Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.

Capitulo 3: La Accin De La Razn En El Hombre.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La antropologa cristiana.

Este captulo y el que le sigue son muy especiales, no s si los ms importantes del libro, porque en realidad todos los captulos son necesarios para ir formando una unidad que exprese lo mejor posible el concepto de la vida cristiana plena, pero a partir de ahora vamos a hablar de nuestro propio funcionamiento como seres humanos, no slo por las facultades naturales, que es lo que comnmente se describe, sino tambin por aquellas facultades sobrenaturales infundidas por Dios y que nos permiten vivir una nueva vida al modo divino.

Quiero hacer presente ahora un pensamiento muy profundo con el que Santa Teresa de Jess inicia su libro "Las Moradas":

"Debemos considerar nuestra alma como un castillo todo de diamante o de muy claro cristal, donde hay muchos aposentos, as como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo, sino un paraso, donde l tiene sus deleites... No hallo yo cosa con qu comparar la hermosura de un alma y su gran capacidad. Y verdaderamente apenas pueden llegar nuestros entendimientos, por agudos que sean, a comprenderla... Pero l mismo dice que nos cre a su imagen y semejanza... Y basta que su Majestad diga que est hecha a su imagen, para que apenas podamos entender la gran divinidad y hermosura del alma. No es pequea lstima y confusin, que por nuestra culpa no nos entendamos a nosotros mismos, ni sepamos quienes somos. No sera gran ignorancia, hijas mas, que le preguntasen a uno quin es, y no se conociese, ni supiese quin fue su padre, ni su madre, ni de que tierra es? Pues si esto sera gran bestialidad, sin comparacin es mayor la que hay en nosotros, cuando no procuramos saber qu cosa somos, sino que nos detenemos en nuestros cuerpos, y as a bulto, porque lo hemos odo y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas; mas que bienes puede haber en esta alma, o quin est adentro de ella, o el gran valor que tiene, pocas veces consideramos, y as se tiene en tan poco con todo cuidado conservar su hermosura." (162)

Realmente cuntas personas se ocupan de conocer y de comprender en qu consiste este hermossimo castillo de diamante que es el alma humana divinizada por la gracia? Animmonos a abrir la puerta de entrada para as asomarnos a su interior, porque no estamos hablando de otras personas, sino de cada uno de nosotros.

La Revelacin de Dios a travs de la Palabra tiene por objeto a Dios mismo, y desvela poco a poco los misterios de su existencia hasta alcanzar en Jesucristo la plenitud de esta Revelacin:
"Muchas veces y de muchos modos habl Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos ltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituy heredero de todo, por quien tambin hizo los mundos." (163)

El hombre es el destinatario de esta revelacin, y, a partir de ella, encuentra su salvacin. Pero, a partir de la luz de la salvacin que Jesucristo trae al hombre, podemos decir que ste descubre realmente quien es y a qu est llamado

El Concilio Vaticano II nos afirma esto: "Cristo, el nuevo Adn, en la misma revelacin del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocacin." (164)

Es as como frente a la nocin del hombre dada por la filosofa, la psicologa, la medicina y otras ciencias humanas, el cristianismo, a partir de la revelacin, desarrolla su propio concepto del hombre, que, si bien se puede enriquecer a partir de los aportes de esas ciencias humanas, posee en s mismo una irrenunciable originalidad. Esto es, entonces, lo que constituye la antropologa cristiana, que nos da la base para entender la accin de Dios en el hombre a partir de la gracia.

En primer lugar tenemos que rescatar una idea que se ha ido perdiendo, pero que es sumamente fructfera para la comprensin del hombre desde la ptica cristiana, y es el esquema tripartito del hombre, compuesto por cuerpo, alma y espritu. San Pablo hace mencin de este esquema: "Que l, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro seor Jesucristo." (165)

Cada una de estas esferas de la persona, si bien forman una unidad indivisible en el ser del hombre, expresan realidades distintas: el cuerpo es una realidad fsica, el alma es una realidad psquica, y el espritu pertenece a una dimensin metafsica. Frente a esta concepcin, con el modernismo, y en particular a partir de Descartes, se reduce la visin del hombre a un dualismo cuerpo-alma, perdindose de vista lo que viene de Dios y quedando slo a la vista la realidad natural del hombre.

Antes de avanzar en este tema, es preciso definir bien cul es el alcance de los trminos cuerpo, alma y espritu que vamos a emplear, ya que los mismos tienen diversas interpretaciones segn quien los usa, y pueden inducir a error si no tenemos claro cul es el significado que les vamos a dar.

Por cuerpo ("soma" en griego) entendemos estos componentes: en primer lugar, todos los rganos que lo componen fsicamente; luego, los sentidos externos, que son los que le permiten percibir las propiedades materiales de las cosas que lo rodean; as a travs de la vista, el odo, el olfato, el tacto y el gusto, se perciben las cualidades exteriores de los objetos, como la forma, el color, el olor, el gusto, la textura, etc., que son cosas reales y objetivas. Tambin se reconocen en el hombre sentidos internos que auxilian el procesamiento y almacenado de lo percibido por los sentidos exteriores, como la memoria, la imaginacin, el sentido comn y los instintos.

El alma ("psiche" en griego) existe en el hombre como algo suprasensible, que excede lo material. En ella decimos que residen las dos facultades que hacen que el hombre tenga una caracterstica totalmente distinta a los animales: son la inteligencia o entendimiento y la voluntad, que le dan la razn y lo convierten en un ser racional. Tambin el alma as entendida, como sede de las facultades racionales del hombre, se la denomina a veces "mente", "razn" o "parte inferior del alma".

