Quiénes Somos?

Presentamos aquí a quienes formamos esta "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual, así como una breve historia de su nacimiento y desarrollo, centrando luego la atención en sus objetivos y la metodología y el programa que allí se desarrollan. Se explica también la forma en que se puede participar en ella, y se muestra una galería de fotos referidas a su actividad.

Qué es y Quiénes forman esta "Escuela".
Nacimiento y desarrollo.
Objetivos.
Sentido del nombre de la "Escuela".
Destinatarios de la "Escuela".
Metodología y programa que se desarrolla.
Como participar de la Escuela de Oración.
Galería de Fotos.

Qué es y Quiénes forman esta "Escuela":

La "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual Contempladores del Sagrado Corazón de Jesús" es un proyecto impulsado por un grupo de laicos dentro de la Iglesia Católica en la Argentina. Se encuentra incorporada dentro de la Diócesis de San Martín, Provincia de Buenos Aires, desarrollando sus actividades en el llamado "Convento de Santa Micaela", que es una Casa perteneciente a la Congregación de las Hermanas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, ubicada en la localidad de Villa Progreso.

El equipo de coordinadores está formado por las siguientes personas:

Coordinador general:

  • Juan Franco Benedetto

Coordinadores de grupos:

  • Stella de Benedetto
  • Mónica Cura
  • Cristina Di Carlo
  • María Teresa Jáuregui
  • Susana Miguens
  • Ester Santos
  • Graciela de Trodler
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Nacimiento y desarrollo:

El origen de esta "Escuela" lo encontramos en el ámbito de la Renovación Carismática Católica de la Argentina, en un proyecto conocido como "Profundización de la vida en el Espíritu", que se llevó a cabo entre los años 1995 y 2003 en una Comunidad de Alianza de la Ciudad de Buenos Aires.

El detalle de esta experiencia lo encontramos en "Renovar la RCC, Capítulo 5". Tal como allí se explica, al quedar truncado este trabajo por disolución en el año 2004 de los Grupos de Oración que lo integraban, una parte de los "servidores" que nos encontrábamos involucrados en ese proyecto seguimos manteniendo vivo el espíritu del mismo en reuniones en casas de familia y en retiros espirituales periódicos.

Fue a partir del año 2005 que logramos la aprobación para desarrollar lo que dimos en llamar "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual", no ya en el ámbito específico de la Renovación Carismática, sino abierta a toda la Iglesia Católica. Este proyecto fue incorporado a la estructura eclesial de la Diócesis de San Martín, y ha seguido avanzando y profundizando esta experiencia espiritual hasta el día de hoy.

La "novedad" que incorpora el mismo es verdaderamente sencilla: significa la unión del "antiguo" y casi olvidado camino del crecimiento espiritual cristiano enseñado por la Teología Ascética y Mística, con sus sucesivas ascensiones por el camino de la oración de contemplación infusa, con el "nuevo" y poderoso impulso espiritual que irrumpió en la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II, concluido en el año 1965, y que llevó a la aparición de los llamados "Nuevos Movimientos" en la vida eclesial católica.

Este camino, hasta hace muy poco impensado en su práctica y vivencia para los fieles laicos, hombres y mujeres comunes sumergidos en el "mundo", se ha ido desarrollando en los últimos doce años, abriendo un panorama totalmente insospechado en lo que respecta a la posibilidad de un crecimiento profundo en la "Vida Cristiana Plena", tal como se desarrolla en la Sección del mismo nombre en esta Página Web.

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Objetivos:

Los objetivos de la "Escuela de Oración" tienen como fundamento el hecho de tratar de llevar adelante en la práctica la experiencia comentada en el punto anterior. Partiremos de la descripción de un Objetivo General, siguiendo con el detalle de los Objetivos Particulares que lo van a concretar:

a) Objetivo general:

"Realizar para los fieles católicos que quieran profundizar su fe y su vida cristiana, una acción programada de guía, formación y seguimiento en forma comunitaria, orientada directamente al desarrollo pleno de la vida otorgada por Cristo con su Redención y Salvación, en la apertura a la acción poderosa del Espíritu Santo, para caminar firmemente hacia el Padre, en servicio a los prójimos."

Este enunciado merece algunas aclaraciones; en primer lugar, va dirigido a fieles católicos que voluntariamente quieran acrecentar su vida cristiana, es decir, no es un programa de evangelización primera, de misión en el sentido propiamente dicho, sino que se ofrece a aquellos que ya descubrieron y están tratando de vivir una vida cristiana, pero que sienten que quisieran ir más adelante.

