Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.

Capitulo 3: Dios no abandona al hombre: El Antuguo Testamento.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La promesa de salvacin de Dios ante el pecado del hombre.

El panorama que presenta la realidad del pecado del hombre, y sus funestas consecuencias hasta el da de hoy, para algunos es signo del "fracaso de Dios", en cuanto cre al hombre con un propsito, pero, al ejercitar el hombre su libertad en el sentido equivocado, este propsito se vio frustrado por el pecado y la cada consiguiente del hombre desde el estado de "justicia original" en que haba sido creado, entrando en el dominio del dolor, el sufrimiento y la muerte.

Algunas corrientes filosficas como el "desmo" sostienen este abandono del hombre por Dios despus de la creacin, pero la realidad que nos presenta la Revelacin es absolutamente distinta: Dios no abandona al hombre despus del pecado original; pero lo ms extraordinario es que Dios intervendr constantemente en la historia del hombre, para lograr encaminarlo, respetando siempre la libertad con la que lo cre, al cumplimiento de su propsito eterno.

Es fundamental para todo cristiano poder ver con claridad, a partir de los acontecimientos que se suceden en los libros de la Biblia que forman el "Antiguo Testamento", esta intervencin llena de amor y misericordia de Dios, que culminar con la ms excelsa de sus obras de amor: el envo de su propio Hijo para encarnarse en la naturaleza humana, llevando as a cabo la efectivizacin de su propsito creador. Estos acontecimientos se repiten en el microcosmos de nuestras propias personas, y nos ayudarn a percibir y comprender la intervencin divina en nuestras vidas.

El Concilio Vaticano II nos ensea:
"Dios, creando y conservando el universo por su Palabra, ofrece a los hombres en la creacin un testimonio perenne de s mismo; queriendo adems abrir el camino de la salvacin sobrenatural, se revel desde el principio a nuestros primeros padres. Despus de su cada, los levant a la esperanza de la salvacin, con la promesa de la redencin; despus cuid constantemente del gnero humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvacin en la perseverancia en las buenas obras. Al llegar el momento, llam a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo. Despus de la edad de los patriarcas, instruy a dicho pueblo por medio de Moiss y los profetas, para que lo reconociera a l como Dios nico y verdadero, como Padre providente y justo juez; y para que esperara al Salvador prometido. De este modo fue preparando a travs de los siglos el camino del Evangelio." (30)

Por lo tanto, hay distintas etapas principales que van marcando en el devenir de la historia humana la intervencin decidida de Dios, y que veremos sintticamente en este captulo.

Ya en el mismo momento en que se produce la cada del hombre a causa del pecado original, el libro del Gnesis nos presenta la esperanzada promesa que Dios hace a los hombres:
"Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: <<Por haber hecho esto maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Enemistad pondr entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; l te pisar la cabeza mientras acechas t su taln.>>" (31)

Dice el Papa Juan Pablo II: "As pues, el pasaje del Gen. 3,14-15 contiene la respuesta de Dios al pecado del hombre. Es una respuesta directa al primer pecado, y al mismo tiempo una respuesta en perspectiva, porque se refiere a toda la historia futura del hombre en la tierra, hasta su trmino. Entre el Gnesis y el Apocalipsis hay una verdadera continuidad y al mismo tiempo una profunda coherencia en la verdad revelada por Dios.
Estas palabras del Gnesis se han constitudo como el "protoevangelio", o sea, como el primer anuncio del Mesas Redentor. El anlisis del "protoevangelio" nos hace, pues, conocer, a travs del anuncio y promesa contenidos en l, que Dios no abandon al hombre al poder del pecado y de la muerte. Quiso tenderle la mano y salvarlo.
Las mismas palabras del "protoevangelio" expresan esa compasin salvfica, cuando anuncia la lucha ('establezco enemistad') entre aquel que representa 'las fuerzas de las tinieblas' y Aquel que el Gnesis llama 'linaje de la mujer'. Es una lucha que acabar con la victoria de Cristo ('pisar la cabeza'). Pero esta ser la victoria obtenida al precio del sacrificio de la cruz ('cuando le hieras en el taln')." (32)

En el mismo momento que el hombre cae en el pecado de los orgenes, aparece sin demoras la misericordia divina. Dios hace una promesa de salvacin, que abarcar toda la historia salvfica hasta el fin de los tiempos, y donde se entrev una lucha, todava misteriosa, entre la descendencia de la primera mujer (la humanidad) y Satans.

Veremos a continuacin como se va desarrollando esta historia salvfica, como Dios interviene y obra en la historia humana para llevar al hombre al cumplimiento de su destino final. Nunca ser demasiado resaltar la tremenda importancia que tiene la intervencin soberana y personal de Dios en la historia del gnero humano, la que no llega a ser captada, en general, por muchas personas.

La alianza con No, el diluvio, la Torre de Babel.

A partir del pecado de Adn y Eva, el mundo se sumerge en el sufrimiento que produce la frgil condicin del hombre privado de la gracia de Dios. Ya en los hijos de esa primer pareja se ven las consecuencias, y se produce el primer homicidio de la historia, nada menos que de un hermano, Can, contra su otro hermano, Abel.

