Contempladores

La Vida Cristiana Plena

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.

Capitulo 2: El Cumplimiento Del Propsito De Dios.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

La Creacin.

Hemos visto en el captulo anterior cul ha sido el propsito eterno de Dios para crear al hombre y al mundo donde habitara. Abordar el tema de la creacin del cosmos y de la humanidad implica penetrar en el fundamento mismo de la realizacin prctica de los designios de Dios; el Catecismo de la Iglesia Catlica nos introduce magnficamente en este tema capital para comenzar a comprender la raz de la vida cristiana plena:

"La cuestin sobre los orgenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones cientficas que han enriquecido magnficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparicin del hombre. Estos descubrimientos nos invitan a admirar ms la grandeza del Creador, a darle gracias por todas sus obras y por la inteligencia y la sabidura que da a los sabios e investigadores.
El gran inters que despiertan estas investigaciones est fuertemente estimulado por una cuestin de otro orden, que supera el dominio propio de las ciencias naturales. No se trata slo de saber cundo y cmo ha surgido materialmente el cosmos, ni cundo apareci el hombre, sino ms bien de descubrir cul es el sentido de tal origen: si est gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad annima, o bien por un Ser trascendente, inteligente y bueno llamado Dios. Y si el mundo procede de la sabidura y de la bondad de Dios, por qu existe el mal?, de dnde viene?, quin es responsable de l?, existe la posibilidad de liberarse del mal?
Desde sus comienzos, la fe cristiana se ha visto confrontada a respuestas distintas de las suyas sobre la cuestin de los orgenes. As, en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orgenes. Algunos filsofos han dicho que todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios (pantesmo); otros han dicho que el mundo es una emanacin necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella; otros han afirmado incluso la existencia de dos principio eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente (dualismo, maniquesmo); segn algunas de estas concepciones, el mundo (al menos el mundo material) sera malo, producto de una cada, y por tanto se ha de rechazar y superar (gnosis); otros admiten que el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habra abandonado a s mismo (desmo); otros, finalmente, no aceptan ningn origen trascendente del mundo, sino que ven en l el puro juego de una materia que ha existido siempre (materialismo). Todas estas tentativas dan testimonio de la permanencia y de la universalidad de la cuestin de los orgenes. Esta bsqueda es inherente al hombre." (8)

Veremos entonces cul es la respuesta que da la Revelacin de Dios a travs de la Biblia, segn la doctrina de la Iglesia Catlica.

El primer acto de Dios para llevar a cabo su propsito fue el de la creacin. Por lo tanto la creacin comenz un da, no es eterna. Y podemos preguntarnos dnde estaba Dios antes de que todo fuera creado? No estaba en ningn lado, porque no haba cosas; el espacio es el lugar de las cosas, las cuales recin existieron cuando Dios decidi, en su amor, que as fuera. Dios existe en s mismo, y tiene todo en s mismo, y ya vimos que slo crea porque quiere compartir su vida.
Y segn nos relata en el principio de la Biblia el Libro del Gnesis, Dios cre al mundo, y por ltimo a la criatura "a su imagen y semejanza" que estaba destinada a recibir todo su amor: el hombre.

La accin creadora de Dios, segn la Revelacin de la Biblia, implica llamar a la existencia al mundo y a los hombres, es decir, hacer de la nada. Aqu se aprecia en toda su magnitud el amor desinteresado de Dios, que en la creacin se manifiesta como el supremo donante. El Concilio Vaticano I proclama claramente esta verdad de fe catlica que proviene desde el principio del Magisterio de la Iglesia:

"Este nico Dios verdadero, en su bondad y omnipotente virtud, no para aumentar su gloria, ni para adquirirla, sino para manifestar su perfeccin mediante los bienes que distribuye a las criaturas , con decisin plenamente libre, 'simultneamente desde el principio del tiempo sac de la nada una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la anglica y la material, y luego la criatura humana, como partcipe de una y otra, al estar constituida de espritu y de cuerpo' (Concilio Lateranense IV)" (9)

Dios no busca, por lo tanto, en la obra de la creacin, nada que pudiera faltarle, ya que l es el Ser totalmente e infinitamente perfecto, y slo busca, en una decisin plenamente libre y soberana, hacer participar a los hombres en forma real, aunque limitada y parcial, de su propia perfeccin.

Para quien pueda leer la historia bblica de la Creacin de los hombres con una mirada simplemente humana, existe el peligro de tomarla como una fbula para nios, un cuento infantil muy simple, y, si, adems, se intenta compatibilizarla con las teoras cientficas sobre la evolucin del universo y del hombre, la resultante ms segura es que se dejar de lado su lectura o se desechar como algo que ya hoy, en la poca que vivimos, no tiene ninguna apoyatura cientfica ni mayor inters.
Pero si lee en forma "espiritual", es decir, ya viviendo la vida cristiana, al menos en sus inicios, como veremos ms adelante, es posible ir penetrando de a poco en el misterio que encierran esos relatos aparentemente tan simples.