La acción que se va a realizar es una acción programada, es decir, se basa en un camino progresivo y metódico, por supuesto con la libertad y flexibilidad personal que implica la multiforme operación de la gracia en cada alma única e irrepetible.

El camino propuesto tiene como pilares la práctica de la oración cristiana, especialmente la adoración eucarística, y enseñanzas basadas en la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia Católica. Se busca la promoción de la vida cristiana integral, plena, que no es más que la santidad, según la clásica definición del Concilio Vaticano II,

Esto se logra a partir del encuentro íntimo y profundo con Jesús resucitado, quien por la acción del Espíritu Santo nos lleva al Padre y a la vida eterna en su presencia, lo que implica avanzar sin limitaciones de ningún tipo en la experiencia de la inhabitación de la Trinidad Santa en el alma del justo, como efecto más importante de la gracia santificante.

El trabajo es de tipo comunitario, es decir en grupos de personas que van compartiendo la experiencia de oración y crecimiento espiritual, pero con una atención y seguimiento personalizados.

b) Objetivos particulares:

El enunciado de los objetivos particulares de este proyecto nos irá dando los elementos que permitirán ir cumpliendo con el objetivo general planteado en el punto anterior:

  • Crecimiento gradual pero sostenido en la experiencia de oración cristiana, desde los primeros y simples grados como el rezo y la meditación discursiva, hasta las profundidades de la contemplación infusa, buscando llegar a la vivencia de la "unión transformante" con Dios, a partir de una apertura creciente a la acción del Espíritu Santo, para poder "adorar al Padre en espíritu y en verdad" (Jn. 4,23), permitiendo que "el mismo Espíritu venga en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rom. 8,26).
  • Conocimiento más profundo de la Palabra de Dios y de la Doctrina de la Iglesia Católica, en el sentido bíblico de "conocer" como experiencia vivencial, a partir del estudio y una "renovada escucha de la Palabra de Dios" (Juan Pablo II, "Novo Millenio Ineunte"), fijada desde la mente en nuestro corazón, mediante la oración. Enseñanza y oración van unidas inseparablemente en todas las dinámicas que se proponen.
  • Crecimiento hacia una verdadera conversión de vida, basada en la práctica metódica de las virtudes cristianas, muriendo a las actitudes de "hombre viejo", y dejando que vaya surgiendo cada vez más el "hombre nuevo" según Cristo, en un camino práctico hacia una mayor santidad de vida.
  • Apertura, a partir de la experiencia de oración de contemplación infusa, en sus grados crecientes, a la acción plena y directa del Espíritu Santo a través de sus siete dones: inteligencia, ciencia, sabiduría, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios, con el consiguiente perfeccionamiento en la práctica de las virtudes infusas.
  • Vivencia creciente de la experiencia de comunión, con el crecimiento en el amor fraterno como expresión del amor de Dios recibido y vivido en profundidad. Esto implica tener un seguimiento personalizado, como guía y escucha, y una acogida interesada y llena de amor, punto éste en que muchas veces la Iglesia lamentablemente falla.
  • Compromiso firme y decidido por el bien común y con la evangelización y el servicio en la Iglesia, para poder dar a otros lo recibido por la gracia de Dios.

En el último punto de los objetivos particulares se clarifica que esta "Escuela" busca ser, ante todo, una "formadora de formadores", que participen en el proceso de su crecimiento y formación, tanto vivencial como doctrinal, llevando luego esta experiencia al ámbito eclesial en donde se muevan habitualmente: parroquias, instituciones, movimientos, órdenes religiosas, seminarios, facultades, etc.

En la Escuela podrán siempre seguir recibiendo formación complementaria o adicional, pero deberían convertirse en instrumentos de evangelización avanzada, con un verdadero efecto multiplicador.

De esta manera, el enfoque en cuanto a la realización de estos objetivos no queda encerrado en sí mismo, en la formación de una comunidad propia, sino que busca dar un servicio a toda la Iglesia.

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Sentido del nombre de la "Escuela":

Definidos los objetivos de la "Escuela" estamos en condiciones de responder a esta pregunta: ¿Cuál es el sentido de su denominación? Vamos a explicarlo:

"Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual":

El gran Papa Juan Pablo II, en la Carta "Novo Millenio Ineunte" exhorta a los católicos con la siguiente expresión:
"Si, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas "escuelas de oración", donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el "arrebato del corazón". (N° 33)

A su vez sabemos que la oración es uno de los medios directos más eficaces para el crecimiento de la gracia santificante, que en definitiva es lo que también se denomina "crecimiento espiritual" ("La Vida Cristiana Plena, Tercera Parte, Capítulo 3"). Estos dos conceptos se unen en la denominación de nuestra actividad para definirla con claridad.

