Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 5: La Santidad en la Tierra.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

Concepto de la santidad.

La palabra "santidad" en hebreo significa lo que est separado, lo que est lejos de lo terrenal, es decir, en una dimensin trascendente; es santo, por ejemplo, todo lugar donde se manifiesta lo divino.

En la revelacin de Dios a travs de la Biblia, la santidad es atribuida en primer lugar a Dios, que es el "santo" por excelencia:

"Exaltad A Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies, santo es l." (179)
"Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo." (180)
"No hay santo como Yahveh, ni roca como nuestro Dios." (181)

Yahveh es el Dios tres veces santo, cuya gloria brilla sobre la tierra y ante cuya majestad se postra toda la creacin:
"El ao de la muerte del rey Ozas v al Seor sentado en un trono excelso y elevado, y las orlas de su manto llenaban el templo. Unos serafines se mantenan erguidos por encima de l. Cada uno tena seis alas; con dos se cubran el rostro, con dos se cubran los pies, y con el otro par aleteaban. Y se gritaban el uno al otro: <<Santo, santo, santo, Yahveh de los Ejrcitos; llena est toda la tierra de su gloria.>>" (182)

Cuando la escritura califica de santo a Dios, est afirmando su diferenciacin respecto a todo lo creado, su distincin de todo lo que implique pecado, impureza o imperfeccin. Resulta evidente que la santidad es algo sobrenatural, que excede la capacidad humana, pero Dios puede comunicarla, transmitirla a las realidades donde l se hace presente.
As la Biblia llama santo al templo donde habita la gloria de Dios (183) , o el da de reposo (sbado) que est dedicado a Yahveh (184) , y tambin al pueblo de Israel, como comunidad que Dios ha elegido y separado de los dems pueblos, para manifestarse en ella y, a travs de ella, al mundo. (185)

La revelacin del Nuevo Testamento aplica la palabra santo por excelencia a Jesucristo (186), como receptor de la santidad de Dios derramada en l. Esta santidad se extender a partir de Jesucristo, como Cabeza del Cuerpo Mstico, a todos los que forman parte de ese Cuerpo, que es la Iglesia. Por eso San Pablo habla de los que son "santificados en Cristo": "A los santificados en Cristo Jess, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el Nombre de Jesucristo, Seor nuestro." (187)

Por lo tanto se puede definir en general a la santidad cristiana como una participacin en la santidad de Dios. Esta participacin viene de Dios, como don personal. Participando en la santidad de Dios, el hombre se va haciendo "como Dios", haciendo realidad la "imagen y semejanza" con Dios con la que fue creado.

Nos preguntamos ahora: cundo un hombre es santo? La respuesta es muy clara: desde que participa de la vida de Dios, que comprende su santidad, y as es recibida por el hombre. Ya vimos en los captulos anteriores que la participacin en la vida divina comienza con el bautismo, o dicho de otra manera, con la recepcin de la gracia santificante.

Este trmino expresa muy bien el sentido de la santidad: mediante un don de Dios (la gracia), el hombre puede participar en la santidad de Dios (santificndose). As decimos que todo bautizado, toda persona que se encuentra en estado de gracia, es santo. Esta concepcin la encontramos en el Nuevo Testamento, donde los cristianos son llamados los santos. (188) Ser santo implica saberse objeto de una eleccin o llamamiento de Dios, que aparta al cristiano de su vida anterior, para vivir una nueva vida.

Muchos se podrn sorprender si se les dice que por el hecho de ser bautizados son santos, ya que esto contrasta en la realidad con el concepto de los santos canonizados por la Iglesia, con vidas muy distintas al comn de los cristianos. El problema que encontramos aqu es muy simple, y se debe al hecho que la santidad es una nocin dinmica, ya que por ser precisamente una vida nueva, sobrenatural, recibida como don de Dios, tiene una evolucin, un crecimiento en el tiempo, y tambin puede ser perdida.
Por lo tanto, cuando hablamos de santidad, debemos referirnos no slo a su esencia, sino a su dinmica, lo que nos llevar a reconocer distintos grados de santidad, en funcin de su desarrollo mayor o menor.

Lo que ocurre es que en general se reserva el trmino santidad, en el uso corriente, para referirse a los grados eminentes, ms desarrollados, ms acabados de la santidad en el hombre. A lo largo de la historia del cristianismo se ha definido de muchas maneras esta santidad avanzada, refirindola por ejemplo a la vivencia plena de la inhabitacin de la Trinidad en el alma, en la conformidad y aceptacin plena de la voluntad de Dios por sobre la propia del hombre, o en la configuracin perfecta con Jesucristo, Dios hecho hombre.

