Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 1: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

Los principios de accin en el hombre.

Si consideramos al hombre segn lo que hemos visto en la "SEGUNDA PARTE - Cap.3 y 4", encontraremos que en l se manifiestan tres principios de accin o motores distintos, que actan sobre el ser humano en una variedad infinita de combinaciones.

El primero es el que podemos llamar la animalidad, y es el principio que impulsa a la accin a partir de los instintos y las pasiones, es decir, a travs de lo que perciben y recogen los sentidos corporales, que lo dirigen solamente a la bsqueda del bien material o bien sensual.
Este principio de accin es el mismo que poseen los animales, y es muy difcil encontrarlo en un ser humano en forma completa, ya que significara la existencia de un ser absolutamente bestializado e irracional.

Puede, s, ocurrir que en ciertos lapsos de tiempo una persona se comporte de esta manera; en general ocurrir en casos de profundas alteraciones psquicas, o estando bajo la accin total del alcohol o las drogas. Pero, es ms comn encontrar esta conducta en ciertos aspectos del comportamiento de una persona, referidos a algn sentido o instinto en particular, donde el hombre puede comportarse como un hombre animal.

El segundo principio de accin es la razn, compuesta por la inteligencia y voluntad, caractersticas del ser humano, del hombre racional. Esta razn le hace percibir al hombre otra realidad, que va ms all de la realidad material perceptible por los sentidos, que es el bien racional o bien honesto. Pero el problema que se presenta es que la naturaleza humana se encuentra en estado cado, contaminada y desordenada por el pecado original, y, como ya vimos, esto hace que la razn se encuentre debilitaday no logre fcilmente refrenar o encauzar su animalidad, que se manifiesta a travs del mpetu desordenado de las pasiones.

Hemos visto que precisamente es la gracia que viene de Dios la que va a remediar esta situacin, elevando la naturaleza del hombre racional a un orden sobrenatural, que perfecciona inmensamente esa naturaleza, incorporndole nuevas facultades sobrenaturales, las virtudes infusas y los dones del Espritu Santo. Nos encontramos entonces frente al hombre espiritual, sobre el que obra un mismo principio de accin, la gracia, pero de dos modos distintos.

En el nio espiritual, acta su razn iluminada por la fe y con la accin de las otras virtudes sobrenaturales. Se le suma a la accin natural de su inteligencia y voluntad la sobrenatural de las virtudes cristianas, pero siempre bajo el control y direccin del proceso humano de razonamiento, es decir, obrando al modo humano.

En cambio, en el adulto espiritual, su razn no slo es ayudada por las virtudes, sino que es guiada directamente, a modo de instinto, por las mociones del Espritu Santo, a partir de la accin de los dones, obrando entonces la persona no ya al modo humano, sino al modo divino.
Como es que se va produciendo en el cristiano el avance gradual en su crecimiento desde que es nio espiritual, hasta la plena adultez, que significa el estado de hombre perfecto, hombre nuevo o santo, es lo que trataremos de comprender en lo que sigue.

Aspectos negativo y positivo del desarrollo de la vida cristiana.

Vimos que cuando recibimos la gracia de Dios por el bautismo tenemos un verdadero renacimiento, en el que volvemos a nacer para la vida de Dios, as como habamos nacido para el mundo; somos como nios espirituales que necesitamos crecer. San Pedro nos puntualiza esto: "Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Seor y Salvador, Jesucristo." (244)

En la vida sobrenatural todo sucede a similitud de la vida natural; recibimos desde un principio los elementos que constituyen nuestro ser, pero stos necesitarn de un tiempo para crecer y desarrollarse. San Lucas nos refiere que el mismo Jess "progresaba en sabidura, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres." (245)

La gracia santificante es como un germen, una semilla, un embrin, que Dios siembra en las almas de los hombres en el bautismo, y que est llamada a un crecimiento, pero tiene una diferencia fundamental con el crecimiento natural del organismo corpreo del hombre. Este tiene un desarrollo propio, una evolucin a partir de sus fuerzas naturales y por la absorcin e incorporacin a s mismo de elementos de su mismo orden, es decir, naturales, como los alimentos.

Pero la vida sobrenatural, por ser algo recibido de Dios, injertado en nosotros, solamente puede crecer de la misma manera como naci, es decir, por nuevas infusiones divinas. La gracia crece, pues, en cada hombre que la ha recibido, por nuevas y sucesivas acciones de Dios.
Por supuesto estas acciones de Dios presuponen la cooperacin del hombre, su disposicin, su esfuerzo personal, pero, en ltima instancia, slo Dios es el principio del aumento de la gracia.

