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La Vida Cristiana Plena

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 4: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

El oficio santificador de la Virgen Mara.

Decamos en el Captulo 1 de esta Tercera Parte que haba medios directos para el crecimiento de la gracia santificante, que ya vimos, a saber: los sacramentos, el mrito por las buenas obras y la oracin. Pero tambin hay medios indirectos que producen la santificacin, de los cuales vamos a ver ahora uno de los ms importantes, que es el oficio santificador de la Santsima Virgen Mara.

Vamos a hablar aqu de como la Santsima Virgen Mara tiene un papel fundamental en la santificacin de las almas, es decir, en el crecimiento de la gracia de Dios en ellas.
Mara tiene una situacin de privilegio con los hombres: el da de la Encarnacin no solamente por la voluntad divina que le anunci el ngel comenz a ser la Madre de Dios, sino que tambin comenz a ser la madre de todos los hombres. San Lucas nos relata as el anuncio del ngel Gabriel a Mara:
"No temas, Mara, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrs por nombre Jess. l ser grande y ser llamado Hijo del Altsimo, y el Seor Dios le dar el trono de David, su padre; reinar sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr fin." (275)

Este anuncio, para una israelita piadosa como Mara, educada en el conocimiento de los profetas de Israel, el sentido de las palabras del ngel no poda tener ninguna duda: le anunciaban que sera la madre del Mesas esperado, del Salvador, del Ungido por el Padre, y no solamente de un nio que se llamara Jess. As, cuando ella exclama el "hgase", est aceptando la propuesta divina en toda su extensin, es decir, de ser la madre de Jess, como Cabeza, como Salvador, de todos los hombres, por lo que tambin ser la Madre de aquellos. Siendo la Madre de Jess segn la carne, es justamente la madre de los miembros de Jess segn el Espritu.

En el Calvario Jess confirma esta verdad: "Junto a la cruz estaban su madre y la hermana de su madre, Mara, mujer de Clops, y Mara Magdalena. Jess, viendo a su madre, y junto a ella al discpulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ah tienes a tu hijo". Luego dice al discpulo: "Ah tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discpulo la acogi en su casa." (276)
Por supuesto en el discpulo Juan estn representados todos los cristianos que vendran hasta el fin de los tiempos.
En esta funcin maternal de Mara surgen dos aspectos bsicos de su misin de Madre de todos los hombres, como en toda madre carnal: engendra y da a luz a sus hijos, y luego los cra y educa para que lleguen a la adultez plena.

El pensamiento y la doctrina de los Padres de la Iglesia abunda en la certeza que recibimos la gracia de Dios por Mara. Quizs el santo ms mariano haya sido San Luis Mara Grignion de Montfort, autor del "Tratado de la Verdadera Devocin a la Santsima Virgen" y "El Secreto de Mara" entre otros.
Dice Juan Pablo II: "La lectura del "Tratado de la Verdadera Devocin a la Santsima Virgen" dio a m vida un giro totalmente decisivo. Mientras anteriormente yo haba procurado mantenerme a distancia por temor a que la devocin mariana opacara a Cristo en vez de abrirle paso, a la luz del "Tratado" de Montfort comprend que sucede todo lo contrario. Nuestra relacin ntima con la Madre de Dios surge naturalmente a partir de nuestra relacin con el misterio de Cristo."

En este tratado dice San Luis de Montfort:
"Dios Padre quiere formarse hijos por medio de Mara hasta la consumacin de los siglos... As como en la generacin natural y corporal concurren el padre y la madre, as en la generacin sobrenatural y espiritual hay un Padre que es Dios, y una Madre que es Mara."
El primer hombre nacido de Mara es el hombre-Dios, Jesucristo; el segundo, cualquier puro hombre, hijo adoptivo de Dios y de Mara. Si Jesucristo, Cabeza del Cuerpo mstico de Dios, de los hombres que forman la Iglesia, naci de ella, todos los miembros de esta Cabeza, por consecuencia necesaria, deben tambin nacer de ella. Ninguna madre da a luz la cabeza sin los miembros, porque sino sera un monstruo de la naturaleza. Del mismo modo en el orden de la gracia, la Cabeza y los miembros nacen de una misma madre."

