado en los captulos anteriores lo que podramos denominar las leyes del crecimiento y desarrollo de la vida de la gracia, de la vida cristiana.

En la Segunda Parte, Captulo 3 vimos como acta el hombre sin la gracia sobrenatural (hombre animal y hombre racional), y luego con la accin del don divino de la gracia santificante (hombre espiritual), en la Segunda Parte , Captulo 4.

Ye en la Tercera Parte, Captulo 1desarrollamos primero el aspecto negativo, que en s mismo no produce crecimiento espiritual, pero va librando de obstculos al alma, que s lo impiden, para que luego se genere la expansin de la gracia. Consiste en la purificacin interior, que es principalmente la lucha contra el pecado, y la lucha contra los enemigos espirituales (concupiscencia, mundo y Demonio), que pretenden impedir el avance en el camino espiritual.

Luego tratamos el aspecto positivo, es decir, los medios que efectivamente producen el aumento de la gracia santificante, y permiten luchar contra los enemigos del espritu, y derrotarlos: los sacramentos cristianos, Tercera Parte Captulo 2, y la prctica de las obras de virtud y la oracin, Tercera Parte Captulo 3

Por ltimo, vimos la influencia de Mara Santsima en el crecimiento en gracia de sus hijos espirituales, (Tercera Parte, Captulo 4) y la importancia de la devocin al Sagrado Corazn de Jess. (Tercera Parte, Captulo 5).

As tenemos dibujado, al menos con trazos gruesos, el cuadro de la vida divina de la gracia, desde lo que incorpora de manera sobrenatural a la naturaleza humana, pasando por su operacin en lo secreto de las almas, y terminando con las acciones del hombre para utilizar los medios sobrenaturales que fomentan y desarrollan esta vida verdaderamente divina.

Ahora vamos a tratar de contemplar el proceso mismo de desarrollo del divino germen de la gracia en cada alma cristiana, qu va ocurriendo a lo largo de ese camino que tiene una meta final muy clara: la santidad.

Ya desde la tradicin de la Iglesia, a partir de los Padres, basados en la interpretacin de la Escritura, se fue delineando que el recorrido del crecimiento espiritual pasa por tres tramos o jornadas diversas, llamados las tres vas: va purgativa, va iluminativa y va unitiva.

Santo Toms de Aquino, en forma similar, desarrolla una analoga entre el crecimiento de la vida corporal y el desarrollo de la vida espiritual, indicando que as como hay tres edades definidas en el desarrollo humano, que son la infancia (desde el nacimiento hasta la pubertad), la adolescencia (desde la pubertad hasta el pleno desarrollo) y la edad adulta, donde se va llegando a la plena madurez, tambin en la vida espiritual o interior se reconocen tres edades, la de los principiantes, la de los adelantados o proficientes, y la de los perfectos.

As vamos a decir que los principiantes van recorriendo la va purgativa, los adelantados la iluminativa, y los perfectos la unitiva.

El ingreso a cada una de estas edades o vas implica un cambio ms o menos profundo, que se denomina genricamente conversin, por lo que tendremos entonces tambin tres conversiones.

Ya iremos viendo con ms detalle cada una de estas etapas, caracterizndolas por lo que ocurre en las almas en cada una de ellas, siguiendo, podramos decir, sus ascensiones sucesivas, desde el principio, desde los primeros y tmidos pasos, hasta la llegada a las ms altas cumbres de la perfeccin.

Pero hay que hacer algunas aclaraciones de importancia: esta distincin de las tres vas o tres edades nunca puede ser algo rgido ni absoluto, ya que no estamos hablando de enunciados matemticos sino de la vida de las almas; tampoco se trata de etapas sucesivas, como ocurre, por ejemplo, con una persona que estudia, en cuyo caso pasar por la escuela primaria, luego por un colegio de enseanza media, y finalmente estudiar en una universidad, todo en forma sucesiva.

