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La Vida Cristiana Plena

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 3: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

El mrito por las buenas obras.

La segunda accin por parte del hombre para crecer en la gracia cristiana es por el mrito o santificacin de sus obras. Este es un tema fundamental en la doctrina catlica, en contraposicin con la doctrina protestante.
El aumento de la gracia por el mrito de las buenas obras constituye una cuestin importantsima en la vida espiritual. Es este un aspecto que es poco conocido en general por los catlicos, siendo, sin embargo, uno de los medios fundamentales para el crecimiento espiritual.

En primer lugar hay que ver qu significa el mrito: en general, constituye el derecho a un premio por una accin realizada. Se dice en una empresa, por ejemplo, que un empleado, por su buen desempeo, tiene mritos suficientes para ser ascendido a un cargo superior; en la vida militar existe una condecoracin, la "medalla al mrito", que premia actos de valor excepcionales en el cumplimiento del deber de soldado.

El mrito sobrenatural, en cambio, es el derecho a un premio sobrenatural de parte de Dios al hombre que ha realizado una obra sobrenaturalmente buena. Pero, ya hemos visto que el hombre no puede con sus solas fuerzas naturales producir obras sobrenaturales, por lo que el mrito implica haber recibido primero, como un don derivado solamente de la bondad y amor de Dios, la gracia santificante, que con la accin de las virtudes infusas y los dones del Espritu Santo, impulsados por gracias actuales, le permitir entonces producir obras meritorias sobrenaturales.

Es un dogma de la fe catlica, definido por el Concilio de Trento contra los protestantes, que el justo puede merecer por sus buenas obras el aumento de la gracia habitual, y consiguientemente el de la accin de las virtudes y dones que lleva consigo, como as la vida eterna y el aumento de la gloria en el cielo: "El hombre, en estado de gracia, por sus buenas obras adquiere verdadero derecho a recompensa de Dios, consistente en un aumento de la gracia santificante, la obtencin de la vida eterna y un aumento de la gloria en el cielo."

Basados en el Catecismo, aclararemos algo fundamental y que produce mucha confusin:
"La redencin, la gracia que recibimos, es un designio de amor benevolente de Dios, que precede a todo mrito por nuestra parte." (270)

Es decir, la redencin y la gracia que por ella recibimos, slo es don de Dios, por los mritos de Jesucristo, y no depende de ningn mrito que hagamos nosotros, por eso est disponible para todos los hombres. Esto lo deja muy claro San Pablo: "Pues habis sido salvados por la gracia mediante la fe, y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se glore. En efecto, hechura suya somos; creados en Cristo Jess, en ordena las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicramos." (271)
Recin despus que se ha recibido la gracia santificante por el bautismo, como don de Dios, entonces s aparece el mrito, como consecuencia de las obras que se practiquen utilizando la gracia recibida. Tambin el Catecismo nos aclara esto: "Dios ha dispuesto libremente asociar al hombre a la obra de su gracia, dndole derecho a un premio sobrenatural, que resulta del efectuar obras sobrenaturalmente buenas, hechas libremente por amor a Dios." (272)
Entonces, el mrito nos ayuda en esta vida, aumentando la gracia santificante y hacindonos vivir cada vez ms como hombres nuevos, mejorando nuestra calidad de vida, y nos asegura la vida eterna y la gloria que disfrutaremos en ella.

Veamos las condiciones que en general debe reunir una obra realizada por el hombre para ser acreedora al mrito sobrenatural, que le dar el premio del aumento de la gracia santificante.

Debe ser hecha en forma libre, siendo la persona plenamente responsable del acto realizado.

Debe ser sobrenatural, es decir, producida por el ejercicio de las virtudes infusas sobrenaturales. El mrito es mayor cuando la accin de las virtudes es perfeccionada por la actuacin de los dones del Espritu Santo, como vimos en el captulo anterior.

La obra debe ser efectuada durante la vida mortal, ya que Dios ha querido darnos en esta vida un tiempo de prueba, durante el cual podemos merecer y desmerecer, al final del cual nos quedaremos para siempre en el estado en que muramos.

Se debe tener pureza de intencin: El motivo que nos impulsa debe ser puro, bueno, desinteresado. Esto se asegura cuando la accin es consecuencia del ejercicio de una virtud infusa.

