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La Vida Cristiana Plena

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.

Capitulo 1: El Propsito De Dios Para El Hombre.

Introduccin.

Primera Parte: El Origen de la Vida Cristiana.
   Captulo I: El Propsito de Dios para el hombre.
   Captulo II: El Cumplimiento del Propsito de Dios.
   Captulo III: Dios no abandona al hombre - El Antiguo Testamento.
   Captulo IV: La Salvacin por Jesucristo.

Segunda Parte: Fundamentos De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Redencion Objetiva Y Subjetiva.
   Captulo II: Los Efectos De La Gracia Santificante.
   Captulo III: La Accion De La Razon En El Hombre.
   Captulo IV: La Accion De La Gracia En El Hombre.
   Captulo V: La Santidad En La Tierra.
   Captulo VI: La Gloria En El Cielo.
   Captulo VII: Los Fenomenos Misticos Extraordinarios.

Tercera Parte: Los Medios De Crecimiento De La Vida Cristiana Plena.
   Captulo I: La Faceta Negativa Del Crecimiento Espiritual.
   Captulo II: El Crecimiento Por Los Sacramentos Cristianos.
   Captulo III: El Crecimiento Por El Merito Y La Oracion.
   Captulo IV: El Papel De La Virgen Maria En La Santificacion De Los Hombres.
   Captulo V: La Devocion Al Sagrado Corazon De Jesus Como Medio De Santificacion.

Cuarta Parte: El Desarrollo De La Vida Cristiana Plena.
   Capitulo I: La Vida Esritual Al Modo Humano.
   Capitulo II: La Vida Espiritual Al Modo Divino.

El sentido de la vida.

Hay una pregunta que, si bien puede ser comn y repetida, resulta en general para la gente muy difcil de contestar, al menos con cierta precisin y conviccin, y es la siguiente: Cul es, para ti, el sentido de la vida? O tambin dicho de otra manera: Cul es el sentido de tu propia vida?

Esta pregunta se ha hecho, ms o menos de esta manera, en infinidad de encuestas, entrevistas, reportajes, estudios sociolgicos, etc., y lo que llama la atencin principalmente es la diversidad de opiniones y enfoques que resultan. Si tomamos en primer lugar las respuestas de personas entrevistadas por los medios masivos de comunicacin, que normalmente pertenecen a los personajes ms conocidos por el gran pblico y no a las oscuras personas que transcurren su vida cotidiana en el anonimato, vamos a encontrar all una expresin bastante repetida: el sentido de la vida es "triunfar".

El significado de este triunfo variar segn la actividad del personaje ms o menos famoso que est respondiendo, pero siempre encerrar el concepto de ser el mejor, de ser ms que los dems: significar ganar mucho dinero, ms que sus competidores, si el que est hablando es un hombre de negocios o un profesional; a esto se podr agregar el hecho de tener poder, ya sea econmico, poltico o de cualquier otra clase, lo que siempre implica tener un poder de decisin sobre los otros, cuantos ms, mejor.

Para quienes estn en el mundo del espectculo, del cine y de la televisin, el triunfo conlleva, adems del dinero, el hecho de la fama, el ser conocidos, admirados e idolatrados por las multitudes, all donde vayan. Para los que practican deportes, en especial los ms profesionalizados (qu deporte queda hoy en el mundo que sea solamente deporte por s mismo?), tambin el dinero y la fama se mezclan en el hecho de triunfar.

An en personajes distintos, como escritores, investigadores, jueces o militares, el triunfar en su actividad rene de una u otra manera el sentido de ser el mejor con el de tener una buena posicin econmica. Y, qu decir de los que pertenecen al mundo marginal de la sociedad, que no aparecen en las entrevistas de los medios?: los estafadores, ladrones, mafiosos de distintas escuelas y orgenes, traficantes de drogas y armas, proxenetas y otros con actividades turbias y subterrneas. Ellos tambin buscan con ahinco el triunfo, como componente de dinero y poder.

Ahondando ms en las consecuencias del "triunfo" que buscan estas personas, vamos a encontrar el hecho de poder vivir bien y poder darse todos los gustos, comprndose lo que desean, viajando a la parte del mundo que ms les plazca, teniendo el ltimo modelo de automvil, yate o avin privado, y, de alguna manera, de "tener asegurado el porvenir", de no pasar privaciones en un futuro, ni ellos ni su familia.

Tambin surge el hecho de ser admirados por los dems, ser considerados como "modelos" a imitar, lo que sin duda hace que se "sientan bien", que se sientan queridos por tantos, aunque ese amor siempre est alejado en sus manifestaciones por las vallas o por la accin de musculosos guardaespaldas que impiden que sus efusiones puedan "molestar" a quien es objeto de su culto amoroso.

