Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 7: Los fenmenos Msticos Extraordinarios.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La accin extraordinaria de la gracia

Para terminar la exposicin de la accin de la gracia en el hombre, tomado este trmino en el sentido general de don o regalo gratuito de Dios, vamos a considerar lo que se conoce como fenmenos msticos extraordinarios, que si bien no pertenecen al camino normal y habitual del crecimiento espiritual, tambin constituyen una manifestacin de la presencia y el poder de Dios entre los hombres.

Cul es el origen de estos fenmenos? Para entenderlo tenemos que tener en cuenta la divisin que se hace en general de la gracia como don dado por Dios a los hombres a travs de la Redencin de Jesucristo, y que por ese motivo se la suele llamar tambin gracia de Cristo o gracia crstica.
Tenemos dos grandes ramas: la llamada gracia de santificacin, que comprende la gracia santificante o habitual, con el nuevo organismo sobrenatural compuesto por las virtudes cristianas y los dones del Espritu Santo, y la gracia actual, que corresponde a mociones de Dios que ponen en ejercicio las virtudes infusas y los dones del Espritu Santo, como vimos en detalle en el Captulo 4.

La segunda rama corresponde a las llamadas gracias dadas gratis, que no tienen como objeto directo la propia santificacin de quien las recibe, sino el provecho espiritual del prjimo; stas son las gracias que generan los fenmenos msticos extraordinarios.

Veamos esto mismo en un esquema:




Las gracias dadas gratis tienen diferencias importantes con las gracias de santificacin. Estas gracias no forman parte del organismo sobrenatural espiritual, recibido con la gracia santificante, sino que son recibidas como mociones de Dios, cuando l quiere, para un fin determinado, y luego cesa su accin.
No pertenecen al desarrollo normal de la vida espiritual, por lo que no siempre se manifiestan en todos los santos, y, de hecho, existe la posibilidad de que pueden ejercitarse por alguien que ni siquiera est en estado de gracia, aunque esto es obviamente muy raro en la actual economa de la gracia. Esto es lo que explica Jess en su enseanza: "<<No todo el que me diga: Seor, Seor', entrar en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirn aquel Da: Seor, Seor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Y entonces les declarar: Jams os conoc; apartaos de m, agentes de iniquidad!'>>" (232)

Jess ensea que los carismas, que forman parte de las gracias dadas gratis, como enseguida veremos, no llevan a quienes los ejerciten a la salvacin, sino que sta se logra haciendo la voluntad del Padre. Cul es esta voluntad de Dios Padre? San Pablo lo dice con claridad: "Sabis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del seor Jess. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificacin." (233)

Una dramtica confirmacin de estas palabras de Jess la encontramos en Caifs, el sumo sacerdote judo, que profetiz sobre la muerte de Jess: "Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decan: 'Qu hacemos? Porque este hombre realiza muchas seales. Si le dejamos que siga as, todos creern en l, y vendrn los romanos y destruirn nuestro Lugar Santo y nuestra nacin. Pero uno de ellos, Caifs, que era el Sumo Sacerdote de aquel ao, les dijo: <<Vosotros no sabis nada, ni cais en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nacin.>> Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo sacerdote aquel ao, profetiz que Jess iba a morir por la nacin -y no slo por la nacin, sino tambin para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Desde este da, decidieron darle muerte." (234)
La profeca de Caifs fue cierta, pero l fue instrumento directo de la muerte de Jess.
Aunque como ya se puntualiz, normalmente los carismas son recibidos y ejercitados por personas en gracia de Dios, esta enseanza de Jess nos debe servir para mostrarnos claramente que lo que hay que buscar en orden a la propia salvacin es el crecimiento en la gracia santificante (hacer la voluntad de Dios), y no desear en forma temeraria carismas extraordinarios; stos ya vendrn, segn el Espritu Santo lo disponga, ya que no son ms que la aadidura del santo, que lo capacitar para cumplir mejor con la vocacin que Dios le haya dado.

Por estas caractersticas se dice que estas son gracias extraordinarias, lo que significa que pueden o no estar presentes en la vida ordinaria de la gracia. El sentido primero de la existencia de estas gracias es que sirven para la utilidad de los dems, antes del provecho de quien las recibe, y para la edificacin de la Iglesia.
Sin embargo, no existe una divisin tan tajante entre gracia santificante y gracias dadas gratis, ya que la gracia que santifica a una persona, siempre de alguna manera influye en segundo lugar en las dems personas. Tambin las gracias dadas gratis en principio son para utilidad de los otros, pero de hecho tambin contribuyen al crecimiento espiritual, de una manera secundaria, de quien las recibe.

Algo que la experiencia de la Iglesia muestra con claridad es que, en general, la inmensa mayora de los grandes santos ejercitaron una o varias de estas distintas gracias dadas gratis, a las que les resultaba muy difcil evitar, pese a los esfuerzos que en muchos casos hacan en ese sentido.