La Biblia nos presenta esta situacin: "Viendo Yahveh que la maldad del hombre cunda en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazn eran puro mal de continuo, le pes a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indign en su corazn. Y dijo Yahveh: <<Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado, -desde el hombre hasta los ganados, las sierpes y hasta las aves del cielo- porque me pesa haberlos hecho.>> Pero No hall gracia a los ojos de Yahveh." (33)

El que Dios se haya "arrepentido" de su creacin, es, por supuesto, un antropomorfismo, que busca describir la afliccin del corazn paternal de Dios frente a la humanidad descarriada por el pecado. El relato de No y del diluvio universal (34) reconoce races en mitos orientales, pero el autor bblico lo elabora para presentar una enseanza clara sobre la maldad del hombre y la justicia y la misericordia de Dios, que castigarn al pecador y salvarn al justo. La justicia de Dios se manifiesta en que el pecador debe morir, aunque la misericordia del Creador salvar un pequeo resto, el patriarca No y su familia, para hacerlo una especie de segundo padre del linaje humano.

Asimismo Dios establecer una alianza con No y sus descendientes; esta alianza evidenciar que Dios tiene por voluntad gratuita y libre continuar su obra entre los hombres, y que si bien hubiera sido justo que Dios eliminara completamente al gnero humano, l as no lo quiere: "He aqu que yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaa. Establezco mi alianza con vosotros, y no volver nunca ms a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habr ms diluvio para destruir la tierra." (35)

En este pasaje se nos transmiten dos grandes verdades respecto a la relacin de Dios con los hombres: por un lado, que Dios es justo y que no acepta el pecado y el mal que produce, y que, en su soberana y poder, puede borrar de un plumazo a su propia creacin, si as lo quisiera; pero por otro lado aparece tambin brillando su amor y misericordia, que lo hace apiadarse de la debilidad del hombre, y le llevar a darle lo que sea necesario para su salvacin.

Tambin aparece aqu la importante nocin del "resto", de que aun en medio de la maldad y el pecado generalizados, siempre queda al menos un pequeo nmero de personas, un resto, que busca a Dios con sinceridad de corazn; ser a partir de estos "restos" que se darn a lo largo de la historia humana, que Dios podr recrear su propsito eterno de salvacin para el hombre.
El diluvio es figura clara de un juicio de Dios sobre la humanidad, y anuncio proftico del Juicio Final de Dios sobre el mundo, tal como lo anunciar Jess. (36)
La alianza de Dios con No y su familia, cuyo smbolo y seal es el arco iris, asegurar a la humanidad cada la fidelidad de Dios para lograr el cumplimiento de su propsito eterno al crear al hombre.

Luego del diluvio, la tierra se fue repoblando a partir de la descendencia de No, y los hombres se agruparon "por sus territorios y lenguas, por sus linajes y naciones respectivas", (37) y "se dispersaron los pueblos por la tierra despus del diluvio." (38)
En este contexto se produce el episodio de Babel, relatado tambin en el Gnesis, (39) que muestra el pecado del gnero humano en cuanto a que quiere alcanzar su unidad al margen de Dios: los hombres quieren edificar una ciudad, reunirse en un conjunto social y ser fuertes y poderosos sin Dios. Este intento concluir con el fracaso y en la desunin y dispersin de la familia humana, tal como subsiste hoy en da en la tierra, pero el designio de Dios sobre el mundo seguir avanzando para lograr un da esa unidad de la raza humana.

Abraham, la promesa y la alianza.

Dios dar un nuevo paso en su paciente camino para salvar a los hombres del pecado: decidir procurarse un pueblo, al que formar a partir de la eleccin de un hombre, Abram, a quien le impondr un nuevo nombre, Abraham, que significa "el padre de muchos pueblos".
Dios elige y llama a este hombre de una manera que no deja lugar a dudas de que hay all una intervencin divina, milagrosa. Le hace una promesa solemne: "Dijo Yahveh a Abram: <<Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde ests, hacia el norte, el medioda, el oriente y el poniente. Pues bien, toda la tierra que ves te la dar a ti y a tu descendencia por siempre. Har tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, tambin podr contar tu descendencia.>>" (40)

Despus de la promesa, Dios hace con Abram una alianza, que implicar que adems de la eleccin de un pueblo para l, habr un pacto entre Dios y su pueblo, representado por quien ser su iniciador, Abram:
"Cuando Abram tena noventa y nueve aos, se le apareci Yahveh y le dijo: <<Yo soy el Dios todopoderoso, anda en mi presencia y s perfecto. Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicar sobremanera.>> Cay Abram rostro en tierra, y Dios le habl as: << Por mi parte he aqu mi alianza contigo: sers padre de una muchedumbre de pueblos. No te llamars ms Abram, sino que tu nombre ser Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constitudo. Te har fecundo sobremanera, te convertir en pueblos, y reyes saldrn de ti. Y establecer mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia despus de ti, de generacin en generacin: una alianza eterna de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad>>." (41)
Aqu lo llamativo es que Abraham tena ya noventa y nueve aos, y su esposa Sara, noventa, y como ella haba sido estril toda su vida, no tenan hijos.

Por eso, cuando Abraham escuch las palabras de Yahveh, no pudo evitar echarse a rer, y lo mismo hizo su mujer cuando se enter: "Abraham cay rostro en tierra y se ech a reir, diciendo en su interior: << A un hombre de cien aos va a nacerle un hijo?, y Sara, a sus noventa aos, va a dar a luz?>>" (42)

Sin embargo, Dios har un milagro, y Abraham y Sara tendrn un hijo al que llamarn Isaac. Con este inicio tan modesto, a partir de una pareja de ancianos que no tenan hijos, Dios llevar a cabo su plan de adquirir un pueblo propio, que ms adelante llevar el nombre de Israel, y que ser conocido como el pueblo elegido.
Este pueblo ser el destinatario, de all en adelante, de la revelacin de Dios, a l le hablar Dios a travs de sus siervos los profetas, y tendr la misin de ser luz para todas las otras naciones, o pueblos gentiles, para que, a partir de su ejemplo, toda la tierra llegue a conocer a Dios y reciba sus bendiciones.