Sin duda todos estos aspectos son vlidos en la santidad, pero tomaremos las definiciones que nos da el Concilio Vaticano II sobre la santidad, por corresponder a las definiciones ms claras y clsicas de la santidad, que contemplan su dinmica propia:
"El divino Maestro y modelo de toda perfeccin, el Seor Jess, predic a todos y cada uno de sus discpulos, cualquiera que fuese su condicin, la santidad de vida de la que l es iniciador y consumador: Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt. 5,48)...
Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condicin, estn llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfeccin de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida ms humano incluso en la sociedad terrena." (189)

El Concilio Vaticano II define a la santidad desde dos conceptos, que por supuesto son complementarios: plenitud de la vida cristiana y tambin perfeccin de la caridad.

Vamos a examinar con ms detenimiento el significado de estas definiciones; si hablamos de plenitud de la vida cristiana, se est refiriendo, en primer lugar, a la vida de la gracia, a la Redencin de Jesucristo hecha subjetiva, en definitiva, a lo que en este libro llamamos la vida cristiana plena. Y adems se habla del estado de mayor crecimiento o perfeccin de esta vida sobrenatural, que es lo que nos indica el vocablo plenitud.

En qu consiste esta plenitud? Lo acabamos de ver en el Captulo anterior: es la vida de la gracia santificante que ha llegado al ejercicio perfecto de las virtudes cristianas o infusas, por la accin de los dones del Espritu Santo. Es la vida del hombre espiritual al modo divino, cuyos actos son movidos directamente por el Espritu Santo, que gua y gobierna esa vida contando con su docilidad y aceptacin libre. Cuando se habla de plenitud de la vida cristiana, podemos decir tambin perfeccin de la misma, que es un trmino muy usado en la teologa espiritual.

La palabra perfeccin proviene etimolgicamente del verbo latino perficere (que significa hacer algo hasta el fin, hasta terminarlo acabadamente). Por lo tanto la perfeccin de la vida cristiana significa esa vida llegada a su consumacin, a lo que realmente debe ser como obra acabada, para lo que fue creada por Dios. Entendidos de esta manera, se puede decir que santidad y perfeccin cristiana son trminos equivalentes que expresan una misma realidad.

Esta perfeccin cristiana se puede expresar a su vez en funcin de su constitutivo principal, que es la virtud teologal de la caridad, y por eso tambin se define a la santidad o perfeccin cristiana como la perfeccin de la caridad. Se puede decir con una base bien clara en la Revelacin de Dios que amar a Dios y amar al prjimo con ese amor divino es la sntesis de la perfeccin cristiana. Jess as lo ense:
"Ms los fariseos, al enterarse de que haba tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le pregunt con nimo de ponerle a prueba:<<Maestro, cul es el mandamiento mayor de la Ley?>> l le dijo: <<Amars al Seor, tu Dios, con todo tu corazn, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a ste: Amars a tu prjimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.>>" (190)

Tambin San Pablo nos expresa esta doctrina: "Revestos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entraas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportandoos unos a otros, y perdonandoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Seor os perdon, perdonaos tambin vosotros. Y por encima de todo esto, revestos del amor, que es el vnculo de la perfeccin." (191)

Teolgicamente se dice que la caridad une enteramente al hombre con Dios como su fin ltimo sobrenatural, ya que hace que el cristiano posea a Dios en un sentido experimental y profundo, ya que la voluntad humana, cuyo fin es amar, en el amor divino que le infunde la caridad obtiene su mxima felicidad.

Las dems virtudes teologales y morales preparan y ayudan a la unin con Dios por la caridad, afrontando obstculos que dificultan esa unin, o mostrando la verdad (fe) y la perfecta bienaventuranza a la que somos llamados (esperanza). La caridad, residiendo en la voluntad, acta sobre las otras virtudes por actos imperados, dndoles mayor fuerza y decisin para obrar.

Una caracterstica importante que hay que tener en cuenta es que la caridad, durante la vida del hombre, puede crecer indefinidamente, ya que no hay lmites en el amor de Dios, porque es infinito. De ah concluimos que la santidad en esta tierra no tiene lmites en s misma, sino que su limitacin proviene de parte del hombre, de su mayor o menor apertura y docilidad a la gracia.

Las falsas nociones de la santidad.

Vista la realidad de lo que llamamos santidad, es interesante tomar conciencia de cuntas son las nociones incompletas, con errores o falsas, que se tiene en el mundo respecto de la santidad cristiana.
En primer lugar mencionaremos las concepciones incompletas de la santidad; en general estas nociones pecan por resaltar en forma exagerada un aspecto de la santidad, en desmedro de otro complementario.

Tenemos los que creen que la santidad bsicamente se adquiere con el esfuerzo del hombre: mediante una vida de sacrificios, llena de austeridades y mortificaciones, con privaciones de todo tipo, pasando de sufrimiento en sufrimiento. Parecera que en estos casos la santidad es un premio por el mrito de tantos trabajos y esfuerzos. Esta visin incompleta de la santidad asusta a muchos cristianos, que entonces no quieren saber nada de la posibilidad de ser santos.

