Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.

Capitulo 4: La Salvacin por Jesucristo.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La encarnacin:

Llega un tiempo determinado en la historia humana, decidido por Dios en su soberana, en que se producir el acontecimiento de mayor importancia en toda la historia de la salvacin de los hombres, previsto por Dios desde el mismo instante de la cada de las primeras criaturas humanas en el pecado original, y la consecuente prdida del estado de gracia llamado "justicia original".
En qu consiste este magno acontecimiento? Es el envo por parte del Padre, primera persona de la Trinidad, de su Hijo, segunda persona de la Trinidad, al mundo. Este envo se realiz en la prctica mediante una operacin misteriosa denominada encarnacin del Hijo de Dios, tambin llamado en la Biblia "el Verbo" o "la Palabra":
"En el principio exista la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros." (66)

El Hijo de Dios, "hacindose carne" por el poder del Espritu Santo, tercera Persona de la Trinidad, ser llamado "Jesucristo", y, para todo cristiano es esencial tener claro con certeza quin es este Jesucristo.

Deca el Papa Juan Pablo II:
"Reconocemos, pues, que ante Jesucristo no podemos contentarnos de una simpata simplemente humana, por legtima y preciosa que sea, ni es suficiente considerarlo slo como un personaje digno de inters histrico, teolgico, espiritual, social o como fuente de inspiracin artstica. En torno a Cristo vemos muchas veces pulular, incluso entre los cristianos, las sombras de la ignorancia, o las an ms penosas de los malentendidos, y a veces tambin de la infidelidad. Siempre est presente el riesgo de recurrir al 'Evangelio de Jess' sin conocer verdaderamente su grandeza y su radicalidad y sin vivir lo que se afirma con palabras. Cuntos hay que reducen al Evangelio a su medida y se hacen un Jess ms cmodo, negando su divinidad trascendente, o diluyendo su real, histrica humanidad, e incluso manipulando la integridad de su mensaje, especialmente si no se tiene en cuenta ni el sacrificio de la cruz, que domina su vida y su doctrina, ni la Iglesia que l instituy como su 'sacramento' en la historia." (67)

El Cristianismo, como tal, se refiere a una persona, Jesucristo, por lo tanto, en ltima instancia, vivir la vida cristiana plena significar conocer a Cristo, amar a Cristo e imitar a Cristo. Y todo empieza por conocerlo, primero desde nuestra inteligencia, y luego desde el "corazn", es decir, en forma experimental, como veremos ms adelante que se realiza en la oracin. Por eso vamos a avanzar en conocer la real dimensin de este Jesucristo.

Cuando se produce la encarnacin, el Hijo de Dios asume la naturaleza humana para llevar a cabo a travs de ella la salvacin de los hombres. Esta naturaleza humana se formar en el vientre de una joven y virgen juda de Nazaret, en Galilea, llamada Mara, quien estaba prometida a un hombre llamado Jos, descendiente de David.
Desde toda la eternidad Dios haba escogido a Mara para que fuera el instrumento admirable para el cumplimiento de este gran misterio, y ya desde el momento mismo de su concepcin ella haba sido plenamente santa, sin mancha de pecado alguno, llena totalmente de gracia, ya que por designio divino haba recibido la prerrogativa nica de ser preservada del pecado original, segn lo que confiesa la Iglesia Catlica en el dogma de la Inmaculada Concepcin.

Pero Dios no quiso avanzar en su proyecto sin primero anuncirselo a la Virgen Mara y obtener de ella su libre consentimiento. Esa fue la misin encomendada por el Padre al ngel Gabriel en la Anunciacin:
"Fue enviado por Dios el ngel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado Jos, de la casa de David; el nombre de la virgen era Mara. Y entrando, le dijo: <<Algrate, llena de gracia, el Seor est contigo.>> Ella se conturb por estas palabras, y discurra qu significara aquel saludo. El ngel le dijo: <<No temas, Mara, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrs por nombre Jess. l ser grande y ser llamado Hijo del Altsimo, y el Seor Dios le dar el trono de David, su padre; reinar sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr fin.>> Mara respondi al ngel: <<Cmo ser esto, puesto que no tengo relaciones con varn?>> El ngel le respondi: <<El Espritu Santo vendr sobre ti y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra; por eso el que ha de nacer ser santo y ser llamado Hijo de Dios.>> Dijo Mara: <<He aqu la esclava del Seor; hgase en m segn tu palabra.>> Y el ngel, dejndola, se fue." (68)

Dando asentimiento a lo que Dios le peda por intermedio del ngel Gabriel, Mara pas a ser parte del plan de salvacin de Dios como instrumento privilegiado, y, como dice san Ireneo, "por su obediencia fue causa de salvacin propia y la de todo el gnero humano." (69)

Dice Juan Pablo II: "En la actuacin del plan de la salvacin hay siempre una participacin de la criatura. As en la concepcin de Jess por obra del Espritu Santo Mara participa de forma decisiva. Iluminada interiormente por el mensaje del ngel sobre su vocacin de Madre y sobre la conservacin de su virginidad, Mara expresa su voluntad y consentimiento y acepta hacerse el humilde instrumento de la 'virtud del Altsimo'.(70)

Mara concibi a Jess por el poder del Espritu Santo, sin intervencin humana, y por eso tambin se la llama "Esposa del Espritu Santo".
Ensea el Catecismo: "La virginidad de Mara tiene el sentido profundo de manifestar la iniciativa absoluta de Dios en la encarnacin. Jess no tiene como padre ms que a Dios." (71)

Quin es Jesucristo?

Leemos en el Catecismo: "El acontecimiento nico y totalmente singular de la encarnacin del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. l se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debi defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a verdades que la falseaban." (72)
Es importante para los cristianos tener claro qu significa que Jesucristo sea "verdadero Dios y verdadero hombre".

"Verdadero Dios" quiere decir que en la persona de Jesucristo existe verdaderamente la Segunda Persona de la Trinidad, el Hijo de Dios. Es el mismo Dios Padre que, segn relatan los Evangelios, testimonia ante la escucha de los hombres que Jess es su Hijo amado: "Y se oy una voz que vena de los cielos: <<T eres mi Hijo amado, en ti me complazco.>>(73)
Tambin Jess da innumerables veces testimonio sobre s mismo como Hijo del Padre:
"Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar." (74)

Cuando la naturaleza divina se une a la naturaleza humana en la encarnacin del Hijo de Dios en el seno virginal de Mara por el poder del Espritu Santo, se produce una unin entre ambas naturalezas conocida como "unin hiposttica", donde la naturaleza humana es asumida por la divina, pero no absorbida. As, en Jesucristo encontramos las dos naturalezas, unidas mas no confundidas, pero una sola persona, que es el Verbo, el Hijo de Dios. Vamos a tratar de aclarar un poco el concepto de persona. La persona no es el cuerpo, ni el alma, ni tampoco el cuerpo y el alma unidos. El cuerpo y el alma constituyen la naturaleza humana, y hacen a un hombre completo. Pero la persona es lo que constituye la totalidad del ser, lo que tiene autonoma e independencia; podemos decir entonces que todos los seres humanos poseen la misma naturaleza (naturaleza humana), compuesta de cuerpo y alma racional, pero cada uno es una persona distinta, nica e irrepetible.