La alianza de Dios con su pueblo, a partir de la eleccin de Abraham como padre del mismo, implicar, como todo pacto, una contrapartida en cuanto a su actitud hacia Dios, que l resume en estas sencillas palabras a Abraham que ya vimos: "Anda en mi presencia y s perfecto". Qu significaba esta exigencia?: implicaba caminar en la presencia de Dios, tratando de escuchar su voz en todo momento, y la perfeccin se traduca en mansedumbre y sencillez de corazn, en espritu desapegado de las cosas materiales (espritu de pobreza), en resignacin en las tribulaciones y fe inquebrantable en Dios, y en honestas y pacficas costumbres de vida.

La descendencia de Abraham va creciendo (43) ; su hijo Isaac se casa con Rebeca, quien tambin resultar estril, pero Isaac or a Yahveh y este lo escuch: "Isaac suplic a Yahveh a favor de su mujer, pues era estril, y Yahveh le fue propicio, y concibi su mujer Rebeca." (44) Rebeca tuvo mellizos, Esa y Jacob.
Los hijos de Jacob, quien haba recibido de parte de Dios un nuevo nombre, Israel, empujados por la escasez de alimentos y el hambre en su pas, se fueron a Egipto, ayudados por la Providencia divina, que hizo que uno de ellos, Jos, llegara a ser gobernador de ese pas. Los descendientes de Abraham, que ya haban adoptado el nombre de israelitas, se multiplicaron grandemente en Egipto: "Muri Jos, y todos sus hermanos, y toda aquella generacin; pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos y fuertes y llenaron el pas." (45)
Pareca as que todo se encaminaba al cumplimiento de la promesa que Dios haba hecho al primero de los patriarcas, Abraham.

La historia de Moiss: el xodo y el Declogo.

Sin embargo, las circunstancias para los israelitas cambiaron radicalmente; en Egipto surgi otro rey, que procedi en forma muy distinta a sus antecesores:
"Se alz en Egipto un nuevo rey, que nada saba de Jos; y que dijo a su pueblo: <<Mirad, los israelitas son un pueblo ms numeroso y fuerte que nosotros. Tomemos precauciones contra l para que no siga multiplicndose, no sea que en caso de guerra se una tambin l a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y salir del pas.>> Les impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y as edificaron para Faran las ciudades de depsito: Pitom y Ramss. Pero cuanto ms les opriman, tanto ms crecan y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los israelitas. Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas, les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de labranzas del campo y toda clase de servidumbre que les imponan por crueldad.
El rey de Egipto dio tambin orden a las parteras de las hebreas, dicindoles: <<Cuando asistis a las hebreas, observad bien las dos piedras; si es nio, hacedle morir; si es nia, dejadla con vida>>" (46)

En este punto pareca que el plan de Dios y la promesa hecha a Abraham estaban destinados al fracaso: su pueblo elegido sometido a la esclavitud y con trabajos agotadores, y sin posibilidad de descendencia, ya que eran aniquilados los varones que podan producirla. As, el destino de este incipiente pueblo de Israel pareca que tena una nica posibilidad: su lenta pero segura desaparicin.

Pero Dios volver a intervenir en forma ostensible en la historia humana; comenzar por suscitar un nuevo instrumento suyo: Moiss. (47)
Este nio nace bajo la ley de la matanza de los varones israelitas, pero las parteras egipcias se apiadan de l, y no lo matan. Su madre lo esconde por tres meses, hasta que, no pudiendo ocultarlo ms, lo libra a la providencia de Dios, metindolo en una canastilla de juncos y soltndolo en el ro. El nio ser recogido por la hija del Faran, que se estaba baando en el ro, quien lo adoptar, llena de compasin. Comenzar entonces Dios su obra en Moiss, quien ser criado como un prncipe egipcio, formndose en l el futuro caudillo que Dios utilizar para salvar a los hebreos de la esclavitud egipcia.

Moiss era ya grande, tena cuarenta aos, cuando sinti el impulso de volver a ver a sus hermanos de sangre, los israelitas:
"Cuando cumpli la edad de cuarenta aos, se le ocurri la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver que uno de ellos era maltratado, tom su defensa y veng al oprimido matando al egipcio. Pensaba l que sus hermanos comprenderan que Dios les dara la salvacin por su mano." (48)

Todo segua un destino perfecto: Moiss, preparado como un prncipe para la guerra y como caudillo, encabezara a los israelitas en su revuelta contra el opresor egipcio, liberndolos as de la esclavitud oprobiosa en que estaban sumergidos. Pero los planes de Dios eran otros; los mismos hermanos de sangre rechazan a Moiss:
"Pero los israelitas no lo comprendieron. Al da siguiente se les present mientras estaban pelendose y trataba de ponerles en paz diciendo: 'Amigos, que sois hermanos, por qu os maltratis unos a otros?' Pero el que maltrataba a su compaero le rechaz diciendo:Quin te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? Es que quieres matarme a m como mataste ayer al egipcio? Al or esto Moiss huy y vivi como forastero en la tierra de Madin." (49)

Todo est perdido para Moiss: sus hermanos lo rechazan y no lo reconocen como lder, y los egipcios lo quieren matar por haber asesinado a uno de ellos. Su nica salida es la huda a la tierra lejana de Madin. All se establecer, se casar, tendr dos hijos, y se pasar los siguientes cuarenta aos cuidando las ovejas de su suegro, llevndolas da a da a pastar siempre a los mismos lugares. Qu habr pasado en todo ese tiempo por el interior de ese hombre? No lo sabemos, pero no hay duda que en la soledad del desierto, lejos de su pueblo, Dios estuvo trabajando su espritu, dndole la fuerza interior, adems de la destreza que ya haba adquirido como jefe y guerrero, que necesitara para la misin a la que Dios lo haba llamado.