Si bien es cierto que nadie se santifica sin una lucha dura contra sus propias inclinaciones o con la tentacin del demonio, como veremos en la Cuarta Parte, no se puede olvidar que el cristiano es santo porque recibe como don de Dios la posibilidad de participar de su santidad, por la gracia santificante, que le da todos los auxilios sobrenaturales necesarios para alcanzarla, sin dejarlo a merced de sus propias fuerzas naturales.

Pero tambin se puede ir al otro extremo, creyendo que la santidad, como es don de Dios, slo depende en su desarrollo de la iniciativa de Dios, olvidando que el hombre, en su libertad, debe acompaar con su accin la gracia recibida.
Entonces estn los que esperan que sus malas inclinaciones, sus poco desarrolladas virtudes cristianas, de un da para otro, de forma casi mgica o milagrosa, cambien radicalmente, a partir de que una especie de rayo divino caiga sobre ellos y los transforme completamente en un instante.
Claro que sera lindo ser santo de esa manera, ya que nos ahorraramos mucho esfuerzo, dedicacin y perseverancia! Pero es una concepcin incompleta de la santidad y del camino que lleva a ella. San Agustn, en una frase famosa, expresa esta verdad: "El que te cre sin ti, no te salvar sin ti."

Otras concepciones incompletas de la santidad, en cuanto a sus manifestaciones en la vida de los santos, son las que oscilan desde el extremo de creer que el santo vive solamente una vida de oracin y contemplacin, pasando prcticamente la mayor parte de su da arrodillado, con las manos juntas y los ojos vueltos hacia arriba, sumergido en la oracin y el xtasis, lo que sera la concepcin "antigua" de la santidad, o van al otro extremo que implica pensar en una santidad mucho ms "moderna", adecuada a los tiempos actuales, donde el santo es un hombre de accin, lleno de iniciativas y actividades organizativas, de programas de evangelizacin, de accin social y caridad, de utilizacin de todos los medios de comunicacin social en sus iniciativas pastorales, etc.

De estas concepciones extremas nacen todas las ideas que llevan a generar en la vida espiritual la falsa antinomia entre la llamada "vida contemplativa" en contraposicin con la "vida activa".
El Papa Juan Pablo II ha sido muy claro con respecto a esto:
"Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, est fundado en la contemplacin y la oracin. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fcil de <<hacer por hacer>>. Tenemos que resistir a esta tentacin buscando <<ser>> antes que <<hacer>>. Recordemos a este respecto el reproche de Jess a Marta: <<Te inquietas y preocupas por muchas cosas y sin embargo solo una es necesaria>> (Lc. 10,41-42)." (192)

Hay otras concepciones de la santidad que directamente son falsas o estn llenas de errores, y en general surgen cuando se encara el estudio de la santidad solamente desde ideas racionales, examinando el comportamiento y las manifestaciones de los santos desde el punto de vista nicamente psicolgico a nivel humano y natural.

Por este medio surgen ideas de que los llamados "santos" son personas que sufren fenmenos psquicos morbosos, de tipo neurtico, por su exaltacin de los sentimientos religiosos y su evasin de la realidad, lo que se observa cuando manifiestan, por ejemplo, su sed de padecer tormentos y humillaciones, el deseo del aniquilamiento de su voluntad, la indiferencia ante las cosas del mundo, y otros comportamientos "anormales" por el estilo.

Tambin se les achaca en sus manifestaciones races de sentimientos sexuales frustrados o desviados, de tipo freudiano, especialmente por los trminos en que los msticos hablan sobre el amor de Dios, mencionando el "matrimonio espiritual", los "abrazos y besos santos", las "caricias divinas", las "heridas de amor", las "locuras del corazn", y otros trminos semejantes.

Otros consideran a la santidad como una exaltacin enfermiza de la sensibilidad y la imaginacin, muy propia de las mujeres emotivas por dems, que no se pueden gobernar por la razn y entonces dan rienda suelta a sus sentimientos exaltados o histricos, practicando todo tipo de devociones y actos piadoso en exceso.
Tambin hay quienes consideran a los santos como una especie de hipcritas o farsantes, que debajo de una apariencia piadosa de santidad ocultan fines de ambicin y poder, o al menos de deseos de ser considerados por encima de los comunes mortales.

Hay una nocin errnea de la santidad muy comn, que la considera indefectiblemente unida a todas las manifestaciones extraordinarias o de tipo mstico, como los xtasis, la levitacin, la aparicin de estigmas, la bilocacin, el sudor o las lgrimas de sangre, las visiones de todo tipo, o las manifestaciones carismticas como los dones de profeca, de lenguas, de sanacin o de milagros.

Si bien estas manifestaciones extraordinarias existen y se encuentran en las vidas de muchos santos, como veremos en el Captulo Siete de esta Segunda Parte, no constituyen de ninguna manera una manifestacin ordinaria de la santidad, por lo que no deben tomarse en s mismos como indicadores de una vida santa, que se manifiesta, como ya lo vimos, por la prctica perfecta, heroica y abnegada de las virtudes cristianas.
Lamentablemente este concepto, muy extendido, hace que a muchos cristianos de buena fe, la palabra santidad los asuste, pensando que si quisieran buscar la santidad viviran todas esas cosas extraordinarias, y entonces los dems los tomara por locos o trastornados.