En la vida espiritual las distintas etapas se van agregando una a otra, y nunca se abandonan las acciones que se realizan en cada una de ellas. Por eso vamos a hablar siempre de las caractersticas predominantes en cada va, que son las ms notorias, aquellas a que se les da ms nfasis, pero nunca una etapa se termina y no se vivir ms nada de ella.

Esto queda muy claro con la oracin, como ya veremos enseguida; pero vaya un ejemplo ahora: la forma ms simple, la primera de la oracin, es el rezo, y una de las ms sobrenaturales es el xtasis o el arrobamiento.

Sin embargo, la persona que vive estas manifestaciones tan profundas de la presencia de Dios, nunca deja de rezar, por ejemplo, el Padrenuestro, como lo reza el nio que aprende su primera oracin vocal.

Es importante, entonces, tener claro que la vida espiritual es un continuo ensanchamiento, un agregar y agregar nuevas acciones, vivencias y experiencias, pero nunca se quita ni se deja nada de lo ya alcanzado.

Otra cosa que hay que destacar es que los lmites entre una y otra va, en la prctica, son muy difciles de establecer, lo que adems se complica porque en la vida espiritual hay avances mezclados continuamente con retrocesos o perodos de estancamiento.

Finalmente, como para hacer an ms difcil este tema, hay que notar, como veremos enseguida, que dentro de cada una de las tres vas hay muchos y diferentes grados de avance y crecimiento.

Por lo tanto, la descripcin que haremos a continuacin de este punto sobre cada una de las tres vas, que sintetiza la opinin de los ms caracterizados autores de Teologa Asctica y Mstica contemporneos, y que tiene en cuenta tambin, por supuesto, nuestra experiencia prctica de muchos aos, nunca debe ser tomada ms que como una gua general para tratar de ver en qu parte del camino espiritual se halla una determinada alma, lo que slo podr confirmar realmente un director espiritual experimentado.

Tambin el conocimiento de este desarrollo espiritual progresivo, llamado evolucin mstica, tiene otra finalidad no menos importante: despertar el deseo del alma de progresar y avanzar cada vez ms en la santidad, sabiendo que en la vida espiritual, cuanto ms se avanza, ms se encuentra, y que nunca en esta vida se podr agotar el manantial de agua viva del que fluyen todas las gracias y tesoros de la vida divina, porque es infinito como Dios lo es.

Los grados de la oracin.

Debido a la complejidad del avance espiritual, tal como lo hemos sealado, se hace necesario tener algn parmetro que nos permita caracterizar el estado del alma a lo largo del extenso recorrido del camino de la santidad.

Hay uno que es el ms utilizado, y que se basa en el grado de oracin que experimenta el alma. Vamos a tratar de clarificar lo mejor posible este concepto fundamental. Hemos definido en el captulo anterior qu es la oracin cristiana, diciendo que es la conversacin, el dilogo, el trato del hombre con Dios, de la criatura con su Creador.

Pero as como a nivel humano, la forma o grado de una conversacin, por ejemplo, de un padre con su hijo, va cambiando a medida que ese hijo va creciendo, as tambin la oracin va pasando por grados distintos de crecimiento, que caracterizarn, de alguna manera, la edad espiritual del cristiano.

Por lo tanto, si conociendo y estudiando el nivel mental e intelectual de alguien en una conversacin, aunque no se lo vea, se puede determinar si es un nio o un adolescente o un adulto, y ms o menos en qu punto de estas etapas de crecimiento se encuentra, as tambin viendo cul es la oracin del cristiano, como se expresa su dilogo con Dios, ser posible caracterizar la etapa de su vida espiritual por la que est transitando.

En la Tercera Parte, Captulo3 vimos que la inspiracin de Santa Teresa de Jess la llev a definir siete grados de oracin o Moradas como las llama ella, que van presentando la profundidad creciente de la oracin del cristiano a medida que progresa su crecimiento espiritual.

La virtud de la caridad.