Y lleg el da que Dios lo llam:
"Una vez llev a las ovejas ms all del desierto, y lleg hasta Horeb, la montaa de Dios." (50)
En ese lugar Dios le habl: "Dijo Yahveh: <<Bien vista tengo la afliccin de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues yo conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al pas de los cananeos. As pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta m y he visto adems la opresin con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envo a Faran, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.>>
Dijo Moiss a Dios: <<Quin soy yo para ir a Faran y sacar de Egipto a los israelitas?>> Respondi: <<Yo estar contigo y esta ser la seal de que yo te envo: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daris culto a Dios en este monte.>>" (51)

Es llamativo como este pasaje del Libro del xodo resalta tan especialmente como Dios est pendiente de todo lo que le pasa a su pueblo, como todo lo ve y oye, y como decide intervenir sin dudar en su historia. Observemos las expresiones que utiliza Dios: "he escuchado su clamor", "conozco sus sufrimientos", "he bajado para librarle", "he visto la opresin", "yo estar contigo". Son las expresiones de un Padre lleno de amor, de compasin, de misericordia por sus hijos queridos, atento a sus necesidades, lo que est tan lejano de esa imagen del Dios impasible, inaccesible, inconmovible que muchos han fabricado errneamente. Y este es el mismo Padre que hoy sigue pendiente de sus hijos en el mundo, quizs an ms descarriados que los de ese tiempo.

Todo esto se cumplir fielmente en lo que Moiss har de all en ms, escuchando el llamado de Dios: Recibir el poder de hacer milagros, para ser escuchado por el Faran; cuando ste se niegue tozudamente a permitir la salida del pueblo hebreo, Dios, por intermedio de Moiss, enviar diez terribles plagas que azotarn a los egipcios, aunque, a pesar de todo, el Faran seguir con su corazn endurecido, negndose a aceptar que all est la mano de Dios.

Finalmente ser el mismo Dios que ordenar el comienzo de la marcha de salida de Egipto, en medio de la noche. En ese xodo se revelar la proteccin constante y poderosa de Dios hacia su pueblo: cruzarn milagrosamente el mar Rojo, con sus aguas abiertas para permitir el paso de los israelitas, las que se cerrarn luego sobre el ejrcito egipcio que los persegua; el agua no potable se transformar en dulce para calmar la sed en el desierto; cuando no tengan alimento, del cielo les caer man, alimento sobrenatural, y se llenarn de codornices, que no habitan en esos lugares; donde slo hay rocas y sequedad, brotar agua de las mismas piedras; enfrentarn pueblos guerreros ms fuertes y numerosos que ellos, y los derrotarn. En todo el fondo de la narracin de los acontecimientos del xodo resonar con claridad la intervencin de Dios, su asistencia al pueblo elegido por l.

El episodio del xodo del pueblo israelita ser el acontecimiento que marcar ms profundamente el alma de ese pueblo elegido por Dios, ya que la intervencin divina tan clara y tan omnipotente grabar a fuego en la conciencia hebrea el hecho de ser realmente el pueblo de Dios, y de poder contar siempre con su amor y proteccin.

Llevaban tres meses de marcha por el desierto cuando llegaron al pie del monte Sina o monte Horeb, el mismo donde Moiss haba tenido su primer encuentro con Dios. Nuevamente all Moiss tendr su encuentro a solas con Dios, subiendo varias veces al monte, en medio de grandes manifestaciones de la naturaleza: truenos, relmpagos, fuego, humo, nubes espesas, retemblar de la tierra. All recibir Moiss de parte de Dios la Ley, o Declogo, llamada as porque su esencia la constituyen diez mandamientos principales. (52)

As nos explica el Catecismo el sentido de los diez mandamientos: "La palabra "declogo" significa literalmente "diez palabras". Estas "diez palabras" Dios las revel a su Pueblo en la montaa santa. Las escribi "con su dedo" (Ex 31,18; Dt 5,22), a diferencia de los otros preceptos escritos por Moiss. Constituyen palabras de Dios en un sentido eminente. Son transmitidas en los libros del xodo (cf. Ex 20,1-17) y del Deuteronomio (cf. Dt 5,6-21).
El Declogo se comprende, ante todo, cuando se lee en el contexto del xodo, que es el gran acontecimiento liberador de Dios en el centro de la Antigua Alianza. Las "diez palabras", ya sea formuladas como preceptos negativos o prohibiciones, o bien como mandamientos positivos (como "honra a tu padre y a tu madre"), indican las condiciones de un vida liberada de la esclavitud del pecado.
Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jess, la Tradicin de la Iglesia ha reconocido en el Declogo una importancia y una significacin primordiales.
La divisin y numeracin de los mandamientos han variado en el curso de la historia. El presente Catecismo sigue la divisin de los mandamientos establecida por san Agustn, que ha llegado a ser tradicional en la Iglesia Catlica."
Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prjimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son bsicamente inmutables y valen siempre y en todas partes. Nadie podra dispensar de ellos. Los diez mandamientos estn grabados por Dios en el corazn del ser humano. (53)

Aqu tenemos el enunciado de los diez mandamientos:

Amars a Dios sobre todas las cosas.
No tomars el nombre de Dios en vano.
Santificars las fiestas.
Honrars a tu padre y a tu madre.
No matars.
No cometers actos impuros.
No robars.
No dars falso testimonio ni mentirs.
No desears la mujer de tu prjimo.
No codiciars los bienes ajenos.