En general no es fcil dar una clasificacin de los fenmenos msticos extraordinarios, debido especialmente a la gran variedad en la forma en que se manifiestan. Siguiendo a la mayora de los autores de Teologa Asctica y Mstica modernos, vamos a desarrollar este tema segn la clasificacin de estos fenmenos en tres grupos:

* Gracias dadas gratis propiamente dichas, o carismas.
* Fenmenos divinos intelectuales.
* Fenmenos divinos de orden corporal, o psico-fisiolgicos.

Gracias dadas gratis o carismas.

Para definir qu es un carisma, nada mejor que partir de los mismos trminos con que la Iglesia los define. En el Concilio Vaticano II se ha desarrollado una verdadera doctrina de los carismas del Espritu Santo:
"El Espritu Santo no slo santifica y dirige al Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y lo adorna con virtudes, sino que tambin distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condicin, con los que los hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean tiles para la renovacin y la mayor edificacin de la Iglesia. Estos carismas, tanto los extraordinarios como los ms comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y tiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presuncin los frutos del trabajo apostlico" (235)

Es decir, los carismas son aptitudes que son liberadas por la accin del Espritu Santo, y pueden ser muy simples y comunes, o tambin raros y extraordinarios. Tienen un aspecto comn: estn destinados al servicio de los dems, con el fin de renovar y edificar la Iglesia. As, en un sentido amplio, se pueden denominar "carismas" todos los talentos naturales y las virtudes o cualidades permanentes que hemos recibido del Seor para cumplir con una determinada misin en la Iglesia. Se puede as hablar de los carismas de un obispo, o de una misionera.

En un sentido ms estricto, el carisma corresponde a lo que Santo Toms llama "gracias dadas gratis", que son gracias extraordinarias que el Espritu Santo distribuye gratuitamente, sin tomar en cuenta algn mrito del que las recibe, porque su nica finalidad es el bien del otro.

La base fundamental de la doctrina sobre los carismas la da san Pablo: "A cada cual se le otorga la manifestacin del Espritu para provecho comn. Porque a uno se le da por el Espritu palabra de sabidura; a otro, palabra de ciencia segn el mismo Espritu; a otro, fe, en el mismo Espritu; a otro, carismas de curaciones, en el nico Espritu; a otro, poder de milagros; a otro, profeca; a otro, discernimiento de espritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y nico Espritu, distribuyndolas a cada uno en particular segn su voluntad." (236)

En general los telogos consideran que San Pablo no ha querido dar aqu una lista exhaustiva de los carismas posibles, sino que ha considerado aquellos especialmente aptos para la misin apostlica de la Iglesia.
En nuestra poca, despus del Concilio Vaticano II, ha tomado una gran relevancia en la Iglesia Catlica el conocimiento y vivencia de estos carismas extraordinarios, especialmente a partir del surgimiento en 1967, dos aos despus del Concilio, del llamado Movimiento de Renovacin Carismtica Catlica.

Veamos brevemente la utilidad de los carismas enunciados por San Pablo, ya que sobre este tema hay en la Renovacin Carismtica Catlica material muy abundante y accesible. Partiremos de una clasificacin comnmente aceptada:

* Carismas de conocimiento: Palabra de sabidura.
Palabra de ciencia
Discernimiento o discrecin de espritus.
* Carismas de obra: Don de sanacin o curacin.
Don de milagros.
Carisma de fe.
* Carismas de palabra: Don de profeca.
Don de lenguas.
Interpretacin de lenguas.











Palabra de sabidura: Tenemos que distinguir ante todo este carisma del don del Espritu Santo del mismo nombre. Vimos que el don de sabidura actuaba sobre la inteligencia, dndole una visin panormica y abarcante de los misterios de Dios, y sobre la voluntad, generando una experiencia sabrosa y profunda del amor de Dios y perfeccionando la virtud teologal de la caridad.
La palabra de sabidura, como carisma, segn la clara exposicin de Santo Toms, se refiere a una aptitud sobrenatural para comunicar a las personas la experiencia interior y personal que produce el don de sabidura, de manera que les instruya, deleite y conmueva profundamente, comunicando en forma clara y comprensible los grandes misterios de la fe cristiana.
Este fue uno de los carismas especficos de los apstoles, y es un carisma que debe seguir obrando en todos aquellos que en la Iglesia se dedican al apostolado y a la evangelizacin.

Palabra de ciencia: Este carisma se refiere a la recepcin, por revelacin sobrenatural, de situaciones o sucesos, ya sea pasados, presentes o futuros, relativos a personas, comunidades o pueblos, que no pueden conocerse por medios humanos naturales. Se puede decir que es como recibir un pequeo fragmento de la omnisciencia de Dios, que todo lo conoce, respecto a una situacin determinada.
Su utilidad radica en que sirve para ayudar a otras personas en su vida espiritual, "sabiendo" cosas que el seor quiere indicarles, o corregirles, para su bien. Es muy til para confesores y directores espirituales.