Qu lejos de la realidad simple y de extraordinaria belleza de la santidad verdadera que estn todas estas concepciones surgidas de un mundo racionalista que no acepta la existencia de lo sobrenatural! Pero surten su efecto letal, sobre todo sobre los cristianos, que entonces, confundidos y atemorizados, no se sienten impulsados a ser santos, perdiendo as el principal sentido de su vida cristiana, y del fin por el que recibieron la vida por parte de Dios.

El llamado a la santidad.

Teniendo ya claro en qu consiste la santidad cristiana, y en lo que no es, veremos ahora que desde siempre Dios mismo, y luego sus instrumentos, han llamado al hombre a la santidad. En el Antiguo Testamento el llamado es claro:
"Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios, santificaos y sed santos, pues yo soy santo. Yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos, porque yo soy santo." (193)
"Sed, pues, santos para m, porque yo, Yahveh, soy santo, y os he separado de entre los pueblos, para que seis mos." (194)

Se ve aqu el concepto bsico de la santidad: separacin para Dios, apartamiento del mundo profano.

Jess ense tambin la necesidad de la santidad o perfeccin, como sntesis del amor de Dios convertido en caridad para el prjimo:
"Habis odo que se dijo: Amars a tu prjimo y odiars a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amis a los que os aman, qu recompensa vais a tener? No hacen eso mismo tambin los publicanos? Y si no saludis ms que a vuestros hermanos, qu hacis de particular? No hacen eso mismo tambin los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial." (195)

Tambin los apstoles, siguiendo la enseanza de su Maestro, exhortan a la bsqueda de la santidad. San Pablo revela lo siguiente: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Seor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en l antes de la fundacin del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor." (196)

San Pedro hace tambin este llamado a los cristianos: "Como hijos obedientes, no os amoldis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ignorancia, ms bien, as como el que os ha llamado es santo, as tambin vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Seris santos, porque santo soy yo." (197)

En nuestro tiempo la Iglesia nos exhorta a la bsqueda de la santidad. El Concilio Vaticano II dice:
"La Iglesia, cuyo misterio est exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espritu Santo es proclamado "el nico santo", am a la Iglesia como a su esposa, entregndose a S mismo por ella para santificarla (cf. Efesios 5,25-26), la uni a S como su propio cuerpo y la enriqueci con el don del Espritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarqua como los apacentados por ella, estn llamados a la santidad, segn aquello del Apstol: Porque sta es la voluntad de Dios, vuestra santificacin (1 Tes. 4,3; cf. Ef. 1,4)." (198)

El Papa Juan Pablo II renovar este llamado, definindolo como "la consigna fundamental del Concilio Vaticano II":
"La dignidad de los fieles laicos se nos revela en plenitud cuando consideramos esa primera y fundamental vocacin, que el Padre dirige a todos ellos en Jesucristo por medio del Espritu: la vocacin a la santidad, o sea a la perfeccin de la caridad. El santo es el testimonio ms esplndido de la dignidad conferida al discpulo de Cristo...Es urgente, hoy ms que nunca, que todos los cristianos vuelvan a emprender el camino de la renovacin evanglica, acogiendo generosamente la invitacin del Apstol a ser "santos en toda la conducta"(1 Pe. 1,15)." (199)

De todo lo anterior resulta que es clara e imperativa la llamada a la santidad de los cristianos. Pero ante esto es ms que lgico preguntarse: por qu debemos buscar la santidad? O dicho de otra manera, cules son las razones que hacen necesaria esa bsqueda? Veremos a continuacin la respuesta a esta pregunta, ante la cual la mayora de los catlicos no saben realmente que contestar.

La necesidad de la santidad.

Para la mayora de los catlicos existe el concepto que la santidad, entendida como una vida cristiana en plenitud, es para unos pocos elegidos, los que llegarn a ser santos canonizados y tendrn sus estatuas en los altares y las estampitas en poder de sus devotos, y que no es necesaria ni accesible para el catlico ordinario, especialmente si es un laico.

Se piensa que siendo "ms o menos bueno", y cumpliendo medianamente con las "obligaciones" que impone la Iglesia, como confesarse de tiempo en tiempo y asistir a misa con cierta regularidad, especialmente en los das de precepto, y si adems se tiene una esposa o esposo que "reza siempre por uno", no se estar en pecado mortal y se llegar a la salvacin.