Como contrapartida de estos "beneficios" del triunfo, tambin se suele destacar el enorme sacrificio realizado para obtenerlo: aos de trabajo duro, de estudios agotadores, de entrenamientos sin fin, de viajar y estar alejado de la casa o de la patria, de luchar incansablemente en medios muy difciles y hostiles, poblados de otros que tienen las mismas intenciones de triunfar.
Pero se ha triunfado porque se han enfrentado y vencido todas las dificultades, al modo de verdaderos "superhombres", ya que los triunfadores de este mundo cada vez ms pertenecen ms a una clase especial, de caractersticas casi por encima de las humanas habituales.

Cuando salimos del pequeo y selecto grupo de personas que llaman la atencin a los medios de comunicacin, y vamos hacia las personas "comunes", o "normales", que componen el grueso de la humanidad, la pregunta respecto al sentido de la vida se diluye en muchas respuestas bastante ms ambiguas.
Se mantiene en la mayora el aspecto de triunfar, de ser el mejor, pero en un sentido ms que todo de deseo, de posibilidad ms o menos cierta, o muy lejana, y en dimensiones mucho ms modestas: mejorar en un trabajo o en una profesin, desarrollar un negocio prspero, tener una buena familia, para poder, en trminos generales, vivir bien y poderse dar algunos gustos.

En muchos que esto no se ve alcanzable se produce una identificacin con sus dolos triunfadores, viviendo como propias sus vidas y sus logros, en una especie de mimetizacin que es la que origina a los "fanticos" que slo piensan y viven en funcin del dolo que siguen.

Encontramos tambin en otras personas un sentido de la vida que abarca otros aspectos, no tan personales: ser buenos padres o buenas madres, para que sus hijos sean importantes en la sociedad; que su nombre sea recordado despus de la muerte; que puedan investigar y descubrir cosas que mejoren la calidad de vida de las personas; que puedan ayudar a que la vida sea ms justa, con menos guerras e injusticias, y otros motivos ms o menos altruistas similares.

Todas estas consideraciones son vlidas cuando estamos considerando aquellos que viven en el primer o segundo mundo, con una vida encuadrada dentro de un esquema de trabajo o de posibilidades concretas de desarrollo. Pero qu pueden decir acerca del sentido de la vida aquellos que estn en los pases ms subdesarrollados o pobres econmicamente del planeta, o forman parte de las capas marginales de las sociedades ricas?

Probablemente encontramos all respuestas muy distintas: para muchos, el sentido de la vida ser slo el de sobrevivir, el de tener un da ms de vida, sumergidos como estn en el hambre y las enfermedades, o en guerras crueles e inacabables. Terriblemente, para otros, la vida ni siquiera presenta un sentido, slo se vive porque se vive, hasta que un da se termina, y ya est.

De cualquier manera, vemos que en general la palabra sentido implica siempre seguir en cierta direccin hacia lo que se ha planeado buscar y conseguir. Pero, tarde o temprano, se llega a constatar un hecho ineludible: lo que planeamos no depende solo de nosotros, hay causas, situaciones y circunstancias externas, muchas de ellas imprevisibles, que se escapan de nuestras posibilidades de manejo.

Especialmente hay dos de ellas, las ms importantes, que estn fuera de nuestro control: nuestro nacimiento y nuestra muerte. Ambas circunstancias son las que enmarcan, dando inicio y trmino, a lo que llamamos nuestra vida, y obviamente, son las que encierran el sentido de la misma.

Si pensamos en nuestro nacimiento, vemos que el mismo, no pensado ni deseado ni definido por nosotros, ha condicionado de alguna manera el sentido de nuestra vida: si hemos sido hombre o mujer, altos o bajos, feos o agraciados, con fsicos sanos o enfermizos, con capacidades naturales destacadas o escasas; si hemos nacido en una nacin avanzada o en una zona pobre y marginada; si pertenecemos a una familia adinerada o de alta posicin en la sociedad o ms bien a una familia sin trabajo o muy humilde, que lucha para sobrevivir; si pudimos acceder a una educacin o simplemente nos tuvimos que quedar con lo que aprendimos en las calles de un barrio bajo.