Discernimiento de espritus: Es una facultad sobrenatural que permite distinguir, frente a determinadas situaciones o personas, la presencia de la inspiracin de Dios o la accin tentadora y engaadora de Satans.
Mediante este don la persona "sabe" si un profeta es verdadero o falso, si en un lugar hay una presencia diablica, o si las palabras o las acciones de una persona son inspiradas por el Espritu Santo o por el espritu infernal. Se puede decir que este don abre al que lo posee los ojos del espritu para asomarse con claridad al mundo invisible, donde se mueven y actan los buenos y malos espritus.

Muestra el don de discernimiento las causas de ciertas actitudes o fenmenos que no son humanamente explicables. Es una de las armas ms temibles para Satans, porque desenmascara sus intervenciones, an las ms sutiles, que se producen cuando el demonio se disfraza de "ngel de luz", es decir, se presenta y obra imitando a los ngeles buenos y los mismos dones del Espritu Santo.

Tambin la utilidad de este don es en otro sentido, permitiendo al que lo recibe ver la accin y presencia invisible de los ngeles de Dios, y facilitando "ver" y "descubrir" en las otras personas los dones y carismas que han recibido del Espritu Santo, lo que tiene extraordinaria utilidad para la edificacin y el crecimiento de la Iglesia y de todos sus rganos e instituciones.

Don de sanacin o curacin: por esta gracia se producen hechos de tipo milagroso que devuelven la salud corporal a personas, con o sin intervencin de la ciencia mdica. De hecho, es una forma de manifestarse del don de milagros, que veremos a continuacin, pero, por referirse a uno de los bienes que ms valora el hombre, que es su propio cuerpo, es nombrado por separado.
Hay un hecho concreto en la vida de Jess: all donde iba, sanaba a los enfermos. Pero esto lo haca de muchsimas maneras diferentes: en primer lugar, curaba en forma individual, pero tambin lo haca en forma colectiva. El modo con que sanaba sorprende por su variedad: a veces toca al enfermo, le impone las manos; otras veces no es Jess quien toca, sino que es tocado por las personas, que entonces son sanadas. A veces sana solamente con una orden, tanto a quien est presente como a alguien distante. En otras oportunidades usa gestos especiales, como cuando unge con una pasta hecha con barro y su saliva, los ojos de un ciego de nacimiento, y lo enva luego a lavarse a una fuente. Tambin es interesante notar que no siempre las curaciones de Jess son la respuesta a pedidos de las personas, sino que a veces es l el que toma la iniciativa.

La sanacin est generalmente ligada a la fe del enfermo o de aquellos, amigos o familiares, que lo acercan a Jess. El Seor muchas veces termina sus obras de curacin diciendo "Tu fe te ha salvado" "Hgase segn tu fe". Pero no siempre la fe y el conocer a Jess es una condicin requerida. El Evangelio de San Juan cuenta la sanacin de un paraltico que llevaba treinta y ocho aos enfermo, y estaba en la piscina de Betesda. Cuando los judos, vindole sanado, le preguntan quin lo haba hecho, cuenta San Juan: "Pero el curado no saba quien era, pues Jess haba desaparecido porque haba mucha gente en aquel lugar." (237)

Vemos as que Jess sana con absoluta libertad, sin atarse a condiciones ni a situaciones. Por eso, frente a esta variedad, no debemos perder de vista el significado profundo de las sanaciones que realiza Jesucristo. Por un lado estas curaciones son prodigios, milagros, que revelan la identidad de Cristo como Mesas, como Hijo del Padre. Dios est entre los hombres, ha venido a ellos, a rescatarlos, a salvarlos, a devolverles la vida plena. Adems, estas curaciones son seales, signos de que ha comenzado una nueva poca entre los hombres, que el Reino de Dios ha llegado y, aunque an incompleto e imperfecto, llegar a su plenitud en la otra vida, plenitud que se vislumbra en stas seales, como que el hombre ya no tendr ni el dolor ni el sufrimiento.

Otra cosa que hay que destacar es que Jess se serva de stas sanaciones, adems de la accin de otros carismas, para atraer al pueblo a su presencia, y as poder llegarles con su predicacin. La necesidad de ver mediante prodigios y milagros que Jess est entre nosotros, y por estos signos darse cuenta de que realmente hay un Reino de Dios ya aqu, como anticipo de lo que se consumar plenamente en la vida eterna, pero del cual ya podemos y debemos vivir y experimentar un adelanto en esta vida, sigue existiendo en el mundo de hoy, y existir siempre.
Y tal como lo hizo primero Jess y lo continuaron luego sus apstoles, estos prodigios y seales sern los que atraern a las multitudes de incrdulos y paganos, que, buscando los milagros de Jess, a travs de la predicacin con el poder del Espritu Santo encontrarn al Jess de los milagros.

Dado que estas sanaciones forman parte de la misin salvfica de Cristo, y puesto que sta debe continuar hasta el fin del mundo, Jess ha dado a su Iglesia, a partir de sus apstoles, el poder de sanar, junto con el de perdonar y de dar a conocer la verdad revelada.
Aunque el carisma de las curaciones est muy difundido en la Iglesia de los Apstoles, y se va atenuando y restringiendo a partir de los primeros siglos, siempre en la Iglesia se mantuvo vivo, a travs de los santos taumaturgos, y de los santuarios marianos.
Adems, el Espritu Santo opera no solamente en la Iglesia por va carismtica, sino tambin por los sacramentos, que son vas privilegiadas de sanacin, tanto fsica como espiritual.