Pero ocurre que para el cristiano la opcin no es salvarse o condenarse, sino que hay mucho ms. Jess as lo ense:
"En esto se le acerc uno y le dijo: <<Maestro, qu he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?>> l le dijo: <<Por qu me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.>> <<>Cules?>> -le dice l-. Y Jess dijo: <<No matars, no cometers adulterio, no robars, no levantars falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amars a tu prjimo como a ti mismo.>> Dcele el joven: <<Todo eso lo he guardado; qu ms me falta?>> Jess le dijo: <<Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dselo a los pobres, y tendrs un tesoro en los cielos; luego ven y sgueme.>> Al or estas palabras, el joven se march entristecido, porque tena muchos bienes." (200)

En este pasaje tenemos que notar algo muy importante: es la diferencia que hace Jess entre lo que significa "entrar en la vida eterna", o sea, salvarse y llegar de alguna manera al cielo, y "ser perfecto" o ser santo.

Lo primero, es decir la salvacin, se logra no transgrediendo los mandamientos de Dios, es decir, no cometiendo pecado grave. Pero cuando el joven, que dice haber cumplido los mandamientos, pregunta "Qu ms me falta?", Jess le dice que todava hay ms, que es la bsqueda de la perfeccin. Esta perfeccin implica "ir ms all de los mandamientos", cosa que el joven no estuvo dispuesto a hacer, porque en este caso le implicaba renunciar a sus riquezas.

De acuerdo a lo que hemos visto podemos ahora decir que quedan establecidas como dos metas posibles para el cristiano:

* Escapar del infierno, o sea, ir al cielo.
* Llegar a la perfeccin o santidad.

Surge entonces que tenemos dos estados de cristianos: los que podramos llamar ordinarios, que cumpliendo los mandamientos, es decir, no estando en pecado mortal, se salvan, y los que van ms all, haciendo ms de lo que est mandado y buscando la perfeccin.
De hecho, una pregunta aparece de inmediato: Para qu buscar la santidad, avanzando por un camino angosto y difcil, si cumpliendo los mandamientos me salvo y llegar a la vida eterna? La respuesta a este interrogante se basa en que hay cuatro razones muy importantes para buscar la santidad avanzada:

1) Para asegurar ms la salvacin eterna: es muy cierto que basta morir en estado de gracia para salvarse, como veremos en el Captulo siguiente, pero el problema radica en como conservamos ese estado a lo largo de nuestra vida, en medio de las circunstancias y dificultades por las que nos toque pasar.
El crecimiento en santidad, que significa ir ms all en la vida cristiana plena, permite ir teniendo ms seguridad (no la certeza absoluta) de alcanzar la salvacin, alejndose de las posibilidades de pecado grave.

Ocurre como si una persona tuviera que caminar por un lugar que est bordeado por un abismo muy profundo. Si camina muy cerca del borde, siempre estar latente la posibilidad que por un descuido, un tropezn o una prdida momentnea del equilibrio, pueda caer y precipitarse en el vaco, sin saber si tendr tiempo (el tiempo de la vida) para poder salir de all, o la muerte lo sorprender y ya nunca saldr del abismo.
Si, en cambio, la persona logra caminar por sendas que la alejen cada vez ms de ese fatdico borde, aunque caiga o tropiece, ser mucho ms difcil su cada en el vaco, aunque siempre existir la posibilidad que su rodada sea tan grande que igual lo lleve a precipitarse en ese terrible precipicio.

2) Para tener mayor gloria en el cielo: La vida eterna en el cielo es distinta para cada uno, lo que teolgicamente se expresa diciendo que la gloria que se vive en el cielo es de distinta magnitud.
El concepto de gloria en el cielo lo desarrollaremos en detalle en el captulo siguiente, pero podemos decir que corresponde a la relacin que tenemos con Dios a lo largo de toda la eternidad, que ser ms completa y profunda en funcin del grado de santidad alcanzado en el momento de la muerte.
Por lo tanto, el crecimiento en santidad en la vida terrenal, durante el poco o mucho tiempo que se disponga (slo Dios sabe cunto ser), definir como ser la vida a lo largo de toda la eternidad.

3) Para vivir en esta tierra una mejor calidad de vida: En general los que enfocan el tema de la santidad lo suelen mirar solamente desde el punto de vista de la salvacin y la vida eterna, tal como lo vimos en los dos objetivos anteriores de la santidad. Pero se olvida o desconoce cunto influye en la calidad de vida del cristiano aqu en la tierra su grado de crecimiento en santidad.

Hoy vivimos en una poca en que una de las cosas que ms se valorizan, se aprecian y se buscan, es la calidad de vida. De aqu vienen la preocupacin por la ecologa, por la conservacin del medio ambiente, los esfuerzos para evitar la extincin de ciertas especies animales amenazadas por la predacin despiadada del hombre, y, por sobre todo, el auge del ejercicio y del deporte, de las dietas ms o menos naturales, de la vida al aire libre, del aerobismo, y de todo aquello que implica un mayor contacto con la naturaleza, para apartarse de la vorgine de la vida diaria y del "stress" y la saturacin fsica y mental que produce.