En cambio, Dios posee la naturaleza divina, que slo comparten tres personas distintas, el Padre, el Hijo y el Espritu Santo, unidos indisolublemente en un solo Dios, en el misterio de la Trinidad. En la encarnacin, la persona concebida y nacida de la Virgen Mara es una Persona divina, el Hijo, segunda persona de la Trinidad. No hay persona humana en Jesucristo, sino la Persona divina del Verbo que ha asumido la naturaleza humana, en un hecho misterioso, nico e irrepetible. Es la persona divina que obra en la naturaleza humana y por medio de la naturaleza humana como si fuera un rgano suyo.

Es por esta razn que en varios Concilios (feso, Calcedonia, Segundo de Constantinopla, en los siglos V y VI) se proclam el dogma de la Maternidad divina de Mara, dndole desde entonces a la Virgen el ttulo de "Madre de Dios". En efecto, Mara es Madre de Dios, no porque el Verbo haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque recibi de ella su naturaleza humana, y la persona que naci de la Virgen en Beln fue el Hijo de Dios hecho hombre. Por lo tanto, distinguiendo entre persona y naturaleza racional, resulta as Mara verdadera y propiamente Madre de Dios.

Jesucristo es "verdadero hombre" porque su naturaleza humana posee un alma humana, como todo hombre, dotada de inteligencia y voluntad propias. Su inteligencia humana y el conocimiento derivado de ella fue creciendo como en todo nio, subordinado a las condiciones histricas y sociales que lo rodeaban y a la experiencia que iba teniendo, tal como lo ensean los Evangelios:
"Baj con ellos (los padres) y vino a Nazaret, y viva sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazn. Jess progresaba en sabidura, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres." (75)

Pero, por otra parte, el conocimiento verdaderamente humano de Jesucristo, por su unin con la naturaleza divina del Hijo de Dios, gozaba de ciencia infusa, es decir, de conocimiento no adquirido de manera humana, sino infundido por Dios, que le permita conocer "los designios eternos que haba venido a revelar". (76)
Muchos telogos explican que la inteligencia humana de Cristo conoca en la tierra todas las cosas del reino de Dios porque vea lo que enseaba en la luz de la visin beatfica, es decir, en la misma contemplacin de Dios que gozan los santos en el cielo.

De la misma manera, Jesucristo posee dos voluntades, la humana y la divina, aunque la voluntad humana se conforma con libre subordinacin, de manera perfecta, a la voluntad de su naturaleza divina. El mismo Jess distingue muy claramente, segn testimonio de la Escritura, entre su voluntad humana y su voluntad divina, que posee en comn con Dios Padre; y subordina siempre su voluntad humana a la divina:
"Y se apart de ellos como un tiro de piedra y puesto de rodillas oraba diciendo: <<Padre, si quieres aparta de m esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.>>" (77)

La unin de las dos naturalezas en Jesucristo es, sin duda, un misterio muy grande, muy difcil de abarcar con nuestra inteligencia humana, pero no es algo absurdo ni ininteligible.

Podemos resumir as este punto: la persona divina, Hijo de Dios, que posee una naturaleza divina, unida a la naturaleza humana obra a travs de ella humanamente, con las limitaciones que le imponen la inteligencia y la voluntad humanas, aunque las mismas son informadas e influenciadas profundamente por la accin de la naturaleza divina a la que estn unidas; se puede decir que las facultades humanas de Jesucristo estn "divinizadas" por la unin con el Verbo.

Ya veremos ms adelante que, en una escala por supuesto muy distinta a Jesucristo, tambin en los hombres que se abren profundamente a la gracia redentora y santificadora que nos ha merecido el Seor, se produce una cierta "divinizacin" en sus facultades y actos humanos; aparecen entonces los que conocemos como "los santos", que pueden decir de ellos lo mismo que deca San Pablo: "Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m." (78)

El santo es quien ha muerto casi completamente a su vida de hombre racional, viviendo y siendo movido por la accin sobrenatural de la gracia. Sus acciones dejan de ser humanas, para estar divinizadas por la accin del Espritu Santo, y slo obra por impulso de las mociones de Dios, conociendo y siguiendo perfectamente su voluntad.
No nos vamos a adelantar mucho con este tema, porque ya llegaremos al momento de verlo a fondo, pero esta transformacin prodigiosa de la mente y voluntad humanas, esta "divinizacin" del hombre, nos permitir captar mejor el portentoso hecho de la encarnacin del Hijo de Dios, que es la puerta que Dios abre al hombre, para que ste, perdido y alejado del Padre por el pecado y sus consecuencias, pueda unirse nuevamente a Dios lo ms que le sea posible, porque Dios se comunica de all en ms al hombre de una nueva y sobrenatural manera.

Frente a estas verdades que ha sostenido siempre la Iglesia a lo largo del tiempo, surgieron diversas herejas respecto a la persona de Jesucristo: el docetismo y los gnsticos (siglo II) negaban la realidad del cuerpo humano de Jesucristo, diciendo que era slo un cuerpo aparente; el arrianismo (siglo IV) ense que el Verbo se uni a un cuerpo sin alma alguna; la hereja nestoriana (siglo V) deca que en Jesucristo haba dos personas, una humana y otra divina. En contra de esta hereja se pronunci el Concilio de feso en el ao 431, proclamando a la Virgen Mara "Madre de Dios".

Tambin hay muchas herejas que niegan la divinidad de Jesucristo; en la antigedad cristiana negaron la verdadera divinidad de Cristo los ebionitas, Cerinto y los arrianos; En los tiempos modernos la niega especialmente la teologa liberal, que si bien mantiene para Cristo los ttulos de "Hijo de Dios" o "Dios", sostiene que Cristo es hijo de Dios solamente en sentido tico, ya que en l se desarroll la conciencia de que Dios es nuestro Padre, y as supo comunicarlo a los hombres.
Asimismo siguiendo la enseanza de la teologa liberal, el modernismo abandon tambin la fe en la divinidad de Jesucristo, distinguiendo al Jess histrico, considerado puro hombre, con el "Jess de la fe", creado por una idealizacin de la piedad cristiana y elevado al nivel de divinidad por influencia de ideas paganas.

Cuando la Iglesia afirma que Jesucristo es inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre, nos presenta una realidad que abarca todos los aspectos de la vida del ser humano: Cristo sufri verdaderamente en su cuerpo (padecimiento corporal) y en su alma (padecimiento moral), vivi afectos sensitivos profundos (se entristeci, se angusti, tuvo temor, se enoj, se alegr, se lleno de gozo, se conmovi, llor, se sinti abandonado por el Padre, tuvo piedad y misericordia por los pobres, los enfermos, los nios, los pecadores, etc.).
Y quien vivi todo esto fue la persona Hijo de Dios, por eso debemos aceptar algo inaudito para cualquier otra religin: en la cruz, el que padeci y muri es verdaderamente Dios.

La misin de Jesucristo.

Visto con certeza quien es Jesucristo, vamos a ocuparnos ahora de la misin por la que el Hijo de Dios fue enviado al mundo. En una manera general, se puede definir la misin de Jess diciendo que vino para salvar a los hombres redimindolos del pecado.
Ya hemos visto que el pecado, en su esencia, es un apartamiento voluntario de Dios, ignorndolo o rechazndolo, viviendo y actuando como si Dios no existiera. Por lo tanto la redencin de Jesucristo busca que los hombres vuelvan a unirse con Dios, acercndose a l, lo que los liberar de estar sometidos al poder del pecado y de quien lo impulsa permanentemente, el diablo.