Lo importante es tener claro el sentido profundo de esta Alianza que se produce entre Dios y su pueblo elegido en el Sina. A partir de ella Dios seguir dando curso a la obra de formacin de un pueblo apartado para s de los otros pueblos de la tierra. All renovar Yahveh con Israel la alianza que haba iniciado con Abraham, el patriarca. Esta Alianza tendr clusulas mucho ms precisas, donde se resaltar con una nitidez mayor el carcter bilateral de la misma.

Todo lo que Dios promete a su pueblo es puro don gratuito que proviene de su misericordia y que el hombre no puede merecer ni con sus obras ni con su conducta, pero lo que Dios manifiesta claramente es su intencin de que su designio divino sobre el pueblo elegido no se llevar a cabo sin la cooperacin libre del pueblo con l. La Ley que, a travs de Moiss, le dar Dios a Israel, deber ser el signo de la fidelidad a Dios, y, a su vez, se convertir en el instrumento concreto que regular la respuesta de los hombres a esa fidelidad de Dios.

El pueblo elegido por Dios quedar definitivamente constituido a travs de estos dos grandes acontecimientos salvficos: el xodo milagroso desde Egipto hacia la Tierra prometida, y la Ley dada por Dios en el Sina. Vemos que la alianza del Sina difiere de las alianzas anteriores de Dios con No y Abraham, en cuanto a que stas fueron hechas con individuos, mientras que ahora es todo un pueblo el que recibe el Declogo como base de esa nueva alianza.

Quedar todava un acontecimiento decisivo en esta fundacin final del pueblo de Dios, que moldear definitivamente con un carcter propio a los israelitas: sern los cuarenta aos que tendrn que peregrinar por el desierto, antes de ver realizada la promesa de la tierra prometida.
En el desierto, en los acontecimientos providenciales y milagrosos, en la lucha permanente entre la fidelidad a ese Dios que se est revelando cada vez ms claramente y la vuelta hacia la idolatra cuando aparecen el temor y la desconfianza, se forjar el sentido comunitario de pertenencia a Dios, de dependencia hacia l, de conciencia de ser, a diferencia de otros pueblos, una teocracia, es decir, un pueblo dirigido y cuidado no por reyes o prncipes poderosos, sino directamente por el mismo Dios.

Al cabo de este largo peregrinar, los israelitas llegarn a la vista de la tierra de Canan, la tierra prometida por Dios a su pueblo; pero Moiss slo llegar a contemplarla desde la altura de un monte, ya que morir antes de poder pisarla. Ser su lugarteniente Josu quien tendr la misin de entrar en ella, acompaado por nuevas intervenciones milagrosas de Dios, como las aguas que se abren en el ro Jordn para que pase el pueblo Israelita, o la derrota de la fortaleza de Jeric, que custodiaba el ingreso a esa tierra, con el derrumbe tambin milagroso de sus fuertes murallas. (54)

El perodo de los Jueces y el establecimiento de la monarqua:

El pueblo hebreo, formado por doce tribus, descendientes de los doce hijos de Jacob, comenzar un largo perodo de ms de dos siglos, conocido como el perodo de los "Jueces". Los israelitas han penetrado en la tierra de Canan, guiados por Josu, y han conquistado parte de los territorios, en realidad los ms pobres; viven una transformacin en su sociedad, en el sentido que ya no son bsicamente pastores ms o menos nmades, sino que, asentados en lugares fijos tambin comienzan a dedicarse a la agricultura.

Estas tribus israelitas se encuentran sometidas en forma constante a dos grandes peligros que las acechan en esa tierra en que se han instalado: viven atacados y hostigados en forma permanente por los pueblos cananeos vecinos, que a veces los vencen y los oprimen, y otras veces son derrotados por los israelitas, que viven entonces cortos perodos de paz.

Pero el peligro mayor es de orden religioso: los pueblos paganos que los rodean poseen una religin en la que celebran distintos dioses, relacionados con la vida y la fecundidad, llamados "Baales". Se renen en sus fiestas en los lugares sagrados, en general bosques o lugares altos, donde practican sus ritos paganos, que abarcan desde la prostitucin sagrada hasta el dar muerte a los propios hijos, como propiciacin por la lluvia o por buenas cosechas. Esta idolatra se presenta para los israelitas como una tentacin permanente, en la que muchos van cayendo, olvidndose de lo que Dios haba hecho por ellos en el pasado.

Estas tribus eran guiadas por los llamados "jueces", que eran en realidad caudillos que las gobernaban, y no slo impartan justicia. En todo el Antiguo Testamento "juzgar" es siempre sinnimo de "gobernar". Los jueces surgan de entre el pueblo, y, en la prctica, eran suscitados por Dios.

El proceso que se repite una y otra vez en este perodo se puede esquematizar de la siguiente manera: el pueblo peca contra Yahveh, en particular siendo atrado por el culto a los dolos paganos y adoptando muchas de sus costumbres religiosas; entonces Dios los deja librados a su suerte, sin intervenir, siendo vencidos y sometidos por sus enemigos; en su desgracia, miseria y desesperacin, se acuerdan de Yahveh y claman a l, quien suscitar de entre ellos un Juez, quien, ayudado por Dios en intervenciones milagrosas, les devolver la libertad y perodos de paz y tranquilidad, hasta que nuevamente el pueblo har el mal ante los ojos de Yahveh y recomenzar el ciclo.