El espritu ("pneuma" en griego), que algunos denominan "parte superior del alma", cuando slo se habla de cuerpo y alma, podemos decir que es el mbito interior del hombre donde se produce el encuentro de la criatura con el Creador, donde se encuentran lo inmanente con lo trascendente; es donde el ser humano se introduce en la dimensin trascendental, sobrenatural, de su relacin con Dios. En este esquema diremos entonces que es en el espritu donde se recibe la gracia santificante, donde se encuentra alojado ese "dulce husped" que es la Trinidad Santa, y donde se producen las comunicaciones de la vida divina.

Es importante notar que cuando se reduce la visin del hombre a la dualidad cuerpo-alma, siendo el alma solamente el intelecto y la parte psquica, se est dejando de lado la dimensin trascendente del hombre, quedando ste reducido solamente a su dimensin natural, lo cual es, en parte, causa de la prdida en el mundo de hoy del sentido de la verdadera vida cristiana. Pero es vlido hablar genricamente de "alma", como se hace comnmente, siempre que reconozcamos en ella la diferenciacin en la "parte inferior", donde residen las facultades racionales, y la "parte superior" o espritu.

Vamos a ver en los puntos siguientes el "funcionamiento" del hombre, y como interactan estas distintas esferas que reconocemos en el esquema del ser humano. Por supuesto, todo esto no deja de ser algo esquemtico, vlido solamente para mejor entender las acciones del ser humano y sus principios.
Para ello vamos a estudiar cuatro distintas formas de actuar del hombre, aunque desde ya hay que aclarar que nunca vamos a encontrar ninguna de ellas en forma "qumicamente pura", sino que la realidad compleja del ser humano es una mezcla, en proporciones diversas, de estos distintos tipos de comportamientos, prcticamente irrepetible as como son irrepetibles las fisonomas y el carcter de cada persona; a lo sumo se podr distinguir el predominio en cada persona de alguna de estas formas de comportamiento. Nos referiremos al comportamiento animal, racional y espiritual, este dividido en dos, al modo humano y al modo divino.

Para mayor claridad de lo que vamos a exponer tengamos en cuenta que todo acto o accin realizada puede descomponerse, a fin de entenderlo mejor, en tres pasos sucesivos:

* Primero, es necesario el conocimiento, que implica definir algo.
* Luego, los actos del conocimiento estn seguidos por una tendencia o apetencia, que hace buscar o rechazar lo conocido.
* Por ltimo, se produce la ejecucin del acto, que es la accin propiamente dicha, que se traduce en un acto exterior.

Vamos a ver como en el hombre, ser complejo en que coexisten el cuerpo o "carne", el alma racional o razn y el espritu, se producen los actos que realiza en estas distintas esferas de su ser.

El hombre animal.

La primera forma de actuar en el hombre es lo que podemos llamar la animalidad, y es el comportamiento similar al que poseen los animales. Veamos como es este funcionamiento:
Recordemos que el cuerpo material posee sentidos externos, que son rganos que pueden percibir directamente las propiedades materiales de las cosas exteriores: la vista, el odo, el olfato, el tacto y el gusto.

Hay tambin sentidos internos, cuya funcin es la de recibir y almacenar las sensaciones recibidas:
* El sentido comn: rene en una sola todas las sensaciones recibidas de un mismo objeto o fenmeno. Por ejemplo, si estoy con un perro, se reunirn en una sola las sensaciones que me da la vista (tamao, forma y color del animal), el odo (sonido de su ladrido), el tacto (textura de su pelaje) y el olfato (olor caracterstico).
* La imaginacin o fantasa: es la que forma imgenes interiores de lo recibido por los sentidos, las compone y combina.
* La memoria sensitiva: conserva las imgenes recibidas y las reproduce cuando las necesita.
* El instinto o facultad estimativa: es la capacidad de estimar si lo sensible aprehendido por los sentidos es bueno o malo.

La fase de conocimiento de los actos consiste entonces en esta aprehensin por los sentidos exteriores y su proceso por los sentidos interiores, que se conectan entonces para la segunda fase, la de apetencia o tendencia, con el apetito sensitivo. El apetito sensitivo o sensualidad es una facultad orgnica por la cual se busca el bien material aprehendido por los sentidos, y se rechaza el mal.

Esta facultad acta en base a dos potencias, que generarn diferentes movimientos del organismo respecto del bien o del mal conocido por los sentidos. Estos movimientos se conocen como pasiones o emociones.