Es por eso que se llama conversin la accin del hombre que acepta la redencin que le regala Jesucristo, ya que implica un cambio total de rumbo, a semejanza de lo que hacen las formaciones de soldados cuando desfilando cambian completamente la direccin de marcha.

Es interesante ver como el nombre de Jesucristo, que significa "Jess el Cristo", ya revela claramente su misin:
El nombre "Jess" lo eligi Dios y se lo revel a los padres: a Mara se lo revela el ngel Gabriel en la Anunciacin: "Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrs por nombre Jess." (79) ; a Jos tambin se lo revela un ngel, en sueos: "El ngel del Seor se le apareci en sueos y le dijo: <<Jos, hijo de David, no temas tomar contigo a Mara tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espritu Santo. Dar a luz un hijo y t le pondrs por nombre Jess.>>" (80)

En su sentido etimolgico "Jess" significa "Yahveh libera", salva, ayuda. As fue que, a pesar que la tradicin implica que sean los padres los que eligen el nombre de los hijos, en este caso el nombre fue escogido por Dios antes de su nacimiento, para ya indicar su misin, la de ser el Salvador, el Libertador de los hombres.

La genealoga de Jess que presenta el evangelista mateo concluye as: "Y Jacob engendr a Jos, el esposo de Mara, de la que naci Jess, llamado Cristo." (81) El trmino "Cristo" es la expresin en griego de la palabra hebrea "Mesas", que significa "Ungido". Toda la tradicin proftica de Israel, como vimos en el captulo anterior, anunciaba el surgimiento de un "Mesas" enviado por Dios, quien habra de establecer una "nueva alianza" con el pueblo de Dios.

Este nombre asignado a Jess implica reconocer tcitamente que en su persona se dar cumplimiento a todas las profecas llamadas "mesinicas", es decir, que se refieren a la aparicin del "Mesas" como salvador y liberador de su pueblo.
La uncin con aceite era habitual en las tradiciones del pueblo de Israel, y se reservaba para aquellas personas que reciban de parte de Dios la dignidad como reyes, sacerdotes o profetas, y que reunan en ellos los ministerios necesarios para guiar al pueblo de Dios por parte de Yahveh.

Ser precisamente a partir de este triple ministerio de Jess, como Mesas o Ungido de Dios, que se llevar a cabo su obra redentora, como enseguida veremos.

El cumplimiento de la misin de Jesucristo.

Jess, luego de su nacimiento, creci como todo nio hebreo; son muy pocas las alusiones a este perodo de su vida, llamada su "vida oculta", en los Evangelios. Es Lucas que nos relata que cuando tena doce aos Jess, estando en Jerusaln para la fiesta de la Pascua, estuvo en el Templo, escuchando y preguntando a los maestros de la ley, que quedaron "estupefactos por su inteligencia y sus respuestas." (82)

Teniendo Jess ya ms de treinta aos se producir un hecho que marcar el inicio de su actividad pblica para cumplir con la misin de salvacin encomendada por Dios Padre: el bautismo en el ro Jordn, de parte de Juan el Bautista:

"Entonces aparece Jess, que viene de Galilea al Jordn donde Juan, para ser bautizado por l. Pero Juan trataba de impedrselo diciendo: <<Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, y t vienes a m?>> Jess le respondi: <<Djame ahora, pues conviene que as cumplamos toda justicia.>> Entonces le dej. Bautizado Jess, sali luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espritu de Dios que bajaba en forma de paloma y vena sobre l. Y una voz que sala de los cielos deca: <<Este es mi hijo amado, en quien me complazco.>>" (83)
La presencia del Espritu Santo en Jess desde su concepcin en el seno de la Virgen Mara es indudable, ya que estaba en estado de gracia plena. Pero este bautismo de Jess significa la uncin por el poder del Espritu Santo, que a travs de los tres ministerios que trae esta uncin, real, proftico y sacerdotal, empujar a Jess a iniciar su misin como Mesas: "Vosotros sabis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, despus que Juan predic el bautismo; cmo Dios a Jess de Nazaret le ungi con el Espritu Santo y con poder, y como l pas haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con l." (84)

Veremos a continuacin como obr Jess para la salvacin de los hombres segn la triple uncin recibida y el poder del Espritu Santo que obraba en l.

La uncin real de Jesucristo.

En el Antiguo Testamento eran los reyes los que eran ungidos con el ministerio real, por el cual ejercan las funciones de gobernar y de juzgar. La funcin de gobernar, en esa poca, tena una faceta muy importante, que era la de encabezar las tropas en el campo de batalla para luchar contra los enemigos. As lo vemos en la uncin del primer rey, Sal:
"Tom Samuel el cuerno de aceite y lo derram sobre la cabeza de Sal, y despus le bes diciendo: <<No es Yahveh quien te ha ungido como jefe de su pueblo Israel? T regirs al pueblo de Yahveh y le librars de la mano de los enemigos que le rodean.>>" (85)

La uncin real de Jess tiene un aspecto doble: liberar a su pueblo de la esclavitud del Diablo y del pecado, para entonces instaurar el Reino de Dios.
Qu es lo primero que hace Jess despus de su bautismo en el Jordn? Los tres Evangelios sinpticos (Mateo, Marcos y Lucas) nos dicen lo mismo: Jess se dirigi al desierto, donde entabl una dura lucha contra Satans que quiso tentarlo: "Jess, lleno del Espritu Santo, se volvi del Jordn, y era conducido por el Espritu en el desierto, tentado por el Diablo." (86)

Veamos un comentario autorizado sobre el significado de las tentaciones de Jess: (87)
"La lectura cristolgica del episodio de las tentaciones de Jess en el desierto consiste en descubrir qu tipo de Mesas quiso ser Jess y descubrirlo justamente a partir del contraste con las propuestas de Satans. Estas tienen como objeto un mesianismo atrayente y triunfalista, de impronta econmica (pan y saciedad), poltica (el poder de los reinos de la tierra) y espectacular (arrojarse desde el pinculo del templo), mientras que el Padre, con las palabras pronunciadas sobre Jess en el momento del Bautismo, le traz el camino opuesto de la humildad, el sufrimiento y el servicio.
La lectura cristolgica consiste tambin en preguntarse cmo pudo ser tentado Jess y si la suya fue verdaderamente tentacin. En este sentido, debe tenerse presente que hay dos clases de tentaciones: a) una tentacin subjetiva que parte del sujeto mismo que es tentado y presupone en l, de alguna manera, la existencia del pecado, aunque ms no sea del pecado original; b) una tentacin objetiva que parte del exterior, de Satans en persona, o de una situacin de hecho que se presenta al sujeto, capaz de hacer surgir en l la duda sobre Dios y, a travs de la duda, la desobediencia. La tentacin de Jess no fue subjetiva (en l, inocentsimo, no haba nada que pudiera fomentar la tentacin); fue, por el contrario, una tentacin objetiva y por lo tanto una situacin de hecho (el contraste entre el amor declarado del Padre y su situacin de hambre e impotencia) que Satans trat de utilizar para menoscabar la confianza de Jess en el Padre. La tentacin de Jess no proviene de su interior, sino de afuera.
Para explicar la existencia de semejante tentacin en Jess y tomarla por cierta, y no considerarla ficticia o pedaggica (o sea, para ensearnos como se hace), basta recordar su encarnacin real, su ser hombre, dotado de libertad humana adems de divina, su poder ser obediente, que supone por lo menos la posibilidad de la tentacin -se entiende, objetiva- de no obedecer. De esta manera la lectura cristolgica de las tentaciones nos revela quin es Jesucristo, como est hecha, en lo profundo, su persona divino-humana.
De modo que Jess fue verdaderamente tentado y venci la tentacin; justamente en esto se convirti en modelo para nosotros, en el hecho de haber vencido una tentacin "verdadera", como son verdaderas nuestras tentaciones, an cuando la suya fue sin culpa, mientras que las nuestras en cambio muchas veces no lo son." (88)

El triunfo de Jess frente a la tentacin de Satans, diciendo firmemente "No!" a las tres propuestas del Diablo, destruy totalmente el arma principal de Satans, que es el fomentar la rebelin contra Dios. Enfrentada la tentacin con el poder del Espritu Santo, sta es vencida; le quedar a Satans, por el momento, solamente su poder sobre la muerte, pero ste lo perder tambin en la lucha contra Jess durante la Pasin, derivada de su uncin sacerdotal, que ya veremos.