Esta doctrina es recogida y reafirmada por el Concilio Vaticano II:
"La Santsima Virgen predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios, juntamente con la encarnacin del Verbo, por disposicin de la divina Providencia, fue en la tierra Madre excelsa del divino Redentor, compaera singularmente generosa entre todas las dems criaturas, y humilde esclava del Seor. Concibiendo a Cristo, engendrndolo, alimentndolo, presentndolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando mora en la cruz, cooper en forma enteramente impar a la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia."
"Esta maternidad de Mara en la economa de la gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prest fielmente en la Anunciacin, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumacin perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misin salvadora, sino que con su mltiple intercesin contina obtenindonos los dones de la salvacin eterna" (277)
Es decir, los cristianos somos concebidos y dados a luz como miembros del Cuerpo mstico de Jess, la Iglesia, por la intercesin de Mara.

Esta doctrina se completa con otra fundamental: Mara es la Mediadora entre Dios y los hombres para que recibamos todas las gracias, incluyendo la primera, la pertenencia al Cuerpo de Jess.

Explica San Luis de Montfort en el "Tratado":
"Dios Espritu Santo comunic a Mara, su fiel esposa, sus dones inefables, y la escogi como dispensadora de cuanto posee; de manera que Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias, y ningn don del cielo se concede a los hombres sin que pase por sus manos virginales, pues tal ha sido la voluntad de Dios, que ha querido que lo tengamos todo por Mara; porque as ser enriquecida, enaltecida y honrada por el Altsimo la que durante toda su vida se empobreci, se humill y se ocult por su profunda humildad, hasta el fondo de la nada. Estos son los sentimientos de la Iglesia y los Santos Padres."

Qu significa realmente que Mara es la que distribuye todas las gracias del Espritu Santo? Teolgicamente se explica as: Dios Padre es el que concede todas las gracias, por la accin del Espritu Santo. Jesucristo, por sus mritos, es quien las merece para todos los hombres, y Mara, por beneplcito del Padre, del Hijo y del Espritu Santo, las obtiene con sus splicas y las concede a los hombres.

Es muy importante tener en cuenta que esta mediacin de Mara est subordinada a Jess, porque Mara no puede merecer ni conseguir gracia alguna sino por su divino Hijo; y, de esta manera, la mediacin de Mara hace que resalte ms y ms el valor y la fecundidad de la mediacin de Jess.
Esto no requiere necesariamente que quien reciba las gracias haya de rogar a Mara, ya que puede esta intervenir sin que nadie se lo pida, tal como vemos que ocurri en las bodas de Can. Cunto ms lo har la Virgen cuando se lo pidan sus hijos espirituales!

Este pensamiento lo explica claramente San Luis de Montfort en "El Amor de la Sabidura Eterna":
"Mara es Seora de la Sabidura. No porque sea igual o superior a la Sabidura divina, que es verdadero Dios. Blasfemo sera pensarlo o decirlo. Sino porque Dios Hijo, la Sabidura encarnada, se ha sometido perfectamente a Mara, su madre; porque El le ha otorgado un incomprensible poder material y natural sobre s mismo, no solamente durante la vida terrena, sino tambin en el cielo, ya que la gloria no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. De suerte que Jess es en el cielo, ms que nunca, hijo de Mara, y Mara, madre de Jess. Y en cuanto tal, Mara tiene autoridad sobre El, y El, en cierto modo, le est sometido, porque as lo quiere.
Esto significa que Mara, por su plegaria poderosa y su divina maternidad, obtiene de Jess todo cuanto quiere, lo comunica a quien quiere y lo produce cada da en quien ella quiere...
Dicen los Santos Padres que Mara es el ocano inmenso de todas las gracias de Dios, el magnfico almacn de sus bondades y la tesorera y dispensadora de todos sus dones."