Las acciones con las que el hombre secunda esta accin de Dios son de dos tipos: aquellas destinadas a remover y eliminar los obstculos que se oponen a la nueva vida, y las que tienden efectivamente a su crecimiento. As encontramos dos aspectos diferenciados en este crecimiento: el aspecto negativo, que se basa en la lucha contra los obstculos que se oponen a su desarrollo, y que, en s mismo no produce un crecimiento, pero prepara al alma para que ste sea posible.

Es como cuando se siembra una semilla para que crezca una planta. Todos sabemos que lo primero que se hace cuando se quiere preparar un jardn es eliminar toda maleza y plantas indeseables, porque de otra manera, stas ahogaran e impediran el crecimiento de las nuevas plantas.

El otro aspecto del crecimiento de la vida cristiana es el aspecto positivo, que se ocupa de los medios que producen efectivamente este desarrollo y de cules son las acciones que debe efectuar el hombre para que esos medios sean aprovechados lo mejor posible y den el mximo resultado.

Podemos tomar una comparacin que nos ayudar a comprender esto. Supongamos que una persona debe ir a un lugar lejano, en un determinado tiempo. No tiene posibilidades de llegar all con sus solas fuerzas naturales, es decir, caminando. Pero recibe como regalo un auto nuevo, que le aparece como llovido del cielo, all al lado de su casa, con el que le ser entonces factible realizar ese viaje.

A partir de all, el que ha recibido ese don, tropieza con dos dificultades para poder usar el vehculo que le regalaron. Como ha tenido una vida descuidada, desprolija, se han ido acumulando en los alrededores de su casa todo tipo de deshechos, de desperdicios, de cosas inservibles e intiles, tal como se ve muchas veces en personas de este mundo, que viven su vida sumergidos entre pilas de cosas viejas, en un verdadero basural.
Ya se ha acostumbrado a la existencia de todo eso a su alrededor, y mientras solamente pasa caminando, en su rutina de todos los das, puede sortear esos obstculos y avanzar igual por las proximidades de su casa, segn la norma de su vida habitual.
Sin embargo ahora tiene un vehculo nuevo, flamante, ltimo modelo, pero a causa de toda esa basura que le obstaculiza el paso, no puede moverlo de all.

A este problema se le agrega otra dificultad: tampoco sabe como se conduce ese automvil, ya que nunca ha tenido uno, por lo que as como est, no puede ni siquiera moverlo un metro.
Qu es lo que deber hacer para aprovechar realmente el regalo que ha recibido, y poder viajar hacia all donde debe ir?

Primero, tendr que limpiar el camino, al menos en parte, sacando lo ms grueso, aquellas cosas que impiden el paso del auto. Pero tambin, y probablemente en forma simultnea, deber conocer cules son los mecanismos que tiene el vehculo para funcionar correctamente, y aprender a usarlos: como se enciende el motor, como se hacen los cambios de velocidad, como se frena, como se utilizan las luces, el aire acondicionado y la calefaccin, los limpia parabrisas, como se cambia una goma pinchada, cuando se le debe agregar agua y aceite, etc.

Podr comenzar a andar una vez conocidos los rudimentos del manejo, pero solamente llegar a viajar con todo el confort y a mxima velocidad una vez que, con el conocimiento y la prctica, haya progresado en su capacidad de conduccin.
Pero an en este caso, a lo largo del camino ir encontrando dificultades y peligros que deber sortear para llegar a destino; unos sern derivados de su propia impericia o descuido, y otros, de los dems que lo rodean, y, an, de ladrones o malvivientes que puedan acechar en alguna parte para asaltarle y robarle el auto nuevo.

As tambin, la meta que debemos todos alcanzar, para la cual fuimos creados, la vida en presencia de Dios, en santidad, es una meta a la que no podemos arribar con nuestras solas fuerzas naturales. Pero recibimos el regalo de la gracia, y se nos da la capacidad de hacerlo, aunque para que esta gracia "funcione", debemos primero limpiar de nuestro interior los obstculos acumulados en una vida, ms larga o ms corta, con ms o menos deshechos inservibles, que no nos permitiran avanzar.

Estos obstculos estn constituidos por el pecado, por las actitudes de "hombre viejo" arraigadas en nosotros a lo largo de una vida alejada de Dios. Esto es lo que constituye el "aspecto negativo" de la vida cristiana, o purificacin interior, que estrictamente no produce un crecimiento espiritual, o de la gracia, pero prepara el camino para que luego as ocurra. Luego habr que conocer y aprender a usar todos los medios que nos permiten avanzar efectivamente por el camino del crecimiento espiritual, enfrentando los peligros que acechan en forma continua. Veamos en detalle todo esto.