El Bautismo y la Reconciliacin son sacramentos de profunda sanacin espiritual. La Eucarista es un sacramento de sanacin interior y fsica. En cada misa los catlicos piden, antes de recibir la comunin, con las mismas palabras del centurin romano "Seor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una sola palabra tuya bastar para sanarme". Finalmente hay un sacramento propio para la curacin de las enfermedades, que es la Uncin de los Enfermos.

A partir del resurgimiento de las manifestaciones carismticas en la Renovacin Carismtica Catlica, ha aparecido nuevamente con fuerza y abundantemente el don de sanacin, como para significar que todava Cristo tiene compasin de las muchedumbres y an sana, precisamente cuando los hombres parecen haberse olvidado de l e intentan otras vas de salvacin.

Don de milagros: Se habla de milagro cuando se produce un suceso de orden fsico sobre el hombre o sobre las cosas materiales, que deroga de una forma sobrenatural las leyes de la naturaleza. Ya vimos en el punto anterior que la sanacin fsica de las personas forma parte de hechos milagrosos, por lo que todas las consideraciones vistas all se aplican a este punto, con referencia a las cosas materiales.
La aparicin de un hecho milagroso tiende fundamentalmente a mostrar la presencia y el poder de Dios en medio de los hombres, junto a su misericordia y piedad, y para convencer a los incrdulos sobre las realidades de la fe cristiana.

Desde el Antiguo Testamento los milagros abundaron, y tambin fueron caractersticos en la vida de Jess, adems de las curaciones de enfermedades. Vemos como por milagros el seor gener la materia, en la multiplicacin de los panes y los peces, desafi las leyes naturales caminando sobre las aguas o deteniendo las tormentas, resucit muertos, produjo abundante pesca donde no la haba, etc. En todos ellos mostr, a los que vieron y creyeron en l, que era el Mesas esperado, el Hijo de Dios.
Luego, a lo largo de la historia de la Iglesia, se han multiplicado los hechos milagrosos, como signos de la presencia de Dios, de su amor por los hombres y de su deseo de salvarlos, y no cesarn nunca, mientras haya en el mundo santos abiertos y dispuestos a la accin profunda de la gracia divina.

Carisma de fe: Este carisma se debe distinguir muy bien de la virtud teologal de la fe, que ya hemos estudiado extensamente. Por esta virtud el entendimiento humano recibe una luz sobrenatural que le permite penetrar en las verdades divinas y captar su significado.
En cambio, el carisma de fe consiste en una capacidad que da la gracia para tener una certeza muy grande sobre una verdad de fe, tal que permite actuar a esa persona sin titubear en una situacin extrema, pese a todas las razones humanas que se le opongan, para llevar adelante una obra de Dios.
Tambin el carisma de fe hace apta a la persona, por su certeza, para instruir y persuadir a las dems personas en las verdades de Dios.

Don de profeca: Esta gracia dada gratis es quizs la ms extendida a travs de la Biblia, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo. El profetismo tuvo un puesto destacado en la comunidad de Israel, siendo una parte integrante de la misma. Los profetas, junto con los sacerdotes y los reyes, formaban las bases de la sociedad israelita, y todos ellos eran los "ungidos" por Dios, quien personalmente los llamaba.
Muchos de los Libros del Antiguo Testamento son libros profticos, distinguindose all los grandes profetas (Isaas, Jeremas, Ezequiel y Daniel) de otros muchos llamados "profetas menores".

Veamos ahora el sentido de lo que denominamos profeca:
En primer lugar fijmonos en el trmino "profeta": viene del griego, y significa "portavoz", "anunciador". Profeta es entonces uno que habla en nombre de otro, es un mensajero, un enviado. En el sentido cristiano, se puede definir a la profeca como un mensaje especial de Dios, transmitido a su pueblo por medio de un hombre, llamado "profeta", bajo la inspiracin directa del Espritu Santo.
Generalmente hay una confusin, y se asocia vulgarmente "profeca" con una cierta prediccin o noticia de hechos futuros. En algunos casos puede darse que sea as, pero en la generalidad de los casos la profeca cumple con una funcin de direccin, en la cual Dios exhorta, reconforta y anima, consuela, y tambin amonesta o corrige. Dios tiene hoy y siempre mucho que decir a sus hijos para guiarlos, y una forma de hacerlo es por el poder y la accin del Espritu Santo a travs de la profeca.

Hay que recordar que todos los cristianos por el bautismo, son llamados a un ministerio proftico comn, as como al ministerio sacerdotal y real, pero algunos de ellos son llamados de una manera especial al ejercicio de un ministerio proftico con una dimensin pblica. Por su ministerio comn un fiel cristiano habla a los hombres que encuentra en su camino de Dios, desde su fe, es decir, proclama a Jess, a la Buena Nueva. Los llamados especialmente reciben el "carisma de profeca", y tendrn entonces una funcin ms pblica, en las celebraciones de oracin y litrgicas.