Lo que importa para el mrito no es la clase ni la magnitud de la obra que se efecta, sino lo fundamental es la caridad, la intensidad del amor de Dios con que se realiza la accin. Por eso, una obra que materialmente es insignificante, hecha con ardiente caridad slo para agradar a Dios, como por ejemplo acomodar las sillas en un saln donde se va a reunir un grupo de oracin, es mucho ms meritoria que una gran empresa de evangelizacin, como predicar en un estadio ante cien mil personas, si el motivo del predicador no es tan perfecto, como si hay algo de vanidad en l, o menos ardor de la caridad.

Por supuesto es casi obvio puntualizar que para que una obra sea meritoria, debe ser realizada en estado de gracia, ya que el mrito proviene del ejercicio de las virtudes sobrenaturales y los dones, solamente presentes en el justo.

Es muy ilustrativo lo que un autor de Teologa Asctica y Mstica resume como conclusin sobre el crecimiento de la gracia por el mrito sobrenatural:
"La conclusin que se deduce, es la necesidad de santificar todas y cada una de nuestras obras, aun las ms ordinarias. Ya hemos dicho que todas ellas pueden ser meritorias, si las hacemos con un fin sobrenatural, en unin con el divino Obrero de Nazaret, que trabajando en su taller, no dejaba de merecer para nosotros. Siendo esto as, cunto podremos adelantar en un solo da! Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, puede nuestra alma, si es recogida y generosa para con Dios, realizar miles de actos meritorios; porque no solamente cada una de nuestras obras, sino tambin cada uno de los nuevos esfuerzos que en ellas ponemos, cuando son prolongados, para hacerlas con mayor cuidado, como, por ejemplo, para alejar de nosotros las distracciones en la oracin, para atender con ms ahinco al trabajo, para evitar que se diga una palabra poco caritativa, para hacer un buen servicio, por pequeo que sea, a nuestro prjimo; cada palabra inspirada por la caridad; cada uno de los buenos pensamientos de que nos dejamos llevar; en suma, todos los movimientos interiores del alma libremente enderezados hacia el bien, son otros tantos actos meritorios que aumentan la participacin de la vida divina en nuestra alma." (273)

La oracin del cristiano.

El tercer medio fundamental para el crecimiento de la gracia santificante y del organismo sobrenatural es la oracin.
Ante todo vamos a tratar de definir que cosa sea la oracin en el cristiano. Hay muchas definiciones clsicas de la oracin entre los Padres de la Iglesia y los santos y telogos, pero uniendo las principales, se puede decir que la oracin es un dilogo del hombre, como hijo, con Dios, como Padre.

Por lo tanto la oracin es un dilogo, un coloquio amoroso de la criatura con su Creador. Es una conversacin amistosa e ntima, donde Dios escucha al hombre y le habla y contesta. En la oracin nos presentamos a Dios en calidad de hijos, calidad que eleva a nuestra alma a un orden esencialmente sobrenatural, ya que somos hijos de Dios por la gracia de Cristo.
Aqu est el principio de toda oracin: elevarnos por encima del orden natural de criaturas racionales al orden sobrenatural que nos da nuestra filiacin divina por la Salvacin de Jesucristo.

Esta enseanza fundamental la da Jess cuando sus discpulos le piden que les ensee a orar, y l les dice que invoquen a Dios dicindole "Padre nuestro". (274) Este ttulo indica cual debe ser la actitud del alma del cristiano cuando se ponga en oracin.

Por qu hace crecer la oracin la gracia santificante?: de dos maneras distintas, que surgen de los dos aspectos de la oracin mencionados.
En una primera forma, la oracin hace crecer la gracia porque es un acto meritorio, inspirado por la virtud de la caridad o amor de Dios, y por la virtud de la religin.
La adoracin, alabanza y accin de gracias, hechas en las debidas condiciones, cumplen con todas las condiciones de los actos meritorios, por lo que entran en el aspecto del crecimiento de la gracia por el mrito de las buenas obras, que vimos en el punto anterior.
En este caso, este aumento de la gracia tiene una relacin con la justicia de Dios, que ha prometido premiar las obras meritorias del hombre. Y qu mrito mayor puede haber en el hombre que el de reconocer con todo el fervor de su corazn a su Creador?