"Contempladores del Sagrado Corazón de Jesús":

El camino único para llegar a la transformación interior profunda, pasando del "hombre viejo u hombre carnal" al "hombre nuevo u hombre espiritual", según la terminología de San Pablo, es la oración de contemplación infusa, donde se produce la "activación" de los siete preciosos dones del Espíritu Santo ("La Vida Cristiana Plena, Segunda Parte, Capítulo 2")
Una ayuda invalorable para abrirse a las gracias que llevan a la experiencia de la "contemplación infusa" o experiencia mística es la adoración eucarística profunda, a partir de las bendiciones que derrama en ella el Sagrado Corazón de Jesús, cuando se penetra en el misterio de la devoción completa hacia él.

Es así que a partir de estos elementos, que forman la base y el núcleo de la actividad que desarrollamos, toma nombre nuestra "Escuela".

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Destinatarios de la "Escuela":

Seguramente en este punto de la exposición surgirá la pregunta ¿a quienes va dirigida esta acción de formación? Ya se aclaró en el objetivo general que no es una evangelización misional, de primera vez, sino que se orienta a católicos que busquen crecer espiritualmente y profundizar su fe.

No hay limitaciones en cuanto al origen de los participantes, que deberían abarcar todos los estados de vida de los fieles (sacerdotal, religioso y laico) y variados orígenes eclesiales (estructuras parroquiales, diocesanas, movimientos, instituciones seculares y religiosas, etc.).

Por si no ha quedado claro es importante definir que esta "Escuela" no está inserta en la Renovación Carismática Católica, sino que pretende constituirse en un servicio, tanto para éste y otros movimientos como para otros sectores diversos de la Iglesia, en aspectos necesarios a todos por igual, como la práctica y vivencia avanzada de la oración y el crecimiento de la vida cristiana plena.

Debemos tener presente también que cuando se habla de "espiritualidad" propia de una orden religiosa, de un movimiento de la Iglesia o de otra manifestación eclesial, el término se refiere más que todo a la forma y ámbito específico en que se vive y aplica la propia vida cristiana. La vida espiritual es una sola, y es lo que implica el crecimiento en Jesús por el Espíritu hacia el Padre, con la consiguiente transformación de "hombre viejo" en "hombre nuevo" o santo.

Como se trata de esta vida espiritual y de oración que busca promover y afianzar esta "Escuela", es evidente que va dirigida sin limitaciones a todos los sectores que conforman la plurifacética realidad de la Iglesia, más allá de los caminos particulares y orientación propia de cada uno de ellos, tratando de que todos lleven a cabo su tarea específica en la Iglesia según la recomendación del Papa Juan Pablo II: "es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y la oración" (Novo Millenio Ineunte Nº 15).

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Metodología y programa que se desarrolla:

El trabajo en la "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual" se basa en la formación de grupos de personas, que juntos, en comunidad, recorrerán el camino de crecimiento previsto, guiados por hermanos ya formados que como coordinadores tendrán la responsabilidad de acompañar al grupo en sus diversas etapas de avance.

Estos grupos tienen un tiempo de "integración", que podrá ser de tres a cuatro meses, luego del cual se "cerrarán", es decir, ya no recibirán nuevos integrantes, ya que iniciarán un camino programado a largo plazo. Lo ideal es que los grupos que se formen no excedan de 50 a 60 personas, ya que un número mayor implica dificultades en una atención personalizada. De esta manera en la Escuela irán abriéndose a medida que pase el tiempo diversos grupos, que tendrán distintos grados de avance en el programa a desarrollar.

Estos grupos tienen un funcionamiento de grupos de oración, y no son cursos bíblicos o de teología, por lo que lo prioritario es la oración comunitaria, y donde se dan enseñanzas según un programa ya establecido, y también se escuchan y comparten testimonios de lo que se va viviendo. Asimismo se trabaja bastante con talleres prácticos donde, en base a distintas dinámicas llevadas a cabo en general en grupos chicos, de no más de 10 a 12 personas, se van compartiendo los temas que se desarrollan, haciendo hincapié en la aplicación práctica en la vida diaria de los hermanos.

El mejor "taller" para las distintas enseñanzas es la oración. Por eso siempre la oración comunitaria en el grupo se hace después de las enseñanzas o talleres, ya que allí lo que ocurre es que la enseñanza y la Palabra de Dios "baja" desde la mente al corazón, es decir, se comienza a "vivir" el tema, y no sólo a "saber" el mismo.