Pero todas estas cosas tienen casi como nica referencia la parte fsica del hombre y el medio ambiente que lo rodea. Se cree as de haber encontrado la panacea por la cual cuando lo fsico est ms o menos bien, todo lo interior est perfecto. Por supuesto sera de necios negar la importancia de la salud, del cuidado del cuerpo, de mantener un vigor adecuado a cada edad, pero eso no llena el espritu.

Al contrario, se tiende muchas veces a una actitud de egocentrismo, de preocupacin excesiva y hasta obsesiva por el propio cuerpo, lo que produce sentimientos de superioridad respecto a otros que no hacen lo mismo, que van desembocando en soberbia, vanidad, presuncin y toda la corte de actitudes despectivas en la relacin con los semejantes, que se derivan de esta raz marchita.

Qu podramos decir que es realmente la calidad de vida en este mundo, en una forma amplia? Va bastante ms all de lo fsico, ya que significa poder vivir todas las circunstancias de la vida, por dems inevitables, que no siempre sern de alegra y buen pasar, sin por ello perder ciertas actitudes y caractersticas interiores.
Entonces aparece aqu otro aspecto tambin muy importante respecto a la vida cristiana, que pocos toman en cuenta, y que se refiere a la vida aqu en la tierra: ser cristiano presupone vivir en esta tierra una mucho mejor calidad de vida. Esto es algo que en general la gente del mundo no percibe, y los cristianos, lamentablemente, tampoco muestran a veces de una manera clara: la calidad de vida en este mundo, del cristiano firme en su fe, es mucho mayor que la del resto de la gente.

No hay duda que cuando observamos con un poco de detenimiento los efectos que produce la gracia santificante en el hombre, tal como lo desarrollamos en los captulos precedentes, y que estn corroborados empricamente por las vidas de los santos conocidos en la Iglesia Catlica, nos vamos a encontrar, por contraste con la vida del hombre racional, con una calidad de vida inmensamente superior.

Vamos ahora a imaginarnos como es la vida de un cristiano al que definimos como santo, que ejercitando las virtudes infusas, recoge todos los frutos que de ellas se derivan. No importa en este caso la vocacin ni el estado de vida que tiene, consagrado o laico, ni el medio en que se desempea, porque los frutos se producen en toda circunstancia de vida.

El santo vive con su corazn sumergido en el amor de Dios, por la virtud de la caridad y el don de sabidura. Tiene un conocimiento experimental, profundo y sabroso de sentirse amado por Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espritu Santo, que siente con total certeza que moran en su espritu. Ese amor lo desborda y hace que lo transmita a quienes lo rodean, que no pueden evitar sentirse conmovidos por los gestos de amor que en el santo genera la caridad divina.

Si es un laico con familia, ese amor divinizar su amor humano por su esposo o esposa e hijos, as como por sus padres y otros seres queridos, llevndolo a los mayores sacrificios por ellos si fuera necesario. Si es consagrado derramar ese amor entre sus hermanos de vocacin y con todos aquellos a quienes debe servir, lo que har con total dedicacin y abnegacin.

Su fe inquebrantable, perfeccionada por los dones de inteligencia, ciencia y sabidura le otorga una luz divina a sus ideas y pensamientos, penetrando con agudeza en los misterios de Dios, hacindole ver su situacin espiritual y como todo lo que lo rodea en el mundo lo ayuda o se opone en su camino hacia Dios.

La esperanza le da una confianza total en los auxilios que espera de Dios, y acepta por amor todos los designios de la voluntad divina para su vida, que va conociendo cada vez ms claramente. No tiene preocupaciones frente a lo que le pueda pasar, porque confa plenamente en la misericordia de Dios. Siente que no depende en su vida ni de las personas que lo rodean, ni del trabajo u ocupacin que puede tener, ni de los problemas econmicos o polticos del pas en que vive, ya que su vida est entregada a Dios y l ser quien se ocupe en su providencia de sus necesidades, mientras l ponga todo su empeo y esfuerzo en realizar de la mejor manera sus quehaceres cotidianos.

Acepta de la misma manera, con una inconmovible paz interior, todos los bienes que recibe y los males que le puedan sobrevenir. Una accin de gracias sincera acompaa todo lo que recibe de bueno, mientras sufre con paciencia los tiempos difciles, sabiendo que de ellos Dios siempre sacar un bien para l.
Ante situaciones de dolor, como el sufrimiento propio o de un ser querido, o la muerte de las personas cercanas, no pierde la paz, aunque siente el dolor que humanamente no se puede evitar, pero sin caer en la angustia o la desesperacin.

La paz es quizs uno de los frutos principales de la santidad. Jess nos dice en el Evangelio de San Juan: "Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo." (201) Precisamente la paz que recibimos de Jess es uno de los tesoros ms inapreciables que pone a nuestra disposicin la gracia que viene de Dios.