La purificacin interior.

El principal aspecto necesario en la purificacin interior, indispensable para permitir que la gracia de Dios pueda crecer, es la lucha contra el pecado, es decir, la prctica de la penitencia.
Al pecado se lo debe considerar el enemigo nmero uno de la santificacin del hombre, y en realidad es el enemigo nico, ya que los otros lo son en cuanto provienen del pecado o llevan a l.

Se define en forma clsica al pecado como una trasgresin voluntaria a la ley de Dios. Tengamos presente que la ley dada por Dios es una ley basada en el amor, y tiene como finalidad la de guiar al hombre para que pueda alcanzar su fin ltimo, la vida eterna compartiendo la misma vida de Dios.

En el pecado siempre encontramos tres elementos esenciales: se refiere a una materia prohibida, existe una advertencia y conocimiento del mismo por parte de la inteligencia humana, y aparece una aceptacin o consentimiento por parte de la voluntad. Existe, entonces, una intervencin libre de las dos facultades superiores de la razn humana.

En el caso de que la materia sea grave y haya un conocimiento y aceptacin plenos de la misma, se est cometiendo un pecado mortal, llamado as porque lleva a la muerte de la vida cristiana adquirida por la gracia. Cuando la falta es ms leve, o ha habido advertencia y consentimiento ms imperfectos, menos claros, el pecado es venial.

Las consecuencias del pecado siempre son graves para el cristiano. Si el pecado cometido es mortal, se despoja el alma de la presencia de la Santsima Trinidad, y se pierde la gracia santificante, por la que el alma poda vivir una vida semejante a la de Dios. Tambin se pierden todos los mritos adquiridos durante la vida transcurrida. Es como un verdadero suicidio espiritual.

El pecado venial no produce consecuencias tan terribles, pero priva al pecador de muchas gracias que de otra manera hubiera recibido, disminuye el fervor de la caridad y la generosidad en el servicio de Dios y aumenta las dificultades para ejercitar las virtudes cristianas.
Pero lo principal a tener en cuenta es que va predisponiendo al alma para el pecado mortal, como aquel que poco a poco se va deslizando por una pendiente que finalmente lo hace caer a un precipicio.

La lucha contra el pecado en general se lleva a cabo con la penitencia, que es una virtud sobrenatural derivada de la virtud cardinal de la justicia. Esta virtud inclina al pecador a detestar el pecado cometido, tomando conciencia que es una ofensa cometida contra Dios, y que adems produce consecuencias muy graves en la vida personal, y le genera el propsito de no caer ms en el futuro, y de reparar el dao cometido.

La penitencia comprende cuatro pasos o actos principales:
El primero y fundamental es el de reconocer de un determinado pecado en nosotros. Esto solamente se puede lograr con la luz de la fe, a travs de la oracin y del examen interior o de conciencia. Sin este paso no se puede avanzar, as como si no reconocemos por algn sntoma que estamos enfermos, no vamos a ir al mdico ni daremos los pasos necesarios para curarnos.
Luego, reconocido que el pecado est en nosotros, el Espritu Santo va a suscitar el dolor y la vergenza por haberlo cometido, y surgir entonces el arrepentimiento o contricin.
El tercer paso al que llevar la gracia ser el de formular un firme propsito de enmienda, una decisin de apartar esa actitud de hombre viejo de la vida del cristiano.
El ltimo paso ser el de poner por obra ese propsito, ayudado por la virtud de la fortaleza, para que no quede simplemente en un buen propsito. All tambin nacer el deseo y la necesidad de una reparacin, a travs de obras de penitencia.

A esta purificacin del alma obrada por la penitencia se la conoce como purificacin activa, porque la iniciativa de la misma corresponde al hombre, ayudado e impulsado por la gracia de Dios que obra a travs de distintas virtudes sobrenaturales, como ya vimos.

Pero ocurre que la plena purificacin del alma no puede lograrse solamente por lo que el hombre puede percibir y hacer guiado por s mismo, ayudado e iluminado por la gracia, porque tropieza con la barrera inexpugnable de su razn humana, que no le permite avanzar hasta extirpar la raz misma de sus inclinaciones pecaminosas. Por eso Dios se reserva para s mismo una accin purificadora en que l ser el que tome la iniciativa, y que por esa razn se denomina purificacin pasiva, en el sentido que el hombre es sometido a ella no por decisin propia, sino por la accin directa del Espritu Santo, a partir de la accin de sus dones.