Ni el profeta en cuanto a poseedor del carisma, ni sus profecas, reciben autenticidad por s mismas, sino que siempre deben ser sometidas al discernimiento de la comunidad. Hay criterios muy claros para este discernimiento. En primer lugar, nunca el sentido de la profeca puede estar en desacuerdo con la Palabra de Dios y las enseanzas del Magisterio de la Iglesia, ya que el Espritu Santo no puede contradecirse. Tambin el contenido de los mensajes debe ser motivo de consuelo, de esperanza o exhortacin, y si hay correccin o amonestacin, debe estar impregnada por el amor de Dios, indicando el camino correcto a seguir, y no simplemente reprendiendo. Si una profeca solamente contiene amenazas, reproches, anuncios de castigos, lo que produce temor y desaliento, hay que pensar que es falsa.

Generalmente un mensaje proftico verdaderamente ungido tiene efectos que toda la comunidad percibe: se recibe con gozo, con alegra, o con un silencio cargado de reverencia, "sintiendo" que esas palabras "tocan" en lo profundo del corazn, que penetran en l como una espada.
Nunca se extingui ni se extinguir el carisma proftico en la Iglesia, porque no podra continuar su marcha sin escuchar la voz de Dios a partir de sus instrumentos privilegiados, los profetas de Dios.

Fenmenos divinos intelectuales.

Estos fenmenos incluyen las llamadas visiones y locuciones, que generalmente se producen juntas, aunque las primeras se refieren a la percepcin de realidades o imgenes, mientras que las locuciones enuncian ideas y conceptos transmisibles por escrito.

Ya desde la enseanza de San Agustn se ha establecido una divisin clsica entre los distintos tipos de visiones. Tenemos primero las visiones sensibles o corporales, tambin llamadas apariciones, y son aquellas en las que los sentidos perciben un objeto naturalmente invisible para el hombre. Esta percepcin puede ser la de una persona, como Jess, la Virgen Mara, o de un santo, o a veces solo de formas perceptibles o luminosas. No todas las personas presentes pueden percibir lo que tienen otras como visin.

La segunda clase de visiones son las imaginarias o imaginativas, que son las producidas por Dios en la imaginacin, tanto en el estado de vigilia como durante el sueo. Se presentan inesperadamente, en general estando en clima de oracin o despus de la misma, y tienen tanta o ms claridad y vivacidad que las mismas realidades fsicas exteriores. A veces, por estas visiones, el alma recorre pases lejanos, o presencia hechos del pasado o del futuro.

Finalmente encontramos las visiones intelectuales, que son aquellas en las que el espritu recibe un conocimiento sobrenatural en su inteligencia, sin formas ni imgenes. Son como intuiciones que surgen en un momento, pero que dejan una profunda impresin. Se recibe por ellas una luz sobrenatural que sobrepasa toda capacidad de la razn humana.

Las visiones pueden estar dirigidas tanto a la persona que las recibe, como as tambin tener un sentido comunitario, lo que habr que discernir cuidadosamente en cada caso. Lo importante es saber como debemos de habernos con respecto a las visiones, ms all de tratar de discernir su origen. San Juan de la Cruz trata extensamente este tema en la "Subida al Monte Carmelo" y es muy claro al respecto en su doctrina: las visiones, del tipo que sean, no se han de desear ni pedir, porque no son ciertamente de necesidad para el verdadero crecimiento espiritual.
En realidad a veces se constituyen en obstculos, porque el deseo de las visiones roba la pureza de la fe y engendra una curiosidad que es origen de muchas ilusiones y ocupa el espritu con cosas vanas que llevan muchas veces a falta de humildad y obediencia a nuestro Seor. Hay que recibirlas y recogerlas con agradecimiento y gozo, recibir sus frutos y dejar que sea el Espritu Santo el que decida si va a querer darlas de nuevo.

En cuanto a las locuciones tambin se clasifican en auriculares, imaginarias e intelectuales, segn sean percibidas por los odos corporales, la imaginacin o la inteligencia.

El objetivo fundamental de las locuciones y visiones es el de dar al que las recibe algn tipo de revelacin. La palabra revelar significa "quitar el velo", es decir, mostrar alguna cosa que estaba oculta, velada. Estas verdades ocultas de Dios son reveladas, tanto para bien general de la Iglesia, como para utilidad personal de quien las recibe.

Las revelaciones se dividen en pblicas y privadas, segn que se dirijan a toda la Iglesia, como el caso de las Sagradas Escrituras, o a una persona en particular. De las revelaciones pblicas la Iglesia es su depositaria y guardiana, y forman el llamado depsito de la fe cristiana. Las revelaciones privadas, en cambio, no pertenecen a la fe catlica, por lo que no es obligatorio creer en ellas.