Otro parmetro fundamental que se utiliza para definir el estado de un alma en cuanto a la va espiritual que puede estar recorriendo, es el ejercicio de la caridad cristiana. En la Segunda Parte, Captulo 5 desarrollamos el tema de la santidad cristiana, y all veremos que la santidad consiste en la perfeccin de la caridad. Por lo tanto, en cada una de las edades o vas espirituales, caracterizaremos detenidamente la manera en que se evidencia el ejercicio de la caridad, lo que permitir ubicar a las almas a partir de eso, con bastante certeza, en la etapa correspondiente.

Hay que recordar que el amor de Dios es un don gratuito que da al hombre, y que precisamente es la virtud sobrenatural de la caridad la que nos permite experimentarlo en nuestro interior, y despus darlo como respuesta, en primer lugar al Mismo Dios, y luego a nuestro prjimo.

El Papa Benedicto XVI, en su Encclica Dios es amor del 25/12/2005, explica muy bien esta doctrina:

17. En efecto, nadie ha visto a Dios tal como es en s mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo invisible para nosotros, no ha quedado fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la citada Carta de Juan (cf. 4, 10), y este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho visible, pues Dios envi al mundo a su Hijo nico para que vivamos por medio de l (1 Jn 4, 9). Dios se ha hecho visible: en Jess podemos ver al Padre (cf. Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, l sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la ltima Cena, hasta el Corazn traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que l, por la accin de los Apstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Seor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a travs de los hombres en los que l se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucarista. En la liturgia de la Iglesia, en su oracin, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos tambin a reconocerla en nuestra vida cotidiana. l nos ha amado primero y sigue amndonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder tambin con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. l nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este antes de Dios puede nacer tambin en nosotros el amor como respuesta.

Tendremos entonces la caridad o amor de Dios ejercitada por los principiantes, los adelantados y los perfectos, en sus diferentes formas y manifestaciones, lo que ayudar mucho para determinar, en forma sincera y real, en donde se halla cada uno en su vida espiritual.

Comparacin con los Apstoles.

Como resalta muy bien el P. Garrigou-Lagrange en sus obras Las tres edades de la vida interior y Las tres vas y las tres conversiones, es muy importante considerar algo que con frecuencia se olvida: la comparacin de las etapas de la vida interior con la de los Apstoles.

Dice este autor en la segunda de las obras citadas:

Los Apstoles recibieron su formacin inmediata de Nuestro Seor Jesucristo; y, por lo tanto, guardadas las debidas distancias, debe reproducirse en la nuestra su vida interior, como dicen los santos. Ellos son nuestros modelos; sobre todo, son modelo para los sacerdotes. Y todo fiel cristiano est obligado a ser apstol de algn modo; y a vivir de Cristo, a fin de poder darlo a los dems.

Se descubren claramente tres fases en la vida interior de los Apstoles, que corresponden a las tres vas o edades espirituales, por lo que tambin en cada caso daremos el ejemplo de lo vivido por ellos, lo que ayudar a clarificar el sentido y alcance de estas etapas del camino espiritual.

Tenemos as todos los elementos para abordar de aqu en adelante la descripcin ms detallada de las etapas del crecimiento espiritual, describiendo siempre los dos aspectos del aumento de la gracia: la accin de Dios y la respuesta del hombre.

La va Purgativa o edad de los Principiantes.

Se ingresa a la primera edad espiritual, la de los principiantes, a partir de la primera conversin, que expresa claramente el trnsito desde el estado de pecado al estado de gracia. Implica una decisin de cambio sincera, de deseo de comenzar a vivir cristianamente.

Se puede venir de una situacin anterior extrema, de ausencia casi total de vida cristiana, de una vida sumergida habitualmente en el pecado grave, tanto sea por ignorancia o fragilidad espiritual, como por consciente entrega al mal, exenta de todo remordimiento, pudiendo haber sido un bautizado, en cuyo caso la gracia recibida se habr perdido.