Esto implica la entrada al llamado "estado mstico", que producir dos purificaciones pasivas o "noches", segn la terminologa de San Juan de la Cruz, conocidas la primera como "noche de los sentidos", y la segunda, la final, como "noche del espritu".
Como este proceso se produce con el ingreso a un grado de oracin especial conocido como oracin de "contemplacin infusa", lo trataremos con ms detalle en el prximo captulo, donde se vern los distintos estados por los que pasan las almas que perseveran en su ascenso y crecimiento en la vida espiritual.

Esta purificacin interior va limpiando el alma de los obstculos que se oponen al crecimiento de la gracia santificante. Pero ocurre que, aunque se vayan dejando de lado situaciones de pecado, actitudes arraigadas de "hombre viejo" con las que se coexisti quizs durante mucho tiempo, subsisten en el interior heridas causadas por el pecado propio, o recibidas debido al pecado de otras personas que ha influido sobre cada uno a lo largo de muchos aos de vida.

Por ejemplo, puede haber una persona, hombre o mujer, que durante un tiempo fue violenta, y acostumbraba golpear a sus hijos. Tocada por la gracia de Dios puede enmendar esta actitud y dejar de actuar de esa manera, pero quizs ocurra que la raz de esa conducta fuera que a su vez, de chica, esa persona tambin fue golpeada por sus padres; entonces, seguramente le quedar una doble herida por sanar: el rencor u odio que pueda sentir por ese padre o madre que la someta a malos tratos, y el remordimiento o sentimiento de culpa por haberse comportado de la misma manera con sus hijos, lo que probablemente habr producido que no haya una relacin buena con ellos, con verdadero amor.

Ser necesaria una sanacin espiritual profunda, que slo Dios puede hacer, para que esa persona, por un lado, perdone a su padre golpeador, ya sea que viva o que est muerto, y, a su vez, pueda pedir realmente perdn a sus hijos, comenzando una nueva relacin, afianzada en el amor de Dios. De aqu que sea tan necesaria la "sanacin interior", tal como se practica comunmente en los grupos de oracin de la Renovacin, a partir de oraciones especiales donde se permite al Seor recorrer la vida de cada uno para sanar los momentos y situaciones que produjeron heridas espirituales.

As, penitencia y sanacin interior profunda van de la mano, para avanzar en una real y efectiva purificacin del alma, que permita iniciar sin grandes obstculos el camino del crecimiento de la gracia en el cristiano.

La lucha contra los enemigos espirituales.

Cuando al principio de este captulo comparbamos la manera de avanzar en la vida espiritual con ese automvil que tenemos para llegar a la meta que necesitamos, decamos que no solamente haba que quitar los impedimentos que hacan que no pudiera avanzar, lo que implica la purificacin interior, de la que recin hablamos, sino que tambin, ya emprendido el camino, habr que sortear peligros y dificultades que van a tratar de impedir el avance.

En la vida espiritual hay tres enemigos principales que van a intentar oponerse a su desarrollo; uno es interior y lo llevamos siempre con nosotros mismos: es la concupiscencia. Los otros dos vienen de afuera, son enemigos exteriores, y son el mundo y el Demonio.

Comencemos con la denominada triple concupiscencia, llamada as por tener tres componentes, segn la describe San Juan: "Todo lo que hay en el mundo es la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, lo cual no viene del Padre, sino del mundo." (246) .

La concupiscencia es una tendencia al placer, y, en su aspecto negativo, es el horror y huida del sufrimiento. Es la raz de los llamados siete pecados capitales, que en s son ms bien malas inclinaciones, pero que pueden arrastrar al pecado, y que son la fuente de otros muchos pecados.
La concupiscencia de la carne es el amor desordenado de los placeres de los sentidos, y de ella se derivan tres pecados capitales: la gula, la lujuria y la pereza.

De hecho el placer no es malo de suyo, ya que Dios mismo lo ha juntado con el ejercicio de ciertas actividades y deberes materiales, que miran sobre todo a la conservacin del individuo y de la especie, para atraer y facilitar al hombre el cumplimiento de esos deberes. As, gustar del placer con moderacin y dirigindolo hacia el fin ltimo del hombre, que es su bien moral y sobrenatural, es un acto bueno y querido por Dios.

Pero el desorden aparece cuando se hace del placer un fin en s mismo, y as la gula deja de cubrir la necesidad de alimentacin del hombre para tener una vida sana y provechosa, para transformarse en algo desordenado que puede afectar la salud; la lujuria lleva a comportamientos vergonzosos y a la aparicin de desrdenes personales y sociales, como la infidelidad matrimonial, la prostitucin, la pornografa, la corrupcin de menores, etc.
Por ltimo, la pereza es un extremo del descanso y el ocio necesarios para reparar las fuerzas fsicas y psquicas, que hace que se rehuyan los deberes propios del estado de cada uno y convierte al hombre en un parsito que busca vivir a costa del esfuerzo de los dems.