Cuando la Iglesia, despus de un estudio y un juicio prudente, aprueba una revelacin privada, no garantiza su autenticidad, sino que declara que no contiene nada que se oponga a la Escritura ni a la doctrina catlica, y que entonces puede proponerse como probable a la creencia piadosa de los fieles. Tal es el caso, por ejemplo, de las apariciones de la Virgen Mara, reveladas en distintos casos, como en Ftima, Lourdes, Medjugorje, San Nicols, etc.

Dentro de lo que llamamos revelaciones privadas, se encuadran los casos de personas que han "visto", porque han "estado" all, diferentes escenas de la vida de Jess y de los santos, como si fueran testigos presenciales. Santa Brgida fue una de estas personas, quien "presenci" paso a paso toda la pasin de Jess, y cuyas descripciones son realmente lacerantes. Un caso ms reciente fue el de la monja Ana Catalina Emmerick, que vivi la mayor parte de su vida estigmatizada, a principios del siglo diecinueve.
En los ltimos aos de su vida, un poeta y escritor, Clemente Brentano, permaneci con ella y recogi lo que la estigmatizada le daba a conocer en varios tomos, recogiendo revelaciones y visiones sobre la vida de Mara, de Jess, de los Apstoles, sobre el Cielo, el Infierno, el Purgatorio, etc.

Fenmenos divinos corporales.

Si ahora consideramos los fenmenos msticos de orden corporal, vamos a encontrarnos con una gran variedad de manifestaciones sobrenaturales, que afectan al organismo corporal, como derivacin de experiencias espirituales, tanto en sus funciones vitales como en distintos aspectos de sus actividades materiales. Veamos una somera descripcin de los principales.

La estigmatizacin: es uno de los ms sorprendentes fenmenos msticos, y consiste en la aparicin espontnea en el cuerpo de una persona de llagas o estigmas, en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza y en la espalda, a similitud de las sufridas por Cristo en la pasin y crucifixin. Suele manar peridicamente de estas llagas sangre limpia y fresca, en forma ms o menos copiosa. La estigmatizacin va siempre acompaada de fuertes tormentos fsicos y morales, que hacen a quien la padece muy semejante a Cristo crucificado.

La historia registra como el primer estigmatizado a San Francisco de Ass, en el ao 1222. Estudiosos serios han registrado hasta el da de hoy ms de 300 casos, entre los cuales hay 62 canonizados, siendo abrumador el porcentaje de mujeres: casi el 90 por ciento del total. Los estigmas verdaderos no se encuentran sino en personas que practican las virtudes ms heroicas y tienen particular amor a la cruz. Tambin hay que notar algo llamativo: no hay ningn caso registrado entre los protestantes.

Las lgrimas y el sudor de sangre: el mismo Cristo, segn relata el Evangelio de San Lucas, sud gruesas gotas de sangre, frente a la certeza de la agona del Calvario y a la visin de todos los pecados del mundo, durante la oracin en el huerto de Getseman.
Se han registrado en la historia varios casos de santos y personas piadosas que han presentado sudores de sangre. Muchsimo ms raro es el caso de las lgrimas de sangre; hay solamente dos casos registrados: Rosa Mara Andriani (1786-1845) y la gran estigmatizada del siglo XX, Teresa Neumann.

Levitacin o elevacin en el aire: es un fenmeno realmente extraordinario, que se manifiesta de distintas maneras: en ciertos casos el cuerpo se mantiene elevado, inmvil, sin tocar el suelo, llamndoselo xtasis ascensional. Otras veces el cuerpo se eleva a gran altura y se mueve libremente, lo que se conoce como vuelo exttico. Tambin en otras ocasiones la persona camina o corre a ras del suelo, pero sin tocarlo: es lo que se denomina marcha exttica.

As relata un autor distintos casos histricos del fenmeno de levitacin:
"Se han dado multitud de casos en las vidas de los santos. Los principales son los de San Francisco de Ass, Santa Catalina de Siena, San Felipe Neri, San pedro de Alcntara, santa Teresa de Jess, San Juan de la Cruz, San Francisco Javier, Santo Toms de Villanueva, San Pablo de la Cruz, y, sobre todo, San Jos de Supertino, que es, sin disputa, el primero de todos en esta manifestacin extraordinaria de lo sobrenatural. En su proceso de canonizacin se registran ms de setenta casos de levitacin ocurridos slo en la villa de Supertino o sus alrededores; el nmero total fue muchsimo mayor.
Se le vio volar sobre las bvedas de la iglesia, sobre el plpito, a lo largo de las murallas o delante de un crucifijo o imagen piadosa; planear sobre el altar o en torno del tabernculo, sobre las copas de los rboles, sostenerse y balancearse como un pjaro ligero sobre las ramas debilsimas, franquear de un salto largas distancias. Una palabra, una mirada, el menor incidente relacionado con la piedad, le producan estos transportes. En una poca de su vida llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores hubieron de excluirle del cargo de hebdomanario en el coro, pues, en contra de su voluntad, interrumpa y perturbaba las ceremonias de la comunidad con sus vuelos extticos.
Dichos vuelos fueron perfectamente vistos y comprobados por multitud de personas, entre ellas el papa Urbano VIII y el prncipe protestante Juan Federico de Brunswick, quien qued tan impresionado por el fenmeno, que no solamente se convirti al catolicismo, sino que tom el hbito de la Orden franciscana, a la que perteneca el santo.
Tambin es notabilsimo el caso de la Venerable sor Mara de Jess Agreda. En sus xtasis, su cuerpo se haca inmvil, insensible, y se mantena un poco elevado sobre la tierra, ligero como si hubiere perdido su peso material. Bastaba con soplarle ligersimamente, an desde lejos, para verla agitarse y balancearse como una ligera pluma." (238)