Tambin es posible provenir de una vida apenas cubierta en lo exterior por un delgado barniz cristiano, considerando todo pecado grave como algo sin mucha importancia, que ser fcilmente perdonado por Dios, y con algunas pocas prcticas espordicas de piedad, como misa dominical de vez en cuando, o alguna confesin hecha cada tanto en forma muy rutinaria, sin mayor arrepentimiento ni verdadero propsito de salir realmente del pecado.

Independientemente de la historia previa, lo importante es que es Dios quien suscita el primer paso hacia la conversin. A travs de una fuerte gracia actual, Dios obra sobre la mente del hombre, iluminando su inteligencia, hacindole ver la necesidad de una bsqueda de l, ya sea nueva, por primera vez notada, o quizs para que sea ms profunda de la actual.

Asimismo acta la gracia fortaleciendo la voluntad e impulsndola para que efectivamente avance hacia aquello que le muestra el entendimiento, despertando primero el deseo, y luego obrando en la prctica, venciendo temores, prejuicios, ideas falsas arraigadas y toda accin de la tentacin que tratar de evitar que escuche y obedezca el llamado de ese Dios que est golpeando a su puerta para que le abra.

Ocurre tal como San Juan lo describe en el Apocalipsis, y las palabras de Jess siguen siendo las mismas, hoy y siempre: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entrar en su casa y cenar con l y l conmigo. (288)

Esta voz de Jess, que es suave, tal como profetiz Isaas: No vociferar ni alzar el tono y no har or en la calle su voz (289), llega a los hombres de muchas maneras, pero la ms comn es que sea a travs de otra persona, que ser el instrumento que utilizar la gracia actual para manifestarse, siendo as dicha persona causa segunda de la accin de la Providencia de Dios

Es bastante frecuente que el pecador recin perciba este impulso de la gracia de Dios, este verdadero llamado, al pasar por alguna situacin de crisis profunda, producto de enfermedades, muerte de seres queridos, problemas de trabajo o situaciones familiares graves, derrumbes econmicos, etc.

Es una de las causas por las que Dios permite, en la sabidura de su Providencia divina, que ciertas cosas ocurran en la vida de los hombres, porque a veces no hay otra manera de que el hombre realmente se vuelva a Dios, de que lo busque con sinceridad.

Caractersticas de los principiantes.

Encontramos que los principiantes en la vida espiritual presentan diversas caractersticas ms o menos comunes: tienen deseo y propsito de avanzar en la vida cristiana, estando habitualmente en estado de gracia, pero se encuentran sometidos a muchos pecados veniales deliberados, que muchas veces se presentan como hbitos arraigados en ellos.

Surge de todo lo anterior que la accin fundamental del principiante es la de apartarse del pecado, y de resistir a la tentacin que pretende hacerlo caer nuevamente en l, o mantenerlo all. Por eso se denomina esta etapa la va purgativa, ya que la caracterstica predominante es la purificacin interior.

Para esto, necesariamente se debe avanzar en el conocimiento de s mismo, en examinarse y reconocer aquellas actitudes de hombre viejo que subsisten, o el pecado en que voluntariamente se cae.

Es as que el principiante avanza al principio por el camino de la penitencia, que lo ir llevando a la progresiva purificacin interior, tal como lo vimos en la Tercera Parte, Captulo 1, practicando la llamada purificacin activa, es decir, la que proviene de su propia decisin racional, con el empuje y el auxilio de la gracia.

Los grados de la oracin de los principiantes.

El medio que permite obtener las gracias actuales necesarias para avanzar en esta purificacin, ya lo vimos, es la oracin. A partir de ella, se va recibiendo, primero, la luz del Espritu Santo en la inteligencia, por medio de la fe, que va mostrando cada vez con mayor claridad las propias miserias, y luego, el fortalecimiento de la voluntad, para ir adelante en esa purificacin.