La concupiscencia de los ojos deriva en el pecado capital de la avaricia, y tambin produce la curiosidad malsana, que es un deseo irrefrenable de saber todo lo que pasa alrededor de la persona, de conocer toda intriga y cosa oculta.

La avaricia es un amor desordenado al dinero y a los bienes materiales, donde los mismos dejan de ser medios para suplir las necesidades para llevar una vida digna, y se transforman en fines en s mismos, en algo que produce gozo solamente por su posesin y contemplacin.
La soberbia de la vida, finalmente, deriva en la soberbia propiamente dicha o vanagloria, en la envidia y en la ira, como pecados capitales de los que derivan muchsimos otros. La soberbia est considerada como el pecado ms grave del hombre, porque implica que ste, llevado por un tremendo amor propio y egosmo, se considera como Dios de s mismo, convirtindose en el centro alrededor del que gira toda su vida, por lo que no deja lugar a Dios, sino que se hace independiente de l. Es la negacin implcita de Dios como el primer principio del hombre, y tambin como su ltimo fin, ya que es el hombre mismo que ocupa esos lugares.

Esta es la breve descripcin del primer enemigo del hombre, que lo acompaa siempre, ya que se encuentra en su interior, y lo contamina, tal como enseo Jess a sus discpulos, segn encontramos en el Evangelio de Marcos: "Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazn de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre." (247)

El segundo enemigo espiritual del hombre es el mundo. A qu se denomina "mundo" en el sentido espiritual? No es el conjunto de personas que viven en la tierra, sino que es el ambiente anticristiano que se respira entre las gentes que viven totalmente olvidadas de Dios y entregadas por completo a las cosas terrenales.

Hay distintas categoras en este gran conjunto de personas. Tenemos los incrdulos, que son hostiles a la religin porque se opone a sus ideas humanas; los indiferentes, que permanecen en un estado de indolencia hacia todo lo referido a Dios; los pecadores impenitentes, amantes del pecado porque se aferran al placer desordenado y no quieren apartarse de l; finalmente, encontramos los mundanos, que creen y aun practican la religin, pero que se dejan llevar por las cosas del mundo, y que son los que escandalizan a los dems, creyentes o incrdulos, hacindoles decir que la religin no influye para nada en la vida moral.
Son los hipcritas, o, como los llamaba Jess, "sepulcros blanqueados", limpios por fuera y llenos de inmundicia por dentro.

Este "mundo" influye sobre aquel que desea avanzar en la vida espiritual de distintas maneras: con sus falsas mximas, siempre opuestas a las verdades del Evangelio, exaltando las riquezas, los placeres, la violencia, o el fraude, la corrupcin y la deshonestidad, puestos todos ellos al servicio del egosmo propio.

Tambin el mundo genera burlas y persecuciones contra la vida religiosa y de piedad, contra la conducta decente y honesta, contra los espectculos morales, que califica de ridculos y aburridos; tambin va en contra del comportamiento honesto en los negocios, de la fidelidad en el matrimonio o el respeto hacia los mayores por los jvenes, y, en general, juzga como anticuados y fuera de poca todas las actitudes y comportamientos de una vida basada en la moral y la honestidad de costumbres.

El mundo, en fin, propone todo tipo de placeres y diversiones llenos cada vez ms de inmoralidad, que llevan a sacrificar el descanso y la salud, y los recursos indispensables para las necesidades de la vida propia y familiar. Tal es, por ejemplo, el flagelo actual de la droga, que cada vez cuenta con una permisin mayor en su venta y consumo.
El mundo es un enemigo muy difcil, porque arrastra a las personas, y para oponerse a esta corriente hay que tener mucha fortaleza interior, que slo viene de Dios.

El tercer enemigo claro de la vida de Dios en el hombre es el Diablo, o Satans. Sobre este tema debemos tratar de basarnos lo mximo posible en la autoridad doctrinal de la Iglesia, para no entrar en subjetividades que nos pueden alejar del centro de la cuestin.