El otro aspecto de la uncin real de Cristo es su carcter de "Mesas Rey". Ya en la Anunciacin, el ngel Gabriel le habla a la Virgen Mara sobre la realeza del hijo que concebir: "El Seor Dios le dar el trono de David, su padre; reinar sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr fin" (89)
Aqu la expresin "padre" que se le da a David en relacin a Jess significa que ste es del linaje de David, su descendiente, lo que se cumple porque su padre poltico, Jos, pertenece a la casa de David. Se ve aqu el cumplimiento de la antigua promesa hecha al rey David: "Y cuando tus das se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmar despus de ti la descendencia que saldr de tus entraas, y consolidar el trono de su realeza." (90)

Por lo tanto la tradicin bblica del "rey mesinico" tendr cumplimiento en la uncin real de Jess, aunque este "Reino de Dios", del cual Cristo ser Rey, no tendr las connotaciones que sostenan las ideas de los judos en la poca de Jess: no ser una institucin poltica o jurdica, sino la Potestad de Dios sobre los hombres, su Voluntad omnipotente aceptada libremente y por amor por todos los hombres.
Ser precisamente el concepto y el contenido de este "Reino de Dios", y su realizacin histrica, lo que revelar Jess a travs del ejercicio de su uncin proftica.

La uncin proftica de Jesucristo.

Inmediatamente despus de haber vencido las tentaciones de Satans en el desierto con su uncin real, Jess comienza su ministerio proftico pblico:
"Jess volvi a Galilea por la fuerza del Espritu, y su fama se extendi por la regin. l iba enseando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se haba criado y, segn su costumbre, entr en la sinagoga el da de sbado, y se levant para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaas y desenrollando el volumen, hall el pasaje donde estaba escrito: 'El Espritu del Seor est sobre m porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberacin a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un ao de gracia del Seor.'
Enrollando el volumen lo devolvi al ministro, y se sent. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en l. Comenz, pues, a decirles: <<Esta escritura que acabis de or, se ha cumplido hoy.>> Y todos daban testimonio de l y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salan de su boca." (91)
Jess dice claramente que en l se cumplirn las palabras profticas de Isaas, que l es quien anunciar la Buena Nueva, que es el significado de "Evangelio".

Cul es esta "Buena Nueva que Jess anunciar? El evangelista Marcos resume su significado:
"March Jess a Galilea, y proclamaba la Buena Nueva de Dios: <<El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est cerca; convertos y creed en la Buena Nueva.>>" (92)

Veamos los elementos que encierra esta proclamacin de Jess; son dos principales: primero, el reino de Dios est cerca y despus, convertos y creed.
En primer lugar el Seor anuncia que "el Reino de Dios est cerca". Pero otras veces hablar de un reino que ya ha llegado: "Habindole preguntado los Fariseos cuando llegara el Reino de Dios, les respondi: <<El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirn: 'Vedlo aqu o all', porque el Reino de Dios ya est entre vosotros.>>" (93)

Lo que Jess quiere transmitir es que el Reino de Dios, en cuanto al poder operante del Espritu Santo entre los hombres ya ha llegado, porque l mismo lo trae, pero que la consumacin o perfeccin de ese Reino es algo futuro, algo que se producir en un tiempo desconocido. Por eso Jess ensea a sus discpulos a pedir al Padre la venida de ese Reino, en la oracin del Padrenuestro: "Venga a nosotros tu reino" (94)

Aqu Jess, con su enseanza y predicacin a partir de su uncin proftica, revelar un misterio que estaba oculto entre las profecas del Antiguo Testamento y que ahora se har claro: habr dos venidas distintas del Mesas o Salvador. La primera, ya ha ocurrido con la encarnacin del Verbo, y es una venida en humildad y pobreza, y es la que da comienzo al Reino de Dios entre los hombres, que crecer lentamente, tal como lo ensea el Seor a travs de muchas de sus parbolas:
"Otra parbola les propuso:<<El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tom un hombre y lo sembr en su campo. Es ciertamente ms pequea que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace rbol, hasta el punto que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.>>(95)

La segunda venida de Jess al mundo, habiendo regresado ya a la presencia del Padre despus de su pasin, muerte y resurreccin, ser para instaurar en forma completa y definitiva ese Reino de Dios, con una recreacin total del mundo, y ser una venida en gloria y majestad, como Rey de todo lo creado.
Tambin Jess revelar la dimensin de eternidad del Reino, y la resurreccin final de los cuerpos de los salvados para participar de la vida en ese Reino sin fin. Se abrirn as nuevas dimensiones en el concepto de Reino de Dios mesinico que tenan los judos, como la dimensin de eternidad y la dimensin celestial, y no slo terrenal que hasta entonces imperaba.

La segunda parte en el anuncio de la "Buena Nueva" por parte de Jess dice: "Convertos y creed". Cul es la gran novedad que trae este anuncio respecto al Antiguo Testamento? Antes de Jess la conversin significaba volver a cumplir con los trminos de la alianza con Dios que se hubieran violado, a partir de una renovada observancia de la Ley:
"Volveos a m y yo me volver a vosotros, dice Yahveh. No seis como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas gritaban as: Volveos de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras!" (96)

La conversin se lograba cambiando la conducta de vida, y esa conversin era condicin para la salvacin; as, la salvacin se obtena por las obras mediante el propio esfuerzo.
Jess da vuelta por completo las cosas con su revelacin: convertirse significa ahora creer en la Buena Nueva que el Reino de Dios est presente entre los hombres, es decir, aceptar por la fe el don de Dios de la Salvacin, que se ofrece en forma gratuita, tomando ese Reino que ha llegado, con todo lo que contiene, hacindolo propio, y entonces se obtendr la salvacin.

La salvacin ya no es producto del esfuerzo del hombre para cumplir con los mandamientos de Dios, sino que es don de Dios, que regala a travs de la accin del Espritu Santo todo lo necesario para aceptarla y recibirla. Todo esto lo veremos en detalle en las partes siguientes de este libro, pero por ahora, para captar el cambio radical en la salvacin de los hombres que trae la encarnacin del Hijo de Dios, quedmonos con esta idea expresada as claramente:
"<<Convertos y creed>> no significa dos cosas diversas y sucesivas, sino la misma accin: convertos, o sea, creed; convertos creyendo! Conversin y salvacin se han cambiado de lugar: ya no primero la conversin y luego la salvacin (<<convertos y os salvaris; convertos y la salvacin vendr a vosotros>>), sino primero la salvacin y luego la conversin (<<convertos, porque estis salvados; porque la salvacin ha venido a vosotros>>). El orden antiguo era: pecado-conversin-salvacin; el orden nuevo es: pecado-salvacin-conversin. Primero est la obra de Dios y luego la respuesta del hombre, no viceversa. Ha sido Dios quien ha tomado la iniciativa de la salvacin: ha hecho llegar su reino; el hombre slo debe acoger, en la fe, la oferta de Dios, y vivir luego sus exigencias." (97)

Con la encarnacin, vida, pasin, muerte y resurreccin de Cristo, y por sus mritos, la Salvacin de Dios es don para los hombres, y fue ganada por Jesucristo por el ministerio al que lo llev su uncin sacerdotal.