Las reuniones de los grupos tienen una frecuencia semanal, con una duración aproximada de dos horas y media, tiempo en el cual se desarrollan las diversas dinámicas previstas en el plan de trabajo. También en forma periódica se realizan "jornadas" o retiros abiertos de un día, en fin de semana, y al menos un retiro "cerrado" de dos días una vez al año.

Además de la concurrencia habitual al grupo, cada hermano tendrá oportunidad de entrevistas personales periódicas, a modo de seguimiento espiritual o "pastoreo", donde podrá plantear inquietudes en cuanto a su proceso de crecimiento espiritual y a sus vivencias de oración.

El programa a desarrollar abarca un período variable de tiempo que dependerá de muchos factores, pero que se puede acotar entre tres y cuatro años de duración, dividido en tres etapas bien definidas:

a) Introducción a la vida espiritual y de oración:

A lo largo del primer tramo se desarrolla un programa de temas y enseñanzas dividido en estos aspectos principales:

  1. Introducción doctrinal: se desarrolla una introducción a la doctrina católica de la Creación, de la Redención de Cristo y de la gracia santificante. Su objetivo es dar a conocer, en una visión general, el sentido profundo de la vida cristiana plena.
    Siendo la gracia santificante el medio por excelencia, que hemos recibido como don gratuito y sobrenatural de Dios en el bautismo para que se produzca nuestra transformación interior y conversión de vida desde el hombre viejo u hombre carnal hacia el hombre nuevo, hombre espiritual o santo propiamente dicho, es muy importante tomar clara conciencia respecto a qué es lo que hemos recibido en nuestro bautismo de cristianos, de todo aquello que está en nuestra alma destinado a crecer y a dar muchos frutos.

  2. Avance en el camino de la oración: Siendo la oración el principal medio de crecimiento de la gracia santificante ("La vida Cristiana Plena, Tercera Parte Capítulo 3"), debido a su doble acción, tanto meritoria como impetratoria, es decir, apelando tanto a la justicia como a la misericordia de Dios, es fundamental ir avanzando en el ejercicio y práctica del "diálogo con Dios", lo que es en definitiva la oración del cristiano.

    Este avance significa meterse cada vez más de lleno en una oración más interior, de una experiencia y vivencia cada vez más profunda de la Trinidad Santa que inhabita en nuestra alma, partiendo de la oración libre u oración de meditación, donde prevalecen el discurso y las peticiones.
    Se trata de ir entrando poco a poco en la vivencia del tercer grado de oración, que es la "oración afectiva", donde el orante va tomando parte en su dialogar con Dios no sólo con su mente, sino que la experiencia comienza a tocar su voluntad y todo su ser, produciendo múltiples afectos sensibles y actos concretos durante la oración.
    El medio por excelencia que se utiliza en esta práctica es la adoración eucarística.

    Se dan algunas enseñanzas con enfoques especialmente prácticos, pero el progreso en la oración se da solamente orando, con la guía y ayuda de personas ya experimentadas en el "arte de la oración".
    El crecimiento en la experiencia de oración va produciendo inexorablemente una apertura cada vez mayor a la acción del Espíritu Santo, que comienza a reconocerse con cierta claridad.

  3. Entender mejor qué significa ser discípulo de Cristo: En las enseñanzas se profundiza en la necesidad de hacerse realmente discípulo de Cristo, para, en la práctica, poder avanzar por el camino del crecimiento de la gracia santificante visto en las primeras enseñanzas.
    Se recalca especialmente el sentido pleno de las dos exigencias que pone Jesús a los que quieren ser sus discípulos: "negarse o morir a sí mismo" y "aceptar la cruz de cada día". Así, todo lo que va a seguir más adelante va a consistir, en definitiva, en profundizar y vivir cada vez más estas dos condiciones, es decir, se va a tratar de avanzar cada vez más en un camino de discipulado auténtico.

  4. Avance en el conocimiento del papel de la Santísima Virgen María en el crecimiento espiritual:
    En las enseñanzas se dan los puntos principales referentes a los dogmas de fe católicos respecto a la Santísima Virgen María. El sentido es reconocer la importancia de la figura de María en el acompañamiento del crecimiento espiritual del cristiano.
    Es innegable que la devoción mariana ha jugado un papel decisivo en la vida de prácticamente todos los santos de la Iglesia, y cuando no es así es como que queda una laguna, un hueco en la vida cristiana.
    Por eso es importante un conocimiento mejor y más doctrinal del papel asignado por Dios a la Virgen en la economía de la salvación, que es muy útil para subsanar los dos defectos claros en la relación del cristiano con María: o un "cristocentrismo" mal entendido, a ultranza, que teme acercarse a la figura de María para no opacar a Cristo, o una devoción excesiva que hace dejar de lado, en la práctica, la búsqueda más profunda del Señor.