El Cardenal Suenens public un excelente libro desarrollando este difcil y delicado tema. El Cardenal en el primer captulo, bajo el ttulo de "El Demonio, mito o realidad?" dice lo siguiente:

"Es forzoso reconocer que entre los cristianos existe hoy en da una cierta desazn a propsito de la existencia del o de demonios. Mito o realidad? Satans debe ser relegado al reino de los fantasmas? Se trata simplemente de la personificacin simblica del Mal, de un mal recuerdo de una poca precientfica ya superada?
Un gran nmero de cristianos se deciden por el mito; los que aceptan la realidad se sienten cohibidos e incmodos para hablar del Demonio, por temor a parecer que se solidarizan con las representaciones de que le ha hecho objeto la fantasa popular, y que desconocen los progresos de la ciencia.
La catequesis, la predicacin, la enseanza teolgica en las universidades y en los seminarios evitan generalmente el tema. E incluso en los lugares donde se discute la existencia del Demonio, apenas es objeto de examen su accin y su influencia en el mundo. El demonio ha conseguido hacerse pasar por un anacronismo: es el colmo del xito solapado.
En estas condiciones, hace falta valor al cristiano de hoy para desafiar la irona fcil y la sonrisa conmiserativa de sus contemporneos.
Ms que nunca el cristiano est invitado a tener confianza en la Iglesia... Con este espritu filial debemos or la voz del Papa Pablo VI, que nos invita a dominar la desazn, a romper el silencio y a reconocer que todava hoy la presencia del Maligno no es, por desgracia!, un anacronismo." (248)

El autor se refiere a la catequesis que sobre la realidad del demonio dio el papa Pablo VI en la audiencia general del mircoles 15 de noviembre de 1972, publicada al da siguiente en el "Osservatore Romano". Veamos la claridad y valenta con que el Papa aborda este tenebroso tema, tomando algunos pasajes de esta famosa catequesis:

"El mal no es ya slo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa.
Quin rehusa reconocer su existencia, se sale del marco de la enseanza bblica y eclesistica; como se sale tambin quien hace de ella un principio autnomo, algo que no tiene su origen, como toda criatura, en Dios; o quien la explica como una seudo-realidad, una personificacin conceptual y fantstica de las causas desconocidas de nuestras desgracias...
Es el "homicida desde el principio... y padre de la mentira" como lo define Cristo (Juan 8,44); es el que insidia sofisticadamente el equilibrio moral del hombre. Es l el encantador prfido y astuto, que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasa, de la concupiscencia, de la lgica utpica, o de desordenados contactos sociales en el juego de nuestro obrar, para introducir en ello desviaciones, tan nocivas como conformes en apariencia con nuestras estructuras fsicas o squicas, o con nuestras aspiraciones instintivas y profundas."

Es muy clara la doctrina en que el Papa Pablo VI se apoya para afirmar la existencia del Demonio como un "ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor".

Visto ya el tema de la existencia de Satans y su corte de demonios, es importante analizar como se produce la accin y la influencia del Diablo sobre los hombres.
Lo primero a tener en cuenta es que la causa primera del mal que sufre el hombre es el pecado, y el mismo es responsabilidad plena del hombre. La influencia de Satans, que puede ser de distintos grados como ya veremos, solamente es un factor ms entre otros, que puede inclinar al hombre, en su libertad, al pecado. Ya vimos la influencia de la concupiscencia y del "mundo".

La primera forma de actuar del Diablo, que es casi la nica, salvo raras excepciones, es la tentacin. Segn ensea Santo Toms de Aquino el demonio tiene por oficio propio el tentar, llevado por su envidia contra el hombre y su soberbia contra Dios.
En este proceso de la tentacin diablica tenemos que tener en cuenta un principio teolgico fundamental sostenido por Santo Toms: la accin del demonio queda limitada a la parte sensitiva del alma del hombre, es decir, acta sobre la imaginacin y la memoria y sobre los sentidos internos y externos, pero no puede obrar en forma directa sobre nuestra inteligencia ni sobre nuestra voluntad, a las que solamente Dios puede acceder con las mociones de su Espritu Santo.
Por eso el dominio del Demonio a travs de la tentacin no es desptico, ya que requiere el consentimiento libre y voluntario del hombre, por lo que en ltima instancia el hombre es siempre responsable de su pecado.
La tentacin es en definitiva una induccin, a veces muy sutil, para desviar al hombre de su camino hacia Dios, haciendo que quede con una vida solamente natural, y no sobrenatural, aferrado a las cosas de este mundo y regido solamente por su razn humana, sin permitir que acte en l la gracia de Dios.

El siguiente grado de accin del demonio es la obsesin u opresin, que ya significa una operacin extraordinaria, muy rara, del Diablo. La obsesin existe cuando el demonio atormenta al hombre estando fuera de l, y en este caso puede hacerlo actuando sobre su vctima de dos maneras diferentes: puede obrar sobre sus potencias interiores, principalmente sobre la imaginacin, turbando el alma de manera muy violenta, o sobre los sentidos externos, afectndoles de formas y grados variadsimos.