El hecho es que, dejando de lado los detalles bblicos de la creacin, descriptos en los tres primeros captulos del Gnesis, que son en general por todos conocidos, tratemos de contemplar ese primer hombre y esa primera mujer, prototipos de la raza humana, viviendo en un lugar llamado Paraso.
Lo primero que llama la atencin es la familiaridad y sencillez de su trato con Dios, que era posible porque como dice la Biblia, Dios dijo al crear al hombre "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" (10), y as fue como lo cre, para cumplir con su propsito eterno. Estaban en una perfecta armona con la naturaleza que los rodeaba y con su Creador.

Qu significa esta imagen y semejanza del hombre respecto a Dios, su Creador? El diccionario nos dice que imagen es la figura o representacin de una cosa, es decir, es una especie de copia de un prototipo original; y la caracterstica de semejante implica que algo se parece a una persona o cosa. Por lo tanto la combinacin de estas dos expresiones nos permite decir que el hombre fue creado para ser como Dios, para parecerse lo ms posible a l, para participar de su misma vida divina, sin ser Dios por esencia.

En qu caractersticas del hombre encontramos esta imagen y semejanza de Dios? Algunas son de tipo externo, como el hecho de que el hombre ha sido destinado por Dios a mandar sobre la Creacin, como lo revela el Gnesis:
"Y bendjolos Dios, y djoles Dios: sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra" (11)

Otras caractersticas hacen a la naturaleza del ser del hombre: la principal es que el hombre, a diferencia de las cosas y los animales, posee un alma, con facultades espirituales, es decir, no materiales, que la caracterizan, que son la inteligencia y la voluntad. Estas facultades le permiten al hombre tomar decisiones morales, o sea, que estn de acuerdo con la regla de las buenas costumbres humanas, permitindole que se relacione con las dems personas de esa manera.
Pero la capacidad mayor del hombre para asemejarse a Dios radica en su disposicin, nica entre las criaturas de Dios, de recibir en su alma algo que no pertenece a su propia naturaleza, y que por eso se dice que lo recibe en forma sobrenatural; es una participacin real y efectiva de la misma vida de Dios, un germen de vida divina injertado en el alma destinado a crecer, que recibe el nombre de gracia santificante.
Dios le dio, a travs de la gracia, un don, un regalo, algo sobrenatural, que no tena el hombre en su naturaleza creada, que es lo que le permite tener una participacin de la naturaleza divina.
De esta manera el hombre viva en plena armona con Dios, en ese lugar tan especial donde tena lugar esa relacin ntima del Creador con su criatura, el Paraso, gozando de un estado que los telogos denominan de justicia original.

Tambin la vida en el Paraso de los primeros hombres se caracterizaba por una felicidad incomparable, debido a otros dones sobrenaturales que haban recibido de Dios, que los haba destinado a no conocer el dolor y el sufrimiento, a no morir, a tener un conocimiento infuso, dado por Dios mismo, de muchas verdades naturales y sobrenaturales, y a tener, mediante el llamado don de integridad, un dominio perfecto sobre las tendencias sensitivas que se oponen a las reflexiones del entendimiento y a las resoluciones de la voluntad.

As queda ms o menos claro el sentido de la imagen y semejanza del hombre con Dios, y por ahora tomemos estas caractersticas solamente como un enunciado, ya que ms adelante se irn desarrollando en forma detallada para su mejor comprensin.

Un autor espiritual define as a esos primeros hombres:
"Los primeros hombres eran un principio, eran juventud, pero estaban llenos de gloria. Si entraran en el mismo sitio en que estuviramos nosotros, no lo podramos soportar. Nos resultara aniquiladoramente claro qu pequeos, qu confusos y qu feos somos. Les gritaramos: Marchaos, para que no tengamos que avergonzarnos demasiado! No tenan ruptura en su naturaleza; eran poderosos de espritu; claros de corazn; resplandecientemente bellos. En ellos estaba la imagen de Dios; pero esto quiere decir tambin que Dios se manifestaba en ellos. Cmo debi refulgir su gloria en ellos!" (12)

El pecado y la cada del hombre.