La uncin sacerdotal de Jesucristo: su oracin.

El tercer aspecto de la uncin de Jesucristo corresponde al ministerio sacerdotal. En qu consiste el ministerio sacerdotal lo tenemos explicado en el Nuevo Testamento:
"Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y est puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Cristo, habiendo ofrecido en los das de su vida mortal ruegos y splicas con poderoso clamor y lgrimas al que poda salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y an siendo Hijo, con lo que padeci experiment la obediencia." (98)

El sacerdote es el que tiene como ministerio ofrecer oraciones y sacrificios a Dios, es decir, obrando como mediador entre Dios y los hombres.
El Concilio de feso (431) ensea que "el Verbo de Dios se hizo l mismo nuestro Pontfice cuando tom carne y qued hecho hombre como nosotros". Por lo tanto, Jess es sacerdote a travs de su naturaleza humana.

Ejerci Jess, en primer lugar, su sacerdocio a partir de su oracin. Lo que se destaca en la vida pblica de Jess es su predicacin del Reino, las seales y milagros que obra, la capacidad de expulsar demonios y las controversias con los escribas y fariseos. Pero, como escondido entre estos acontecimientos llamativos, encontramos a un Jess, que en su intimidad casi lo nico que muestra es que ora, en toda ocasin, y a veces por largo tiempo, como una noche entera.

Es en estos momentos de oracin que se expresa con toda su intensidad la ntima unin del Hijo con el Padre, a quien se dirige con la plenitud de su existencia humana. Para Jess la oracin era como respirar, era su vida misma, y siempre acompaaba los acontecimientos importantes de su vida, las decisiones cruciales que deba tomar. Veamos como nos presentan la oracin de Jess algunos pasajes de los Evangelios:

Jess or cuando fue bautizado en el Jordn: "Sucedi que cuando todo el pueblo estaba bautizndose, bautizado tambin Jess y puesto en oracin, se abri el cielo y baj sobre l el Espritu Santo en forma corporal, como una paloma." (99)
Jess oraba antes de ir a predicar: "De madrugada, cuando todava estaba muy oscuro, se levant, sali y fue a un lugar solitario y all se puso a hacer oracin. Simn y sus compaeros fueron en su busca; al encontrarle le dicen: >>Todos te buscan.>> l les dice: <<Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que tambin all predique.>>" (100)
Oraba despus que sanaba: "Su fama se extenda cada vez ms y una numerosa multitud aflua para orle y ser curados de sus enfermedades. Pero l se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba." (101)
Dejaba a los discpulos y se iba a orar: "Inmediatamente oblig a los discpulos a subir a la barca y a ir por delante de l a la otra orilla, mientras l despeda a la gente. Despus de despedir a la gente, subi al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo all." (102)
Oraba cuando se transfigur y mostr su gloria: "Sucedi que unos ocho das despus de estas palabras, tom consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subi al monte a orar. Y sucedi que mientras oraba, el aspecto de su rostro se mud, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante." (103)
Or toda la noche para elegir sus doce apstoles: "Sucedi que por aquellos das se fue l al monte a orar, y se pas la noche en la oracin de Dios. Cuando se hizo de da, llam a sus discpulos y eligi doce de entre ellos, a los que llam tambin apstoles." (104)

El Evangelio de San Juan nos presenta muchas de las peticiones que Jess haca al Padre en sus oraciones, por las que interceda especialmente por sus discpulos: "Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo como yo no soy del mundo. Santifcalos en la verdad: tu Palabra es verdad." (105)

Jess es el Sumo Sacerdote que intercede ante el Padre por los hombres, en la unidad total que forma con l. La caracterstica ms clara de la oracin de Jess es la profunda familiaridad e intimidad con que se diriga al Padre, lo que se trasluca en el vocablo que empleaba: "Abb!", que significa padre, pap, papito, en una expresin usada familiarmente por los nios pequeos. Jams esta palabra haba sido empleada en las oraciones de los judos, y encierra una maravillosa novedad en la oracin de Jess, que se deriva del hecho capital de que es el mismo Hijo de Dios quien ora.

Tambin en la oracin de Jess se percibe como una continua accin de gracias, porque en el centro mismo de todo lo que Jess hace y dice, se encuentra la profunda conciencia del don, de que todo viene de Dios Padre, y la nica respuesta que puede recibir el don es la gratitud, la accin de gracias. Veamos algunos ejemplos:
Jess da gracias en el milagro de la multiplicacin de los panes y los peces: "Tom entonces Jess los panes y, despus de dar gracias, los reparti entre los que estaban recostados, y lo mismo los peces, todo lo que quisieron." (106)

Asimismo Jess ora dando gracias en el milagro de la resurreccin de Lzaro: "Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jess levant los ojos a lo alto y dijo: <<Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya saba yo que t siempre me escuchas; pero lo he dicho por stos que me rodean, para que crean que t me has enviado.>> Dicho esto, grit con fuerte voz: <<Lzaro, sal fuera!>> Y sali el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jess les dice: <<Desatadlo y dejadle andar.>>" (107)
Especialmente Jess da gracias al instituir la Eucarista en la ltima Cena: "Tom luego pan, y, dadas las gracias, lo parti y se lo dio diciendo: <<Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mo.>> De igual modo, despus de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: <<Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.>>" (108)
"Eucarista" es la expresin en griego de "dar gracias", por lo que la celebracin del sacramento de la Eucarista o Misa, como sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es la mxima expresin de accin de gracias a Dios.

Dice Juan Pablo II: "El canto de accin de gracias de la Iglesia que acompaa la celebracin de la Eucarista, nace de lo ntimo de su corazn, y del Corazn mismo del Hijo, que viva en accin de gracias. Por eso podemos decir que su oracin, y toda su existencia terrena, se convirti en revelacin de esta verdad fundamental, enunciada por la Carta de Santiago: 'toda ddiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces? (Sant. 1,17). Viviendo en accin de gracias, Cristo, el Hijo del hombre, el nuevo Adn, derrotaba en su raz misma el pecado que bajo el inflijo del 'padre de la mentira' haba sido concebido en el espritu del 'primer Adn'. La accin de gracias restituye al hombre la conciencia del don entregado por Dios 'desde el principio', y al mismo tiempo expresa la disponibilidad a intercambiar el don: darse a Dios con todo el corazn, y darle todo lo dems. Es como una restitucin, porque todo tiene en l su principio y su fuente." (109)

Sentimiento profundo de amor filial y autntica accin de gracias a Dios por recibir todo de l, fueron los elementos esenciales de la oracin de Jess, que, por la accin del Espritu Santo, como ya veremos, se reproducen en la oracin de cada uno de los creyentes.

La uncin sacerdotal de Jesucristo: su pasin y muerte de cruz.