En el Libro de los Jueces se narra con claridad esta actitud recurrente:
"Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh. Sirvieron a los Baales y a las Astarts. Abandonaron a Yahveh y ya no le servan. Entonces se encendi la clera de Yahveh contra Israel y los entreg en manos de los filisteos y en manos de los ammonitas. stos molestaron y oprimieron a los israelitas desde aquel ao durante dieciocho aos. Los israelitas clamaron a Yahveh diciendo: <<Hemos pecado contra ti, porque hemos abandonado a Yahveh nuestro dios para servir a los Baales.>> Y Yahveh dijo a los israelitas: <<Cuando los egipcios, los amorreos, los ammonitas, los filisteos, los sidonios os opriman y clamasteis a m no os salv de sus manos? Pero vosotros me habis abandonado y habis servido a otros dioses. Por eso no he de salvaros otra vez. Id y gritad a los dioses que habis elegido: que os salven ellos en el tiempo de vuestra angustia>>. Los israelitas respondieron a Yahveh: <<Hemos pecado, haz con nosotros todo lo que te plazca; pero, por favor, slvanos hoy.>> Y retiraron de en medio de ellos a los dioses extranjeros y sirvieron a Yahveh. Y Yahveh no pudo soportar el sufrimiento de Israel." (55)

El ms conocido de los jueces fue Sansn, por las hazaas guerreras que cumpli, auxiliado siempre por Yahveh. En este perodo de la historia de Israel podemos ver que el poder es puramente de Dios, existiendo una verdadera teocracia, ya que Dios gua y gobierna a su pueblo, no a travs de una institucin humana, sino a travs de los jueces, que l suscita cuando y como quiere.
Los israelitas irn teniendo conciencia cada vez ms clara, a travs de los acontecimientos que viven, que el pecado contra Dios produce consecuencias funestas y dolorosas, pero que el retorno hacia Dios los libera y les da la victoria.

El ltimo Juez justo ser Samuel. Ya anciano, instituye a sus dos hijos jueces, pero stos fueron corruptos, y entonces el pueblo pidi a Samuel un rey, como tenan los otros pueblos:
"Se reunieron, pues, todos los ancianos de Israel, y se fueron donde Samuel a Ram, y le dijeron: <<Mira, t te has hecho viejo y tus hijos no siguen tu camino. Pues bien, ponnos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.>> Disgust a Samuel que dijeran: <<Danos un rey para que nos juzgue>> e invoc a Yahveh. Pero Yahveh dijo a Samuel: <<Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a m, para que no reine sobre ellos. Todo lo que ellos me han hecho desde el da que los saqu de Egipto hasta hoy, abandonndome y sirviendo a otros dioses, te han hecho tambin a ti. Escucha, sin embargo, su peticin.>>" (56)

Si bien esta peticin pareca un rechazo a Yahveh, ste la aceptar, y ser el mismo Dios que bendecir a los reyes. Dejar entonces Yahveh que Samuel unja como rey a Sal, el candidato ideal para el pueblo.

En este tiempo de la monarqua se llevar a cabo la conquista total de la tierra prometida, la tierra de Canan; los israelitas, guiados por sus reyes y ayudados por "el poderoso brazo de Yahveh", que de manera prodigiosa intervendr una y otra vez para darles la victoria, dominarn todo el territorio de los cananeos:
"Cuando Sal se constituy rey sobre Israel guerre por todas partes contra todos sus enemigos: contra Moab, los ammonitas, Edom, el rey de Sob y los filisteos; doquiera se diriga, resultaba vencedor. Hizo proezas de valor, bati a los amalecitas y libr a Israel del poder de los que le saqueaban." (57)

A pesar de esto Sal apartar sus caminos de los de Dios, y Yahveh suscitar un nuevo rey, David, que lo suceder. A travs del profeta Natn, Dios establecer a partir de su ungido David, una alianza eterna para su descendencia:
"Ahora, pues, di esto a mi siervo David: As habla Yahveh: Yo te he tomado del pastizal, de detrs del rebao, para que seas caudillo de mi pueblo Israel. He estado contigo dondequiera has ido, he eliminado de delante de ti a todos tus enemigos y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra; fijar un lugar a mi pueblo Israel y lo plantar all para que more en l; no ser ya perturbado y los malhechores no seguirn oprimindolo como antes, en el tiempo en que institu jueces en mi pueblo Israel; le dar paz con todos sus enemigos. Yahveh te anuncia que Yahveh te edificar una casa. Y cuando tus das se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmar despus de ti la descendencia que saldr de tus entraas, y consolidar el trono de su realeza. Yo ser para l padre y l ser para m hijo. Si hace mal, le castigar con vara de hombres y con golpes de hombres, pero no apartar de l mi amor, como lo apart de Sal a quien quit de delante de m. Tu casa y tu reino permanecern para siempre ante m; tu trono estar firme eternamente.>>" (58)

Dios le anuncia a David que le "edificar una casa", en el sentido de que le dar una dinasta y un reino duraderos, y una posteridad, en la cual su descendiente ser Jesucristo. La figura del rey David preanuncia as el reinado eterno de Jesucristo.

A David lo suceder su hijo Salomn, a quien se le llamar "el Magnfico", quien llevar a su mximo esplendor el reino de Israel, y construir en Jerusaln, constituda en capital del reino luego de que fuera conquistada por su padre derrotando a los jebuseos, el Templo, grandiosa construccin que guardar el Arca de la Alianza, que contena las tablas de los diez mandamientos dados por Yahveh a Moiss, y que era el smbolo por excelencia de la presencia de Yahveh en medio de su pueblo. A partir de la finalizacin del Templo, Jerusaln ser la "Ciudad Santa", centro y sede de toda la vida religiosa de Israel.
Sin embargo, con el rey Salomn tendr trmino la etapa de la monarqua nica sobre Israel, y tambin la era de esplendor de Israel, tanto en lo poltico como en lo religioso. A pesar de la intervencin permanente de Yahveh a favor de los reyes, stos no han guardado fidelidad a Dios, y han cado reiteradamente en el pecado:

* David cometi adulterio con Betsab, y luego mand asesinar al marido para quedarse con ella. * Salomn tuvo setecientos esposas y 300 concubinas, la mayora no judas, y cay en la idolatra de sus dioses paganos, dejando de lado la religin de sus padres.