Veamos ahora un poco cmo es la oracin de los principiantes. El primer grado de oracin que se practica es el rezo. Este consiste en la repeticin, por lectura o memorizacin, de una frmula ya establecida. Incluye las principales oraciones cristianas (Padrenuestro, Ave Mara, Credo, Gloria, etc.) o distintas oraciones escritas por santos o autores espirituales, as como oraciones que son parte de la liturgia.

En general es vocal, es decir, se expresa exteriormente por palabras, que pueden estar acompaadas por gestos, pero tambin puede ser mental, interior. La atencin que se pone en este tipo de oracin es la llamada verbal, que implica un cierto trabajo en poner cuidado en lo que se dice, tratando de pronunciar bien las palabras.

En el rezo aparecen muy fcilmente las distracciones, que llevan el pensamiento o la imaginacin hacia otras cosas. Con el rezo generalmente se presentan intenciones o peticiones por distintas necesidades, casi siempre por cosas materiales, y ms raramente de tipo espiritual.

El segundo grado de oracin de los principiantes es la oracin de meditacin discursiva, tambin llamada oracin libre. Aqu aparece el proceso de razonamiento humano, por el que se consideran las verdades de la Revelacin, a partir de la lectura de la Palabra o de recibir enseanza sobre temas bblicos o espirituales, y comprende, en lneas generales, estos elementos principales: el reconocimiento a Dios por su amor, su grandeza, en fin, por todos sus atributos, lo que implica la honra a Dios; las peticiones, segn las necesidades, que al comienzo, en los principiantes, se centran en las carencias terrenales, y luego van creciendo en las peticiones de la gracia para avanzar en las virtudes y fortalecerse en la lucha contra el pecado y la tentacin.

La consideracin de los misterios de Dios para crecer en la captacin de los mismos; el examen interior o de conciencia, para ver como se est en la lucha contra el pecado y en la prctica de la virtud; finalmente, la meditacin debe llevar a la formulacin de propsitos, en general de enmienda, de cambios radicales y profundos, de abandono de actitudes de hombre viejo revelados por el examen interior.

En general la meditacin es mental o interior, pero puede tener tambin su manifestacin externa, con palabras y gestos, tal como se da, por ejemplo, en las oraciones comunitarias de los grupos de oracin de la Renovacin Carismtica.

Hasta este segundo grado se puede decir que la oracin es predominantemente intelectual, es decir, priva el razonamiento, la accin del entendimiento. Pero, si se sigue perseverando por la senda de la oracin, poco a poco el principiante ira viviendo otro tipo de oracin, que constituye el tercer grado, y que es la oracin afectiva.

Como su nombre lo indica, es una oracin en que comienzan a predominar los afectos piadosos, que ya son actos de la voluntad, por los que se siente, se vive el amor de Dios, el deseo de su gloria, etc., y se expresa todo esto en la oracin.

Aqu, entonces, la accin predominante del entendimiento en la meditacin discursiva, deja lugar a la de la voluntad. Se puede decir que la oracin pasa de la mente al corazn.

Junto con el amor que se recibe de Dios y que se percibe y siente, y que se le devuelve, brotan del corazn la adoracin profunda, la alabanza, la accin de gracias gozosa, y tambin sentimientos de vergenza, confusin y humildad al percibir las propias miserias, o ardientes deseos de enmienda, as como afectos de celo por la Iglesia o por los hermanos que llevan a una fuerte intercesin, etc.

Aparece en esta oracin una consolacin espiritual mucho mayor que en la meditacin, porque la relacin con Dios pasa de ser ms que un conocimiento, a ser una vivencia, por lo que se hace ms ntima y profunda.

Esto implica la aparicin de las llamadas consolaciones sensibles, mediante las cuales logra el Seor, a travs de la accin de su gracia, conquistar a aquel que est comenzando a andar por el camino espiritual, a partir de su sensibilidad, acostumbrada hasta ese entonces a ser seducida por las cosas del mundo, de las cuales el gozo sobrenatural que comienza a experimentar lo ir apartando poco a poco.