Una de las potencias del apetito sensitivo es el apetito concupiscible, que se orienta al bien o al mal presente o fcil de obtener, y el apetito irascible, que se orienta al bien o al mal lejano o de difcil obtencin. Veamos un esquema que refleja esto:

Apetito Orientado a: Pasin generada
Concupiscible El bien que aparece.
El mal que aparece.
El bien posible pero futuro.
El mal posible pero futuro.
El bien obtenido.
El mal que se vive.
Amor
Odio
Deseo
Fuga
Gozo
Tristeza o dolor
Irascible El bien ausente pero posible.
El bien difcil imposible.
El mal arduo pero superable.
El mal arduo insuperable.
El mal arduo presente.
Esperanza
Desesperacin
Audacia
Temor
Ira


Trataremos de explicar brevemente en qu consiste cada una de estas pasiones:
El amor como pasin es una especie de adhesin e inclinacin del apetito sensitivo a los objetos que los sentidos y la imaginacin presentan como buenos o agradables o capaces de producir placer con su posesin. Se puede decir que el amor es una pasin que tiende a la unin afectiva entre el sujeto y la cosa amada.
El odio o aversin es una pasin que tiende a apartar todo aquello desagradable, lo que puede producir un mal.
El deseo es un movimiento afectivo de la sensibilidad hacia un bien que est ausente, que todava no se posee, ya que no se puede desear lo que ya se tiene, sino que se goza; el deseo produce un esfuerzo para llegar al bien deseado.
La fuga o huda es una pasin que impulsa a librarse del mal que se viene encima, rehuyndolo y apartndose de l.
El gozo o deleite es la satisfaccin o fruicin que provoca la posesin del bien sensible amado y buscado.
La tristeza o dolor es lo contrario al gozo, es decir, es la afliccin que se sufre al vivir un mal que est presente, y esta pasin empuja a librarse de l.
Estas son las pasiones que corresponden al apetito concupiscible, o sea que se refieren al bien o al mal ya presente o inminente y fcil de ocurrir.

Las pasiones del apetito irascible se refieren a los bienes o males acompaados de dificultad, o arduos, y son:
La confianza o esperanza, que es la pasin que se inclina con ardor hacia la cosa amada cuya posesin es posible pero difcil.
La desesperacin es la pasin que brota cuando la posesin del bien amado y deseado parece imposible.
La audacia o animosidad o valenta es la pasin que produce la insurreccin del nimo para superar y vencer un mal grave o para unirse a la cosa amada cuya posesin es muy difcil.
El temor es lo contrario de la audacia, y empuja a apartarse de un mal difcil de evitar.
La ira es la pasin que rechaza violentamente el mal ya recibido o el dao inferido.
Las pasiones de por s no son ni buenas ni malas; todo depende de cmo son orientadas, del orden o del desorden en que acten. Puestas al servicio del bien producen grandes beneficios, pero al servicio del mal se convierten en fuerzas destructoras.

Las pasiones originarn finalmente la ltima fase del acto, el movimiento, accin o ejecucin acorde a cada una, que llamaremos accin animal. Este proceso de accin es el que viven los animales, y tambin el que se produce en el hombre, a nivel de su cuerpo material, aunque ya veremos que en el ser humano hay ciertas diferencias. Huelga aclarar que, si bien estos actos a nivel animal existen en el hombre, son sometidos a la sujecin de la razn, como veremos en el siguiente punto, y es casi imposible encontrarlos en su manifestacin pura, salvo en casos de graves desrdenes mentales o en acciones bajo la influencia prcticamente total de drogas o del alcohol.

Vamos a ir tratando de representar en un esquema este comportamiento, para nuestra mejor comprensin. El Esquema 1 nos muestra los elementos vistos, en una representacin grfica del comportamiento del hombre animal.

El hombre racional.

El hombre es un ser racional, que adems de un cuerpo material con sus sentidos externos e internos posee un alma racional. El alma humana no es operativa en s misma, sino que produce sus acciones a travs de las dos potencias racionales: la inteligencia o entendimiento y la voluntad.

Entraremos ahora en la descripcin de lo que llamamos propiamente actos humanos, que se caracterizan por un doble aspecto: se realizan a travs de sus facultades humanas, inteligencia y voluntad, y son hechos en libertad, con pleno dominio y decisin del hombre.
Tambin los actos humanos se denominan actos voluntarios, y todos ellos parten de un principio general: la voluntad quiere y desea aquello que es conocido por la inteligencia.

Veamos como operan estas facultades en los actos humanos, lo que graficaremos en el Esquema N 2:
Igual que en los animales, el hombre percibe la realidad del mundo que lo rodea a travs de los sentidos exteriores y la aprehende en los sentidos interiores. Este conocimiento sensitivo, adems de actuar sobre el apetito sensitivo, como ya vimos, alimenta tambin a la inteligencia para producir el conocimiento racional, que elabora en pasos sucesivos, segn lo que se conoce como el razonamiento discursivo: el hombre va alcanzando las verdades por su inteligencia pasando de una fase del conocimiento a otra. Es muy importante tener presente que es lo propio de la naturaleza del hombre avanzar paso a paso en su conocimiento racional; por eso se llama "discursivo", trmino que viene del latn "decurso", que significa "ir por un camino". Este es el modo normal del razonamiento humano, deduciendo paso a paso nuevas verdades a partir de otras ya conocidas.

Encontramos en la actividad del entendimiento una divisin, segn como aplica esa actividad: tenemos primero el entendimiento especulativo o terico, cuando aplica su actividad con el slo fin de conocer la verdad, o al menos siendo ste su principal fin, ya que de hecho es muy difcil que ocurra una actividad de slo el entendimiento, sin que se dirija a algn acto. Los pasos que aqu encontramos son tres:

* Primero se produce la simple aprehensin, que capta lo que son las imgenes recibidas y las transforma en conceptos o ideas.
* Luego se produce el juicio, que consiste en la afirmacin o negacin de algo, comparando ideas distintas y definiendo la conveniencia o disconformidad con ellas. El juicio puede ser verdadero o falso, ya que hay una elaboracin personal del concepto, influenciada por muchos factores internos y externos.
* Finalmente viene el razonamiento, que extrae conclusiones ms generales o universales de lo que expresan los juicios.