La divisin del reino, las invasiones y la deportacin.

A la muerte de Salomn lo sucede su hijo Roboam, quien no es aceptado por las diez tribus del norte (Israel) que nombran su propio rey, Jeroboam, y se separan del reino del sur, Jud, formado por dos tribus, Jud y Benjamn, que se quedan con su capital Jerusaln y el templo. Israel pone su capital en Samara. Se habr producido as el cisma poltico de los israelitas.

Roboam planear atacar al reino de Israel, para someterlos a su nico reinado, pero Dios, a travs de un profeta, lo har desistir de su plan, revelndole que ese es su designio:
"En llegando a Jerusaln reuni Roboam a toda la casa de Jud y a la tribu de Benjamn, ciento ochenta mil hombres guerreros escogidos, para combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboam, hijo de Salomn. Pero fue dirigida la palabra de Dios a Semaas, hombre de Dios, diciendo: <<Habla a Roboam, hijo de Salomn, rey de Jud, y a toda la casa de Jud, a Benjamn y al resto del pueblo, y diles: As habla Yahveh: no subis a combatir con vuestros hermanos los israelitas. Que cada uno se vuelva a su casa, porque esto es cosa ma.>> Ellos escucharon la palabra de Yahveh, y se volvieron para ir conforme a la palabra de Yahveh."(59)

Se produce no slo un cisma poltico, sino un cisma religioso, ya que Jeroboam, decidido a reemplazar el culto de Jerusaln, ahora enemiga, caer en una religin idlatra:
"Jeroboam se dijo en su corazn:<<En esta situacin el reino acabar por volver a la casa de David. Si este pueblo contina subiendo para ofrecer sacrificios en la Casa de Yahveh en Jerusaln, el corazn de este pueblo se volver a su seor, a Roboam, rey de Jud, y me matarn.>> Tom consejo el rey, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: <<Basta ya de subir a Jerusaln. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto.>> Coloc uno en Betel, y el pueblo fue con el otro hasta Dan. Hizo Casas en los altos, y estableci sacerdotes del comn del pueblo que no eran de los hijos de Lev. Hizo Jeroboam una fiesta en el mes octavo, da quince del mes, parecida a la fiesta de Jud, y subi al altar. As hizo en Betel, ofreciendo sacrificios a los becerros que haba hecho." (60)

Comenzar a partir de aqu para el pueblo israelita un largo perodo de ms de 900 aos, en el que comprobar reiteradamente su imposibilidad de cumplir con el camino que Dios le ha trazado como "pueblo elegido", y sufrir las consecuencias trgicas de ese apartamiento. Se cumplirn entonces las maldiciones expresadas por Yahveh en su alianza:
"Pero si despreciis mis preceptos y rechazis mis normas, no haciendo caso de todos mis mandamientos y rompiendo mi alianza, yo tambin har lo mismo con vosotros .Me volver contra vosotros y seris devastados ante vuestros enemigos; os tiranizarn los que os aborrecen y huiris sin que nadie os persiga.
Vuestras fuerzas se consumirn en vano, pues vuestra tierra no dar sus productos, ni el rbol del campo sus frutos.
Destruir vuestros altos, abatir vuestros altares de incienso, amontonar vuestros cadveres sobre los cadveres de vuestros dolos, y yo mismo os aborrecer.
A vosotros os esparcir entre las naciones y desenvainar la espada en pos de vosotros. Vuestra tierra ser un yermo y vuestras ciudades una ruina." (61)

Sin embargo, luego de tan terribles maldiciones, Dios mantendr, en su misericordia, una llama de esperanza para su pueblo:
"A pesar de todo, cuando estn ellos en tierra enemiga, no los desechar ni los aborrecer hasta su total exterminio, anulando mi alianza con ellos, porque yo soy Yahveh, su Dios; me acordar, en su favor, de la alianza hecha con sus antepasados, a quienes saqu de la tierra de Egipto, ante los ojos de las naciones, para ser su Dios, yo, Yahveh." (62)

Las maldiciones de Yahveh pronto se cumplirn en el pueblo idlatra que ha abandonado a su Dios. En el ao 721 A.C. el reino del norte, Israel, con su capital Samaria, es destruido por los asirios, que deportan a las diez tribus que lo formaban a distintos pases paganos del norte, y nunca ms se sabr del destino final de estas tribus, y sus huellas se perdern tras la impiadosa cortina de los tiempos.

Menos de ciento cincuenta aos despus, y pese a las voces de advertencia de los profetas, el reino de Jud (reino de los judos), que ha seguido fluctuando entre su fidelidad a Yahveh y su apostasa, tambin ser devastado, en este caso por los babilonios; Jerusaln y el Templo son arrasadas y el pueblo en su mayora es deportado a las lejanas tierras de Babilonia.

Los tiempos antes de Jesucristo.