Es en este contexto que recin contemplbamos que se produce el acto ms grave y funesto en la historia del hombre, y que, an hoy, sigue repitindose da a da: el pecado.
Es crucial para todo catlico poder tener claro en qu consiste el pecado, sobre todo en una poca en que todo lo que se consume pasa a ser "light", y tambin la nocin de pecado no se escapa de ser atenuada, alivianada y hecha digerible de cualquier manera. Si hasta el vocablo mismo, "pecado", suscita en general sonrisas irnicas y miradas equvocas, que buscan ubicarla entre las cosas pasadas de moda, pertenecientes a otras pocas, y que han sido borradas por la cultura "moderna", en su permisividad cada vez ms absoluta!

Nos ayudar una lectura atenta del pasaje que describe el primer pecado de los hombres, tambin llamado "pecado original":
"La serpiente era el ms astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios haba hecho. Y dijo a la mujer:<<Cmo es que Dios os ha dicho: No comis de ninguno de los rboles del jardn?>> Respondi la mujer a la serpiente: <<Podemos comer del fruto de los rboles del jardn. Mas del fruto del rbol que est en medio del jardn, ha dicho Dios: No comis de l ni lo toquis, so pena de muerte.>> Replic la serpiente a la mujer: <<De ninguna manera moriris. Es que Dios sabe muy bien que el da en que comiereis de l, se os abrirn los ojos y seris como dioses, conocedores del bien y del mal.>> Y como viese la mujer que el rbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabidura, tom de su fruto y comi, y dio tambin a su marido, que igualmente comi. Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceidores." (13)

No nos quedemos con la descripcin, sino busquemos la profundidad de los smbolos que aqu se nos presentan en este pasaje fundamental de la Biblia. Los personajes que encontramos son: Dios, Adn y Eva, como prototipos de los primeros hombres creados, y a la serpiente. En este animal, tanto en la Biblia (14) como en la Tradicin de la Iglesia (15) se ve a Satans o el Diablo, ser de naturaleza anglica que se ha apartado de Dios rechazndolo en forma irrevocable.

El hombre y la mujer escuchan tanto la voz de Dios como la de Satans. Dios les haba dicho: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: de cualquier rbol del jardn pueden comer, mas del rbol de la ciencia del bien y del mal no comern, porque el da que comieres de l, moriris sin remedio." (16)

Es decir, Dios les haba dado un mandato, algo que deban cumplir. Ms adelante, a medida que transcurra la historia del hombre, y que Dios le siga hablando a travs de otros hombres que son capacitados como sus instrumentos para recibir sus palabras y volcarlas por escrito o proclamarlas a viva voz (llamados escritores sagrados o profetas), el Creador seguir dando diversos mandamientos a los hombres.

Cul es el sentido de estos mandatos? Qu Dios se sienta bien porque los hombres obedecen lo que les pide? Qu Dios vea satisfechas, a modo de caprichos, todas las cosas que se le ocurren para someter al hombre al arbitrio de su voluntad? No, no es as de ninguna manera. Estas seran las razones humanas que podra tener un hombre muy poderoso y desptico aqu en la tierra. Todo lo que Dios le pide al hombre que haga es para su propio bien, para su felicidad, y para que pueda lograr alcanzar el fin para el que, con muchsimo amor, le ha creado. Pero ya vimos que Dios cre al hombre a su imagen y semejanza, y uno de los rasgos de esta imagen de Dios, que asemeja al hombre a su Creador, es la libertad.

Esta facultad le permite obrar al ser humano de una manera u otra, por su propia eleccin. Pero tengamos en cuenta algo importante: para poder ejercitar la libertad, hay que poder tener la posibilidad de elegir entre una cosa y otra. Por qu decimos que un preso que est en la crcel est privado de su libertad? Porque no puede elegir estar adentro de la celda o fuera de ella.

Magnficamente nos presenta la Biblia esta realidad:
"Toda abominacin odia el Seor, tampoco la aman los que le temen a l. El fue quien al principio hizo al hombre, y le dej en manos de su propio albedro. Si t quieres, guardars los mandamientos, para permanecer fiel a su beneplcito. El te ha puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano. Ante los hombres la vida est y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dar. Que grande es la sabidura del Seor, fuerte es su poder, todo lo ve. Sus ojos estn sobre los que le temen, l conoce todas las obras del hombre. A nadie ha mandado ser impo, a nadie ha dado licencia de pecar." (17)

El fuego y el agua representan aqu las opciones; el hombre llevar libremente su mano adonde quiera, y las consecuencias sern muy distintas segn sea su eleccin. Es por esto que Dios permite que los hombres escuchen otra voz, muy distinta a la suya, la de Satans, o el Adversario. Este ngel cado, apartado de Dios, lleno de odio hacia su Creador, tiene un nico propsito: apartar a los hombres del fin para el cual han sido creados por Dios, impidiendo que lleguen a cumplirlo.