La bilocacin: es otro de los sorprendentes fenmenos de la mstica. Consiste en la presencia de una misma persona, en forma simultnea, en dos lugares diferentes, que pueden ser muy distantes uno del otro.

Veamos la sntesis que nos hace de varios casos un autor de Teologa Mstica:
"Aparte de los tan conocidos casos de San Nicols de Mira, de San Antonio de Padua, de San Francisco Javier, de San Alfonso Ligorio, del beato Pedro Telmo, de San Martn de Porres, etc. -cuya presencia fue tan til en otros lugares muy distantes de donde estaban fsicamente sus cuerpos-, son notables los hechos que se refieren a la V. Martina de los Angeles, la cual, a semejanza de Catalina Emmerick, se presentaba muchas noches a grandes distancias, para remediar las necesidades del prjimo o de la cristiandad. En esos viajes misteriosos recorra tierras y mares, dando despus perfecta razn de objetos y sucesos lejanos, y hablando con mucha propiedad de las cosas de navegacin, sin haber visto nunca al mar ni tener instruccin ninguna. Sola ir como acompaante de otra religiosa de gran virtud, que viva lejos de ella.
La beata Catalina de Racognini apareca tambin as muchas veces, y se dejaba ver con toda claridad, cuando las necesidades del prjimo o de la Iglesia lo pedan: una vez se present amenazando de parte de Dios a un prncipe y dejndole consternado.
Pero uno de los casos ms notables y mejor comprobados es el de la V. Mara de Agreda: en sus grandes raptos, con el celo que la consuma por la salud de las almas, apareci repetidas veces en Nuevo Mjico predicando y logrando convertir y catequizar a millares de indios, que luego fueron a buscar a los misioneros para ser bautizados. Y el hecho es que pudieron recibir el bautismo enseguida, sin ms instruccin; pues result que estaban ya bien dispuestos. Dijeron que cierta mujer vena de cuando en cuando a ensearlos y aconsejarlos, y luego desapareca sin saber ellos a dnde iba a parar.

La extraeza del caso oblig a hacer grandes averiguaciones, y por ellas se vino a sospechar si sera la Venerable. Obligada ella por la obediencia, manifest la verdad del suceso: dio perfecta razn de todas aquellas remotas regiones y de los parajes intermedios, como si muchas veces lo hubiera recorrido todo, y pudo indicar a alguno de los misioneros lo que l mismo, tal da y a tal hora, estaba haciendo entre los indiso. No acertaba ella a decir si iba "en el cuerpo" o "fuera del cuerpo"; pero, aunque iba como de un vuelo, se "senta" all en realidad, y "perciba" como fsicamente la impresin de los cambios de clima. etc. Y cuando en esa forma distribua a los catecmenos algunos rosarios, stos le desaparecan ya para siempre de la celda...como si el viaje y la entrega hubieran sido muy fsicamente reales." (239)

El ayuno absoluto o inedia: se registra muchas veces en la historia de la Iglesia a personas que vivieron muchos aos sin otro alimento que la sagrada comunin, pasando todos los lmites que resisten las fuerzas naturales.
Veamos un resumen de algunos casos histricos:
"He aqu algunos de los ms notables: la B. Angela de Foligno (1309) estuvo doce aos sin tomar ningn alimento; Santa Catalina de Siena (1347-80), ocho aos aproximadamente; la Bienaventurada Elisabeth de Rente (1421), ms de quince aos; Santa Ludwina de Schiedman (1380-1433), veintiocho aos; el B. Nicols de Fle (1417-87), veinte aos; la B. Catalina de Raconixio (1468-1547), diez aos. De poca ms reciente podemos citar a Rosa Mara Andriani (1786-1845), veintiocho aos; Dominica Lazzari (1815-1848) y Luisa Lateau (1850-1883), catorce aos. En nuestros das es famoso el caso de Teresa Neumann, rigurosamente comprobado por una observacin que la crtica ms severa se ha visto obligada a admitir como indiscutible" (240)