La obsesin interna o infestacin se manifestar a veces en forma de ideas fijas y absorbentes, que no se pueden apartar de la mente; tambin pueden aparecer imgenes y representaciones tan vivas que se imponen como verdaderas realidades. Todo esto siempre buscar producir en la persona que lo sufre repugnancia y rechazo hacia los propios deberes y obligaciones morales, o inclinaciones y fuertes deseos hacia todo aquello que es preciso evitar para la salud espiritual. As el alma se llena de imgenes obsesionantes que la empujan a la duda, a la ira, al resentimiento, al odio y la venganza, a la desesperacin, o hacia todo lo que signifique fascinacin sensual y voluptuosa.

La obsesin externa en general va unida a la anterior, y puede afectar a todos los sentidos exteriores. En esta operacin diablica extraordinaria el demonio ataca, golpea y efecta los ms extraos vejmenes sobre su vctima.

Muchsimo ms rara que la obsesin es la posesin diablica, en la cual el demonio se posesiona del cuerpo de la vctima y acta a travs de l haciendo lo que quiere, aunque en ltima instancia el Diablo no puede actuar sobre el alma del posedo, que permanece libre, aunque sumamente perturbada.
Hay que tener en claro que siempre la accin del Diablo, an la posesin, est regulada por la permisin de Dios, pero tambin interviene la libertad del hombre. En la mayora de los casos de posesin hay una peticin explcita del hombre a Satans, generalmente con algn tipo de pacto que busca alguna ventaja, como poder, dominio, dinero, o cualquier otra ndole de deseo pecaminoso.

Por qu Dios permite la accin del Diablo? Dios, tal como lo explica claramente el Apstol Santiago en su Epstola, no tienta jams a nadie incitndole al mal: "Ninguno, cuando sea probado, diga: "Es Dios quien me prueba"; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie." (249)
Pero Dios, en los designios misteriosos de su providencia, permite la tentacin y la accin de Satans, para provecho espiritual del hombre. Es de gran provecho la tentacin vencida con la gracia y la ayuda de Dios, ya que a travs de esto se adelanta en todos los aspectos de la vida espiritual:

Se adelanta en la purificacin interior, ya que en la lucha contra el Diablo surgen actos de contricin, arrepentimiento y humildad que purifican el alma.
Se crece en el abandono en Dios: a travs de la tentacin tomamos conciencia de nuestras miserias y fragilidad, y de la necesidad del auxilio divino para superarlas. Obliga a estar siempre alerta, desconfiando de nosotros mismos y esperndolo todo de Dios.
Se crece en la oracin: cuando se vive la accin diablica se redoblan los esfuerzos de la oracin, clamando por el auxilio de Dios, por las gracias necesarias para poder vencer, y, como esto se obtiene, se renueva la confianza en Dios y se vive su misericordia y bondad infinitas.
Se crece en el mrito: los actos meritorios, como veremos ms extensamente en el captulo 14, hacen que la gracia crezca en nosotros, y la lucha contra la tentacin es uno de los actos ms meritorios.

En ltima instancia el misterio de la accin de la tentacin sobre el hombre tiene una relacin directa con el gran misterio de la libertad con que ste fue creado, a imagen y semejanza de su Creador.
Dios quiere que el hombre libremente opte por la vida plena y eterna que l le ofrece, que es participar de su misma vida divina. Pero, para que se pueda elegir libremente, es necesario tener al menos dos opciones. El que no es libre, como por ejemplo la persona que est encerrada en una crcel, no tiene otra opcin, no puede elegir entre estar all adentro o estar afuera.
As, el hombre tiene en su vida que optar por lo que Dios le ofrece, y tiene para ello la solicitacin de la gracia divina, que acta sobre l tratando de inclinar su voluntad libre hacia la aceptacin de la vida de hijo de Dios. Pero, para que pueda ejercer esa libertad, tiene que tener a su vez la tentacin que lo incline hacia lo opuesto, hacia aquello que significa el rechazo del ofrecimiento de Dios. Entonces, en estas condiciones, podr tener realmente una eleccin libre y voluntaria.
Como dijo alguien, el Diablo es el "idiota til" de Dios, programado para tentar al hombre e inclinarlo a su propia destruccin, rechazndolo a Dios.