Cul es la paz que da el mundo? A nivel personal, la paz tal como la entiende el mundo de los no creyentes significa, en primer lugar, tener resueltas las necesidades materiales, tener todo lo necesario para una vida confortable y sin sobresaltos.
Significa tambin no recibir sobre uno los problemas ni las necesidades de los dems, que en el ambiente en que estemos no nos molesten aquellas cosas que no nos incumben en forma directa. Es, por otra parte, lo que se deriva del "no te metas", no te intereses por lo que afecta a los dems. Cuntas veces se escucha esta frase: No me vengas con problemas, djame en paz!

Se promocionan en todo el mundo lugares muy exclusivos (y caros) donde los que pueden pagar se recluyen de todo lo molesto y desagradable del mundo que los rodea habitualmente, encontrando as la verdadera paz y sosiego. Esa paz del mundo significa, por lo tanto, evadirse y escapar de los problemas y las dificultades que nos acosan, y si no estamos en condiciones de pasarnos una temporada en una exclusiva isla del Caribe en un hotel cinco estrellas, podemos encontrar esa paz en el lugar donde estemos, con una botella de bebida alcohlica, o quizs con un buen cctel de pastillas sedantes y somnferos, o tambin se puede "viajar" bien lejos con una dosis de drogas o estupefacientes.

Tambin el mundo nos vende la paz como la diversin continuada, que nos hace olvidar de todos los problemas en el embotamiento de la msica pesada, el baile y los recitales de rock, en las grandes fiestas y comilonas, en el sexo desenfrenado, la pornografa y la prostitucin. De ltima, tambin se puede encontrar una gran paz desenchufndose del mundo por varias horas por da, "navegando" por Internet o jugando en los video-juegos. Esta es la paz que nos "vende" el mundo, a precio muy caro, tan caro que puede costarnos perder la vida verdadera.

En cambio, la paz de Jess es algo muy distinto, ms all de ser gratis, de regalarse a todos los que la aceptan. Significa la liberacin del pecado, que sumerge al hombre en el sufrimiento, y poder vivir una vida totalmente nueva, distinta, que implica ya aqu y ahora el comienzo de la vida que durar eternamente. Su paz viene por la fe, por comprender el sentido profundo de para qu vivimos, y hacia dnde vamos, de tener una mirada levantada ms all de las cosas que nos rodean, de los sucesos de todos los das, dirigida a la lejana, al no tiempo de la eternidad y de la vida en presencia de Dios.

Tener paz frente a las contrariedades, a las pruebas duras de la vida, y no entrar ni caer en la desesperacin, la depresin y la angustia, implica, sin duda, vivir inmensamente mejor la vida, no importando en que nivel econmico, social, cultural, intelectual o racial se encuentre el hombre.

Si la paz pudiera fabricarse y venderse, yo no tengo dudas que sera el bien ms caro del mundo. Multimillonarios de los primeros en el rnking mundial de las fortunas estaran seguramente dispuestos a pagar sumas siderales para obtener esa paz interior que ellos no pueden disfrutar ni siquiera por un instante.
Y tambin el ltimo de los "garimpeiros" o buscadores de oro del Brasil, en ese infierno de barro y codicia en que se encuentran, dara gustoso la pepita de oro grande y soada que nunca encontrar, para obtener esa paz que no puede tener.

Pero, qu monstruoso contrasentido!: Jess, hoy como siempre, por la accin profunda del Espritu Santo, regala a manos llenas esta paz inconmovible a todos aquellos que lo dejan entrar a su casa, repitiendo cuando entra las mismas palabras que les dijo a sus discpulos al entrar al Cenculo donde estaban reunidos: "La paz con vosotros". (202)

Solamente se puede "saber" en qu consiste esta paz tan especial y sobrenatural cuando se la vive, y uno se sorprende al ver que, al pasar por circunstancias que en otro momento de su vida lo hubieran destrozado y hundido irremediablemente, ahora es todo distinto. La fortaleza que se posee es mucho mayor, no se pierde la esperanza, por lo que no existe la desesperacin, y, para colmo, hasta se conservan la alegra y el buen humor. Para el que avanza en la santidad esta paz es un fruto excelente, que vive y saborea a lo largo de las circunstancias cambiantes de su vida.

El santo tambin carece de susceptibilidad, y no se siente herido por las afrentas, maledicencias, calumnias o desprecios de los dems, en quienes ve a sus hermanos en Cristo, a los que disculpa sabiendo que muchas veces no saben lo que hacen. Los desprecios y faltas de consideracin no lo afectan, y en muchos casos lo alegran, porque siente que a travs de ellos Dios lo purifica de sus pecados, que siente como muy numerosos, pues hasta los ms leves se le presentan como grandes ofensas a Dios, movido como est por el don de temor de Dios.

La tristeza en general no tiene lugar en la vida del santo, ya que normalmente est sujeto a una serena alegra, que nace de saberse hijo adoptivo y amado de Dios, y heredero de infinitos bienes eternos, por la accin profunda del don de piedad.
Frente a la perspectiva de la propia muerte, aunque no se desea y produce en principio un temor y rechazo humanos, existe una serenidad y aceptacin, con la certeza que con la partida de este mundo nada termina sino que todo comienza.