Es la manera en que Dios atrae a s al principiante, dndole lo que muchos autores llaman la leche espiritual o la leche de la consolacin; sta, a semejanza de lo que ocurre en los nios pequeos cuando reciben el calor y el alimento de los pechos maternos, hace que el cristiano que es recin nio espiritual, experimente ese consuelo y felicidad en su espritu, de esta forma sensible y fcilmente reconocible por l.

Se va pasando a este tipo de oracin cuando se van dando dos condiciones; ambas ayudan a aquietar el entendimiento, y van dando paso a los actos de la voluntad (afectos); primero, las verdades de la fe estn ms fuertemente asentadas, y los grandes interrogantes sobre uno mismo se van desvaneciendo, por el crecimiento en el conocimiento de la Palabra. Por supuesto aqu es fundamental una buena enseanza y formacin en las verdades bsicas del cristianismo.

En segundo trmino, se debe haber avanzado bastante en la lucha contra el pecado y en la purificacin y sanacin interior, en el desapego a las cosas, a las personas y a uno mismo, dejando las preocupaciones y abandonndose ms a la divina Providencia. As, aquietadas todas estas cosas que bullen en nuestra mente, se va abriendo paso cada vez ms la vivencia del amor de Dios.

Por eso, para avanzar en este tercer grado de oracin, la oracin afectiva, que es el ltimo que consideramos que viven los principiantes, y que es la preparacin para la transicin a la siguiente edad espiritual, la de los adelantados, es absolutamente imprescindible avanzar muy en serio sobre estos dos aspectos, la purificacin y sanacin interior, y el conocimiento de las grandes verdades de la vida cristiana.

Estos tres grados de oracin que viven los principiantes, a saber, rezo, meditacin discursiva y oracin afectiva, se denominan grados de oracin adquirida, porque se llega a ellos con la prctica y la perseverancia, ayudados por la gracia. Es decir, son grados de oracin que se ejercitan al modo humano, bajo la gua de la razn humana (inteligencia y voluntad), auxiliadas por la accin de gracias actuales que impulsan y accionan distintas virtudes sobrenaturales.

El ejercicio de las virtudes infusas.

En la medida en que el principiante avanza en la lucha contra el pecado y la tentacin, que, como vimos en el captulo precedente, representan los obstculos que le impiden avanzar en el crecimiento espiritual, comienza, al principio insensiblemente, a practicar las distintas virtudes infusas o sobrenaturales.

Esto es muy lgico, ya que aqul que se va despojando de malos hbitos, de actitudes arraigadas de hombre viejo, debe ir reemplazndolos por otra cosa, y sta no es ms que el ejercicio de las virtudes cristianas.

As van apareciendo, en sus primeras manifestaciones, la humildad, reemplazando a la soberbia, la mansedumbre en lugar de la ira, la paciencia, en vez de la exasperacin, la castidad en lugar de la lujuria, etc.

Las virtudes teologales van comenzando a afianzarse; as, la fe inicia su iluminacin del entendimiento, hacindole captar el principio de las grandes verdades de Dios; la esperanza va empujando a la voluntad a buscar los bienes sobrenaturales que la inteligencia le va descubriendo, y la caridad comienza a impregnar los actos del creyente.

Vamos a detenernos a considerar un poco ms el ejercicio de esta ltima virtud en los principiantes, ya que es la ms importante y verdadera medida del crecimiento en santidad.

En la Segunda Parte, Captulos 3 y 4 hablamos de la vida natural del hombre y comentamos los tres principios de accin que pueden mover al ser humano, y, segn sea impulsado preponderantemente por alguno de ellos, tendremos al hombre animal, al hombre racional o al hombre espiritual.