El segundo aspecto del ministerio sacerdotal de Jess es el sacrificio por los pecados de los hombres. Jesucristo no slo se limit a dar a conocer nuevas ideas sobre Dios y sus mandamientos, sino que construy el puente que volvera a cubrir el abismo abierto entre Dios y los hombres por el pecado, a partir de su sacrificio.

Ya vimos que el oficio propio del sacerdote es el de ser mediador entre Dios y los hombres, lo que significa ofrecer a Dios las oraciones y el sacrificio, y dar al pueblo lo que se recibe de Dios. Por lo tanto, en la mediacin sacerdotal encontramos un movimiento ascendente hacia Dios, y otro descendiente,oferente desde Dios a los hombres.
En el sacrificio se realiza en forme perfecta esta doble mediacin: hay un oferente (el sacerdote), una ofrenda visible que se entrega a Dios (lo que se denomina oblacin), un fin del sacrificio, que consiste primariamente en el reconocimiento de la soberana de Dios a travs de la splica, la adoracin y la accin de gracias del sacerdote, todo lo que constituye la accin ascendente, y luego la respuesta de Dios como don, hecho a quienes ofrecen el sacrificio.

El sacrificio sacerdotal es tanto ms perfecto cuanto ms se encuentre unido con Dios el sacerdote, y cuanto ms unido est con los hombres por quienes ofrece el sacrificio. A partir de estos principios se ve muy claramente que el sacrificio sacerdotal de Cristo es el ms grande que se puede concebir.

Tengamos presente que Jess es sacerdote, no como Dios, sino como hombre, porque el mediador debe ser un intermediario entre Dios y los hombres, y, por lo tanto, debe ser inferior a Dios. No podemos imaginar un sacerdote ms unido a Dios que Jesucristo, con una santidad plena y exento de todo pecado e imperfeccin, ya que su humanidad es santificada por la unin personal (hiposttica) que lo une con el Verbo, que la posee ntimamente y para siempre. Por este motivo las acciones sacerdotales de Jesucristo, que proceden de su inteligencia y de su voluntad humanas, toman en la tierra un valor satisfactorio y meritorio infinito, que ellas toman de la persona divina del Hijo de Dios.

En el caso de Jesucristo su sacrificio tambin es perfecto porque el sacerdote y la ofrenda, es decir, la vctima del sacrificio, son lo mismo. Jess se ofrece al Padre como ofrenda l mismo, su cuerpo y alma humanas son la vctima en el sacrificio de la cruz. La misin mesinica de Cristo como Salvador de los hombres implica una realidad concreta que ahora aparece con toda su fuerza: Dios envi al mundo a su Hijo para que llevara a cabo la Redencin mediante el sacrificio de su propia vida en la muerte de cruz. Este acontecimiento como designio de Dios sigue siendo un misterio no explicable en forma exhaustiva por la razn humana, pero la respuesta surge de la misma Revelacin de Dios.

Dice el papa Juan Pablo II: "Por qu la cruz de Cristo?; la respuesta a este interrogante nos la ofrece una vez ms la Palabra de Dios. Jess mismo formula la respuesta: 'Tanto am Dios al mundo que dio a su Hijo nico, para que todo el que crea en l no perezca, sino que tenga la vida eterna' (Jn 3,16). Cuando Jess pronunciaba estas palabras en el dilogo nocturno con Nicodemo, su interlocutor no poda suponer an probablemente que la frase 'dar a su Hijo? Significaba 'entregarlo a la muerte de cruz.' Pero Juan, que introduce esa frase en su Evangelio, conoca muy bien su significado. El desarrollo de los acontecimientos haba demostrado que se era exactamente el sentido de la respuesta a Nicodemo: Dios 'ha dado' a su Hijo unignito para la salvacin del mundo, entregndole a la muerte de cruz por los pecados del mundo, entregndolo por amor: 'Tanto am Dios al mundo', a la creacin, al hombre! El amor sigue siendo la explicacin definitiva de la redencin mediante la cruz. Es la nica respuesta a la pregunta 'por qu?' a propsito de la muerte de Cristo incluida en el designio eterno de Dios.
Se trata de un amor que supera incluso la justicia. La justicia puede afectar y alcanzar a quien haya cometido una falta. Si el que sufre es un inocente, no se habla ya de justicia. Si un inocente que es santo, como Cristo, se entrega libremente al sufrimiento y a la muerte de cruz para realizar el designio eterno del Padre, ello significa que, en el sacrificio de su Hijo, Dios pasa en cierto sentido ms all del orden de la justicia, para revelarse en este Hijo y por medio de l con toda la riqueza de su misericordia, como para 'introducir', junto a este Hijo crucificado y resucitado, su misericordia, su amor misericordioso, en la historia de las relaciones entre el hombre y Dios.
El que 'no haba conocido pecado (2 Cor 5,21), el Hijo consubstancial al Padre, carg sobre sus hombros el yugo terrible del pecado de toda la humanidad, para obtener nuestra justificacin y santificacin. Este es el amor de Dios revelado en el Hijo. Por medio del Hijo se ha manifestado el amor del Padre 'que no perdon a su propio Hijo, sino que lo entreg por todos nosotros' (Rom 8,32)" (110)

El valor satisfactorio y meritorio del sacrificio de Jesucristo.

Para entrar en la esencia del misterio de la Redencin, como fuente de todas las gracias que han recibido, reciben y recibirn los hombres, es necesario considerar lo que constituyen los actos satisfactorios y meritorios del sacrificio de Cristo, y el valor infinito que poseen.

Por satisfaccin se entiende la reparacin de una ofensa, llevada a cabo por una compensacin voluntaria de la injusticia inferida. Cuando esta satisfaccin no es producida por quien ha sido el ofensor, sino por alguien que lo representa, hablamos entonces de satisfaccin vicaria. Esta ha sido la reparacin del pecado de los hombres por Jess, quien no tena pecado alguno, pero carg sobre s todos los pecados de la humanidad, los cometidos antes de su pasin, y los que se cometeran despus hasta el fin de los tiempos: "De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos." (111)

Sobre esta satisfaccin de Jesucristo tambin nos habla claramente Juan Pablo II: "Con el homenaje perfecto de su obediencia Jesucristo logra una perfecta victoria sobre la desobediencia de Adn y sobre todas las rebeliones que pueden nacer en los corazones humanos, muy especialmente por causa del sufrimiento y de la muerte, de manera que aqu tambin puede decirse que 'donde abund el pecado, sobreabund la gracia' (Rom 5,20). Jess reparaba, en efecto, la desobediencia que siempre est incluida en el pecado humano, satisfaciendo en nuestro lugar las exigencias de la justicia divina.
As puede Santo Toms afirmar que la primera razn de conveniencia que explica la liberacin humana mediante la pasin y muerte de Cristo es que 'de esta forma el hombre conoce cunto le ama Dios, y el hombre, a su vez, es inducido a amarlo: en tal amor consiste la perfeccin de la salvacin humana' (III, q.46, a.3). (112)

El otro aspecto del misterio de la Redencin como fuente de todas las gracias est dado por el valor meritorio del sacrificio de Cristo. Veamos el concepto de esto: se llama mrito en general a todo acto bueno realizado a favor de otra persona, que es digno de ser recompensado.
En el campo militar es conocida la condecoracin que se da a los soldados que han cumplido en la batalla acciones heroicas a favor de otros, llamada "medalla al mrito". Jesucristo mereci ante Dios una recompensa por su pasin y muerte, lo que constituye el valor meritorio de su sacrificio. Los mritos de Cristo tienen un valor absolutamente excepcional, infinito, por el hecho de que provienen de actos humanos realizados por una persona divina, cuya dignidad es infinita.