Por lo tanto, el primer pecado del hombre, tambin llamado "pecado original", tuvo su fundamento en un abuso de su libertad, alimentado por la tentacin. As lo define el Catecismo:

"El hombre, tentado por el Diablo, dej morir en su corazn la confianza hacia su creador (cf. Gen 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeci el mandamiento de Dios. En esto consisti el primer pecado del hombre (cf. Rom 5,19). En adelante, todo pecado ser una desobediencia a Dios y una falta de confianza en Su bondad." (18)

Para cumplir con su funesto propsito, Satans utiliza un arma muy sutil llamada la tentacin. Esta se desarrolla en distintos pasos, que vemos claramente en el pasaje del Gnesis que estamos tomando como referencia: el tentador se acerca, comenzando la conversacin, basada en mentiras disfrazadas: "Dios os ha dicho: No comis de ninguno de los rboles del jardn" (1 mentira); "De ninguna manera moriris" (2 mentira); "seris como dioses, conocedores del bien y del mal" (3 mentira).
A partir de esta serie de mentiras, presenta el Diablo un panorama seductor, opuesto al de Dios, pero aparentemente mejor, tratando de obtener por el engao la decisin libre y voluntaria del hombre a su propuesta. Si esta se produce, surgir entonces lo que llamamos pecado, que resulta entonces claro que consiste en una desobediencia a lo que nos pide Dios para que obtengamos el bien supremo de llegar a ser como l, viviendo y compartiendo eternamente su propia vida.

A qu apela la tentacin para lograr su cometido? Al deseo del hombre de ser como Dios por sus propios medios y caminos, y no segn la manera en que Dios quiere que lo obtenga. Esto es lo que se conoce como soberbia, que etimolgicamente significa "estar sobre el ser", es decir, ser omnipotente, no depender de nadie.
En esto encontramos precisamente el mayor sinsentido del pecado: Dios quiere elevar al hombre a que viva su misma vida, a que sea "como l", y para eso quiere guiarlo por un camino seguro que lo llevar a conseguir ese fin ltimo. Pero el hombre desoye este llamado, porque l quiere "ser como Dios", pero a travs de sus propios caminos, que lo pueden llevar en realidad a perder la posibilidad de alcanzar ese fin.

En el origen de todo pecado humano siempre vamos a encontrar estos componentes: no escuchar a Dios, desobedecindolo; dejarse llevar por la tentacin (que a la de Satans, como la vivi el primer hombre, se agregar despus de la cada por el pecado original otra tentacin, que viene del interior mismo del alma, llamada la concupiscencia), queriendo ser "como Dios" por soberbia, considerndose autosuficiente y no dependiendo de su Creador.
La actitud de soberbia existe siempre en la desobediencia a Dios, porque implica sentirse por encima de l, no necesitando cumplir lo que le pide, es decir, no necesitndolo a Dios.

San Pablo expresa con claridad su concepto del pecado:
"En efecto la clera de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazn se entenebreci: jactndose de sabios se volvieron estpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representacin en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrpedos, de reptiles". (19)

Veamos el comentario sobre esta Palabra de un autor espiritual moderno: "El objeto primario de la reprobacin divina lo identifica San Pablo con la impiedad ("asebeia" en griego). Esta impiedad consiste en la negativa a glorificar y dar gracias a Dios. En otras palabras, en la negativa a reconocer a Dios como Dios, en no tributarle la consideracin que se le debe. Consiste, podramos decir, en 'ignorar' a Dios, donde ignorar no significa tanto 'no saber que existe' cuanto 'hacer como si no existiera'.
Reducido a su ncleo germinal, el pecado es negar este 'reconocimiento'; es el intento, por parte de la criatura, de cancelar, por propia iniciativa, casi con prepotencia, la diferencia infinita que hay entre ella y Dios. Es algo mucho ms oscuro y terrible de lo que el hombre puede imaginar o decir.
Esta negativa ha tomado cuerpo, concretamente, en la idolatra, en que se adora a la criatura en lugar del Creador. En la idolatra, el hombre no 'acepta' a Dios, sino que se fabrica un Dios, es l quien decide por Dios, no al revs. Las partes se invierten: el hombre se convierte en el alfarero y Dios en el vaso que l modela segn le place". (20)

Es muy clara la conclusin que aqu se plantea: el pecado trastoca totalmente la relacin que debe existir entre Dios y su criatura; veremos a continuacin las terribles consecuencias en la humanidad que produce esta situacin "ms oscura y terrible de lo que el hombre puede imaginar o decir".

Las consecuencias del pecado.