Para hablar del ejercicio de la virtud de la caridad o amor cristiano en los principiantes, que estn recorriendo la primer etapa del hombre espiritual, debemos primero separar lo que significa el amor animal y el racional, es decir, las clases de amor natural. Lo que hay que tener claro es esto: el amor es un movimiento o tendencia que lleva a la posesin, a la unin con la cosa o criatura que agrada, que representa un bien.

Segn sea ese bien, y cul sea el motor que impulsa al hombre a buscarlo, tendremos las tres clases posibles de amor: si el bien es un bien sensible, percibido por los sentidos y tenido como agradable, tenemos el amor sensible o sensual, tambin llamado amor de concupiscencia, amor animal o apetito.

Como vimos antes, este amor es una pasin, y es el mismo que viven los animales irracionales, que los impulsa a buscar el alimento, a reproducirse, a tener una guarida, etc.

En cambio, si el bien es un bien honesto, conocido por la razn como digno de estima, el amor ser un amor racional o humano. Es el amor a una profesin, a un trabajo, a la familia, a las artes, etc., y es lo que, en general, impulsa hacia las causas humanas nobles y justas.

Finalmente, si el bien es sobrenatural, y conocido y captado a travs de la virtud sobrenatural de la fe, se tendr la caridad o amor cristiano o amor sobrenatural.

El objeto del amor sobrenatural es Dios, conocido por la fe como el bien supremo, y luego, las criaturas de Dios, vistas como un reflejo de la bondad de Dios, por lo que amndolas a ellas se ama a Dios mismo. De aqu surge la caridad fraterna, que no es una caridad distinta, sino su aplicacin a los otros hombres, al prjimo, del amor a Dios.

El amor natural del hombre hace que se ame a s mismo, buscando y gustando todo lo referente a s mismo, a sus satisfacciones y gustos personales. Es el egosmo, que se manifiesta plenamente en un nio, slo volcado a s mismo.

Cmo se va manifestando el amor sobrenatural en los principiantes? Cuando el hombre siente que no se basta a s mismo, y se pone a buscar a Dios por la fe, comienza a amarlo como un auxilio necesario. La esperanza, otra virtud teologal, hace que, sabiendo por la inteligencia iluminada por la fe que Dios es todopoderoso, bueno y lleno de misericordia, se lo busque de tres maneras principales:

Primero, buscando aprovecharse de la mejor manera posible de las gracias y de la bondad de Dios. Se ama y busca a Dios por los beneficios y la utilidad que se obtiene. No se ama todava a Dios en s mismo, sino por lo que, en su bondad, concede al hombre que lo busca.

Es la etapa en que se buscan las cosas de Dios, y no al Dios de las cosas. Es, por supuesto, un amor interesado, como el que siente un nio pequeo hacia los padres que le proveen todo lo que necesita, pero es la preparacin para el amor ms desinteresado que luego vendr, porque ya dirige al hombre a Dios, aunque sea, en principio, slo por inters, sacndolo de su autosuficiencia.

En segundo lugar, el principiante practica el amor penitente, dolindose de haber ofendido a Dios, buscando reconciliarse con l y apartarse del pecado. El amor de Dios mueve al principiante a vivir afectos de contricin, arrepentimiento y humildad, que son un comienzo del amor sobrenatural.

Por ltimo, la caridad en los principiantes tambin se expresa llevndolos a practicar en su primer grado el amor de conformidad con la voluntad de Dios, impulsndolos a cumplir los mandamientos de Dios, los preceptos de la Iglesia, y comenzando a sufrir con buen nimo las pruebas que permite la Providencia divina para ayudarlos a purificar sus almas, ya que comienzan a percibir que Dios, en ese amor que van sintiendo, no los va a abandonar nunca.

La caridad fraterna, consecuencia del amor de Dios, es practicada por los principiantes, en principio, evitando los pecados contrarios al amor al prjimo: Los chismes, maledicencias y calumnias, que son contrarios a la virtud de la justicia y de la caridad. Las burlas, los insultos, los desprecios, que hieren y fomentan discordias. Las rivalidades, las peleas, las disputas donde por soberbia cada cual quiere quedar vencedor y humillar al prjimo.