El mrito de Jesucristo se aplica, en primer lugar, a su propia persona; por su sacrificio ha merecido: su gloriosa resurreccin, su ascensin al cielo y la exaltacin de su Nombre sobre todo nombre, como dice San Pablo:
"Se humill a s mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exalt y le otorg el Nombre que est sobre todo nombre. Para que al nombre de Jess toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jess es seor para gloria de Dios Padre." (113)

Pero tambin, y como coronamiento de su misin de Salvador de los hombres, Jesucristo ha merecido para ellos la vida de la gracia y la eternidad y todos los auxilios sobrenaturales que necesitan los hombres para poder llegar hasta el cumplimiento de su fin sobrenatural. Ha restituido al hombre lo que haba perdido por el pecado original, y, que ste, con su cooperacin libre, deber aceptar y recibir.

El descenso de Jesucristo a los infiernos.

El Antiguo Testamento revela que, despus de la separacin entre el hombre y Dios por el pecado original, y la entrada de la muerte en la realidad humana, existe un estado despus de la muerte en el cual las almas de los difuntos permanecen en el sheol ("hades" en griego) o infierno, un lugar situado debajo de la tierra, en un abismo inaccesible a los vivos, como contraposicin al "cielo", morada de Dios y los ngeles.

Despus de su muerte, que fue real y no aparente, Jesucristo, con su alma separada del cuerpo, que qued en el sepulcro, "descendi a los infiernos", como lo presenta la profesin de fe cristiana en el Credo. Qu fue a hacer all Jess? Fue a proclamar la Buena Nueva a las almas de los justos que all moraban, y que estaban privadas de estar en la presencia de Dios, haciendo vlidos para ellos los frutos de la Redencin, es decir, abrindoles el acceso a la visin de Dios en el cielo.

Dice el Catecismo: "Jess no baj a los infiernos para liberar all a los condenados, ni para destruir el infierno de la condenacin, sino para liberar a los justos que lo haban precedido.
'Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva' (1 Pe 4,6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evanglico de la Salvacin. Es la ltima fase de la misin mesinica de Jess, fase condensada en el tiempo pero inmensamente amplia en su significado real de extensin de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares, porque todos los que se salvan se hacen partcipes de la Redencin." (114)

La resurreccin de Jesucristo y su ascensin al cielo.

La resurreccin de Cristo despus de la muerte es una verdad fundamental del cristianismo, atestiguada en primer lugar por el sepulcro vaco, y luego por las numerosas apariciones, en las cuales Jess convers con sus discpulos y apstoles, dej que lo tocaran y comi con ellos.

San Pablo nos dice ante este hecho: "Si no hay resurreccin de muertos, tampoco Cristo resucit. Y si no resucit Cristo, vaca es nuestra predicacin, vaca tambin nuestra fe. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los ms dignos de compasin de todos los hombres!" (115)

El Catecismo nos ensea:
"La resurreccin de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones que l haba realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Nam, Lzaro. Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvan a tener, por el poder de Jess, una vida terrena 'ordinaria'. En cierto momento, volvern a morir. La resurreccin de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado pasa del estado de muerte a otra vida ms all del tiempo y del espacio. En la Resurreccin el cuerpo de Jess se llena del poder del Espritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que San Pablo puede decir de Cristo que es el 'hombre celestial' (cf. 1 Cor 15,35-50)" (116)

Lo que ms interesa es el sentido y el alcance del hecho de la Resurreccin de Jesucristo, que presenta un aspecto complementario del sacrificio del Seor: por la muerte nos libera de la esclavitud del pecado, como ya vimos, y por la resurreccin nos abre el acceso a una vida nueva, la vida de la gracia de Dios. Veamos esto en ms detalle: Cristo, con su obediencia hasta aceptar la muerte, vence la desobediencia a Dios, raz del pecado.
Adems carga sobre s todos los pecados de los hombres, ofrecindose como vctima santa para satisfacer la justicia de Dios. Y, con su resurreccin, vence definitivamente al pecado, ya que la muerte entra al mundo como consecuencia del pecado: "Por un solo hombre entr el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y as la muerte alcanz a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." (117)

La resurreccin de Cristo, que lo muestra vencedor de la muerte, tambin implica que es el signo definitivo para mostrar que es el vencedor del pecado, y que esta victoria se hace extensiva a todos los hombres:
"O es que ignoris que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jess, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as tambin nosotros vivamos una vida nueva." (118)

El Hijo de Dios, en la encarnacin, "descendi del cielo", para tomar la naturaleza humana. Despus de muerto y resucitado "volver al Padre", en la ascensin al cielo:
"(Jess) sac a los discpulos hasta cerca de Betania, y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedi que, mientras los bendeca, se separ de ellos y fue llevado al cielo." (119)

Jesucristo mismo ya les haba adelantado a sus discpulos en la ltima Cena el suceso de su ascensin al cielo:
"Sal del Padre, y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez al mundo y voy al Padre." (120)

Al ir al cielo Jesucristo con su naturaleza humana, y elevarla al estado de gloria, cierra el misterio de la Salvacin de los hombres, ya que de esta manera "abre" nuevamente el acceso de los hombres al cielo, a la presencia de Dios, cerrado por el pecado original. La naturaleza humana en Jesucristo ha consumado su fin ltimo, que es figura y anticipo de lo que ocurrir a los salvados al fin de los tiempos, con la resurreccin universal.
Viviendo la misma vida de Cristo, que es la vida de la gracia que nos comunica el bautismo, como veremos en detalle en la Segunda Parte, podremos ser liberados del pecado, comenzando a vivir una nueva vida.
Esta es la consecuencia fundamental que se deriva de la resurreccin de Cristo: por sus mritos, y elevado a la gloria del cielo en la presencia del Padre por su ascensin despus de resucitado, desde all intercede por los hombres y les enva los dones de su gracia, abrindoles el camino de la salvacin a todos los que los acepten, que implica llegar despus de la muerte tambin a la presencia de Dios y, en el fin de los tiempos, resucitar y unir nuevamente sus almas a un cuerpo glorioso semejante al de Jesucristo.

Conclusiones finales sobre la Redencin de Jesucristo.

En muchsimas personas existe una idea, por supuesto equivocada, pero que les presenta una imagen muy distorsionada de Dios: creen que Dios Padre, en su impasibilidad inaccesible en la altura de los cielos, conden a la muerte de cruz a su Hijo, para que con su sacrificio diera satisfaccin a su dignidad ofendida por el pecado de los hombres, reparando as la terrible ofensa de la criatura hacia su Creador.
Entonces, "aplacada" la ira del padre con la muerte de su Hijo, est dispuesto a perdonar la enorme deuda de los hombres por su pecado. Por supuesto, los que as piensan, enseguida relacionan esta actitud de Dios con su permisividad e indiferencia respecto al mal en el mundo, a la injusticia, crmenes, vejaciones y sufrimiento de tantos inocentes.
Respecto a esto ltimo, ya vimos al principio del libro, cuando hablamos del pecado, que no es achacable de ninguna manera a Dios, pero subsiste todava esta terrible imagen del Padre que no trepida en mandar a la tortura y a la muerte a su propio Hijo.