Por otra parte, si reflexionamos sobre lo que generalmente no queremos pensar, que es nuestra muerte, tenemos claro que tampoco tenemos control sobre el momento y las circunstancias en que sobrevendr la misma, ni por lo tanto podemos controlar los planes por los que creemos le podemos dar sentido a nuestra vida, porque quizs los mismos no tengan tiempo de realizarse.
Esta realidad se nos presenta da a da con la muerte, previsible o imprevista, de aquellos que nos rodean, y golpea y cuestiona muchas veces duramente lo que consideramos el justo sentido de nuestra vida. Cuntas veces una enfermedad grave o una muerte cambian totalmente el sentido de una vida!

Por lo tanto, en base a estas consideraciones, vemos que cuando intentamos dar por nosotros mismos el sentido a nuestra vida, nos encontramos con dificultades insalvables, que comienzan a partir de un hecho cierto e irrefutable: ninguno de nosotros se ha querido por s mismo, ni se ha planeado por s mismo, ni hemos decidido en nada sobre como somos, ni en que poca de la humanidad hemos nacido, ni en quienes fueron nuestros padres.

Y tambin tropezamos con otra dificultad, quizs an mayor: como darle un sentido a nuestra vida, si todos vamos a terminarla, ms temprano a ms tarde, con nuestra muerte, tampoco querida ni decidida por nosotros mismos. La muerte es el mayor "sin sentido" que enfrenta el hombre, a partir de su propia capacidad de razonamiento.

Obviamente todas estas ideas y cuestionamientos respecto al sentido de la vida no pertenecen al mundo actual, sino que han surgido, con variantes en las distintas pocas, a lo largo de toda la historia de la humanidad, frente a la realidad que enfrentaron los hombres de que tenan una vida, con un principio y un trmino inexorable: Para qu existo? Cul es el sentido de mi vida? La muerte es el final? De dnde vengo? A dnde voy? y muchas preguntas ms de tenor similar han sonado y siguen repiqueteando en los odos del mundo.
La filosofa, la historia, la medicina, la psicologa, en fin, las distintas ciencias del hombre, cada vez ms desarrolladas y avanzadas, no han podido dar una respuesta satisfactoria, tranquilizante, a estas preguntas.

Pero, para aquellas personas que creen en Dios, o que al menos tienen una cierta idea de que hay un Dios que ha creado todo lo existente, que es quien les ha dado la vida, y ha decidido que nazcan como son y en el momento que lo hicieron, estas preguntas se dirigen a Dios mismo y, en definitiva, se resumen en una sola y fundamental: Cul ha sido el propsito de Dios para crearme, cul es su plan para mi vida?

Las distintas religiones, tanto las ms antiguas y ya desaparecidas, como las que subsisten en la actualidad, han tambin buscado dar una respuesta al enigma de la existencia humana. Entraremos ahora en un aspecto distinto del sentido de la vida, porque vamos a referirnos a la vida del hombre, pero a una vida encarada desde una ptica particular, desde la fe cristiana. Comenzamos entonces a hablar de vida cristiana.

El Catecismo de la Iglesia Catlica resume la importancia de la respuesta que da la fe sobre el tema de la Creacin:
"La catequesis sobre la Creacin reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la pregunta bsica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: 'De dnde venimos?' 'A dnde vamos?' 'Cul es nuestro origen?' 'Cul es nuestro fin?' 'De dnde viene y a dnde va todo lo que existe?' Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientacin de nuestra vida y nuestro obrar." (4)

El propsito de Dios para el hombre.

Para aquellos cristianos que dirigen a Dios la pregunta cul es el propsito de Dios para crearme?, Dios les responde, y no solamente a los creyentes, sino a todos los hombres de buena voluntad, a travs de la Revelacin, a travs de su Palabra, de la Biblia. Hay dos aspectos fundamentales que Dios nos aclara en su Revelacin: Por qu nos crea? y Para qu nos crea?

La respuesta a Por qu nos crea? es una sola: Dios nos crea por amor, porque, como nos ensea San Juan "Dios es amor" (5). Desde la poca de los filsofos griegos se conoce que el constituyente central del hombre, el "ser", debe salir de s mismo para relacionarse con el mundo que lo rodea, para dar y recibir. El hombre es esencialmente un ser de relacin, y cuando no sale de s mismo es porque est enfermo, como ocurre con los autistas, catatnicos y en los que sufren otro tipo de enfermedades similares.