Tambin practican los mandamientos respecto al prjimo: en especial en lo que se refiere a perdonar las ofensas y reconciliarse con los enemigos.

Desde ya, esta manifestacin de la caridad en los principiantes es an muy imperfecta, pero ya va tendiendo a que el hombre aparte su corazn de las cosas terrenales y lo busque a su Creador.

La primera conversin.

En este panorama de la etapa que transitan los principiantes, la va purgativa, se ve el efecto de la primera conversin, que hace salir al alma del estado de pecado mortal, donde ha perdido la gracia habitual, o de una situacin de tibieza, de disipacin, de pereza espiritual, para llevarla realmente a vivir el estado de gracia.

Esta primera conversin, se dio en los apstoles y discpulos de Jess? De qu manera?

Garrigou-Lagrange, en Las tres vas y las tres conversiones lo explica de la siguiente manera:

La primera conversin de los discpulos del Salvador haba tenido lugar cuando l los llam dicindoles: Yo os har pescadores de hombres. Desde aqul da siguieron al Seor; escucharon, llenos de admiracin, sus enseanzas, vieron sus milagros; y tomaron parte en su ministerio. Tres de ellos lo contemplaron transfigurado en el Tabor. Todos asistieron a la institucin de la Eucarista; fueron entonces ordenados sacerdotes y recibieron la sagrada comunin. Pero, cuando lleg la hora de la pasin, que, sin embargo, Jess haba predicho frecuentemente, los Apstoles abandonaron al divino Maestro.

El mismo Pedro, que tantas muestras de amor le haba dado, se extravi, hasta renegar de l tres veces. El Seor, haciendo recordar lo que se escribe en el Libro de Job, haba dicho a San Pedro antes de la cena: Simn, Simn, he aqu que Satans os ha buscado para zarandearos como trigo; pero yo he rogado por ti a fin de que no desfallezca tu fe, y t, cuando te hubieras convertido confirma a tus hermanos. A esto contest San Pedro: Seor, estoy dispuesto a ir contigo a la prisin y a la muerte. Pero Jess le replic: Yo te digo, Pedro: hoy, antes de que el gallo cante, me has de negar tres veces.(Lucas 23,31-34). Y, en efecto, Pedro cae y niega a su Maestro, afirmando con juramento que no lo conoce.

No solamente Pedro defeccion, sino el resto de los Apstoles, que por temor ni siquiera se acercaron donde estaba el Seor, como lo hizo Pedro. A pesar de todo lo que haban vivido junto a su Maestro, eran todava principiantes, el hombre viejo segua predominando en ellos, y as surgan el temor, las dudas, la presuncin, que les haca creer, como a Pedro, que todo lo soportaran al igual que su Seor. Tambin su fe era todava pequea, como tantas veces se lo haba hecho notar Jess.

Necesitara avanzar ms, pasar por la segunda conversin, tal como lo veremos en el punto siguiente.

Podemos as decir que la primera fase de la vida interior de los Apstoles, que es la de principiantes, va desde su primera conversin, su encuentro personal con Jesucristo y su respuesta afirmativa al llamado del Seor a seguirlos, hasta la Pasin, donde pasan por una profunda crisis, que, como vimos, lleva a Pedro a renegar de su Seor, de aquel que l mismo haba reconocido no por la carne ni por la sangre, como el Mesas, el Hijo de Dios.

Que esto sirva tanto de consuelo como de aliciente para los cristianos que, tratando de seguir tambin a Cristo, an defeccionan como Pedro, sabiendo que, como l, sern perdonados y que, perseverando, podrn llegar un da, al igual que el pescador de Galilea, a vivir su Pentecosts.

Referencias al Captulo 1:

(288):Ap. 3,20
(289):Isaas 42,2

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