Qu grandioso y enorme misterio de amor tenemos aqu! El Padre, por amor a los hombres, enva a su Hijo amado al mundo para salvarlo, y escoge por amor a una mujer, Mara, como su instrumento, quien es llenada por el Espritu Santo, plenitud personificada del amor entre el Padre y el Hijo, y concibe a Jesucristo.
Este, por amor al Padre y a los hombres, acepta la voluntad divina y sufre y muere en la cruz, dndoles a los hombres, por sus mritos, la salvacin, mediante el don del Espritu Santo, una vez que ha sido glorificado. Pero en la gloria, por amor a su madre Mara, quiere que sea ella la dispensadora de las gracias ganadas por sus mritos. Y, finalmente, Mara, por el inmenso amor que nos tiene a sus hijos espirituales, nos regala esas gracias a manos llenas.

Esta doctrina es tambin resaltada por el Concilio Vaticano II:
"Uno slo es nuestro Mediador, segn las palabras del Apstol: "Porque uno es Dios y uno tambin el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jess, que se entreg a s mismo para redencin de todos" (1 Tim. 2,5-6). Sin embargo la misin maternal de Mara para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediacin nica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvfico de la Santsima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplcito y de la superabundancia de los mritos de Cristo." (278)

En resumen, por Mara, como Madre, somos engendrados como cristianos, recibiendo la gracia de nuestra conversin, cumplindose as la primera funcin de la madre: engendrarnos y darnos a luz.

Como toda madre, una vez que nos dio a luz, Mara nos cra y nos educa para que lleguemos a ser adultos espirituales, para que vivamos la plenitud del Espritu Santo y reproduzcamos la imagen de su Hijo Jesucristo.
Mara quiere culminar su obra como Madre nuestra, primero, aspirando que vivamos la transformacin de Pentecosts, ese "Bautismo en Espritu Santo y fuego" que transforma nuestro hombre viejo en un hombre nuevo a semejanza de su Hijo Jess.

Mara fue instrumento esencial en el alumbramiento de la Iglesia, as como lo fue antes en el alumbramiento del Hijo de Dios.
El Libro de los Hechos de los Apstoles nos narra:
"Entonces se volvieron a Jerusaln desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusaln, el espacio de un camino sabtico. Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivan, Pedro, Juan, Santiago y Andrs; Felipe y Toms; Bartolom y Mateo; Santiago de Alfeo, Simn el Zelotes y Judas de Santiago. Todos ellos perseveraban en la oracin, con un mismo espritu en compaa de algunas mujeres, de Mara, la Madre de Jess, y de sus hermanos." (279)

Aqu San Lucas, quin escribi este Libro, nombra, adems de los Apstoles, solamente a Mara, la Madre de Jess, resaltando que ella oraba acompaando a los que estaban all en el Cenculo, como para que no pase desapercibida la influencia especial de la intercesin de Mara para que descendiera el Espritu Santo plenamente sobre los que all oraban junto a ella.

De la misma manera podemos decir que sin Mara no podemos vivir nuestro Pentecosts, que es la transformacin espiritual profunda que genera al hombre espiritual movido por el Espritu Santo. En cada oracin ella est presente, orando con nosotros y por nosotros, y es la que nos permitir, con esa intervencin, perseverar en la oracin como lo hizo con los Apstoles y discpulos en el Cenculo, hasta que recibieron la plenitud del Espritu Santo, que ella recibi por primera vez, transformndonos entonces en adultos espirituales, en santos.

Segundo, para aquellos hijos que estn ms perdidos, que no escucharon el llamado de Jess para ser sus discpulos, o escuchndolo no perseveraron en ese camino, Mara intercede constantemente, en especial "en la hora de nuestra muerte", para que sean admitidos en la vida eterna.