A raz del pecado se produce un hecho que cambia radicalmente la situacin del hombre despus de haber sido creado: la criatura de Dios pierde el estado de justicia original para encontrarse en el estado nuevo de pecaminosidad. Esto est ejemplificado en la Biblia con la expulsin del hombre del Paraso:
"Al hombre le dijo: Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del rbol que yo te haba prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa; con fatiga sacars de l el alimento todos los das de tu vida. Espinas y abrojos te producir, y comers la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comers el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de l fuiste tomado. Porque eres polvo, y al polvo tornars. Y le ech Yahveh Dios del jardn de Edn, para que labrase el suelo de donde haba sido tomado." (21)

El ser humano pierde la gracia santificante que haba recibido y los dones que ella conllevaba. Pero lo ms agravante de esta situacin es que el primer ser humano (hombre y mujer), haba recibido todos esos beneficios sobrenaturales para l y para su descendencia.
Por lo tanto la esencia de lo que produce el pecado original en el hombre es la cada en desgracia (prdida de la gracia), situacin que se transmitir a toda la descendencia humana.

El hombre queda herido en su misma naturaleza racional, y tendr que luchar permanentemente contra su tendencia, impulsada por la tentacin, de querer establecer por s mismo la ley moral, en forma independiente de su Creador, o, peor an, en contra del mismo.

El "rbol de la ciencia del bien y del mal" representa el lmite que el hombre no puede franquear en su relacin con Dios. Slo Dios es la Verdad y la Bondad absolutas, el Legislador Supremo, de quien deriva toda ley en el mundo creado, y en particular las leyes de la naturaleza humana. Como consecuencia, cuando el hombre quiere decidir por s mismo lo que est bien y lo que est mal, se est poniendo en lugar de Dios.

A partir del pecado original, el hombre destinado a ser inmortal, no tener sufrimientos ni dolores, y tener una inteligencia esclarecida para conocer la verdad, comenzar un trnsito por una vida en que "tendr que ganarse el pan con el sudor de su frente", y la muerte har su entrada en la historia de la humanidad. Surgir entonces sobre la tierra esa terrible realidad que los hombres denominan genricamente "el mal".

Dice el recordado Papa Juan Pablo II: "Debemos afrontar, ante todo, el tema del pecado, esa realidad oscura difundida en el mundo creado por Dios, la cual constituye la raz de todo el mal que hay en el hombre y, se puede decir, en la creacin." (22)

Qu es el mal? En principio la respuesta que da el cristianismo a esta pregunta es distinta a la de otras tradiciones religiosas. Segn la Revelacin, el mal no es algo creado por Dios, ya que todo lo creado por l es bueno, como lo atestigua la Biblia en el relato de los seis das de la creacin, que siempre termina con la misma frase: "Y vio Dios que esto era bueno" (23)

San Agustn defini el mal como la "ausencia de bien"; cuando no se practica el bien (situaciones de pecado), se da lugar a que aparezca el mal. Se puede dar un ejemplo simple para entender este concepto: ocurre como con la luz y la oscuridad; lo que existe es la luz, no la oscuridad. La oscuridad es falta de luz. Si hay luz no puedo traer oscuridad en una valija y ponerla en su lugar; la oscuridad slo aparece cuando la luz desaparece, cuando es tapada o apagada. De la misma manera, si todo fuera bien, el mal desaparecera, no existira.

Juan Pablo II sostena esta doctrina con mucho nfasis:
"As pues, la realidad del sufrimiento pone una pregunta sobre la esencia del mal: qu es el mal? Esta pregunta parece inseparable, en cierto sentido, del tema del sufrimiento. La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe, profesa la bondad del Creador y proclama el bien de las criaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitacin o distorsin del bien. Se podra decir que el hombre sufre a causa de un bien del que l no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que l mismo se ha privado".(24)

El mal hace sufrir al hombre, como una exclusin del bien, y es consecuencia del pecado, ya sea propio o ajeno. El mal se extiende como consecuencia de la pecaminosidad que se manifiesta en los hombres, que produce consecuencias que ya San Pablo describa con toda crudeza:
"Por eso Dios los entreg a las apetencias de su corazn hasta una impureza tal que deshonraron entre s sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amn.
Por eso los entreg Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en s mismos el pago merecido por su extravo.
Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entreglos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, henchidos de envidia, de homicidio, de contienda, de engao, de malignidad, chismosos, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados." (25)

Pensemos que esta situacin, escrita hace casi 2000 aos, sigue siendo una realidad pavorosa en el mundo, que a nadie se le puede escapar.