Pongmonos por un momento, de alguna manera, en lugar de Dios Padre (cmo hacerlo?), y veamos a qu problema se enfrenta, en un momento dado, en su relacin con los hombres: el primer hombre y la primera mujer creados, se apartaron de su presencia, inducidos por la tentacin, ya que por soberbia quisieron "ser como dioses" slo por s mismos.

Su descendencia se hundi en el pecado, y entonces Dios decide un nuevo comienzo para la raza humana, a partir de No y su familia, nicos sobrevivientes del diluvio sobre la tierra. Sin embargo, nuevamente los descendientes del Patriarca antediluviano, pecan y se apartan de Dios, por lo que ste decide formar un pueblo para s, a partir de otro patriarca, Abraham. Surgir de l el pueblo elegido, la nacin israelita, que una y otra vez se apartar en forma sistemtica de su Dios, volcndose a adorar otros dioses, simples dolos fabricados por los hombres.

Esta conducta acarrear al pueblo de Dios sucesivos tiempos de desgracias, sometimiento a otras naciones, destierros y sufrimientos de todo tipo, a pesar de las repetidas advertencias y amonestaciones de Dios a travs de sus profetas.
Perdida su soberana y sometida a naciones poderosas, como los griegos primero y los romanos despus, la nacin israelita que subsiste (slo dos tribus de doce), permanecer encerrada en un culto a su Dios meramente externo, con sacrificios rituales en el Templo de Jerusaln, convertido en una cueva de ladrones y oportunistas que medran con las necesidades del pueblo; se han apartado cada vez ms del espritu de la alianza hecho con Yahveh, su Dios, el pecado est generalizado, y el hombre no logra, a pesar de su esfuerzo, plasmar en obras buenas, unidas a la sinceridad de su corazn, el culto a Dios.

Frente a este panorama cada vez peor, cmo hacer que todos los pecados de los hombres, los cometidos hasta ese momento, y todos los que se cometern hasta el fin de los tiempos, puedan ser perdonados y borrados?
Quin podr cargar con todos ellos y expiar por cada uno de los mismos?
Evidentemente no poda existir ningn ser humano en el mundo que pudiera estar en condiciones de asumir sobre s mismo todo el pecado de la humanidad, y, entonces, expiar por todo ese enorme peso con su sacrificio. Al ser prcticamente infinito el volumen del pecado, quin poda tener, por ms santo que fuera, la capacidad de satisfacer por ese pecado infinito?

Es as que, frente a esta realidad, surge una "idea" pasmosa en Dios, fruto de su ardentsimo amor hacia los hombres, y a su fidelidad absoluta, que hace que no desee apartarse de su criatura, ni borrarla para siempre de la creacin: la nica vctima con mritos suficientes para poder lograr esto es su propio Hijo, que es Dios, y cuyo valor satisfactorio y meritorio es infinito.

Pero para que Dios mismo sea esta vctima que gane la salvacin para los hombres, debe necesariamente asumir la naturaleza humana, adems de mantener su naturaleza divina. As surge entonces la encarnacin del Hijo de Dios en la naturaleza humana, en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Este acto, y la siguiente pasin y muerte de Jesucristo, grita fuertemente a todos los hombres los profundos sentimientos de amor y misericordia del Padre, y nos sigue interpelando a cada uno de los hombres, como ayer y siempre.
Es como si Dios Padre, casi rogndonos desde todo su amor, a pesar de su poder omnipotente, nos dijera:

"No te das cuenta, hijo mo, del inmenso amor que te tengo, y de mi deseo quemante de que te salves y vivas como hijo adoptivo mo, junto a m, por toda la eternidad?"

"No te das cuenta que por eso no dud en sacrificar a mi nico y amadsimo Hijo, humillndolo y hacindole vivir una pasin y muerte ignominiosas, para que puedas percibir que grande es mi amor por ti?"

"No te das cuenta de que l, que era completamente inocente, tom sobre s todos tus pecados, aunque todava no existas, y tambin los del resto de los hombres, en obediencia a la misin que le ped, slo por el amor que te tena y para regalarte la posibilidad de la salvacin?"

"No te das cuenta que ahora, por este sacrificio de amor, tienes completamente abierta la puerta a una vida de santidad, por la gracia merecida por mi Hijo, y que esa santidad te llevar a la gloria definitiva y eterna de la vida en el cielo?"
"Por qu no tomas esta nueva vida que est al alcance de tu mano, esperando que te decidas a aceptarla y vivirla?" "No la deseas acaso?"

Esta ltima pregunta de Dios es clave para el hombre, pues hay un adagio muy cierto que dice: "no se puede desear lo que no se conoce". Trataremos entonces, a partir del prximo captulo, de conocer todo lo que est a nuestra disposicin, como don obtenido por los mritos infinitos de nuestro Seor Jesucristo, en la forma de auxilios sobrenaturales para alcanzar nuestra salvacin, para poder as desearlos, y, desendolos, buscarlos para hacerlos nuestros.

Referencias al Captulo 4:

(66): Juan 1,1; 1,14
(67): Juan Pablo II, Catequesis sobre Jesucristo del 07/01/1987.
(68): Lucas 1,26-35; 38
(69): Citado en el Catecismo de la Iglesia Catlica, N 494
(70): Juan Pablo II, Catequesis sobre Jesucristo del 28/01/1987
(71): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 503
(72): Idem, N 464
(73): Marcos 1,11; cf.: Mt 3,17; Lc 3,22; Mt 17,5; Mc 9,7; Lc 9,35
(74): Mateo 11,27
(75): Lucas 2,51-52
(76): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 474
(77): Lucas 22,41-42
(78): Glatas 2,19-20
(79): Lucas 1,31
(80): Mateo 1,20-21
(81): Mateo 1,16
(82): Lucas 2,47
(83): Mateo 3,13-17
(84): Hechos 10,37-38
(85): 1 Samuel 10,1
(86): Lucas 4,1
(87): La tentacin de Jess: Mateo 4,1-11; Lucas 4,1-13
(88): P. Raniero Cantalamessa, "La Palabra y la Vida" Ciclo C.
(89): Lucas 1,32-33
(90): 2 Samuel 7,12
(91): Lucas 4,14-22
(92): Marcos 1,14-15
(93): Lucas 17,20-21
(94): Mateo 6,10; Lucas 11,2
(95): Mateo 13,31-32
(96): Zacaras 1,3-4
(97): P. Raniero Cantalamessa, "Ungidos por el Espritu", Cap. IV
(98): Hebreos 5,1; Hebreos 5,7-8
(99): Lucas 3,21-22
(100): Marcos 1,35-38
(101): Lucas 5,15-16
(102): Mateo 14,22-23
(103): Lucas 9,28-29
(104): Lucas 6,12-13
(105): Juan 17,14-17
(106): Juan 6,11
(107): Juan 11,
(108): Lucas 22,19-20
(109): Juan Pablo II, Catequesis sobre Jesucristo del 29/07/1987
(110): Juan Pablo II, Catequesis sobre la Redencin del 07/09/1988
(111): Mateo 20,28
(112): Juan Pablo II, Catequesis sobre la Redencin del 19/10/1988
(113): Filipenses 2,8-11
(114): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 633 y 634
(115). 1 Corintios 15,13-14.19
(116): Catecismo de la Iglesia Catlica N 646
(117): Romanos 5,12.18-19
(118): Romanos 6,3-4
(119): Lucas 24,50-51
(120): Juan 16.28

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