Vamos a tratar de ver con ms claridad estas tres fases del conocimiento intelectual con un ejemplo sencillo, retomando el que vimos en el punto anterior: hemos recibido de los sentidos sensaciones respecto de la observacin de distintos perros, que por el sentido comn se resumen, forman imgenes y se almacenan en la memoria sensitiva. A partir de all se forman conceptos, por la simple aprehensin, como ser: concepto de perro, que mueve la cola, que muestra los dientes, que ladra, que muerde, que quiere jugar.

Componiendo conceptos, y afirmando y negando, se producen los juicios; por ejemplo: cuando los perros mueven la cola son amistosos, y cuando ladran y muestran los dientes quieren morder.

El razonamiento, tercer paso del conocimiento, extrae conclusiones de los juicios, dndoles una validez ms universal; en este caso el razonamiento podra ser: "Cuando los perros ladran y muestran los dientes no hay que acercarse, porque muerden y es peligroso, pero cuando mueven la cola son amistosos y se puede acariciarlos y jugar con ellos."

Obviamente este es un ejemplo muy simple, para entender el mecanismo del conocimiento racional, pero los razonamientos se pueden hacer extremadamente complejos, ya que as siguiendo, la inteligencia lleva a la elaboracin de teoras, leyes y enunciados de la mxima abstraccin y complejidad, pero en su funcionamiento racional o humano siempre parte de lo aprehendido por los sentidos, y va paso a paso elaborando conceptos e ideas de complejidad creciente.

La inteligencia permite al hombre algo imposible para los animales, y es el conocimiento del bien racional, distinto al conocido a travs de los sentidos. Este bien, llamado tambin bien honesto, es el bien que se deriva, por ejemplo, del deseo de progreso y conocimiento cultural o intelectual, de la honra y el honor, de la ayuda a los dems, en fin, de satisfacciones interiores, espirituales, que van ms all de las cosas gratas solamente a los sentidos.

Adems encontramos algo que enriquece an ms este proceso, y es el hecho que el hombre es el nico ser creado terrenal (sin tomar en cuenta los ngeles), que tiene la facultad de expresar sus conceptos, juicios y razonamientos, ya sea por medio de sonidos articulados (el habla) o por signos, dibujados o escritos, por lo que ms hombres pueden conocer y aprovecharse de los razonamientos de otros, que pasan a ser transmisibles. Sin embargo, para esta recepcin de informacin, tambin son necesarios los sentidos (vista, odo o tacto, en el caso de la lectura Braille por los ciegos); vemos que siempre el dato inicial para el conocimiento humano proviene de los sentidos externos.

Los sonidos que emiten los animales slo expresan sus pasiones o la experiencia de las mismas que ha quedado almacenada en su memoria. Es interesante notar que son muchos los animales que poseen rganos similares a los del ser humano, tanto para hablar como para dibujar o escribir, pero no lo hacen porque no tienen conceptos, juicios ni razonamientos para comunicar, sino solamente emociones derivadas de las pasiones, y las mismas las pueden expresar simplemente por medio de sonidos inarticulados o gestos corporales.

Este proceso visto se produce en la porcin del entendimiento llamado terico o especulativo. Pero hay en el entendimiento otra porcin, conocida como el entendimiento prctico, cuando la actividad intelectual se aplica a verdades u objetos que tienden a la generacin de acciones. En la prctica de la vida diaria todos tenemos clara esa distincin entre lo que es un pensamiento puramente terico, que algunos denominan ensueo, y otro ms prctico, dirigido a generar una accin concreta.

Los pasos que distinguimos en la accin del entendimiento prctico los describiremos ahora, acompaados de un ejemplo sencillo:

* Primero se produce la simple aprehensin, que capta las imgenes recibidas y las transforma en conceptos o ideas, que determinan un posible fin; todava estamos en el campo meramente psicolgico.
Ejemplo: - Podra comer algo.
* Luego aparece el juicio de posibilidad y conveniencia: se valora la conveniencia y el modo de alcanzar ese fin. Aqu ya es afectado el orden moral, su conveniencia o disconformidad con l.
- Puedo comer porque ya es hora, pero tendra que ser una comida liviana para que no me caiga mal.
* Sigue la deliberacin o consejo, por la que se evalan los medios idneos para conseguir ese fin o realizar tal acto.
- Podra ir al restaurante que est enfrente, que tiene una cocina muy elaborada, o al que est a cinco cuadras, pero hace comida casera.
* Finalmente se produce el juicio prctico; por este juicio se indicar a la voluntad cul es el mejor medio para realizar el acto que se est evaluando.
- Es mejor ir al restaurante que hace comida casera, aunque se encuentre ms lejos, porque me va a caer mejor, y despus tengo que seguir trabajando.

El juicio ltimo que resulta del entendimiento prctico, llamado juicio prctico, es fundamental en el comportamiento humano, porque ser el que presente a la voluntad la conveniencia de un objeto determinado, para que ella produzca una accin, tal como lo veremos un poco ms adelante.