Se trata así de buscar una relación de cristiano adulto con la santísima Virgen, que por su intercesión poderosa es un instrumento precioso en el avance de la vida espiritual.

Los frutos que deberían darse en este período son los siguientes:

  • Una idea más clara de cómo actúa la gracia santificante que hemos recibido en el bautismo, para llevarnos, junto con nuestra disposición, hacia una conversión creciente. Por consiguiente, esto generará un deseo mayor de seguir avanzando por el camino del crecimiento espiritual hacia la santidad, camino cuyas etapas se comienzan a vislumbrar con mayor certeza.
  • Una experiencia de oración de mucha mayor vivencia e intimidad con la Santísima Trinidad que mora en nuestra alma, que se trasluce en una mayor y más profunda experiencia del amor de Dios, lo que va produciendo una apertura más grande a su acción en el alma.
  • Una sanación interior más profunda de muchas heridas de la historia de vida personal, debidas a distintas pruebas, dolor y sufrimientos por los que se ha pasado.
  • Una mirada hacia la eternidad mucho más clara, teniendo una mayor conciencia del destino final al que somos llamados por Dios, como cumplimiento del propósito que desde siempre ha tenido el Padre al crearnos.

b) Crecimiento en la vida espiritual y de oración.

Esta etapa trabaja sobre temas esencialmente prácticos del crecimiento espiritual y en la vida de oración, conteniendo estos grandes temas:

  1. El centro del trabajo de esta segunda etapa se encuentra en el cumplimiento de la segunda condición que pone Jesús para ser realmente su discípulo: "negarse o morir a sí mismo", al propio yo de hombre carnal, de hombre viejo.

    Para esto se aprovechará lo conseguido hasta ahora, que es fundamentalmente una experiencia de oración mucho más interior y profunda, con vivencias más claras y fuertes de la presencia de la Trinidad en el alma. Esta etapa consiste en ir trabajando distintas actitudes de hombre viejo, de pecado, para descubrir si todavía existen en nuestro interior, para tomar la resolución de cambiar y de reemplazar estas actitudes y tendencias equivocadas por nuevas actitudes y formas de actuar, basadas en el ejercicio de las virtudes infusas opuestas.

    ¿Cómo se realiza esto en la práctica?: en una enseñanza se trabaja el significado claro y sus implicancias, de distintas inclinaciones y actitudes pecaminosas, como la soberbia, la ira, la mentira, la envidia, la falta de perdón y el odio, el materialismo y la avaricia, el apego a prácticas de ocultismo, la lujuria y la impureza, la gula, la pereza, etc.
    Luego, en clima de oración, se lleva al grupo a un profundo examen de conciencia, para discernir si existen en cada uno este tipo de actitudes. Este examen en la oración comunitaria se complementa con meditaciones personales en la semana y con talleres en el grupo.

    Con este trabajo se debería generar por la acción del Espíritu, en aquellos que descubren la permanencia de estas actitudes de pecado en ellos, un arrepentimiento profundo y un fuerte propósito de cambio y enmienda. Entonces, en la siguiente enseñanza, se trabaja sobre la virtud opuesta al pecado descubierto, dándose en la misma sobre todo aspectos muy prácticos sobre su ejercicio en la vida diaria, de modo de reemplazar de a poco un hábito pecaminoso por un nuevo hábito virtuoso.

    De esta manera se van desarrollando las enseñanzas sobre las virtudes cardinales y sus derivadas, como la prudencia, la templanza, la humildad, la mansedumbre, la justicia, la obediencia, la veracidad, la religión, la fortaleza, la paciencia, la perseverancia, etc.
    También vendrá el momento fuerte de comenzar a crecer en la vida teologal, conociendo mejor el sentido y utilidad de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, y como poder ir creciendo en su vivencia. Estas virtudes llevarán a profundizar notablemente la relación con Dios, ya que ese es su objetivo primordial.

    Es este un trabajo paciente, sostenido, y que se debe hacer con tiempo, para ir logrando una verdadera penetración de la luz del Espíritu en el alma, para que vaya produciéndose poco a poco una verdadera conversión, un cambio radical en los hábitos contraídos a partir de una vida alejada de Dios, si no toda, al menos en ciertas áreas.