El ser ms imperfecto, ms necesitado, sale de s mismo para buscar lo que le falta, mientras que el ms perfecto tambin sale, pero en general no lo hace para recibir, sino para comunicar, para participar a otros seres de su propia riqueza interior. A este acto de salir de s mismo se lo llama "amor".
El nio que tiende sus bracitos a su madre buscando en ella todo lo que necesita, como alimentacin, proteccin, seguridad, consuelo, abrigo, posee un amor todava precario, imperfecto, esencialmente de bsqueda, al que los griegos llamaban "eros", y Santo Toms de Aquino lo denomina "amor de concupiscencia".
En cambio, la madre frente a ese hijo, est abierta a su necesidad, y sale de s misma para darle de lo que ella tiene y de lo que su criatura carece y necesita. Es un amor desinteresado, que no est buscando nada para s mismo, sino que tiene por objetivo el bien de su hijo. A este amor ms perfecto se lo llama "gape", o "amor de benevolencia". As se entiende que cuanto ms perfeccin posea un ser, tanto ms saldr de s mismo en una entrega, en un don al que lo necesita.

Como Dios es la plenitud de la perfeccin, cuando sale de s mismo, slo puede dar, ser "gape", ya que no puede pedir nada porque todo lo tiene. Dios es, sin duda, infinitamente feliz en s mismo, y para nada necesita de los hombres, sus criaturas, que no pueden aumentarle esa dicha ntima.

Pero como Dios es Amor, "Agape" pleno, quiere comunicar su propia vida a otras criaturas, los hombres. Este es el sentido profundo del por qu? de la creacin toda y, en particular, de la creacin de cada hombre: Dios, en su amor y bondad, quiere comunicar sus infinitas perfecciones, y lo primero que nos da a cada uno por amor es nuestro ser, nos crea a cada uno de los hombres para que existamos, para que salgamos de esa nada absoluta en que estbamos.

La segunda pregunta, para qu nos crea Dios?, implica la revelacin del propsito de Dios, del plan que tiene para cada uno, de aquello que San Pablo llama "el misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas... misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora, revelado a sus santos apstoles y profetas por el Espritu." (6)

Los trminos "Misterio" y "Plan", segn el uso de San Pablo, son prcticamente sinnimos. El Apstol prefiere la expresin "misterio" porque, como la mayor parte de los designios de la revelacin de Dios, tambin este plan no deja de ser algo incomprensible para la razn humana del hombre, sin la luz sobrenatural de la fe.

En la misma carta a los Efesios, San Pablo revela este misterio escondido: "Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Seor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en l antes de la fundacin del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligindonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, segn el beneplcito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agraci en el Amado." (7)

As podemos decir que el propsito eterno de Dios, su voluntad desde siempre, el "para qu" nos ha creado a cada uno, es porque quiere tener una familia de hijos semejantes a su Hijo, es decir, nos adopta y quiere ser un Padre para nosotros, en el ms amplio sentido de la palabra, hacindonos compartir su propia vida. Este plan se consumar para cada hombre que lo acepte, y durar por toda la eternidad, cuando estemos en su misma presencia, santos y sin mancha alguna de pecado que pueda afearnos.

De aqu surge con especial claridad el fin ltimo del cristiano: la vida cristiana plena tiene como finalidad el poder llegar a compartir, junto a Dios, su misma vida, lo que llevar a cada bienaventurado a la felicidad suprema que se expresar en una alabanza eterna a la gloria de Dios.

Este es entonces el fin para el que fue creado cada hombre y, ya sea que lo conozca o no, que lo crea o no lo crea, que lo tenga en cuenta en su vida o no, ninguna persona puede escaparse de l, ni puede evadir el hecho de que haya sido creada con este propsito, y que el tiempo de su vida, mucho o poco, est destinado a cumplir con este fin.

Es en funcin de esto que, cuando uno se va asomando a la realidad misteriosa del propsito de Dios, queda en evidencia el desvo total de buena parte de la humanidad en cuanto a este fin, dominada por las ideas conocidas como "secularismo" y "materialismo", que llevan a referir solamente el sentido de la existencia humana a lo que se puede realizar en el transcurso de la vida en esta tierra, perdiendo de vista, o directamente ignorando, que el trnsito efmero por este mundo es slo un tiempo de preparacin y eleccin para la vida verdadera y plena que Dios nos quiere regalar para toda la eternidad.

Dicho as simplemente, todo esto es inabarcable para la mente humana; pensar qu significa vivir una vida semejante a la de Dios, compartir su presencia, y esto, para toda la eternidad, son conceptos que escapan a nuestro entendimiento. Por eso ser necesario avanzar de a poco, para ver con ms detalle las reales implicancias de este asombroso gesto de amor de nuestro Dios Creador.

Referencias al Captulo 1:

(4): Catecismo de la Iglesia Catlica 1992, N 282.
(5): 1 Juan 4,8
(6): Efesios 3,5-9
(7): Efesios 1,3-6

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