Precisamente sobre el entendimiento prctico acta la llamada conciencia moral. Qu es la conciencia moral? La voz ms actualizada de la Iglesia sobre este tema la encontramos expresada en la magnfica Encclica "Veritatis Splendor" de Juan Pablo II:

"La relacin que hay entre libertad del hombre y ley de Dios tiene su base en el corazn de la persona, o sea, en su conciencia moral: En lo profundo de su conciencia -afirma el concilio Vaticano II-, el hombre descubre una ley que l no se da a s mismo, pero a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los odos de su corazn, llamndolo siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazn, en cuya obediencia est la dignidad humana y segn la cual ser juzgado (cf. Rm 2, 14-16)
Segn las palabras de san Pablo, la conciencia, en cierto modo, pone al hombre ante la ley, siendo ella misma testigo para el hombre: testigo de su fidelidad o infidelidad a la ley, o sea, de su esencial rectitud o maldad moral. La conciencia es el nico testigo. Lo que sucede en la intimidad de la persona est oculto a la vista de los dems desde fuera. La conciencia dirige su testimonio solamente hacia la persona misma. Y, a su vez, slo la persona conoce la propia respuesta a la voz de la conciencia.
Nunca se valorar adecuadamente la importancia de este ntimo dilogo del hombre consigo mismo. Pero, en realidad, ste es el dilogo del hombre con Dios, autor de la ley, primer modelo y fin ltimo del hombre. La conciencia -dice san Buenaventura- es como un heraldo de Dios y su mensajero, y lo que dice no lo manda por s misma, sino que lo manda como venido de Dios, igual que un heraldo cuando proclama el edicto del rey. Y de ello deriva el hecho de que la conciencia tiene la fuerza de obligar. Se puede decir, pues, que la conciencia da testimonio de la rectitud o maldad del hombre al hombre mismo, pero a la vez y antes an, es testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las races de su alma, invitndolo fortiter et suaviter a la obediencia: La conciencia moral no encierra al hombre en una soledad infranqueable e impenetrable, sino que lo abre a la llamada, a la voz de Dios. En esto, y no en otra cosa, reside todo el misterio y dignidad de la conciencia moral: en ser el lugar, el espacio santo donde Dios habla al hombre." (166)

Por lo tanto, la conciencia produce un juicio del entendimiento prctico, dejando de lado el proceso de razonamiento, acerca de la moralidad de un acto a realizar o ya realizado. Es decir, el hombre tiene una capacidad interior de "saber", de emitir un juicio, antes de utilizar su razonamiento, sobre la moralidad de sus actos. Se puede decir que la conciencia es la voz de Dios que resuena en el interior de todo hombre, y que est grabada en l y le da testimonio de la rectitud o maldad de sus actos.

En funcin de lo que hemos visto, procederemos a colocar la conciencia, en el Esquema N 2, en la porcin correspondiente al espritu, donde ya dijimos que se produce la interaccin entre Dios y el hombre.

Un aspecto muy importante del conocimiento implica considerar que hay un estado, denominado estado consciente o de consciencia, en el cual nos damos cuenta que conocemos, o dicho de otra manera, advertimos que conocemos; pero hay otro estado, llamado inconsciente, en el cual, ya sea estando dormidos, o despiertos pero padeciendo alteraciones habituales de la razn (demencias graves, idiotismo, o siendo nios muy pequeos) o alteraciones momentneas (embriaguez, drogadiccin, hipnosis, etc.), no advertimos nuestro conocimiento ni nos damos cuenta de nuestros actos. Este concepto de advertencia es fundamental para fijar la mayor o menor gravedad de un pecado, como ya veremos ms adelante.

As con todo lo visto queda descripto en su totalidad el conocimiento implicado en el acto humano, que actuar en la segunda fase del acto racional sobre la otra potencia humana: la voluntad.

Ya vimos que las fases en los actos de los hombres son tres: conocimiento, tendencia o apetencia y accin, segn lo representamos grficamente en los esquemas que acompaan este captulo. A nivel animal hay un conocimiento sensible, dado por la percepcin de los sentidos, que genera una tendencia o apetencia que se denomina pasin.
Cuando el conocimiento procede de la inteligencia (conocimiento intelectual), la apetencia o tendencia que le sigue se denomina apetito racional o voluntad. Podemos entonces definir a la voluntad como la facultad del alma por la que se busca el bien conocido por la inteligencia o entendimiento.

El objeto propio de la voluntad es el bien, no segn lo captan los sentidos, sino segn se lo propone la inteligencia en el razonamiento, y la voluntad buscar ese bien. La voluntad es una potencia ciega, y se lanza a lo que le propone el entendimiento tomndolo siempre como verdadero bien. El acto propio de la voluntad es el amor, o sea la unin afectiva con el bien conocido.

Los actos propios de la voluntad se dividen en actos elcitos y actos imperados. Los primeros son los propios de la voluntad, mientras que se llaman imperados aquellos actos por los que la voluntad manda y son ejecutados por otras potencias, como los movimientos deliberados del cuerpo, o cuando manda pensar al entendimiento.