    Esta es la etapa de los grupos en que se van dando los frutos más palpables y visibles, donde el cambio no se va a quedar meramente en nuevas y más profundas experiencias de oración, que sí las hay, sino que poco a poco va impregnando cada vez más la vida y las actitudes diarias de las personas, en los ámbitos y realidades donde las desarrollan.

  2. Avanzando en esta etapa se busca un objetivo primordial en cuanto a la experiencia de oración: avanzar hacia una transición cada vez más clara y profunda hacia la oración de contemplación infusa. Esto implica seguir adelantando a partir de los primeros tres grados de la oración (rezo, oración de meditación y oración de afectos) hacia los siguientes cinco grados crecientes de la contemplación infusa.

    Es en este punto, debido en especial a una falta de conocimiento claro de lo que es la contemplación infusa en general en la Iglesia Católica, salvo en las órdenes religiosas específicamente contemplativas, que se pueden producir confusiones que nacen en su mayor medida al creer que la "oración de contemplación" es la conocida como "oración ignaciana" u "oración de silencio", que no es más que una oración de meditación, es decir, perteneciente al segundo grado de oración.
    Esta oración muchos autores la denominan con razón "oración de contemplación adquirida" para diferenciarla de la "oración de contemplación infusa", que es la que con propiedad constituye la oración de contemplación, y que no es nunca la resultante de un ejercicio del orante, sino que en todos los casos es concedida por el Espíritu Santo.

    De hecho, la oración de contemplación es sencillamente la apertura de la mente humana, en oración, a la acción directa de las mociones del Espíritu Santo, a través de la acción de los dones del Espíritu llamados "intelectuales" (inteligencia, ciencia y sabiduría) que reemplazan el proceso humano habitual del razonamiento según el discurso por una "visión" o "contemplación" directa de lo que el Espíritu Santo quiere mostrarnos o decirnos.

    Otro concepto erróneo sobre la contemplación infusa es que se la ve solamente como una oración muy interior y de silencio total. Basta tomar un autor clásico de Teología Mística como A. Tanquerey que en su libro "Compendio de Teología Ascética y Mística", hablando de la oración de quietud, segundo grado de la oración de contemplación, dice que puede ser no solo silenciosa, sino suplicante, con expresiones de ardiente amor y alabanza, y también operante, con distintas acciones exteriores.

    En efecto, en nuestra experiencia en estos doce años hemos visto y vivido como se puede estar en contemplación profunda (con la mente y voluntad absorbidas por Dios) y estar orando por un hermano, cantando en entendimiento o en lenguas, danzando al compás de la música, en acción de gracias total, en alabanza gozosa.
    ¡Nada más activo, en muchos casos, que la vivencia de la contemplación infusa!
    Con esto también se ve el error en que caen muchos en la Renovación Carismática de contraponer "contemplación" y "alabanza", como dos cosas opuestas y excluyentes una de otra.

  3. Otro punto importante consiste en la explicación de la vivencia de la "noche de los sentidos": Como bien enseña San Juan de la Cruz, el comienzo de la experiencia de la contemplación infusa se produce con la vivencia de la llamada "noche de los sentidos", en donde se va perdiendo la experiencia sensible de la oración de afectos y se va haciendo casi imposible la habitual oración de meditación discursiva, tanto interior como vocal, y se va entrando en una oscuridad y vacío interior que permitirán abrirse a la experiencia de la contemplación infusa.

    Este período es el período más crítico de la vida espiritual, en aquellos que realmente buscan avanzar, como bien lo recalcan todos los autores de Teología Mística, y, sin duda, esto no es teórico sino bien real.

    En muchos años en los grupos de oración de la Renovación Carismática hemos visto como tantos y tantos hermanos que vivían una vida de oración con mucha entrega, habían llegado a este punto y, por desconocimiento de lo que ello implica, creían que el desierto y sequedad que vivían en la oración eran debidos a su tibieza, por lo que trataban infructuosamente de volver al "primer fervor", sin conseguirlo, y sin saber que estaban siendo llamados por el Espíritu Santo a penetrar en una dimensión de oración totalmente nueva y más profunda, que es la contemplación infusa.
    ¡Cuántas almas que avanzan en la experiencia de oración, llevadas por el Espíritu Santo, aquí flaquean, van para atrás, e inclusive abandonan la vida de oración!

    La luz que trae el conocer este proceso de la "noche de los sentidos" en las almas de oración es realmente impresionante, y hace que aquellos que viven este proceso y lo comprenden puedan sumergirse muy rápidamente en la contemplación infusa, dejando de lado sus estériles esfuerzos para volver a vivir lo del principio de su vida de oración.

c) Profundización de la vida espiritual y de oración.