La Santsima Virgen Mara es tambin una causa ejemplar para nuestra santificacin, ya que, despus de Jess, la Virgen es el modelo ms acabado que podemos imitar.
Llena de gracia desde el momento de su concepcin inmaculada, la accin profunda del Espritu Santo en la Virgen Mara se manifest a lo largo de toda su vida, en especial por la accin en ella de las virtudes infusas, de las que fue modelo perfecto en donde podemos tratar de reflejarnos.

Tambin la Virgen nos muestra la santificacin que viene de la vida ordinaria, del cumplimiento de los deberes de todos los das, como esposa y madre. En los humildes quehaceres del hogar, en su vida callada y oculta, en sus alegras y preocupaciones, y, especialmente, en el inmenso dolor de una madre que comparte el sufrimiento y la muerte de su hijo amado, encontramos un camino de imitacin que con seguridad nos ayudar en nuestro camino hacia la santidad.

Nos toca vivir a nosotros en una poca en que las manifestaciones y apariciones de la Virgen Mara conmueven continuamente al mundo catlico, asombran a los no creyentes y mueven los fundamentos de los escpticos que niegan absolutamente la posibilidad de esos hechos sobrenaturales

Ya en el ao 1949 el Papa Po XII se refiri a estas circunstancias:
"Podemos llamar de otra manera al tiempo, a la poca en que vivimos, que tiempo y poca de la Virgen Nuestra Seora? No veis en el mundo entero qu leccin de amor, de fervor extraordinario, bamos a decir de santa locura, por la Madre de Dios, por la Medianera de Todas las Gracias, por la Corredentora del gnero humano, por la divina gobernadora, por la que tiene las llaves de toda gracia, de todo don perfecto, de todo bien que desciende del cielo?
Lo que siempre ha sido verdad, lo que siempre ha sido un dogma catlico, se vive ahora ms que nunca; es la palpitacin de millones de hijos de la Virgen Mara que la aman, que la veneran, es el triunfo en todas las naciones de Nuestra Seora de Ftima... porque ella ha querido aparecerse recientemente; es Nuestra seora de Ftima y Nuestra Seora de Guadalupe, Nuestra seora de Lourdes, y Nuestra Seora del Pilar; es la Virgen Mara, es la Madre de Dios, sea cual sea el ttulo con que se la invoque; es aquella a quien aman los cristianos, a quien se encomiendan los catlicos, a quien aclaman hasta el delirio las muchedumbres de cristianos del mundo entero. Es la era de la Virgen Mara!" (280)

Terminamos leyendo una reflexin de San Luis de Montfort:

"El Seor no desde encerrarse en el seno de la Santsima Virgen como un esclavo de amor, ni de vivir sometido y obediente a ella durante treinta aos. Aqu se anonada la razn humana al reflexionar seriamente en este proceder de la Sabidura encarnada, que no quiso, por ms que pudiera hacerlo, darse directamente a los hombres, sino por .nuestra Seora, que no quiso venir al mundo a la edad de varn perfecto e independiente, sino como nio pequeo y dbil, necesitado de los cuidados y de la constancia de su santsima Madre. Esta Sabidura infinita, que tena un deseo inmenso de glorificar a Dios, su Padre, y de salvar a los hombres, no hall medio ms perfecto y ms breve para hacerlo que someterse en todo a la santsima Virgen, no slo durante los ocho, diez o quince primeros aos de su vida, como los dems nios, sino durante treinta aos. Teniendo, pues, a nuestra vista un ejemplo tan visible y tan conocido de todo el mundo, Seremos tan insensatos que esperemos hallar otro medio ms perfecto y ms breve de glorificar a Dios que someternos a Mara a imitacin de su Hijo?" (281)

Referencias al Captulo 4:

(275): Lucas 1,30-33
(276): Juan 19,25-27
(277: Constitucin "Lumen Gentium" N 61 y 62
(278): Idem N 70
(279): Hechos 1,12-14
(280): Citado en "Los Dogmas de Mara" de Giorgio Sernani
(281): San Luis Grignion de Montfort, "Tratado de la Verdadera Devocin a la Virgen Mara", N 139

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