Veremos ahora la secuencia de los actos de la voluntad, siguiendo con el mismo ejemplo utilizado para ilustrar los actos del entendimiento, por lo que intercalaremos nuevamente sus actos, lo que nos permitir apreciar en su conjunto al acto humano, y tambin observar la interaccin existente entre inteligencia y voluntad. Por supuesto, en la prctica, esta secuencia de actos se produce como un todo, sin poder aislarse con claridad cada uno de ellos:

Entendimiento: simple aprehensin.
-Podra comer algo.
Voluntad: simple querer: es una mera complacencia del fin revelado por la simple aprehensin.
-Me gustara comer.
Entendimiento: Juicio de posibilidad y conveniencia.
-Puedo comer porque ya es hora, pero tendra que ser una comida liviana para que no me caiga mal.
Voluntad: Intencin del fin: es la decisin de obtener el fin propuesto como conveniente por el
Entendimiento a travs del juicio de posibilidad y conveniencia.
-Quiero ir a comer ahora.
Entendimiento: Deliberacin o consejo.
-Podra ir al restaurante que est enfrente, que tiene una cocina muy
elaborada, o al que est a cinco cuadras, pero hace comida casera.
Voluntad: Consentimiento a lo propuesto por el consejo del entendimiento.
-Me parecen los dos restaurantes buenos.
Entendimiento: Ultimo juicio prctico.
-Es mejor ir al restaurante que hace comida casera, aunque se encuentre ms lejos, porque me va a caer mejor, y despus tengo que seguir trabajando.
Voluntad: Eleccin libre, que es la decisin final de hacerlo.
-Voy al restaurante que hace comida casera.

Despus de la eleccin viene la organizacin y coordinacin de otras potencias operativas a partir de una orden o imperio de la voluntad, por la que mueve a las potencias necesarias, producindose la tercera y ltima fase del acto racional, que es la accin. En este ejemplo, la voluntad ordenar al cuerpo levantarse y caminar para ir hasta el restaurante elegido. Quedar un ltimo acto propio de la voluntad:

Voluntad: Gozo o fruicin, ya que, conseguido el fin apetecido, y posedo el mismo, aparece la felicidad o gozo y el reposo.
-Qu bien me siento por haber comido esta comida sabrosa pero sana!

Cuando la voluntad consigue el bien buscado se produce la alegra y la felicidad, que es el sentimiento de satisfaccin que colma el deseo de la voluntad al buscar ese bien. En todos los seres humanos existe un deseo natural, innato, de felicidad, que solo puede ser satisfecho totalmente por la posesin del bien supremo que es Dios, lo que se realiza en forma imperfecta aqu en la tierra por la denominada unin con Dios, y que llegar a su perfeccin por la visin beatfica en el cielo.
Es por esto que el hombre nunca quedar satisfecho con los bienes materiales porque son participados por otros, y, o los tenemos que compartir, o nos son quitados de alguna manera. El nico bien que puede producir la felicidad total y completa del hombre es Dios mismo.

Para terminar con el estudio de la voluntad diremos que as como el apetito sensitivo produce movimientos que llamamos pasiones, que impulsan a los actos animales, el apetito racional o voluntad tambin tiene movimientos, que denominaremos sentimientos o afectos, que se diferencian de los movimientos del apetito sensitivo (pasiones) porque se basan en el conocimiento intelectual, y adems no son tan fuertes e impetuosos como stas.
Hay que tener presente tambin en este caso que los trminos "sentimiento" o "afecto" son utilizados segn significados muy diversos a los aqu empleados, por lo que hay que evitar confusiones.

Los sentimientos se pueden clasificar segn sean ms o menos elevados los objetos que los generan; tenemos as, en primer lugar, los sentimientos racionales, que provienen del razonamiento fundado en los datos de los sentidos y que surgen a partir del deseo del bien honesto o bien racional. Los otros sentimientos ya se derivan de la gracia actuando en el hombre, y se llaman sentimientos cristianos, cuando se derivan de la operacin de la gracia al modo humano, y sentimientos divinos, cuando aparecen por la gracia obrando al modo divino.

En base a estos sentimientos o afectos, que son muy numerosos y diversos, aunque coinciden varios de ellos en su nombre con las pasiones, se generarn las acciones racionales.

Queda un elemento muy importante para considerar: las potencias del alma (inteligencia y voluntad), a medida que repiten sus actos, desarrollan para operar ciertas cualidades estables llamadas hbitos, que las disponen para obrar con ms facilidad y prontitud. Si son hbitos buenos, se denominan virtudes naturales, y si son malos, se llaman vicios.

Las virtudes naturales o adquiridas pueden ser de dos clases: las virtudes intelectuales, que perfeccionan el entendimiento para realizar mejor sus propias operaciones (la estudiosidad, la sabidura, la ciencia, la gua de operaciones externas o "arte", que comprende la arquitectura y la ingeniera, la escultura, la literatura, la msica y la pintura).
No tienen relacin estas virtudes con la honestidad de las costumbres y actos humanos, ya que se puede ser un "virtuoso" extraordinario del piano, y tener una vida perversa y totalmente alejada de la moral.

Las virtudes morales naturales s se relacionan con las buenas costumbres. Son muy numerosas, pero se pueden reducir a cuatro, denominadas cardinales (de "cardinis", que es el quicio o gozne sobre el que giran las puertas), ya que sobre ellas gira toda la moral humana:

* La prudencia perfecciona el entendimiento, ayudando a buscar los medios ms a propsito para conseguir un fin natural, como la prudencia del industrial, del comerciante, del artista, que buscan ganar dinero o fama.
* La justicia perfecciona la voluntad para dar a cada uno lo que le corresponde segn las leyes humanas.
* La fortaleza acta desde la voluntad reforzando el apetito irascible, para tolerar lo desagradable y acometer lo que es dificultoso lograr.
* La templanza acta tambin desde la voluntad sobre el apetito concupiscible, moderando la tendencia de las pasiones hacia los placeres de la carne.