Lo que en cambio hace a la oracin de peticin un medio eficaz para producir un aumento de la gracia santificante o habitual, es lo que se conoce como el valor impetratorio de la oracin. Esto significa que se piden las gracias apelando solamente a la misericordia de Dios, sin hacer valer los posibles mritos.
Es por esta va que la oracin hecha por un pecador, puede devolverle la gracia perdida, solamente por la misericordia de Dios, ya que no puede haber all mrito alguno. Pero una fuerte gracia actual puede mover an al ms empedernido pecador para que pueda impetrar, clamar a Dios por la gracia perdida.
Con mucha mayor razn, el cristiano que est en estado de gracia recibir un aumento de ella pidindoselo con fervor a Dios en la oracin. Vemos as que enorme caudal de gracias trae al cristiano la oracin, que es por eso el centro de la vida cristiana.

Hemos dicho que la oracin es un dilogo o conversacin con Dios. Por lo tanto debe haber como en toda conversacin momentos en que uno habla y el otro escucha, porque si no fuera as esta conversacin se transformara en un monlogo. En la oracin, sobre todo en los principiantes, la tendencia es la de un monlogo, en que slo hablan ellos a Dios.
Con el tiempo, en la medida que la gracia santificante va creciendo, se produce la apertura en el espritu del orante, de manera que va aprendiendo a "escuchar" ms a Dios, dejando de lado sus propias ideas y pensamientos.

De cualquier manera, como en toda conversacin humana, tambin en la oracin vamos a distinguir dos elementos fundamentales: el tema de la oracin, y el grado de profundidad de la misma. Vamos a aclarar estos conceptos con un ejemplo muy humano:
Supongamos que estamos en presencia de un tcnico de ftbol muy renombrado, que fue un jugador muy famoso y que, al dejar la prctica del ftbol, se ha dedicado con mucho xito al entrenamiento y direccin de equipos. Este tcnico tiene una conversacin con distintas personas, y el tema ser, como es obvio, el ftbol.

En una primera instancia conversar con un nio pequeo, de unos seis aos de edad, quien le preguntar sobre algunos jugadores famosos que l conoce, o alguna cosa muy sencilla sobre el juego del ftbol.
Luego el director tcnico charla con un joven de catorce aos al que le gusta mucho jugar al ftbol y suea con llegar a ser un gran jugador.
El tema de la conversacin seguir siendo el ftbol, pero este aprendiz de jugador le har preguntas ms complejas, quizs sobre algunos aspectos de tctica de juego, o le pedir consejo sobre como evolucionar en su juego, en el puesto que le gusta actuar, o sobre como mejorar en sus habilidades.
Ya la conversacin toma un grado de profundidad mucho mayor que la anterior, pero el tema sigue siendo el mismo.

Por ltimo pensemos que ahora el tcnico famoso conversa con un gran jugador, el mejor del seleccionado de su pas. La conversacin tendr una riqueza y profundidad mucho mayor que las anteriores, hablando sobre las tcticas y estrategias ms avanzadas en el ftbol moderno, sobre los aspectos sobresalientes de la preparacin fsica, sobre la motivacin psicolgica de los jugadores, y otros temas muy profesionales. El grado de profundidad de esta conversacin es obviamente mucho mayor que las anteriores, y sin embargo el tema sigue siendo el mismo: el ftbol.

Vemos as en este ejemplo simple que en una conversacin sobre un mismo tema, su profundidad vara en cuanto a la madurez y conocimientos mayores del interlocutor que dialoga con el que ms sabe.

Cuando hablamos de la oracin, tenemos un interlocutor que todo lo sabe y todo lo puede, que es Dios, y la criatura que dialoga con l. La conversacin con Dios que es la oracin tendr entonces temas distintos, que son los que definen el fin de la oracin, y tambin grados distintos en cuanto a la profundidad en que esos temas son tratados. Veamos en qu consiste cada uno de estos elementos de la oracin:

Los temas de la oracin surgen de la enorme diferencia entre el hombre y Dios, un abismo que separa al ser creado de quien lo cre; por eso, en ese dilogo, esta desigualdad tan grande se manifiesta en las dos actitudes bsicas del hombre en la oracin, que reflejan el fin que tiene la oracin.

Primero, en la oracin se produce la conciencia de la fragilidad y el pecado del hombre frente a la santidad de Dios, lo que lleva a pedir perdn al Creador, confiando en su misericordia y piedad. Esta disposicin prepara el corazn del hombre llevndolo con humildad a reconocer su pequeez y su necesidad de Dios.

Luego puede surgir la adoracin, cuando el hombre confiesa que Dios es todopoderoso, que es inmensamente bueno y amoroso, y reconoce la total dependencia con su Seor y Creador.