Comprende esta etapa la última parte del programa básico a desarrollar en los grupos, con el siguiente temario:

  1. Se busca un avance profundo hacia la experiencia de la contemplación infusa, a la que, como bien enseña Santa Teresa de Jesús, no se llega por esfuerzo propio, sino que es Dios quien la da, pero ayuda mucho el predisponerse a ella.
    Es la etapa de trabajar a fondo el tema de los dones del Espíritu Santo, tanto desde el punto de vista doctrinal como del práctico, y de la perfección a la que llevan a las virtudes infusas.

    Aquí se dan enseñanzas sobre el crecimiento práctico de las virtudes de la fe, esperanza y caridad, con talleres y guías para la vida diaria. Se agrega en cada caso las enseñanzas sobre los dones del Espíritu Santo que las llevan a su perfección (Inteligencia, Ciencia, Sabiduría y Temor de Dios), y se trabaja en talleres de oración sobre el reconocimiento de dichos dones, para ir luego creciendo en la apertura a ellos.

    Es este período un tiempo de mucha luz y descubrimiento práctico de la acción de estos "flashes" del Espíritu Santo que se captan por los dones, y de ir sumergiéndose cada vez más en la experiencia de la contemplación infusa, donde se va experimentando el crecimiento del actuar de estos preciosos dones.

    En esta etapa, en estos grupos, vamos entrando en un terreno cada vez más virgen, más desconocido en la Iglesia, especialmente entre los laicos, y, sin embargo, el gran contrasentido, si se quiere, está en que laicos comunes, hombres y mujeres, pueden sumergirse en estas experiencias espirituales gracias al tremendo empuje en su vida espiritual dado por la experiencia del Espíritu Santo o "efusión del Espíritu", algo que antes de los últimos treinta y cinco años era totalmente impensado, ya que la Teología Mística clásica enseñaba un camino muy trabajoso, con las etapas ascéticas y luego la apertura gradual a la experiencia mística, al que sólo podían aspirar los consagrados que se apartaban del mundo y se decidían a vivir una vida dedicada solamente a la oración.

    Para los que llevamos trabajando todos estos años en esta experiencia, éste ha sido el descubrimiento realmente grande: saber y vivir que, con el impulso de la efusión en el Espíritu, podemos recorrer sin limitaciones el camino de conversión y crecimiento espiritual que antes del Concilio Vaticano II estaba vedado a los simples laicos. Y este camino, si se persevera, deberá llevar un día, inexorablemente, a una adultez espiritual plena, a la perfección, a la santidad verdadera.

  2. Este último período trata de llevar a los participantes del grupo a tiempos de oración cada vez mayores y más profundos, en un contexto de revisión de todo lo visto hasta entonces, lo que se hace trabajando el "Padre Nuestro", desde el punto de vista de su significado místico más profundo. En las siete peticiones de la Oración del Cristiano por excelencia están encerradas todas las necesidades para avanzar hacia la experiencia espiritual más profunda y transformadora.

    De esta manera queda resumido en líneas generales el programa básico para los grupos en la "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual" basado en la experiencia hecha hasta ahora. Sin duda, con un avance en todo esto irán surgiendo modificaciones y agregados, a los que habrá que estar abiertos y sin preconceptos ni deseos de aferrarse a lo conocido.
    Este trabajo debe realmente basarse en la premisa de largarse a navegar "mar adentro" en la experiencia espiritual, y allí el Señor descubrirá sus tesoros y llenará las redes de los que se animen a remar sin descanso.

    Como se mencionó antes, aquellos que hayan perseverado en ese tiempo, tendrán la posibilidad, según la vocación de cada uno, de ser instrumentos propagadores de lo que hayan recibido, allí donde la Providencia los lleve. No significa esto terminar de una vez y para siempre su formación en la Escuela.

    Quedarán muchísimas áreas y temas para seguir creciendo, algunos que ya hemos trabajado como la vivencia de las Bienaventuranzas, una mayor profundización en el misterio de la Virgen Santísima, como Madre espiritual de los hombres, las diferentes formas de vivir la santidad según el carácter natural y el estado de vida, y muchos otros que sin duda surgirán de los mismos grupos cuando vayan creciendo.

    Ya se dijo que este es solamente, por ahora, un camino abierto, apenas recorrido en sus principios, y nuestra razón humana es incapaz todavía de entrever las maravillas que pueden seguir. Será necesaria la luz fuerte del Espíritu Santo, que sin duda vendrá en la medida que se avance con perseverancia, pero para ello será necesario emprender el camino y adelantar sin temor, con la ayuda de la gracia que nunca va a faltar.