El santo se siente til en todo momento, porque siempre puede hacer algo por los dems, en orden a su salvacin y santificacin, en la medida de la vocacin recibida. Para los laicos que han llevado una vida de trabajo, la ancianidad est plena de actividad y gratificacin, desarrollando distintas actividades en orden a la evangelizacin y a la ayuda y gua espiritual de otros, sintiendo que la experiencia espiritual acumulada en su vida es vlida y muy til para sus hermanos.
Esto representa un gran contraste con lo que ocurre a la mayora de los hombres y mujeres que han desarrollado una gran actividad en su vida, a travs de su profesin, negocios o trabajo, y que sienten como un vaco que les cuesta llenar cuando se retiran. Para el santo nunca le alcanzar el tiempo para seguir trabajando hasta el ltimo da de su vida en avanzar en su propia santificacin y en la ayuda a los dems.

Debemos tener en cuenta frente a esta descripcin y a todas estas vivencias, que no son permanentes, ni se presentan en forma fcil y sencilla, como si el santo viviera en una especie de idilio o xtasis en forma continua, sino que son fruto de una lucha y esfuerzo cotidianos, de la oracin profunda, del combate contra el demonio, de la entrega permanente. Podemos decir que son el resultado cierto pero esforzado de la lucha espiritual.

Considerado todo esto, aceptaremos que el santo que vive en este mundo, sea sacerdote, religioso o laico como un profesional, comerciante, ama de casa, empleado, militar, deportista, poltico, jubilado, estudiante, artista u operario, tiene una calidad de vida superior a los dems? Yo creo que la respuesta no admite dudas, y cada uno de nosotros podemos darla sin temor a equivocarnos: s, es cierto, la santidad creciente va dando una calidad de vida creciente en esta tierra!

4) Para ayudar en la evangelizacin de los hombres: La ltima razn que vamos a evaluar para querer buscar la santidad es que el santo puede ayudar eficazmente en la salvacin del prjimo.

Aquel que vive la santidad se va identificando cada vez ms con Jesucristo, lo que se expresa diciendo que se va configurando con Cristo, y entonces, naturalmente, tambin se va identificando con su misin, que consiste en proclamar la Buena Nueva de Dios, el Evangelio, por lo que se convertir en un evangelizador. Aqu hablamos de evangelizar en el sentido amplio del trmino, y no solamente como una vocacin especfica que lleve al ejercicio de un determinado ministerio en la Iglesia. Todo cristiano santo est llamado a difundir la Buena Nueva y hacer conocer a Cristo, independientemente de su estado de vida o vocacin especfica, en el lugar que ocupe en la sociedad.

El santo irradia la presencia de Cristo con su testimonio de vida, y en cada situacin en que se encuentra, con la gente que lo rodea, que de alguna manera misteriosa e inentendible para ellos, se sienten atrados como abejas hacia la miel por el santo, ya que es el Espritu Santo que se manifiesta a travs de l como instrumento suyo.

Por lo tanto no hay nada ms valioso como instrumento de evangelizacin, para llevar la salvacin a muchos, que aquella persona que vive en santidad, y, de esta manera, el santo tendr parte directa en seguir completando la misin de Jesucristo entre los hombres, y, por eso, se lo llamar con justicia "otro Cristo" en el mundo.

Hemos visto as las principales razones por las que los cristianos debemos buscar la santidad avanzada, encontrando en ellas dos objetivos terrenales, que son vivir una mejor calidad de vida, y ser instrumentos tiles para la evangelizacin, y dos objetivos celestiales, primero, alcanzar la salvacin, y luego, vivir una mayor gloria en la vida eterna. A estos dos ltimos objetivos, que van ms all de la vida terrenal, dedicaremos el prximo Captulo.

Referencias al Captulo 5:

(179): Salmo 99 (98), 5
(180): Levtico 19,2
(181): 1 Samuel 2,2
(182): Isaas 6,1-3
(183): Salmo 5,8
(184): Exodo 35,2
(185): Deuteronomio 7,6; Exodo 19,6
(186): Lucas 1,35; Juan 10,36; Hechos 3,14; Romanos 1,4
(187): 1 Corintios 1,2
(188): Hechos 9,13; 26,10; Romanos 12,13; 15,25; 1 Corintios 16,1
(189): Constitucin Dogmtica "Lumen Gentium" N 40
(190): Mateo 22,34-40
(191): Colosenses 3,12-14
(192): Juan Pablo II, "Novo Millenio Ineunte", N 15
(193): Levtico 11,44-45
(194): Levtico 20,26
(195): Mateo 5,43-48
(196): Efesios 1,3-4
(197): 1 Pedro 1,14-16
(198): Concilio Vaticano II, Constitucin Dogmtica "Lumen Gentium", N 39
(199): Juan Pablo II, Exhortacin Apostlica "Christifidelis Laici", N 16
(200): Mateo 19,16-22
(201): Juan 14,27
(202): Juan 20,19

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