Esta adoracin lleva a la alabanza, que es el canto gozoso a la gran majestuosidad y el poder de Dios, donde el hombre exulta en felicidad por saber que es el hijo amado por el Padre celestial.

La adoracin y la alabanza conducen necesariamente a la accin de gracias, porque el hombre reconoce que Dios no solamente es el Soberano absoluto, sino tambin es su benefactor, a quien debe todo cuanto es y cuanto tiene. En la medida que ms conoce el hombre a Dios, ms impulsado se siente de agradecerle por todos sus dones y gracias, con que colma su vida cuando realmente se dispone a recibirlos.

Este, entonces, es el primer aspecto del dilogo con Dios: frente a su majestad y omnipotencia, a la contemplacin de sus atributos divinos, a su infinita perfeccin, surge la adoracin, la alabanza y la accin de gracias.

Pero en esa diferencia que tiene con su Dios, el hombre toma conciencia clara, por una parte, de sus carencias y necesidades de todo tipo, tanto materiales como espirituales, y, por otro lado, ve perfectamente que su Creador es el Todo, poseedor del poder creador, dueo y Seor de todas las cosas, dador de la vida a toda criatura, y entonces surge naturalmente otro aspecto o fin de la oracin cristiana: la peticin.
El pedirle a Dios lo necesario, en especial todo lo sobrenatural, como su gracia y su divina intervencin para suplir la indigencia natural del hombre, surge de la confianza filial del cristiano, de saber que Dios es fuente inagotable de toda clase de bienes, y que, en su amor y misericordia, los derrama a manos llenas en sus hijos amados.

En resumen, la oracin es un dilogo, una conversacin entre dos, el hombre y Dios, pero no entre iguales, lo que produce esos temas caractersticos de esta conversacin: el perdn, la adoracin, la alabanza, la accin de gracias, y la peticin confiada.

Los grados de la oracin son un elemento muy importante para definir la complejidad del avance espiritual, ya que permiten tener un parmetro que nos permita caracterizar el estado del alma a lo largo del extenso recorrido del camino de la santidad.

As como a nivel humano, la profundidad o grado de una conversacin, por ejemplo, de un padre con su hijo, va cambiando a medida que ese hijo va creciendo, as tambin la oracin va pasando por grados distintos de crecimiento, que caracterizarn, de alguna manera, la edad espiritual del cristiano. Por lo tanto, si conociendo y estudiando el nivel mental e intelectual de alguien en una conversacin, aunque no se lo vea, se puede determinar si es un nio o un adolescente o un adulto, y ms o menos en qu punto de estas etapas de crecimiento se encuentra, as tambin viendo cul es la oracin del cristiano, como se expresa su dilogo con Dios, ser posible caracterizar la etapa de su vida espiritual por la que est transitando.

Dentro de la teologa cristiana se debe a la genial inspiracin de Santa Teresa de Jess la clasificacin ms clara y prctica de los grados de la oracin, descripta en su libro "Las Moradas" o "El Castillo Interior", y que ha sido adoptada casi en forma unnime por la mayora de los autores espirituales. La santa establece que hay en nuestra alma, figuradamente, un castillo interior, con siete moradas sucesivas, por las que hay que pasar para llegar finalmente a la ms interior, donde mora el mismo Dios. En cada una de estas moradas se vive un grado de oracin distinto, por lo que, segn Santa Teresa, se va pasando por siete grados de oracin bsicos, en el avance del alma a ese encuentro pleno con el Seor.

La distincin de grados de oracin que vamos a usar contempla ocho grados distintos, que relacionamos con las moradas de Santa Teresa de la siguiente manera:

Primera morada: El Rezo
Segunda morada: Oracin de Meditacin
Tercera morada: Oracin de Afectos
Cuarta morada: Oracin de Recogimiento Infuso
Oracin de Quietud
Quinta morada: Oracin de Unin Simple
Sexta morada: Oracin de Unin Exttica
Sptima morada: Oracin de Unin Transformante

La explicacin detallada y el concepto de cada uno de estos ocho grados de oracin la daremos en la Cuarta Parte del libro, cuando tratemos de las etapas en que se compone el avance y crecimiento en la vida espiritual. Por ahora nos basta saber que en la oracin, como conversacin con Dios, cuando por ejemplo tenemos una adoracin, la misma podr desarrollarse con distinto grado de profundidad, ya que podr hacerse por un rezo, o por ejemplo, viviendo una experiencia contemplativa de unin exttica.