Tenemos tambin que tener en cuenta algo fundamental: el pecado influye en todos, ya que no existe el pecado con consecuencias solamente individuales o personales. Tambin Juan Pablo II habl claramente sobre las consecuencias del pecado personal, que van ms all del que lo comete:

"El pecado, en sentido verdadero y propio, es siempre un acto de la persona, porque es un acto libre de la persona individual, y no precisamente de un grupo o una comunidad. Este hombre puede estar condicionado, apremiado, empujado por no pocos ni leves factores externos; as como puede estar sujeto tambin a tendencias, taras y costumbres unidas a su condicin personal. En no pocos casos dichos factores externos e internos pueden atenuar, en mayor o menor grado, su libertad y, por lo tanto, su responsabilidad y culpabilidad. Pero es una verdad de fe, confirmada tambin por nuestra experiencia y razn, que la persona humana es libre. No se puede ignorar esta verdad con el fin de descargar en realidades externas -las estructuras, los sistemas, los dems- el pecado de los individuos. Despus de todo esto supondra eliminar la dignidad y la libertad de la persona, que se revelan -aunque sea de modo tan negativo y desastroso- tambin en esta responsabilidad por el pecado cometido. Y as, en cada hombre no existe nada tan personal e intransferible como el mrito de la virtud o la responsabilidad de la culpa.
Por ser el pecado una accin de la persona, tiene sus primeras y ms importantes consecuencias en el pecador mismo, o sea, en la relacin de ste con Dios -que es el fundamento mismo de la vida humana- y en su espritu, debilitando su voluntad y oscureciendo su inteligencia...
Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los dems. Es sta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magnfico de la comunin de los santos, merced a la cual se ha podido decir que <<toda alma que se eleva, eleva al mundo>> A esta ley de la elevacin corresponde, por desgracia, la ley del descenso, de suerte que se puede hablar de una comunin del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero. En otras palabras, no existe pecado alguno, aun el ms ntimo y secreto, el ms estrictamente individual, que afecte exclusivamente a aquel que lo comete. Todo pecado repercute, con mayor o menor dao en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana." (26)

Se va haciendo presente as algo que en s mismo es un gran misterio, y es el sufrimiento del inocente. Muchos sufren, no por su propio pecado, sino por el pecado que los rodea en el mundo. El Concilio Vaticano II llam la atencin sobre este tema muy concretamente:

"En nuestra poca principalmente, urge la obligacin de acercarnos a todos y de servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese nio nacido de una unin ilegtima que debe aguantar sin razn el pecado que l no cometi.
No slo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o fsicas, los conatos sistemticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitucin, la trata de blancas y de jvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prcticas y otras parecidas son en s mismas infamantes, degradan la civilizacin humana, deshonran ms a sus autores que a sus vctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador." (27)

Tenemos as expresadas las consecuencias del pecado original que aun nosotros experimentamos hoy dolorosamente, y que a muchos les hace cuestionar a Dios, y que puede en algunos casos llegar a la negacin misma del Creador. Sin embargo, cuando se penetra en la verdad del pecado, no slo se ve que es culpa del hombre, sino que la Biblia nos permite asomarnos a un concepto inaudito: el sufrimiento de Dios por el pecado de los hombres.

Veamos lo que explica al respecto un gran escritor espiritual y predicador contemporneo:

"Uno de los motivos que ms ha contribuido en el espritu humano a este rechazo del Padre es el dolor de los inocentes. Se dice: No podemos aceptar a un Dios que permite el dolor de tantos nios inocentes! Y si se intenta hacerles ver que tambin Jess ha sufrido, entonces responden: Precisamente Jess es nuestro principal argumento! Por qu ha tenido que sufrir tambin l? El, al menos, es seguro que era inocente! En el fondo del resentimiento humano hacia Dios Padre est, pues, el sufrimiento del mundo, el hecho de que l -el hombre- sufre, y Dios no; que el Hijo ha sufrido, mientras el Padre permaneca impasible. Por eso, con la ayuda del Espritu, queremos intentar iluminar este hecho. Y sobre todo, respecto a la actitud del Padre ante el sufrimiento en general.
Cuando la Biblia entr en contacto con la filosofa, lo que mayor escndalo caus fueron las <<pasiones>> de Dios, el hecho de que el Dios de la Biblia <<padeciera>>. En efecto, leemos en el Antiguo Testamento, que a Dios <<le pes en el corazn>> (Gen. 6,6), que fue <<enojado>> en el desierto (Sal. 78,40). Y no se trata slo de unas pocas frases escogidas. Toda la Biblia est llena, de principio a fin, de una especie de lamento apesadumbrado de Dios, que se expresa en aquel grito: <<Pueblo mo, qu te hice, en qu te molest? Respndeme>> (Miq. 6,3). La razn profunda de este lamento es el amor del Padre traicionado: <<Hijos he criado y educado, y ellos se han rebelado contra m>> (Isaas 1,2). Pero Dios no se aflige por s, como si le faltara algo; se aflige por el hombre que, de esa manera, se pierde. Se aflige, pues, por puro amor. La Biblia no tiene miedo de sacar a la luz una cierta <<impotencia>> de Dios, causada por su amor al hombre. Los hombres hacen de todo para provocar a Dios con sus dolos y su rebelin; en justicia, Dios debera destruirlos, sin embargo asistimos a un debate, a un cierto drama, en Dios mismo, revelado por estas palabras pronunciadas a travs de Oseas: <<Cmo podr dejarte, Efran; entregarte a ti, Israel? Me da un vuelco al corazn, se me revuelven todas las entraas. No ceder al ardor de mi clera>> (Os. 2,8-9)
Ciertamente las palabras <<pasin>>, <<sufrimiento>>, aplicadas a Dios, tienen un significado analgico, diferente al que tienen en el mbito humano. En l se trata de un sufrimiento infinitamente libre, no sujeto a ninguna necesidad o hecho, que no destruye los otros atributos divinos, sino que los confirma, por ms que nosotros no veamos como. Una radical incapacidad para sufrir, por el contrario, constituira, para Dios -sealaban algunos antiguos Padres-, una limitacin y sera signo de falta de libertad. Dios puede tambin, si quiere, sufrir, y, puesto que ama, lo quiere. La pasin de Dios es signo de una soberana y poder infinitos, no menos que las dems perfecciones suyas." (28)