De esta manera tenemos un cuadro general de los tres principales enemigos espirituales del hombre: la triple concupiscencia, el mundo y el Diablo.
Los tres, de distintas formas, tratan de actuar sobre la inteligencia y la voluntad del hombre mediante la tentacin, tratando de desviarlo del camino que lo lleva a la meta para la que fue creado por Dios, tratando de impulsarlo a caer en la desobediencia o la negacin explcita o implcita de Dios mismo, lo que constituye lo que llamamos el pecado.
El devenir del hombre en la corta etapa de su vida que transcurre en la tierra es constantemente una lucha, un combate espiritual contra estos enemigos que lo acechan en todo momento y en cada ocasin, para que la vida de Dios que ha recibido en el bautismo, si es cristiano, se eche a perder y sucumba, y, si no tiene esa gracia de Dios, no llegue nunca a recibirla.

El aspecto positivo de la vida cristiana

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El cristiano no est indefenso contra estos enemigos, y cuenta como regalo, como don de Dios, con armas sobrenaturales con las cuales vencer a estos feroces e implacables adversarios, y poder as avanzar en la vida espiritual, y aun ser instrumento para ayudar a otros ms indefensos a liberarse de las trampas mortales que les tienden a ellos tambin.
La vida cristiana plena implica esta lucha feroz e implacable, que se libra da a da, pero que no es perceptible a los sentidos humanos, porque pertenece al mundo espiritual, invisible para los ojos del cuerpo, pero perfectamente evidente a travs de la luz de la fe.

San Pablo plantea el sentido de este combate espiritual:
"Por lo dems, fortaleceos en el Seor y en la fuerza de su poder. Revestos de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los espritus del Mal que estn en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podis resistir en el da malo, y despus de haber vencido todo, manteneos firmes." (250)

Debemos tomar en cuenta cules son las "armas de Dios" o medios con que cuenta el cristiano para aumentar y desarrollar la vida de la gracia y vencer a los enemigos que quieren impedir este crecimiento. Esto es lo que constituye el aspecto positivo de la vida cristiana.
Hemos visto en la Parte 2 los elementos que forman y dan el marco a la vida de la gracia en el hombre. Pero la gracia no es algo esttico, sino que est, por su propia esencia, llamada a crecer y desarrollarse, tal como lo mencionamos cuando hablamos de la santidad.

Dice tambin San Pablo:
"En cuanto a vosotros, que el seor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre." (251)
"Y lo que pido en mi oracin es que vuestro amor siga creciendo cada vez ms en conocimiento perfecto y todo discernimiento."(252)

Es evidente en estas citas bblicas que la caridad, cuya perfeccin es la santidad, y que es una medida clara del crecimiento en la gracia santificante, tiene un proceso de desarrollo creciente. En el bautismo se recibe la gracia santificante como una semilla, como un "germen de Dios" (253) llamada a un crecimiento.

Otro punto importante a tener en cuenta es que siendo la gracia santificante algo infundido por Dios en el hombre, es slo Dios quien puede hacerla crecer, y no el hombre con sus capacidades y fuerzas naturales, porque se trata de algo sobrenatural.
Dios utiliza ciertos medios para producir el crecimiento de la gracia santificante, pero que siempre otorgan un papel activo en el hombre, mediante su accin y disposicin. Es decir, Dios da los medios para el crecimiento, pero pide la cooperacin libre de su criatura.
El crecimiento de la gracia es algo absolutamente necesario en la vida espiritual, y no tiene lmite ni tope, sino que siempre admite un grado mayor, ya que Dios es infinito, y la gracia, como participacin en la vida divina, no puede ser finita, tener un lmite.
Entendidos estos importantes conceptos, vamos a ver cules son los principales medios que pone Dios a disposicin del hombre para el crecimiento de la gracia santificante. Vamos a distinguir dos clases de medios: los medios directos, que por s mismos producen el aumento de la gracia, y los medios indirectos, que son un auxilio para llegar a esos medios directos.

Los medios del primer tipo, los directos, son esencialmente tres:

* Los Sacramentos.
* El mrito por las buenas obras.
* La oracin.

En tanto, de los medios indirectos, que son variados, consideraremos dos principales:

* El papel de la Virgen Mara.
* La Devocin al Sagrado Corazn de Jess.

Vamos a ir viendo a continuacin en detalle cada uno de estos medios.

Referencias al Captulo 1:

(244):2Pe. 3,18
(245):Lc 2,52
(246):1 Jn 2,16
(247):Mc 7,20-23
(248):"Renovacin y poder de las tinieblas"
(249):Stg 1,13
(250):Ef 6,10-13
(251):1 Tesalonicenses 3,12-13
(252):Filipenses 1,9
(253):1 Juan 3,9

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