Tenemos que hacer tambin una reflexin ms sobre la oracin, sobre cul es la causa que hace que nuestras oraciones resulten eficaces.
Por cosas humanas tambin se puede pedir, rogar a otra persona, en especial si es poseedora de algo que necesitamos o queremos. En ese ruego, esgrimiendo distintas razones, trataremos de influir en la voluntad del otro, de inclinarla en el sentido que nosotros buscamos.

Esta influencia depender, en definitiva, de la variabilidad de la voluntad humana, que puede ser movida por la fuerza de razones valederas, o por un sentimiento de afecto o compasin. En cambio, Dios, como nos ensea su Revelacin, tiene una voluntad inmutable, y sus designios son eternos, determinados para siempre en su sabidura infinita.
Entonces, debemos admitir que la voluntad de Dios puede cambiar segn el deseo del hombre? Realmente, Dios ya no sera Dios si las pobres criaturas pudieran influir eficazmente en l y hacer variar su voluntad.

Es un dogma de fe, como decamos, que la Providencia divina es inmutable en sus disposiciones, ya todo est previsto en sus designios desde el comienzo de los tiempos. Pero Dios establece el cumplimiento de su voluntad de dos formas distintas: en forma directa, siendo l entonces causa primera, obrando por s mismo, como cuando crea y da el ser a una criatura, o en forma indirecta, utilizando determinados acontecimientos o la accin de sus criaturas, que son entonces causas segundas de la Providencia.

Entre esas causas segundas, una de las ms importantes es la accin de los hombres a travs de la oracin. Entonces, no oramos para cambiar lo que Dios ha dispuesto hacer, sino para pedir que ocurra lo que Dios, desde siempre, ha determinado que suceder mediante nuestras oraciones.
Cuando una persona determinada no ora, se pierden muchas de las gracias que Dios tuvo previstas en funcin de esa oracin, y as, en su libertad, esa persona habr cerrado la puerta a la manifestacin que Dios habra hecho por su intermedio.
De esta transparente doctrina sale una gran luz sobre el sentido ms profundo de la oracin. Primero, de la gracia que hace al orante un instrumento, un medio para que se cumpla la voluntad de Dios.

En segundo lugar, la explicacin de por qu no siempre las oraciones son eficaces, o son contestadas, ya que, cuando son solamente algo que nace del deseo del hombre, y no concuerdan con la voluntad de Dios, no podrn cambiar o torcer esta voluntad de manera alguna.
Por qu la voluntad de Dios no coincide a veces con la nuestra? En un caso, siempre la voluntad de Dios ser coincidente a la del hombre: es cuando pedimos para nosotros, cosas necesarias para la salvacin y la vida eterna. Pero hay otras cosas que pedimos, en particular las cosas que hacen a nuestra vida terrenal, que pueden ser bien usadas o mal usadas, en funcin de nuestro fin ltimo, es decir, la vida eterna como hijos de Dios.
Por lo tanto, slo Dios en su infinita sabidura sabe si sern o no buenas estas cosas que le pide el hombre, por lo que se las conceder o no. Es por este motivo que siempre que le pedimos a Dios, lo hacemos aceptando que se "haga segn su voluntad", porque en nuestra debilidad humana, igual que le ocurre a un nio pequeo, pedimos cosas que a la larga no nos significarn realmente algo bueno.

La razn humana muchas veces no puede asomarse a estos misterios insondables, sobre todo cuando implican el dolor, el sufrimiento, la enfermedad o la muerte. Pero el que ora realmente movido por la fe, acepta esta oscuridad de su razn y no opone reparos a la voluntad de Dios que se manifestar de la manera que sea.
Es decir, hay que orar siempre, para no perder las gracias que la Providencia divina ha determinado desde siempre concedernos, lo que ser infalible en todo aquello referente a nuestra santificacin, y aceptar la voluntad de Dios en las cosas de esta tierra, que no podemos conocer a ciencia cierta en cuanto a su verdadera y ltima bondad para nosotros, pero que s conoce Dios.

Referencias al Captulo 3:

(270): Catecismo de la Iglesia Catlica N 604
(271): Efesios 2,8-9
(272): Catecismo de la Iglesia Catlica N 2008
(273): Ad. Tanquerey, "Compendio de Teologa Asctica y Mstica", 1 Parte, Cap. 2.
(274): Mateo 6,7-14; Lucas 11,1-4

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