Nuevamente parece que el plan de Dios ha fracasado, que en cuanto al pueblo elegido todo est perdido, y que su destino ser extinguirse de a poco mezclado con los paganos, lejos de su tierra.
Pero se levanta, una vez ms, la voz de Yahveh a travs de sus siervos, los profetas, los grandes profetas como Isaas, Jeremas y Ezequiel, y muchos otros. Ellos recuerdan a ese pueblo infiel y cado en desgracia, que Dios, a pesar de todo, permanecer fiel a sus promesas a su pueblo, tal como lo expres en su alianza.

A travs del mensaje proftico con el que Dios habla a los hombres, van surgiendo varias ideas centrales sobre el futuro del pueblo de Israel, denominacin genrica de los israelitas. En primer lugar, pese a todo, sobrevivir, y por su intermedio el designio de Dios se ver realizado.
Surgir la importante nocin del "resto", como un pequeo germen que sobrevivir a todas las catstrofes y que, en su fidelidad a Yahveh, mantendr viva la misin como pueblo elegido por Dios.

De ese "resto" surgir con el tiempo el "Mesas" o "ungido de Dios", quien ser el encargado de llevar finalmente a cabo la misin del pueblo elegido, salvando a Israel y, por medio de Israel, al mundo entero. Tambin se va delineando con claridad que el Israel futuro ser un Israel totalmente renovado, que ser realmente el "Reino de Dios", quien reinar sobre su pueblo fiel, en una poca de paz y bienestar sin fin.

Para esta renovacin Dios establecer una nueva alianza con su pueblo, perdonndolo de sus pecados y dndole una nueva ley, no ya escrita sobre piedra, sino grabada en el corazn de cada uno:
"Os tomar de entre las naciones, os recoger de todos los pases y os llevar a vuestro suelo, Os rociar con agua pura y quedaris purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificar. Y os dar un corazn nuevo, infundir en vosotros un espritu nuevo, quitar de vuestra carne el corazn de piedra y os dar un corazn de carne. Infundir mi espritu en vosotros y har que os conduzcis segn mis preceptos y observis y practiquis mis normas. Habitaris la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seris mi pueblo y yo ser vuestro Dios," (63)

Esta nueva alianza tendr una caracterstica universal; no depender de la descendencia carnal, de la pertenencia a una raza, sino solamente tendr en cuenta la fidelidad a Dios y la disposicin interior, lo que se llamar "la circuncisin del corazn" (64), ya que no bastar la "circuncisin de la carne", como signo de pertenencia al pueblo elegido.
El pequeo "resto de Israel" tendr el depsito de esta misin universal, para la conversin al nico Dios de los pueblos paganos.

Antes que se produzca esta renovacin total de la tierra y de los hombres, deber suceder el "Da de Yahveh", da terrible en que se manifestar la justicia de Dios, aniquilando a los impos y creando "cielos nuevos y tierra nueva" (65)
Estos anuncios de los profetas se producen en un perodo de unos tres siglos, que va desde el destierro de Israel y de Jud, la vuelta de los judos a Jerusaln cuando Babilonia es conquistada por el persa Ciro el Grande, y los primeros aos despus de la reconstruccin de la Ciudad Santa y del Templo. A partir de all la voz de Dios se calla, ya no habr profetas que hablen en su nombre.

En los siguientes 400 aos, pasarn los judos de un dominio a otro de distintos conquistadores, con breves intervalos de independencia. Sufren dos conquistas importantes: la de los griegos, con Alejandro Magno, y finalmente la de los romanos.
Encontramos los descendientes de dos tribus (Jud y Benjamn) instalados en Judea, con Jerusaln y el templo. La religin ir perdiendo en mucho su sentido interior, quedando en general circunscripta a una serie de prcticas exteriores de culto legalista, supervisadas por los escribas y maestros de la Ley.

Quedar, en este contexto histrico y religioso del pueblo israelita, todo preparado para la ms extraordinaria, nica e irrepetible intervencin de Dios en la historia humana: la misin redentora que entre los hombres cumplir su mismo Hijo, segunda persona de la Trinidad, Dios por naturaleza, a travs de ese gran misterio llamado la encarnacin de Dios en la naturaleza humana.

Referencias al Captulo 3:

(30): Concilio Vaticano II, Constitucin Dogmtica "Dei Verbum", N 3
(31): Gnesis 3,14-15
(32): Juan Pablo II, Catequesis sobre "Redencin y pecado", del 7 y 10/12/1986.
(33): Gnesis 6,5-8
(34): Gnesis 6,9 al 9,17
(35): Gnesis 9,9-11
(36): Mateo 24,37-39
(37): Gnesis 10,5
(38): Gnesis 10,32
(39): Gnesis 11,1-9
(40): Gnesis 13,14-16
(41): Gnesis 17,3-7
(42): Gnesis 17,17
(43): Gnesis captulos 25 al 36.
(44): Gnesis 25,21
(45): Exodo 1,6-7
(46): Exodo 1,8-16
(47): Historia de Moiss: Libros del xodo, Levtico, Nmeros y Deuteronomio.
(48): Hechos 7,23-25
(49): Hechos 7,25-29
(50): xodo 3,1
(51): xodo 3,7-12
(52): xodo 20,1-17
(53): Catecismo de la Iglesia Catlica: Nmeros 2056, 2057, 2064, 2066 y 2072
(54): Josu, captulos 3 al 7
(55): Jueces 10,6-16
(56): 1 Samuel 8,4-9
(57): 1 Samuel 14,47-48
(58): 2 Samuel 7-8-16
(59): 1 Reyes 12,21-24
(60): 1 Reyes 12,26-32
(61): Levtico 26,15-33
(62): Levtico 26,44-45
(63): Ezequiel 36,24-28
(64): Jeremas 4,4
(65): Isaas 65,17; cf. Apocalipsis 21,1

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