Este es el mecanismo de los actos racionales del hombre. Vemos que en sus actos el hombre a nivel racional est sometido a dos fuerzas o principios de accin que tiran en direcciones diferentes: las producidas por el apetito sensitivo, las pasiones, y las producidas por el apetito racional o voluntad, los sentimientos.

Muchas veces el apetito sensual perturba o se opone, de alguna manera, al apetito racional, lo que genera una lucha constante en todo hombre, donde su inteligencia y voluntad tratan de encauzar y educar a las pasiones que se generan en ellos, buscando apartarlas del mal y ponerlas al servicio del bien honesto, lo que implica evitar que stas se desordenen.

Veamos un ejemplo: una persona decide que quiere estudiar y ser mdico, porque desea afirmar su porvenir con esa profesin, y, a su vez, cree que podr ayudar a las personas; ste es un bien honesto que su inteligencia le propone a la voluntad, que va a tender a l.
Pero eso implicar estudiar muchas horas, y sacrificar otras cosas, agradables a los sentidos, como diversiones, descanso, etc., por lo que se establecer una lucha constante para evitar que el apetito sensual desve a la voluntad del objetivo fijado del estudio.

Encontramos entonces que el hombre natural se encuentra como sometido a la lucha entre dos fuerzas: la fuerza de la razn, que a veces se manifiesta dbil e impotente para encauzar y ordenar la fuerza de sus instintos y pasiones. San Pablo manifiesta esta lucha con claridad:
"Pues la carne tiene apetencias contrarias al espritu, y el espritu contrarias a la carne, como que son entre s antagnicos, de forma que no hacis lo que quisieris." (167).

En el vocabulario paulino, "carne" implica precisamente lo que se deriva del apetito sensitivo. En la epstola a los Romanos tambin explica dramticamente la consecuencia de esta lucha interior: "Pues bien se yo que nada bueno habita en m, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero." (168)

Pero, adems, existen impedimentos internos y externos en el proceso de los actos humanos, que lo desvan del recto camino en busca de la verdad que lo llevar a conseguir su fin ltimo:

a) Impedimentos internos: se originan en el dao sufrido por las facultades del hombre a causa del pecado original.
La inteligencia perdi la ciencia infusa que posea en el Paraso, en el estado de justicia original, con lo cual, si bien mantiene la capacidad de conocer la verdad, se encuentra muy propensa al error.
La voluntad se encuentra afectada por la concupiscencia, que es una inclinacin interior del hombre al mal, al pecado, tal como la define el Catecismo:
"Aunque propio de cada uno, el pecado original no tiene, en ningn descendiente de Adn, un carcter de falta personal. Es la privacin de la santidad y de la justicia originales; pero la naturaleza humana no est totalmente corrompida: est herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinacin al mal es llamada "concupiscencia").
En sentido etimolgico "concupiscencia" puede designar toda forma vehemente de deseo humano. La teologa cristiana le ha dado el sentido particular de un movimiento del apetito sensible que contrara la obra de la razn humana. El apstol San Pablo la identifica con la lucha que la "carne" sostiene contra el "espritu". Procede de la desobediencia del primer pecado. Desordena las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en s misma, lo inclina a cometer pecados." (169)

San Juan habla de la triple concupiscencia, que est en el mundo, en el hombre racional alejado de Dios, y que no viene del Creador:
"No amis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no est en l. Puesto todo lo que hay en el mundo -la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida- no viene del Padre sino del mundo." (170)

Estas tres concupiscencias proceden de una misma causa, que es el egosmo o amor desordenado de s mismo que tiene el hombre. Cuando amamos desordenadamente nuestro propio yo, tambin surgir el apetito desordenado de los bienes terrenales, que es de donde proviene el pecado. Por eso la triple concupiscencia es como la raz de los llamados pecados capitales, que son las fuentes de donde se originan todos los dems pecados. En realidad los pecados capitales, mas bien que pecados, son malas inclinaciones o hbitos viciosos (vicios), que pueden arrastrar fcilmente al pecado.

Estos pecados capitales son siete:
De la concupiscencia de la carne, que es el apetito desordenado del placer sensible o sensual, se derivan: la gula, apetito desordenado de comer y beber; la lujuria, apetito desordenado del placer sexual, y la pereza o acidia, que es la huida del trabajo y de las cosas espirituales por el esfuerzo que suponen.
De la concupiscencia de los ojos, que es el amor desordenado hacia los bienes materiales y las riquezas, se desprende la avaricia, como deseo vehemente de poseer riquezas y bienes sin lmite.
De la soberbia de la vida nacen la vanagloria o soberbia propiamente dicha, que es un desorden en la inclinacin a estimar lo que hay de bueno en el hombre, atribuyndolo al propio esfuerzo y no tomndolo como un don de Dios, como ya habamos visto anteriormente cuando hablamos del pecado original; la envidia, que es una profunda tristeza que se experimenta frente a los bienes que otros tienen y que no se poseen, y que duele como si fuera algo que disminuyera la propia superioridad, y, por ltimo, la ira, como ardiente deseo de castigar a quien se considera que nos ha agredido o lastimado de alguna manera. La ira como pasin puede ser legtima, como respuesta a una agresin, pero cuando como sentimiento va generando odio, rencor y deseo de venganza, muchas veces desproporcionado a la ofensa recibida, se puede convertir en pecado grave, por sus consecuencia funestas.
Podemos resumir diciendo que la triple concupiscencia es una tendencia que afecta gravemente a la voluntad humana, inclinndola hacia los pecados capitales.

b) Impedimentos externos: son dos, el mundo y el demonio. Llamamos mundo al ambiente anticristiano que se respira entre la gente que vive totalmente olvidada de Dios y entregados por completo a las cosas de la tierra. Su influencia, en especial sobre el entendimiento, se manifiesta por las falsas ideas y mximas, en oposicin a las del Evangelio, en las burlas y persecuciones contra la vida de piedad y la familia cristiana, en los placeres y diversiones que ofrece cada vez ms abundantemente y en los escndalos y malos ejemplos.