    Es importante hacer una aclaración antes de que surjan dudas al reparar en la descripción de los temas a desarrollar. En principio parecería que muchos de los mismos son demasiado "avanzados", aptos para estudiantes de teología, y que sólo podrían ser comprendidos por personas con una buena preparación intelectual.

    Sin embargo podemos asegurar que no es así, después de más de doce años de dar estas enseñanzas en distintos grupos, por los que pasaron más de cuatrocientas personas, de todo tipo y condición: hombres (20 %) y mujeres (80 %); personas de menos de 30 años, otras más maduras y muchas ya ancianas; profesionales, comerciantes, estudiantes, empleados, personal de fuerzas de seguridad, amas de casa, jubilados, desocupados, etc.; laicos y religiosas; personas solteras, casadas, viudas, divorciadas y viviendo en pareja; heterosexuales y homosexuales; personas con problemas de salud física y psicológica; discapacitados motrices y deportistas profesionales; y así siguiendo.
    Dentro de esta mezcla de personas, tan heterogénea como la sociedad misma, siempre encontramos una respuesta positiva frente a los temas tratados, una recepción muy buena, sin pretender que todos comprendieran todos los aspectos de cada enseñanza. Creemos que las razones para que esto ocurriera son principalmente tres:

    • En primer lugar, las enseñanzas se dan de una manera sencilla y didáctica, resaltando siempre los aspectos de aplicación práctica y personal de los temas, apoyadas en talleres y temas de reflexión para trabajar en la casa. Son dadas por quienes "conocen" el tema a partir de su propia vivencia personal, más allá del conocimiento teórico y doctrinal.
    • El otro factor es la apertura a la acción del Espíritu Santo que va produciendo la práctica de la oración, que va haciendo que cada vez más actúe la virtud de la fe, como luz sobrenatural que ilumina el entendimiento humano para "captar" la revelación de Dios en las grandes verdades cristianas. Son innumerables los testimonios vividos con personas de baja cultura y estudios mínimos, que abiertas a la luz del Espíritu daban verdaderas lecciones de sabiduría y entendimiento a muchos.
    • Por último, hay que resaltar que muchos de los temas, como por ejemplo los que tienen que ver con las purificaciones pasivas o "noches oscuras", o las señales que marcan el inicio de la contemplación infusa, se dan después que las personas ya tuvieron la experiencia, por lo que las enseñanzas, en estos casos, son entendidas y clarifican lo que se ha vivido.
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Como participar de la Escuela de Oración:

A fines del año 2007 tenemos un grupo en la Escuela, que se reúne todos los lunes desde las 18 horas hasta las 20,30, que comenzó su trabajo en el año 2006.
Este grupo se formó a partir de una difusión e invitación realizada en la Diócesis de San Martín, y está integrado por unas veinte personas.
En la medida que en un futuro surja más gente interesada, se podrán iniciar nuevos grupos, o integrar personas al grupo ya formado, según sea la conveniencia.

La realidad nos muestra que ha resultado muy difícil dar a conocer lo que estamos desarrollando, de allí el nacimiento de esta Página Web.
Toda la experiencia de tantos años en este camino la guardamos como un pequeño tesoro, ya que eso representa realmente para quienes integramos esta "Escuela", y está disponible para aquellos que sientan que les puede ser útil.

Por eso no nos queremos quedar atados a que la única manera de compartir lo que hacemos sea concurriendo a la sede de nuestra Escuela. A partir del mes de Abril de 2014 hemos puesto en marcha nuestra "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual" por Internet. Si le interesa ver cómo es esta opción puede ir a la Sección "Participación por Internet en la Escuela", y podrá decidir utilizar esta alternativa de compartir con nosotros.

Es entonces que el primer paso, que buscamos cumplir con esta Página Web, es el de dar a conocer lo que nos ha regalado el Señor a quienes pueda interesarles, sin importar quienes sean y donde se encuentren.
A partir de allí dejaremos que cada interesado decida cuál puede ser el camino práctico en cada caso para avanzar en la concreción de la participación en la "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual".

En la sección "Contáctese con nosotros" el que así lo desee tiene el medio para ponerse en comunicación con los que integramos esta experiencia y hacernos llegar todo tipo de inquietudes y preguntas.
Estaremos a su disposición para contestarles a la brevedad, con la alegría de saber que podemos ser muchos más los que compartamos esto que está haciendo el Espíritu Santo en esta pequeñísima porción de la Iglesia, Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo.

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