La vigilia prolongada: similar al fenmeno anterior es el de la abstinencia o privacin del sueo casi constante, registrada en la vida de muchos santos. Los casos ms notables que seala un autor son:
"San Pedro de Alcntara durmi durante cuarenta aos tan slo una hora y media diariamente, como el mismo santo refiri a Santa Teresa, aadiendo que ste haba sido el mayor trabajo de penitencia hasta acostumbrarse. Santa Rosa de Lima restringa a dos horas el tiempo concedido al descanso, y a veces menos an. Santa Catalina de Ricci desde pequea no dorma jams ms de dos o tres horas cada noche; al llegar a los veinte aos, cuando el xtasis se apoder de su vida, no dorma sino una hora por semana, y a veces apenas dos o tres horas por mes. Y, en fin, la Bienaventurada Agueda de la Cruz pas los ltimos ocho aos de su vida en constante vigilia." (241)

Efluvios luminosos y olorosos:la contemplacin y el xtasis van a veces acompaados de fenmenos luminosos, ya sea como aureolas de luz en la frente o en la cabeza, o como irradiaciones de luz a travs de todo el cuerpo. Es uno de los fenmenos menos raros y ms frecuentes entre los msticos, y que ya la Sagrada Escritura refiere a Moiss cuando descendi del monte Sina, y a Jess cuando se transfigur en la cumbre del Tabor. Representan una irradiacin exterior de la intensa sobrenaturalizacin alcanzada por el alma.

Tambin existe el fenmeno de perfume sobrenatural, de exquisita suavidad y fragancia, que se desprende del cuerpo de los santos mientras viven, o despus de muertos, de los sepulcros donde reposan sus reliquias. Refiere otro autor: "As ocurri con las llagas de San Francisco de Ass, que exhalaban a veces gratos perfumes; durante nueve meses sala un perfume misterioso de su sepulcro, y, cuando se exhum su cuerpo, escurrase de sus restos un leo perfumado. Cuntase otros muchos hechos anlogos." (242)

Esta es la descripcin de los principales fenmenos msticos extraordinarios. Cul es su significado? Sin duda, hacen que el hombre se asome al hecho de que ms all del orden natural, con sus leyes conocidas por la razn humana, existe un complejo mundo de realidades sobrenaturales, lo que hace entrever a su Autor, aquel que todo lo puede, porque es el Creador de todo lo existente, visible e invisible, natural y sobrenatural.
Hoy en da los hombres se asombran frente a los avances de la tcnica y la ciencia humanas, o de ciertas manifestaciones paranormales o misteriosas del ocultismo y del esoterismo. Qu pequeo y minimizado queda todo esto ante el poder de Dios, ante lo verdaderamente sobrenatural!

Un gran autor espiritual resume este tema diciendo:
"En estos excepcionales fenmenos, despus de un maduro examen del hecho en s mismo y en sus circunstancias fsicas, morales y religiosas, chase de ver que el cuerpo, lejos de ser una carga para el alma, como con frecuencia acontece, hcese dcil instrumento suyo, siendo un reflejo de su hermosura espiritual, de su luz infusa y de su ardiente amor. Tales signos exteriores nos los da el seor, de tiempo en tiempo, a fin de hacernos comprender que la perfecta vida cristiana es el preludio de la eterna.
Fenmenos tan extraordinarios, si se los examina slo superficialmente, son como las vidrieras de un templo contempladas desde la calle, desde donde no es posible comprender su significado ni sus bellsimas figuras; mas, si se los examina con mayor atencin, a la luz de la recta razn y de la fe, entonces aparecen como aquellas vidrieras, vistas desde el interior, en su verdadera luz y ambiente; slo de esta manera es dado el poder apreciarlas en toda su magnificencia." (243)

Hemos recorrido de esta manera los fenmenos divinos que en forma extraordinaria Dios, en su infinita sabidura, permite experimentar a algunos elegidos, para que un mundo incrdulo y escptico en lo que se refiere a todo lo sobrenatural e inexplicable para la razn humana, tenga al menos que cuestionarse sus seguridades racionales, dejando que penetre en su inteligencia lo que algunos llaman la duda de la fe.

Seguirn ahora las dos ltimas Partes de este libro, donde veremos los medios que disponemos para crecer en la gracia santificante, y cuales son las etapas de ese crecimiento a medida que se van utilizando esos medios, es decir, cules son los pasos por los que vamos avanzando en la santidad en esta tierra, para heredar la mayor gloria en el cielo eterno.

Referencias al Captulo 7:

(232): Mateo 7,21-23
(233): 1 Tesalonicenses 4,2-3
(234): Juan 11,47-53
(235): Concilio Vaticano II, Constitucin "Lumen Gentium", N 12
(236): 1 Corintios 12,7-11
(237). Juan 5,13
(238): A. Royo Marn, "Teologa de la Perfeccin Cristiana", Parte IV, Captulo 2
(239): J. Arintero, "La Evolucin Mstica",
(240): A. Royo Marn, "Teologa de la Perfeccin Cristiana", Parte IV, Captulo 2
(241): Idem anterior.
(242): Ad. Tanquerey, "Compendio de Teologa Asctica y Mstica", Libro III, Captulo III
(243): R. Garrigou-Lagrange, "Las tres edades de la vida interior", Quinta Parte.

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