El demonio acta a travs de la tentacin, la obsesin y, muy raramente, por la posesin diablica. Nunca puede actuar directamente ni sobre la inteligencia ni la voluntad, donde slo Dios puede entrar con sus mociones, pero lo hace en forma indirecta, actuando sobre los sentidos y muy fuertemente sobre la imaginacin, de manera de inducir al error en los juicios y de exacerbar las pasiones, avivando la accin de la triple concupiscencia, ya que como ensea el mismo Jess, Satans hace de la mentira su arma favorita: "El diablo era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en l; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira." (171)

Estamos ahora en condiciones de vislumbrar lo que podramos llamar el "mecanismo" del pecado, o psicologa del pecado. Lo que hace posible la aparicin del pecado es la debilidad de la razn humana (inteligencia y voluntad), enferma y disminuida por el pecado original. El fundamento de todo pecado estriba en que se produce un gran error en el entendimiento, por el que el hombre puede confundirse y tomar como bien real algo que solamente lo era en apariencia.

Tenemos que tener en cuenta que el objeto propio de la voluntad es el bien, al que busca por amor. No es posible desde el punto de vista psicolgico normal que la voluntad se lance hacia la posesin de algo si el entendimiento no se lo presenta como un bien.
Por lo tanto, cualquier cosa que el entendimiento presente a la voluntad como un mal, va a ser inmediatamente rechazado por ella, y de all resulta que la voluntad nunca puede desear el mal en s mismo, ya que es todo lo contrario del objeto propio de esta facultad, que es el bien.

Ya vimos que la inteligencia, debilitada por el pecado original, puede ser confundida, en primer lugar por las pasiones. Todos sabemos por la propia experiencia que cuando estamos sometidos a una pasin fuerte (ira, miedo, amor sensual, etc.), actuamos prescindiendo en gran parte del razonamiento, haciendo cosas que de otro modo no haramos.

Tambin la influencia de los criterios del mundo o la accin sutil del demonio, ser espiritual con capacidades superiores a las naturales del hombre, hacen errar a la inteligencia, que presentar a la voluntad algo que aparentemente es un bien, pero que de ser aceptado llevar al pecado. Fijmonos que an en un acto como el suicidio, que atenta contra el mximo bien material que posee el hombre, que es su vida, el entendimiento enfermo y equivocado presenta a la voluntad que morir es mejor, por ejemplo, que vivir siendo despreciado, o siendo un fracasado, o sufriendo, o teniendo que enfrentarse a la justicia, como posibles causas que empujan al suicida.

Debido a esta psicologa del pecado, basada en que el entendimiento cae en error respecto a la conveniencia de un bien aparente, se entiende que los bienaventurados que estn en el cielo sean impecables (no pueden pecar), porque al contemplar cara a cara a Dios, Verdad infinita, su entendimiento slo puede estar en la verdad y no hay posibilidades que caiga en un error que posibilite el pecado.

Esta es la situacin en que se encuentra el hombre racional, con sus solas fuerzas naturales. Como se observa fcilmente, le es en la prctica imposible al hombre con sus solas capacidades naturales, y sometido a sus enemigos espirituales, avanzar hacia su fin ltimo, ya que es constantemente alejado de Dios por su inclinacin al pecado. Es la situacin vivida a lo largo de toda la etapa de la historia del hombre conocida como el Antiguo Testamento.

Pero Dios no se olvida del hombre y de su clamor, eco del que ya vena desde el Antiguo Testamento:
"Tenme piedad, oh Dios, segn tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lvame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifcame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar est ante m."(172)
Tambin el grito sale del alma de San Pablo:
"Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios segn el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razn y me esclaviza a la ley del pecado que est en mis miembros. Pobre de m! Quin me librar de este cuerpo que me lleva a la muerte?"(173)

La Redencin de Jesucristo regalar al hombre su don ms precioso, la gracia santificante, dando origen al hombre nuevo u hombre espiritual, que podr enfrentar y vencer la situacin en que se encuentra, tal como lo veremos en el Captulo que sigue.

Referencias al Captulo 3:

(162): Santa Teresa de Jess, Las Moradas, Moradas primeras, Captulo primero.
(163): Hebreos 1,1-2
(164): Constitucin Pastoral Gaudium et Spes, N 22
(165): 1 Tesalonicenses 5,23
(166): Juan Pablo II, Encclica Veritatis Splendor, N 54, 57 y 58
(167): Glatas 5,17
(168): Romanos 7,18-19
(169): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 405 y 2515
(170): 1 Juan 2,15-16
(171): Juan 8,44
(172): Salmo 51 (50), 3-5
(173): Romanos 7,21-24

[ Arriba ]



[ Arriba ]
Contempladores
Copyright � 2008 - Contempladores - Todos los derechos reservados | Sitio Dise�ado por Sitetools