Ayudados por la Palabra de Dios y por el Magisterio de la Iglesia hemos podido penetrar en la realidad del pecado, en su concepto y sus consecuencias. Tengamos presente que el pecado que se evidencia, en muchos casos trae consecuencias personales directas sobre el pecador, cuando se transgreden las leyes del derecho humano, como ocurre con el robo, la violencia y los asesinatos, las violaciones, las estafas, la trata de blancas, la prostitucin y la pornografa infantil, el trfico de drogas y otros delitos penados por la ley.

Cuando el pecado queda oculto, no trasciende, o no es penalizado por las leyes del mundo, que son cada vez ms permisivas en tantos casos, apelando a excesos como la libertad a ultranza de las personas, o a la no discriminacin sin topes de ciertos individuos por la sociedad, queda, sin embargo, una pena interior, que en ltima instancia enfrenta al hombre con Dios, aunque sea creyente o no, y es la que produce la llamada voz de la conciencia.

Esta situacin frente a Dios y a sus mandamientos no ser posible de eludir en sus consecuencias, como muchas veces se pueden eludir las leyes humanas y sus castigos. Esto lo veremos en detalle en otro captulo, cuando tratemos lo que deber enfrentar el hombre en su alma inmortal despus que transponga ese umbral tan temido que separa la vida de la muerte fsica.

En cuanto a la vivencia del pecado ajeno, lo que llamamos el sufrimiento del inocente, esto representa algo mucho ms complejo y misterioso, ya que Dios, si bien no es quien lo produce, como ya lo vimos, en muchos casos lo permite, es decir, no acta para evitarlo, y sabe sacar de l un bien, representado por conversiones de vida, por arrepentimiento de males cometidos, e inclusive por expiaciones voluntarias a favor de otros. Todas estas situaciones van unidas directamente al sentido de la Redencin de los hombres obtenida por Jesucristo a travs de la cruz, que analizaremos un poco ms adelante.

La prdida del sentido del pecado.

Otro aspecto importante referido al tema del pecado en nuestra poca es la prdida que ha sufrido en general en la sociedad moderna el sentido del pecado. El Papa Juan Pablo II tambin ha profundizado en este tema, en cuanto a qu es lo que se denomina sentido del pecado y cules son los principales motivos para que esto ocurra hoy en una forma clara. Veamos lo que nos dice a travs de su autorizada palabra:

"A travs del Evangelio ledo en la comunin eclesial, la conciencia cristiana ha adquirido, a lo largo de las generaciones, una fina sensibilidad y una aguda percepcin de los fermentos de muerte, que estn contenidos en el pecado. Sensibilidad y capacidad de percepcin tambin para individualizar estos fermentos en las mltiples formas asumidas por el pecado, en los tantos aspectos bajo los cuales se presenta. Es lo que se llama el sentido del pecado.
Este sentido tiene su raz en la conciencia moral del hombre y es como su termmetro. Est unido al sentido de Dios, ya que deriva de la relacin consciente que el hombre tiene con Dios como su Creador, Seor y Padre. Por consiguiente, as como no se puede eliminar completamente el sentido de Dios, ni apagar la conciencia, tampoco se borra jams completamente el sentido del pecado. Sin embargo, sucede frecuentemente en la historia, durante perodos de tiempo ms o menos largos y bajo la influencia de mltiples factores, que se oscurece gravemente la conciencia moral en muchos hombres. Muchas seales indican que en nuestro tiempo existe este eclipse...
El <<secularismo>> que por su misma naturaleza y definicin es un movimiento de ideas y costumbres, defensor de un humanismo que hace total abstraccin de Dios, y que se concentra totalmente en el culto del hacer y del producir, a la vez que embriagado por el consumo y el placer, sin preocuparse por el peligro de <<perder la propia alma>>, no puede menos de minar el sentido del pecado. Este ltimo se reducir a lo sumo a aquello que ofende al hombre...
Se diluye este sentido del pecado en la sociedad contempornea tambin a causa de los equvocos en los que se cae al aceptar ciertos resultados de la ciencia humana. As, en base a determinadas afirmaciones de la psicologa, la preocupacin por no culpar o por no poner frenos a la libertad, lleva a no reconocer jams una falta. Por una indebida extrapolacin de los criterios de la ciencia sociolgica se termina -como ya he indicado- con cargar sobre la sociedad todas las culpas de las que el individuo es declarado inocente...
Se diluye finalmente el sentido del pecado, cuando ste -como puede suceder en la enseanza a los jvenes, en las comunicaciones de masa y en la misma vida familiar- se identifica errneamente con el sentido morboso de la culpa o con la simple transgresin de normas y preceptos legales.
La prdida del sentido del pecado es, por lo tanto, una forma o fruto de la negacin de Dios: no slo de la atea, sino adems de la secularista. Si el pecado es la interrupcin de la relacin filial con Dios para vivir la propia existencia fuera de la obediencia a l, entonces pecar no es solamente negar a Dios; pecar es tambin vivir como si l no existiera, es borrarlo de la propia existencia diaria.
Restablecer el sentido justo del pecado es la primera manera de afrontar la grave crisis espiritual que afecta al hombre de nuestro tiempo." (29)

La crisis de extrema gravedad que afecta al hombre moderno de mltiples formas en su existencia, incluye esta prdida del sentido del pecado. Cmo enfrentarla?
Ha quedado claro que el pecado siempre se evidencia en relacin a Dios, especialmente cuando el hombre confronta sus acciones y actitudes con el amor y la misericordia de Dios.

Si el hombre recuperara la vivencia y experiencia profunda en su espritu del amor desbordante de la Santsima Trinidad hacia l, su criatura, que se traduce en la misericordia infinita del Padre, en la amistad irrestricta y redentora del Hijo encarnado en Jesucristo, y en la accin interior de gua hacia la verdad del Espritu Santo, sera inmediata su aversin hasta el horror hacia el pecado, porque ya no vivira como si Dios no existiera, sino que Dios formara parte integrante de su existencia diaria.

Esto se puede lograr de una nica manera, que es viviendo cada vez ms profundamente la vida cristiana, y es el objetivo de este libro tratar de clarificar en qu consiste y cmo se vive esta vida nueva y sobrenatural que es don de Dios.

Referencias al Captulo 2:

(8): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 283, 284 y 285.
(9): Concilio Vaticano I. Const. Dei Filius, Cap. 1
(10): Gnesis 1,26
(11): Gnesis 1,28
(12): Romano Guardini, "Meditaciones Teolgicas", "El principio de las cosas", Cap. V
(13): Gnesis 3,1-7
(14): Sabid. 2,24; Juan 8,44; Apoc. 12,9; Apoc. 20,2
(15): Catecismo de la Iglesia Catlica, 1992, N 391: "Tras la eleccin desobediente de nuestros primeros padres, se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gen 3,1-5) que , por envidia, los hace caer en la muerte. La Escritura y la Tradicin de la Iglesia ven en este ser un ngel cado llamado Satn o Diablo. La Iglesia ensea que primero fue un ngel bueno, creado por Dios. "El Diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a s mismos malos" (Concilio de Letrn IV, ao 1215)
(16): Gnesis 2, 16-17
(17): Eclesistico 15,13-17
(18): Catecismo de la Iglesia Catlica, N 397
(19): Romanos 1,18.21-23
(20): Raniero Cantalamessa, "La vida en el seoro de Cristo", Cap. II
(21): Gnesis 3,17-19.23
(22): Juan Pablo II, Catequesis sobre Pecado y Redencin, 27/08/1986.
(23) Gnesis 1,10; 1,12; 1,21; 1,25; 1,31
(24): Juan Pablo II. Carta Apostlica "Salvifici Doloris", N 7
(25): Romanos 1,24-31
(26): Juan Pablo II, Exhortacin Apostlica "Reconciliato et Paenitentia", N 16
(27): Concilio Vaticano II, Constitucin "Gaudium et Spes", N 27
(28): Raniero Cantalamessa, "La vida en el seoro de Cristo", Cap. VI
(29): Juan Pablo II, Exhortacin Apostlica "Reconciliato et Paenitentia", N 18

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